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27 de julio de 2017

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Volví a pensarte


Hoy volví a pensar en tus ojos verdes
En tu pelo enrulado, desprolijo, largo...
En tu pequeña sonrisa,
En tus labios
—mierda, esos labios!—
Hoy volví a pensarte como hace tanto.

Y mis manos temblaron
Buscando tu cuerpo,
Tu cuello, tu nuca...
Y mi piel se erizó con el simple recuerdo
—la añoranza de un recuerdo que nunca fue—
El recuerdo de tus manos sobre las mías,
De tu fuerte abrazo comprimiendome el pecho.
—mierda! Ese abrazo!—

¿Y qué puedo hacer yo
Más que llorar en silencio
Al amor que te declaré vencido,
Tendido —desprovisto de todo— a tus pies?
¿Y qué puedo hacer yo
Más que recordar tus ojos verdes
Y sus hermosas motitas marrones
En una intermitencia incontrolable
Y pensarlos amables, y tercos como siempre?

Te extraño.
Extraño tus charlas tendidas en idiomas perdidos,
Extraño tu presencia en cada uno de mis momentos.
Extraño pensarte de a ratos y bien seguido,
Y pensarte pensándome: como algo posible
Y no algo prohibido.
Pero de seguro me olvidaste ya...
Me olvidaste antes de que yo me diera cuenta
Que todo lo que te digo
Que todo lo que te escribo
Era en realidad lo que sentía en mi pecho
Al estar en tu presencia.

¿No me querés mirar un rato más,
Así como me mirabas?
¿No querés reír conmigo,
De alguna que otra guarangada
Y pensar alguna burla improvisada?
¿No querés pasar por mi lado
Y rozarme la mano con dulzura?
¿No querés volver a verme,
Y abrazarme, y atarme a tu cintura?
¿No me querés amar
Así como yo te amo en silencio
Cada día y cada minuto
Desde el último en que te vi,
Hará ya casi un año?

Siempre dije mal tu nombre.
Hoy es en lo único que pienso.
—mierda! Esos ojos verdes!—


Eugene
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10 de julio de 2017

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In Memoriam


El licenciado Tripudio Beneficiario Locanto había encontrado que su lugar en el mundo no era en su pueblo natal, Barranca del Medio, era sobre una tarima frente a una silenciosa y expectante audiencia. Primero pensó que esa aptitud indicaba que debía dedicar su vida al clero, razón por la cual inició los estudios que en pocos años lo llevarían a tomar los hábitos, pero antes de lograrlo y despertar la tremenda ira de Dios por sus constantes devaneos, logró ver que sólo los panegíricos eran los que se le daban especialmente de manera natural. Como si hubiera nacido para ellos. Más aún cuando los hacía en el cerrado mundillo de la política, tan afecto a actos conmemorativos de las eminencias perdidas sin que hubieran dejado su pretenciosa o merecida huella en la posteridad. Él podía crear una épica heroica donde no la había, resaltar virtudes donde el vicio había sido la media y así hacer memorable aquello condenado al olvido.
Contaba con una evidente facilidad natural para expresar tristeza ante la muerte de cualquiera, de manera poética, sin atenerse a ninguna métrica específica pero impresionando a la audiencia con palabras rimbombantes que el ciudadano medio jamás había escuchado con anterioridad. Esas elegías le otorgaban a Tripudio una cierta superioridad intelectual sobre su público, cosa que a su modo de ver, hacía que su vida finalmente valiera la pena.
Pronto fue maestro de ceremonias vitalicio del cementerio de su ciudad natal, famoso por haber sido construido por el genial arquitecto e ingeniero Francisco Salamone D'Anna en las épocas del monumentalismo fascista nacional . Utilizando su voz fuerte y gruesa lograba hacerse escuchar hasta el fondo de las galerías en cada conmemoración del fallecimiento de alguna figura ilustre. El eco de sus palabras revotaban entre los nichos y las decoraciones Art Nouveau de las bóvedas amplificándose de manera antinatural y tomando matices de una decrepitud suave como la del moho acumulado sobre las mismas. Siempre vestido con su impecable levita , cuello duro y pajarita, había logrado crear la ilusión de que los mismos formaban parte de su cuerpo y que no lo abandonaban ni siquiera a la hora de dormir. Es que con frecuencia era llamado imprevistamente por la radio o la televisión para expresar unas sentidas palabras sobre algún personaje famoso que había pasado a mejor vida y aunque él probablemente ni siquiera lo conocía, hablaba del mismo con total certeza y sentimiento, a cualquier hora del día, siempre vestido en su impecable percal.
Con los avances de la tecnología y aún cuando se sentía cómodo con el transcurrir de su vida, ideó una estrategia que haría evolucionar su empresa para hacerla más rentable. Comenzó a coleccionar imágenes que lo asociaran con los famosos o poderosos que, como todos, tarde o temprano morirían. Los diarios, las revistas e Internet se plagarían de imágenes de él posando junto al recientemente fallecido cuando aún gozaba de los placeres de la vida, otorgándole una autoridad moral y conocimiento superior a la hora de cobrar sus exiguos honorarios como director de la Junta Histórica de Barranca del Medio y vocero oficial de la Junta Municipal de Conmemoraciones y Homenajes, que él mismo había logrado fundar mediante una partida desviada de la obra pública provincial.
- Que hable el Dotor ! Era la frase que con la frecuencia apropiada ponía un plato de comida en su mesa. Porque el licenciado, aunque disfrutaba del hecho de que lo llamaran doctor, nunca había ejercido el Derecho, a tal punto que muchos dudaban del diploma enmarcado que había colocado a sus espaldas en la pared de la oficina. Sus ingresos provenían casi exclusivamente de las palabras vertidas desde una tarima a un selecto grupo de gente y ese habría sido el motivo por el que nunca había podido sostener una familia.
Así fue que cada figura medianamente conocida que pisaba Barranca del Medio era sometida de manera inconsulta y por asalto a la fotografía junto al hombre de las elegías. Un ex presidente de la Nación tendría el mismo tratamiento irreverente que un cantante de cumbias o un famoso artista plástico. Todos eran tomados por sorpresa. A muy pocos se les solicitaba la pertinente autorización. Y es así como se puede ver a Tripudio acercando su cara al ex-presidente De la Calle mientras éste se estaba llevando a la boca una jugosa y chorreante empanada tucumana, o al pintor Milone que había llegado para pintar un mural de regalo para la escuelita, concentrado en una charla agradable con la vicedirectora, mientras Tripudio sonríe a sus espaldas con un pulgar en alto como si le diera un like en Facebook.
Pronto expandió los horizontes de su empresa de homenajes y comenzó a realizar canjes con los restaurantes más emblemáticos del pueblo. Él invitaba a comer a algún famoso y la foto resultante de la comilona surcaba las redes con mención incluida además de decorar el área de imágenes de visitantes ilustres que siempre uno encuentra tras el mostrador o camino a los baños.
Tal era la notoriedad de sus actividades que pronto fue etiquetado como ciudadano modelo y un partido político en moribunda decadencia lo postuló para las legislativas sin su conocimiento o consentimiento previo. Poco faltó para que ganara, pero su figura de otras épocas y su vestir anticuado, más que las propuestas con las que no contaba, habrían despertado el desagrado del electorado más joven y Tripudio, por una vez en la vida, hasta se sintió aliviado por ese radical rechazo.
Algunos desinformados lo confundieron con un acechador de estrellas. Un fanático de las selfies con figuras de renombre. Pero no, se equivocaban. Lo de Tripudio era meramente profesional y parte medular de su negocio.
En la primavera de 2016, más exactamente el 16 de octubre a las 10:32 hs. el licenciado Tripudio Beneficiario Locanto expiró en la mitad de una frase. Su cuerpo exánime cayó al suelo desde la cúspide de su fama, mientras realizaba una elegía en el septuagésimo aniversario del paso a la inmortalidad del Teniente Coronel Euclides Gervasio Posadas, héroe de la Revuelta de la sanja de Alsina y oriundo de Barranca del Medio. Como cualquier mortal de más de ochenta años de edad, la causa de muerte que decoró su partida de defunción fue "Paro cardio respiratorio" como si alguien pudiera morir y seguir respirando o lograr que siga latiéndole el corazón y aún así seguir siendo un muerto.
Su cuello duro y la pajarita se encuentran hoy en día en una coqueta vitrina del museo de la Junta Histórica de Barranca del Medio, como sentido homenaje a uno de sus pilares y socio fundador.
Su sucesor, el doctor Heliotropo Narciso Frías hizo los honores en el funeral y cuentan que su panegírico no sólo fue digno del propio Tripudio, sino que era superior a cualquiera que él hubiera realizado, pero nadie, por respeto al muerto, lo diría en voz alta jamás.
Pronto Tripudio pasó a la inmortalidad del corto plazo. Se encontraba vivo en cada retrato, en las grabaciones de la radio y los videos de la televisión. Pero tal vez su legado más importante y perdurable haya sido la colección de fotografías con los famosos que decoran las paredes detrás del mostrador o camino al baño de los restaurantes que frecuentaba. Porque cuando el polvo se asentó y el tiempo fue devorando la memoria reciente, el licenciado Tripudio Beneficiario Locanto pasó a ser simplemente ese personaje junto al famoso. El que arruinó la foto.

O.Pin
Julio 2017.


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28 de junio de 2017

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Agridulce neón



En Suiza soy un artista. Aquí, un maricón pintado. Me llamo Dante, pero prefiero que me llamen Carola. Soy gay y transformista. A menudo visto como mujer a pesar de que alguna vez me han insultado y apedreado. Estoy acostumbrado al rechazo y, aunque me veas así de feo, bajo, peludo y gordito, cuando me transformo soy irresistible.    

Y Carola, con sonrisa burlona, mira divertida a Andrea, la periodista que prepara un artículo sobre su trayectoria profesional. Carola bate las pestañas mientras bebe vino rosado en una copa de balón repleta de cubitos; cruza las piernas con delicadeza y acerca el cigarrillo mentolado a sus labios en perfecto estado de seducción. Lista para contestar, en tono afrancesado, mientras tararea juguetona ‘Je suis Malade’.

¿Mi trayectoria profesional? Pues estudié Arte Dramático, luego trabajé de maquillador en el Teatro de la Ópera de Ginebra y, más tarde, como transformista en cabarets importantes de la Costa Azul, en el Caribe, por Centroeuropa..., hasta que me instalo definitivamente en Ginebra, en La Garconniere. Mira, -dice Carola pensativa- yo he cumplido el sueño de trabajar en lo que quiero pero he de confesarte que he pagado un precio muy alto por conseguirlo. 

¿Que cuente algo de mi vida? A los 14 años mi padre me echó de casa por maricón. Imagina Ginebra en pleno invierno y yo durmiendo varios días en la calle. Acabé en un albergue juvenil y mi madre me visitaba a escondidas. Cómo son las cosas, a mí, por maricón me echaron. Mi hermano, que es un ladrón buscado por la justicia y un yonki, es el orgullo de la casa. El macho. Cuando mi padre enfermó de cáncer lo cuidé hasta que murió. Jamás me dirigió la palabra. Ni siquiera cuando lo lavaba y curaba. Y lo hice con mucho amor porque era mi padre y le quería. Mi hermano nunca lo visitó. Ni siquiera vino al entierro. Ahora ya ves, vivo en Torrevieja, con mi madre desde hace 12 años porque la pobrecita está mayor. A mi hermano le sigue pasando dinero y el resto de la pensión se lo gasta en el bingo. Yo viajo cada tres meses a Ginebra y Marbella para trabajar un poco y mantenerme. No me quejo, la vida a veces es así, - sonríe juguetona mientras alza los brazos como un mago-.

¿Un día normal en el camerino? -Carola entorna los ojos coquetones, le da una calada al cigarro y rie mientras parpadea-. Pues hay muchos nervios porque la función está a punto de empezar. Pero te voy a contar una cosa, - susurra con complicidad mientras acerca su boca al oído de la periodista-. Llego siempre el primero, me pongo un gin tonic y en el camerino me enciendo un cigarro. En el local no se puede fumar, pero ahí sí porque es privado, -abre los ojos y gesticula con exageración- ¡Mataría por un cigarro! - dice a carcajadas-. Después de fumar me siento frente al espejo y comienzo a borrarme. Me borro física y emocionalmente con una capa gruesa de base que cubre por completo mi rostro. Esa primera parte es brusca y dura porque literalmente has de desaparecer para que, con el maquillaje, surja la mujer que llevas dentro. Tengo una anécdota graciosa de mi primer día en La Garconniere, me reí mucho porque me mandaron al sitio de la vedett, que es el más ancho del camerino. Tú ahí, - señalaron entre bromas- que eres la más gorda y aquí, entre tantos trajes, plumas y boas no nos podemos mover. 

Preferiría no hablar de lo duro que me ha sido llegar aquí, de cómo perdí a los tres amores de mi vida en accidentes y de que ahora estoy en secreto con un casado que tiene un cargo público muy importante. Es cierto que a veces estoy triste, sobre todo si llevo tiempo sin ser Carola. Así que, cuando estoy depre Carola sale y me socorre, -explica mientras levanta una ceja seductora y juguetea con los cubitos de su copa-.

Cuando siento que las cosas no son fáciles lo que hago es pensar en todo lo bueno que he vivido, - confiesa orgullosa-. Yo me siento especial y no porque sea más que nadie sino porque tengo el don de transformar a la gente para que saquen su ‘yo’ escondido. Por ejemplo, si a un hombre lo maquillo de mujer, se transforma. Da igual lo basto u ordinario que sea porque al verse así, maquillado, no ve una caricatura, ve a la mujer más maravillosa del mundo. Olvida su tosquedad y se convierte en una dama; en una señora que desborda sensualidad.

Al acabar la entrevista Carola despide con un abrazo a la periodista. Big kis, querida, un placer conocerte. Au revoir. Al marcharse la periodista, Carola, vuelve a su silla de la cafetería frente al mar contoneándose seductora y coge un cigarro. Un hombre se acerca por detrás, se presenta y, con gentileza, le da fuego.



P.D. Este relato es mi manera de aportar una grano de arena a la celebración del World Pride Madrid 2017 y en especial, a la lucha contra la homofobia en el mundo.




                                           
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19 de mayo de 2017

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In God we trust


Primero vinieron los obscuros con sus ojos desorbitados y rituales asquerosos. Oh dios. Se bebían la sangre de los niños recién nacidos que caían en sus manos. Manos sudorosas, callosas, manos que no podían de ningún modo ser humanas. Nos contaron de sus ceremonias obscuras en las que alimentaban hogueras con trapos que nos robaban mientras nosotros, oh dios, les confiábamos todo. Cocina, alacenas, cultivos. Todo. Dios en su infinita sabiduría nos protegió; a ellos los hizo débiles y viciosos, para que se mataran entre ellos, para que nos tuvieran miedo y se quedaran juntos, apartados de nosotros.

Pronto íbamos a sufrir de nuevo y la amenaza vendría como una sombra invisible que no dejaba de acechar detrás de cada árbol. Los rojos llegaron en la noche, sonrieron en las fiestas de los vecinos y brindaron en nuestras mesas. Traían escondida la marca del martillo que nos aplastaría mientras dormíamos. Oh dios. Llevaban la pudrición a las escuelas y al trabajo. Predicaban el odio a dios, la muerte de dios, la imposibilidad del juicio de dios. Herejes colorados de barbas escondidas y tentáculos envenenados. Oh dios. Nos obligaron a sonar alarmas, a ponernos mascarillas, a construir agujeros en la tierra para escondernos de ellos, oh dios. Vimos sus rostros por la televisión, albos como nosotros, pero con el diablo rojo susurrándoles al oído. Pero ganamos el juego, rompimos sus hoces, les enseñamos el camino. Perdonamos porque dios les da otra oportunidad a los caídos. 

Avanzaba aún lo peor contra nosotros. Lo supimos antes de que llegara a tocarnos la puerta y a derribarnos las casas. Oh dios, el horror que nos vigilaba detrás de los velos. Comenzamos a fijarnos en ellos, a descubrir sus intenciones de adueñarse de nuestra tranquilidad. Las telas y los turbantes los señalaban, eran ellos los que gozaban con nuestro miedo lanzando chillidos al viento, ululando como aves negras que abrían sus alas para estrellarse contra nuestros nidos. Caminaban entre las dunas levantando el fusil, lanzando gritos al cielo, amenazando la libertad y los vecindarios tranquilos. Debajo de cada auto, en cualquier paquete de correo, en las estaciones de tren, en los aeropuertos. Cadáveres caminantes forrados de explosivos. Oh dios, ni siquiera te reconocen. Sus doctrinas alrevesadas, sus cantos de guerra, su odio sin sentido a todos nosotros. Suerte que nos previnieron a tiempo, ahora podíamos ver su cara en cada noticiero de la tarde y de la noche y del día y de la hora de la comida. Suerte que los fuimos a buscar a sus madrigueras y los sacamos. Suerte que ya no tienen que temer ahora que les regalamos la verdad y la democracia y la libertad y los refrescos de cola y la paz. 

Ya llegan los otros, esos que cortaban el pasto y recogían nuestra comida. Confiamos en ellos. Les abrimos la puerta de atrás de la casa, les dimos empleo, los sacamos de sus pocilgas  sureñas llenas de mujerzuelas y pobreza. Pero  traían con ellos, tatuada en cada brazo, una conjura contra nuestro pueblo. Metido en cada bolsillo una dosis de veneno para nuestros niños. Acechando detrás de los muros que alcanzamos a construir antes de que se nos vinieran encima, bestias pardas, sudorosas, sucias. Esperando con su media lengua, fingiendo ser amigos para robarse a nuestras niñas rosas, para quitarnos los pocos empleos, para robarnos el pan de la boca y la tranquilidad del corazón. 

Tenemos miedo. Nos dice la televisión, nos dice la radio, nos dice cualquier boca y cualquier  pantalla. Ya están aquí, tocando a la puerta. Oh dios, haremos lo que haga falta, lo que nos pidas, cualquier cosa para quitarnos ese miedo a lo desconocido envuelto en  muerte roja, amarilla o negra. Y sabemos que tu sólo estas de nuestra parte. Oh dios, levántanos en tus manos rubias y extermínalos a todos. Porque tuyo es el poder y nuestra la gloria. Amén.

Imagen de: ri4uks.tumblr.com

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7 de mayo de 2017

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Toyu. En memoria.




Toyu llegó en una caja de zapatos, con más barriga que patas y un hocico largo y fino que ensanchaba en las orejas como un algodón de azúcar, café y chocolate. En realidad se parecía más a un ornitorrinco que a una husky mestiza. De la caja al sofá. Del sofá a la cama. De los brazos a las faldas y para comer sopitas de leche que lamía tiñendo de nieve su morrito bigotudo.

Toyu ya tiene dientes. Agujas del 12 que descosen zapatos, las patas de las sillas, el cuero del sofá, el poto y la enredadera. Ya no arrastra la panza, pero sí los cojines, las medias y las toallas y si no la subimos al sofá nos destroza las cordoneras, las espinillas y los gemelos. Cuando nos enfadamos y la encerramos en el patio araña las puertas, destroza las macetas, arranca los marcos de las ventanas…, pobrecita. No le gusta estar sola. 

Toyu cumple seis meses y recibe hoy su primera clase con el educador. Silvestre es militar y se dedica a adiestrar a los perros del ejército, así que hemos pensado que a ella no le vendría mal ser un ejemplo de buena educación perruna. A Silvestre le hemos explicado que no nos hace caso; que se escapa en cuanto ve una puerta o ventana abierta, que se pelea con otros perros y que es imposible salir de casa sin que nos arrastre o nos vuelva locas a ladridos y tirones. Tiene que ser un buen entrenador porque con él se ha dejado poner el collar sin morderlo y ha salido a la calle sin ladrar, cediéndole el paso y hasta se ha sentado mientras cerrábamos la puerta. 

Sitz, y se ha sentado. Platz, y se ha tumbado. Fuss, y ha salido caminando despacio, con trote marcial y pegadita a la pierna de Silvestre. Nos ha dicho que hoy nos explicaría cómo hay que darle las órdenes y con qué gestos, sonidos y señales hay que acompañarlas . También nos ha dicho que Toyu aprende hoy, sí, en una sola tarde, y que el resto de este curso de tres meses es para que aprendamos nosotras. 

Qué difícil lo del plis, plas, plus, pero con lo que le enseñó Silvestre, nuestra Toyu, tumbada, parece la gran esfinge de Giza y de paseo trota como un caballo cordobés. Lo de pelearse con otros perros, gatos y cualquier ser viviente sigue siendo un problema, pero pensamos que no es por ella. Ella es un cielo. El asunto es que la gente va a lo suyo y no lleva cuidado cuando saca a sus mascotas. El otro día la solté en la playa y corría tranquilita como un gamo detrás de las gaviotas. De pronto, un caniche al que llevaba una pareja en brazos comenzó a ladrarle y la estresó. Claro, nuestra perra que es tan sensible, se lanzó sobre el chucho. Menos mal que me interpuse entre ella y la pareja y solo me arañó a mí. El chico se puso como una fiera, ¡joder! pues que se lleven al perro a un centro comercial y que dejen la playa para los perros normales.

En casa tuvimos una conversación familiar y hemos acordado que para que Toyu no haga destrozos en el patio lo mejor sería dejarla dentro de la casa ya que así, al menos está relajada y no rompe nada. Sigue durmiendo a los pies del colchón y llevamos cuidado al movernos, mientras dormimos, para que no se despierte y nos gruña. Angelito.

La verdad que ha sido un éxito el entrenamiento y aunque nosotras no nos aclaramos mucho con las órdenes del flis, flas, flus, se nos cae la baba con esas poses tan elegantes que le enseñó Silvestre. Y ahí la tenemos en el sofá comiendo un pollo asado y viendo en la tele ‘Pelopicopata’ y ‘Frank de la Jungla’, mientras nosotras, calladitas y sentadas en su cesto, nos comemos el pienso, muy rico en omegas, para no molestarla no sea, que nuestra chiquitina, se enfade y nos encadene en el patio.

17 años con nosotras. Hoy la hemos recogido en una cajita de madera con el árbol de la vida tallado en la tapa y una plaquita dorada grabada con su nombre: Toyu. La hemos dejado junto a su retrato. Qué vacía está la casa.

Inma Barranco.
Fotografía: Inma Barranco.

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16 de abril de 2017

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Anaxor


Luchando contra los fantasmas de siempre la he encontrado, una alidada de batalla, jodida como yo por mil derrotas, sorprendentemente se puede lograr que la decadencia compartida puede llevar a un buen sabor de boca. 

Sola entre muchos, llena de gritos silenciosos, tan relativamente fuerte que brinda fuerza tal y como revela su nobleza al profundizar en su mirada, mi confidente, mi terapeuta, se ha convertido en la bofetada que necesito después de cometer cada estupidez, en el consejo que necesito para reaccionar y en la soga que necesito para ahorcarme cada vez que quiero morir. 

Se ha entregado a mi como yo a ella, enredados física y emocionalmente he vivido a su lado para siempre aún sin conocerla antes, hemos llegado a algo que quiero llamar una aventura eterna, no literalmente sino por significancia, esto es mejor de lo que esperaba, es pasión, es perdernos el respeto con mucho cariño, es intercambiar la saliva con mucha excitación, es perderme infinitamente por instantes con su aroma fantástico, me lleva más allá de que se puede expresar, nos hemos transportado a lo trascendental, lo esotérico, lo inexplicable. 

No me pertenece, pero será por siempre mía, y espero que esto no acabe hasta que mis días se acaben o hasta que pueda aguantar, porque seremos siempre la tristeza encarnada y seremos siempre quienes nos burlemos de los días grises haciendo trampa y dándole color cada uno a la vida del otro.


Emilio Salguero

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10 de abril de 2017

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Atrapada en estas Letras



No logro entender estas palabras, según me dicen aquí fue donde hace apenas varios capítulos nací. Me compongo de una serie de letras que me definen como ser y marcan mis acciones. Me llevan a donde debo de asistir dibujando el paisaje, poniendo el clima y matizando el cielo. No estoy tan segura el año, o la época en la que vivo y nunca se cuándo es la primavera o el verano.

Voy conociendo en pausas de mi niñez. Van apareciendo recuerdos en distintos capítulos de mi vida. No soy una persona, o hasta ahora no lo sé; voy uniendo recuerdos y cazando ideas a veces remotas a dónde voy. Busco un espejo, mas no hay ninguno. Hasta ahora lo único que sé es que soy de estatura normal (Cosa que no me dice nada), Cabello negro y largo y unos ojos verdes que intimidan. Vivo sola, en un piso en el centro de la ciudad y esta vez trabajo en publicidad. Al parecer mi jefe es un poco demasiado bueno conmigo. Me faltan muchos datos: Cómo son mis manos, mis ojos serán herencia de mi Padre, si es que tuve uno en algún momento. Mi Mamá me concibió amando o fui solo un resultado de alguna aventura. ¿Hago algún ruido especial al hacer el amor?, ¿haré el amor algún día? Espero que al trascurrir los capítulos de esta aventura lo descubra.

Mis acciones se van desarrollando en partes, hay ocasiones que tienen que pasar decenas de capítulos para saber qué es lo que hago aquí. Me resultaría mucho más fácil si en pocas palabras me definiera y guiaran para poder terminar feliz. Mas sin embargo nunca es así. Se van uniendo palabras, dando la información necesaria y la menor posible para que la parte de mi vida más interesante ser casi al final. Revelando verdades ocultas en mentiras, lugares escondidos visibles y acciones nunca esperadas dando vuelcos girando por completo.

Quiero pensar que soy única, irrepetible y que soy un gran personaje. Tengo recuerdos de varias aventuras. He sido heroína de guerra, he refugiado perseguidos en mi ático y en una ocasión descubrí un complot para asesinar al Primer Ministro. Una vez morí tratado de rescatar a un espía que caía en manos enemigas, lo que me dice que soy inmortal y no importan las veces que nazca y muera ya que seguiré protagonizando historias.

Tengo mucha suerte de estar rodeada de personajes que apoyan a que mis grandes actos se desenvuelvan. Ellos lo hacen más interesante y me aportan información que con sus acciones pintan la atmósfera logrando siempre cumplir con los objetivos. que los ojos que me ven sigan mirando hasta la última página de mi vida.

Quiero salir. Pensar por mí misma y tomar mis propias decisiones. No estar más involucrada en tantos sucesos. Estoy muy cansada. Avanzar sin rumbo fijo y sin propósito y así, sin que nadie mí me mire, convertirme en fantasma. Ser una más de la gente, pasar desapercibida.

Supongo que iría cobrando forma. Las palabras se materializarían en mí, formando mi cuerpo y al final todas y cada una de las letras que me han caracterizado serian mi alma y mis recuerdos de una vida pasada donde hice tantas cosas y morí tantas veces.

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24 de marzo de 2017

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Del amor y de su sabor


Me he enamorado dos veces en mi vida y las dos a quemarropa, sin anestesia y estampando mi huella en papel en blanco. 

Conocí a Noa en una mesa redonda organizada por COGAM, el Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid, en la que ella actuaba de moderadora y en la que participaba Pedro Zerolo. Un grupo de alumnos me pidió que les diera permiso para ir a la charla y al final me uní a ellos. Al verla ahí sentada, con su pelo corto de blanco furioso, tan andrógina y más bella que el mismísimo diablo, quedé poseída como Gustav en ‘Muerte en Venecia’, cuando sus ojos impactaron contra la perfección del rostro cincelado de Tadzio. 

Siempre me turbó el calor húmedo de la quinta de Mahler en esas escenas, pero hasta ese momento no había sentido la sierra de las corcheas en mi garganta. Al acabar el acto nos presentaron: Lisala, Noa. Y me sentí devorada. En paz. 

Y como suelo hacer cuando mi caos interno se desparrama, ordené mi casa. Subí a la buhardilla, a mi estudio y abrí las dos hojas del balcón; vacié la librería de techo a suelo; organicé los libros por orden alfabético, en columnas sobre la alfombra blanca, la mesa y los sillones y los coloqué de nuevo en las estanterías. Los volví a bajar y los clasifiqué por autores. De nuevo la vacié y ordené por temas y cuando entró Arturo, mi marido, a mi despacho le pedí el divorcio. ¿Y las niñas? 

¡Las niñas!, rugí como una gataparda, tranquilo, que yo me las quedo. Y se abrió la veda de reproches, frustraciones y desencantos y, como cada vez que discutíamos, comenzó a llamarme Lisala en vez de Lisa. Qué raro sonó mi nombre completo en su voz de lija. No te quiero, Arturo. No follamos desde hace más de cuatro años; me he sentido culpable, que no era mujer porque nunca había tenido orgasmos y te juro que me sentía aliviada de que tuvieses amantes porque así a mí no me molestabas. No pongas esa cara que sé lo de tus líos desde hace tiempo. ¿Y qué dices ahora, que nunca te he amado y que has tenido que buscar fuera lo que no tienes dentro? Ya te vale. 

Te cuento qué me ha pasado. Esta mañana he ido a unas charlas en las que hablaban gays y lesbianas y me he quedado tan pillada con una de las ponentes que estoy que se me sale el tuétano. Tú eres como una hermana o una amiga del alma pero no mi amante. Venga Arturo, no llores. No me digas ahora que da igual, que podemos tener una relación abierta y seguir juntos. Yo no soy así. 

Gracias Arturo, pero no me apetece un Ribera, prefiero una cerveza helada. Sí, de esas que llevan el manto de nieve cubriendo la botella. ¿Ves como somos amigas?, tenemos un dramón encima y en vez de pelearnos, estamos recostados en el sofá, yo acariciando tus rizos avellana y riendo y llorando juntos. 

Y así fueron pasando los días, nuestro divorcio fue muy civilizado y las chicas no lo llevaron mal. Una tarde, al acabar las clases vi a Noa, coincidimos camino del parking de la Universidad y quedamos para tomar un café en un local con muebles art decó y las paredes forradas con láminas de Tamara de Lempicka y ese azul hipnótico con que los enfría. Frente a mí estaba Noa, con esa belleza animal que me trastornaba. Llevaba un traje de chaqueta de lino crudo, con camisa lavanda al aire y una corbata cereza dulce perfectamente mal anudada. Pasamos juntas toda la tarde, vagabundeamos por El Retiro y mientras le hablaba de mí me paría a mí misma. Y cuando se paraba y me miraba de arriba a abajo sin vergüenza yo solo buscaba rincones donde me dejaría llevar de su mano para reventar de beso súbito. Sobre su cama tenía un espejo. Me enloquecía ver nuestros claros y oscuros reflejados en el techo. Adoro esa imagen de naturaleza en cueros, acuarela de texturas, formas y piel en movimiento. Y fue así durante unos años. Pero eso fue antes de volverme loca de verdad. 

Al día siguiente de camino a la facultad íbamos en silencio. Siento si lo de ayer fue un error. Y le contesté que era uno de las mayores aciertos de mi vida. 

Noa me confesó que se sentía más hombre que mujer y que en algún momento daría el paso para operarse. Me contó lo mal que lo llevaba de pequeña cuando quería vestirse como un niño y jugar a sus juegos. Del rechazo que sentía al mirarse en el espejo, de la primera vez que se enamoró de una chica y de cómo lo llevó en secreto. 

Me explicó que el proceso duraba varios años. Que llevaba un tiempo en manos de una sicóloga especialista en transgénero y que le ayudaba a marcar objetivos. Uno de los primeros era cambiar de nombre. Lisala, cariño, a partir de ahora, por favor, llamadme Andrés. Y todos comenzamos a llamarla Andrés. 

Qué más da Andrés que Noa, lo importante es su esencia. Me lo tomé como un juego y a las pocas semanas nos acostumbramos todos. Era difícil, sobre todo por la rutina. Sin embargo, cuando la abrazaba y la soñaba, en secreto, era mi Noa.

Su estilo andrógino puso popa a masculino y cuando usaba corbata el nudo era marcial. Cambió de perfume, ya no dejaba su presencia suspendida en la fragancia de Issey de Miyaki.

Estábamos volcadas en plena lucha por los derechos del colectivo LGTB, del matrimonio igualitario y yo me sentía la abanderada de la causa y encabezaba las marchas defendiendo mi amor, mi vida y mi silencio llorando al son de “A quién le importa” y “I will survive”. 

El día que comenzó el tratamiento hormonal Noa, bueno, Andrés, me miró y me abrazó pegando su corazón al mío. Lisala, esto es duro para ti y para mí. Pero en mi caso es mi sueño y en el tuyo es una lucha en la que estás porque me quieres. ¿Eres consciente de hacia dónde vamos? Y le clavé las uñas mientras la abrazaba porque me rompí de dolor. Me apartó, me miró despacio y besó una a una mis lágrimas. Esto no ha hecho más que empezar, Lisala. Lo duro aún no está aquí, no tienes que quedarte si no quieres. Y eso, eso que me dijo fue lo que partió mi razón. 

Empezó a caer su cabello como caen los copos de nieve y creció pelo en el desierto de su piel. Cuando me hablaba no reconocía su voz. Me despertaba y al abrazarla comencé a notar el cambio en el olor de su cuerpo y poco a poco sus besos ya no sabían a Noa. Procuraba mantener mi cordura porque soy mujer de palabra, de compromiso y porque la amaba con esa certeza con la que aman los cisnes a su único amor.

Se operó. Fue durísimo. Muy duro, pero ella estaba feliz. Le curaba las heridas despacito, con cuidado, con la gasa más suave de la farmacia, le gastaba bromas y acaricié sus cicatrices cuando se cerraron. El dolor era mi muro de contención a la locura que me horadaba.

Se incorporó a las clases, al colectivo, a la vida familiar y yo me encerré en el trabajo. Acepté dirigir un par de tesis: Natalia, alumna de la facultad e Ingrid, una danesa residente en Newark, New Jersey, con quien comencé a intercambiar mails pues me resultaba interesante lo que me contaba y, por alguna razón, huía de mi presente imaginando su ciudad, su vida y los detalles que tendría en su habitación. 

Pasaron los días y una mañana al mirar en el espejo vi junto a mí un cuerpo de hombre y la acuarela de nuestra imagen cobró vida: era la foto nítida de espaldas enfrentadas.

Me sentí repugnante, egoísta, incluso envidiosa de verlo feliz. Caí en picado y comencé a ir a terapia para adaptarme a los cambios y descubrí que o me separaba o enfermaría de odio.Sabía que tenía que hablar con él pero le veía tan bien que me sentía avergonzada. Y por culpa, rabia, necesidad de explotar y porque tenía la autoestima en el barro me registré en varios chats de lesbianas. Tuve citas y rollos que me sentaron muy bien, volví a ser persona. En ningún momento sentí que engañaba a Noa. Ni a mi.

Eran las seis de la tarde y había quedado con Ingrid, para hablar de su tesis y de su visita, en quince días, a Madrid para encontrarnos e ir planificando el trabajo. La conexión con ella estimulaba mi mente correcaminos. Se conectó la cámara, la ví y me quedé pillada. Era algo más joven que yo, cubría su pelo con una toalla azul a modo de turbante y unos pendientes de perlas que iluminaban su cuello. Parecía la versión contemporánea del cuadro ‘La joven de la perla’ de Vermeer. Ella hablaba y yo, cuando ella se movía, buscaba cada uno de los detalles que imaginé en su diminuta habitación. Me pidió volver a conectarnos al día siguiente y lo que ocurrió es que entramos en un torbellino casi adolescente de mensajes y videollamadas diarias. 

No me quitaba de la cabeza a Ingrid. El día que llegaba, mientras Andrés preparaba los zumos de naranja, pomelo y mandarina para el desayuno, me espetó un ¿qué pasa, Lisela? y me quedé helada al oír mi voz soltar que me sentía perdida en su cuerpo sin pechos y con olor a hombre. Que no reconocía su voz y que me sentía una traidora, una hipócrita, porque llevaba años luchando por su sueño cuando en el fondo, para mí, era una pesadilla, He enterrado a Noa, Tú te has librado de ella y yo me he roto. Andrés, soy lesbiana y me enamoré de Noa, te juro que por más que lo intento no puedo amarte. Ahora tengo que irme, hablamos esta noche.

Ni tesis ni leches. Al llegar a su hotel nos liamos y después volví a dormir a casa. Me había enamorado, a lo bestia. Tocaba volver a poner orden en mi vida.

Me acabo de despertar y Andrés sigue dormido. He mirado sus hombros, sus brazos, sus piernas largas: le he dado un beso en la mejilla y al mirar al techo tan solo se veía un espejo. He venido a la cocina a tomar un café. 

He abierto el móvil, Ingrid me ha enviado una rosa y un beso. Le contesto con un corazón. A las dos comemos en Public.





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20 de febrero de 2017

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No sucede


No sucede todos los días igual,
Ni si quiera en el pensamiento se vuelve a dibujar de la misma manera,
Solo ocurre una vez cada vez,
Solo tiene un instante pero es original,
Son pocas las veces que sucede
Cuando me tienes aquí, pensando en ti.

Si ocurrieras en los próximos meses,
Así como los eventos que tardan en suceder
Pero ocurrieras definitivamente,
Que hubiera magia de un minuto a otro,
Que al abrir mis ojos estuvieras tu,
Señalándome, llamándome, indicándome, transformándome.

No quiero iniciar como este final,
Con incertidumbre,
Como ese viajero que ve el mapa y ve que su camino se aparta mas lejos de su destino.
Quiero empezar contemplando tu mirada,
Con tu caricia en mi rostro,
Con mi mano aferrada a la tuya.

Esdras Hernández Argueta
 
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