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18 de abril de 2014

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Trapecistas



25 de Febrero

[Los buenos trapecistas pueden hacer cualquier tipo de malabares suspendidos en el aire, ofrecen un gran espectáculo sujetos únicamente por cuerdas que obedecen a ciegas sus movimientos en el espacio. Sin sentir vértigo representan con precisión su majestuosa obra en las alturas y cuando el show termina, gráciles y con determinación aterrizan sobre el suelo, pero nadie olvida que minutos antes se movían como aves en el viento].
Intentémoslo.


Desde las alturas, rogando que subas, 
Tu cielo.



10 de Marzo

Los buenos trapecistas, dices; no un par de idiotas intentando manipular unas cuantas cuerdas, que colgando su amor en una de ellas empezaran a columpiarse a su propia conveniencia. Ofrecerían una actuación mediocre, uno halaría indeciso de una soga mientras el otro tomase con miedo la otra, se perderían en el interminable vaivén de las cuerdas hasta que sólo una lograra sostenerlos. 
Y como novatos en un arte que no manejan, pronto se verían envueltos en las consecuencias de su arrogancia y la soga, que ya no soportaría el peso de ambos, los obligaría a precipitarse súbitamente contra el suelo. 
Ahora pendemos de un hilo, no pretendamos ser algo que no podemos.


En las profundidades, rogando que bajes, 
Tu rosa.



22 de Marzo

¿Y qué esperas? ¿Que corte la soga y nos deje caer? 
No lo haré.


Cubierto de nubes grises y esperando que tu resplandor las difumine,
Tu cielo.



07 de Abril

Lo haré yo. Soltaré la soga de una vez. Y puede que después sienta como si cayera a cámara lenta en un interminable vacío, porque aunque me estrellara ruidosamente contra el suelo nada me podría sostener; aún logrando levantarme y caminar como si todo mi ser estuviese intacto, sabría que mi alma no me acompañaría. Ambos lo sabríamos porque: o se quedará contigo allá arriba, o se desmoronará incluso antes de que el cuerpo reaccione a la caída...
Esta es la última carta que te envío y mientras lo hago, me queda el corazón hueco y su envoltorio malherido. No la respondas, cariño.


Marchita,
Tu rosa.

P.D. Lamento no poder iluminarte, mi cielo, del mismo modo que tú traerías vida a mis pétalos.



Fritzy Zamor


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17 de abril de 2014

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¿Qué es leer?


Es un secreto. Un misterio.
¡Eso es!
No lo puedo tocar, pero lo puedo sentir.
No lo puedo probar, pero se puede disfrutar.
Es un susurro.
Es la caricia del viento en mi mejilla.
Es un sueño.
Es delicado, y se te puede ir como agua entre
los dedos.
Es, un soplo de aire nuevo.
De saberes y pensamientos.
Leer, requiere Valentía, sino, muchos entrarían
en depresión.
Requiere Fuerza, para aceptar los comienzos y
los finales.
Requiere Esperanza, para que, con cada pagina,
vean una nueva oportunidad.
Leer, es mas que una aventura.
Es tu aventura.

Kenya Guzman
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16 de abril de 2014

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Vueltas de tuerca argumentales

En la mayoría de los escritos o cuentos cortos el autor sin experiencia intenta denodadamente introducir dicha vuelta de tuerca para atar un moño a su relato. Aquellos que lo logran suelen ser admirados y tenidos en cuenta por sobre el resto, aún cuando la utilización del recurso sea recurrente perdiéndo así el valor sorpresa.
Como decíamos, académicamente se conoce como «vuelta de tuerca» a aquel giro en el argumento de una historia literaria o cinematográfica en el que se presenta un vuelco abrupto e inesperado en la situación descrita. Se presenta con más frecuencia cerca del final de la obra, pero también puede encontrarse hacia la mitad. Estos giros cambian dramáticamente el objetivo de los personajes en la historia.
Se les conoce también como giro argumental, beats, puntos de giro o revés dramático o final sorpresa, así como con el término anglosajón twist ending. En la estructura clásica, se conocen tres puntos:
  • primer punto de giro
  • punto medio (mid point)
  • segundo punto de giro
La mayor parte de los finales sorpresa pueden encuadrarse en una de las siguientes cinco estructuras: (a) por efecto de la construcción narrativa, (b) analepsis o discontinuidad narrativa o temporal, (c) anagnórisis o descubrimiento, (d) elementos intrínsecos y (e) elementos circunstanciales.
Todo ello sin perjuicio de que haya elementos que en una obra constituyan por sí mismos la estructura en la que se basa el giro argumental final y que en otras sirvan de soporte a otra estructura o la complementen.

Por efecto de la construcción narrativa

Narrador no fidedigno

Se atribuye la creación de esta fórmula a Agatha Christie, que la empleó por primera vez en El asesinato de Roger Ackroyd. Consiste en engañar al lector/espectador, que tiende a confiar en el narrador, construyendo la trama sobre una serie de mentiras que quedan desveladas en la culminación de la obra.
Una de las primeras películas en recurrir a este artificio fue El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene). En ella, se invita al espectador a identificarse con el protagonista en la persecución de un doctor enloquecido, para confrontarlo en el momento en el que ambos coinciden en el sanatorio con la realidad: toda la narración es el delirio de un loco.
Tal vez el paradigma en el uso de este artificio sea Sospechosos habituales (Bryan Singer). En esta película, un interrogatorio sirve como hilo conductor de una narración en la que el público está siendo engañado junto al interrogador.

Efecto Rashomon

Esta técnica inspira su nombre en el título de la película Rashōmon (Akira Kurosawa) y supone la revisión de unos mismos hechos por diversos personajes que alimentan la trama con su percepción subjetiva. Un ejemplo actual de ello sería la película Héroe (Zhang Yimou), en la que, a medida que se conocen las diversas historias de los protagonistas, el supuesto villano termina apareciendo como una heroica víctima. Asimismo, las novelas La cuarta verdad (Iain Pears) y Siete tipos de ambigüedad (Elliot Perlman) recurren a esta técnica para el desarrollo de su trama.

Analepsis o discontinuidad narrativa o temporal

Retrospección

La retrospección consiste en iniciar la trama por el final y culminar con el hecho que le dio origen. Tal vez el máximo exponente reciente de este procedimiento sea Memento (Christopher Nolan). La película, íntimamente relacionada con la amnesia (véase anagnórisis o descubrimiento), se inicia con una ejecución y culmina con el hecho que le dio origen.
Otro gran exponente puede ser la obra literaria Carta del más allá (Torcuato Luca de Tena), en donde la historia parte con el asesinato del protagonista, y continúa resolviendo enredos y otros hasta llegar a descubrirse al asesino, junto con las razones y las consecuencias.
En Crónica de una muerte anunciada (Gabriel García Márquez), la historia comienza con la muerte de Santiago Nasar y relata luego los hechos que llevaron a su asesinato.

Flashbacks

Bajo esta técnica, la trama se construye o complementa con recuerdos. La sorpresa final puede venir cuando, como en La escalera de Jacob (Adrian Lyne), lo que se creía que eran los recuerdos es la realidad, y lo que se creía que es el mundo real es un delirio.
Lo mismo pasa en el relato de La noche boca arriba de Julio Cortazar, donde el sueño del motociclista con el indio "moteca" es a la inversa y lo absurdo es lo que se vive en el mundo presente.

Flashforward

A diferencia del flashback, con esta técnica la trama se construye o se complementa trasladando la acción al futuro, es decir, mostrando imágenes de acciones futuras. Ejemplos son las películas They Shoot Horses, Don't They? (Sydney Pollack), la nueva serie de ABC, FlashFoward y The Devil's Advocate.

Ensoñación

Son múltiples las obras que recurren a los sueños para explicar los giros que ha sufrido la trama. Una interesante variación la presenta Pesadilla en Elm Street (Wes Craven), en la que el giro argumental no se produce saliendo del mundo de los sueños, sino entrando en él, cuando se creía estar en el mundo real a salvo de la influencia del temible asesino.

Banda de Möbius

Al igual que la Banda de Möbius, que tiene una sola cara y cuyo origen es su final (de forma similar a algunos cuadros de Escher), existen muchos ejemplos de obras en las que el final desvela que el protagonista ha sido quien lo ha provocado. Tal vez el ejemplo más claro sea Carretera perdida (David Lynch), en la que el receptor de la noticia de la muerte que desencadena la trama resulta, al final de la película, ser su emisor.
También podría incluirse en este epígrafe la película 12 monos (Terry Gilliam), basada en la brillante obra experimental La Jetée (Chris Marker), en la que el protagonista es elegido para viajar al pasado precisamente por la fuerza con la que le marcó un hecho del pasado que provoca él mismo en su viaje.
De forma similar, en El protegido (M. Night Shyamalan), el protagonista descubre que la persona que le ha dado su ubicación en el mundo tras un terrible incidente es la misma que provocó ese incidente, y en La vida de David Gale (Alan Parker) el protagonista, en su cruzada contra la pena de muerte, provoca su propia ejecución para demostrar que el sistema es inconsistente.

In medias res

Tal y como indica la expresión latina, consiste en iniciar la narración en mitad de la trama para ir reconstruyendo el pasado a medida que se avanza hacia el final de la obra. Esta técnica está muy presente en diversas obras con final sorpresa, generalmente complementada con otras técnicas. Un ejemplo en el que se presenta es la película La leggenda del pianista sull'oceano en la que se intercalan hechos en tiempo real con flashbacks.

Anagnórisis o descubrimiento

No muertos

Esta técnica es la que probablemente más éxito de público ha tenido en los últimos tiempos. Se atribuye su invención a Ambrose Bierce en su relato Lo que pasó en el Puente de Owl Creek, adaptada libremente al cine como El carnaval de las almas (Herk Harvey). Se trata de hacer creer que el protagonista está vivo, para desvelar al final que no es así. The Sixth Sense (M. Night Shyamalan) es quizás la obra más conocida de éste género. Cabe citar también Los otros (Alejandro Amenábar), que es otra ingeniosa representación de esta estructura.
Supone una variación de esta técnica el controvertido final de Saw (James Wan), en el que la persona que todos creían muerta está en realidad viva. Sorpresa similar a la de El tercer hombre (Graham Greene), adaptada al cine por Carol Reed, aunque en este caso el giro tiene lugar en mitad de la trama. También de Graham Greene es el relato Una salita de la calle Edgware, en la que el protagonista, atormentado con la resurrección de la carne, experimenta una variación muy inteligente de esta fórmula durante un misterioso encuentro con un hombre manchado de sangre al que toma por un buscado asesino, para descubrir que lo que había desaparecido era la víctima.

Disociación de identidad

A través de esta técnica, el protagonista descubre que su némesis es él mismo. Está llevada a cabo magistralmente en la novela El club de la lucha (Chuck Palahniuk), adaptada al cine por David Fincher, en la que el conflictivo protagonista pretende detener al controvertido Tyler Durden, su álter ego.
El corazón del ángel (Alan Parker), basada en la novela El ángel caído (William Hjortsberg), es otro buen ejemplo de la utilización de la disociación de identidad, con el ingrediente de la amnesia más desarrollado.
En el reverso opuesto está Las dos caras de la verdad (Gregory Hoblit), basada en la novela Primal Fear (William Diehl), en las cuales se hace creer que el protagonista tiene doble personalidad cuando él está engañando a su abogado para salir indemne del asesinato de un arzobispo.
Otro ejemplo de esta técnica es la película La ventana secreta, basada en la novela corta La ventana secreta, el jardín secreto, del escritor Stephen King.

Clonación

Relacionada con la disociación de identidad está la clonación, en la que un personaje resulta ser un clon de otro. En el relato Impostor (Philip K. Dick), adaptada al cine como Infiltrado (dirigida por Gary Fleder), se juega con la clonación y se genera un giro final muy convincente.
Una variante de la clonación podría ser la trama que presenta La noche de los cristales rotos (Wolfgang Petersen), basada en la novela de Richard Neely. En ella, también relacionada con la amnesia, el protagonista no ha sufrido una clonación, pero sí una completa cirugía facial.

Distintos tiempos

Otra posible fórmula para buscar la sorpresa del lector/espectador es la de mostrar dos tramas que parecen continuas pero que pertenecen a distintos tiempos o la de hacerle creer que está asistiendo a un momento temporal cuando se trata de otro. Una de las primeras y más célebres historias en acudir a esta técnica es El planeta de los simios, novela francesa de 1963 escrita por Pierre Boulle y El planeta de los simios, posterior adaptación de Franklin J. Schaffner en 1968, en la que el protagonista cree haber viajado en el espacio cuando lo ha hecho en el tiempo. Recientemente, la película Saw II (Darren Lynn Bousman) ofreció una brillante ejecución de esta técnica al someter al detective protagonista al frenesí de tener que averiguar la ubicación de la casa en la que su hijo está siendo sometido a distintas pruebas, para desvelar finalmente que las imágenes que él veía de la casa habían sido grabadas.
Ya experimentó Jorge Luis Borges con esta estructura en su relato Emma Zunz, en el que la protagonista se cobra la venganza por la muerte de su padre saliendo airosa al construir su coartada en distintos tiempos.
A esta categoría, pero íntimamente relacionada con la estructura analizada en el primer apartado (por efecto de la construcción narrativa), pertenece también La ruleta rusa (Ricardo Balasch), en la que el giro final se produce por efecto del propio texto que se está leyendo, lo que hace al lector comprender que, desde el principio, la historia estaba ya cerrada.

Realidad simulada

Tal vez el giro más sorprendente de esta modalidad propiciada por la ciencia ficción, en la que el mundo que se muestra no es real, lo ofrezca la película The Thirteenth Floor (Josef Rusnak). También digna de mención es eXistenZ (David Cronenberg).
También entra en la categoría la trílogia Matrix (hermanos Wachowski), en donde todo el mundo cree vivir en la realidad, siendo la verdad que todos están atrapados por una supercomputadora que simula la realidad para ellos.

Timador

Múltiples son los casos en los que los autores han recurrido al timo para sorprender al lector/espectador al tiempo que despluman a uno de los incautos protagonistas. Dignos ejemplos son Casa de juegos (David Mamet), Confidencia (James Foley) y, sobre todo, Nueve reinas (Fabián Bielinsky). Un gran giro en la trama a causa de un timo puede verse de manera inteligente en la película Affinity' de Tim Fywell'.

Confusión de sexos

La confusión de sexos, consistente en generar una sorpresa al presentar como hombre lo que era una mujer o a la inversa, tiene varios ejemplos entre el género de los Giallo italianos (cine de misterio y terror, cuyo máximo exponente es Dario Argento) y se utilizó para resolver la película El color de la noche (Richard Rush), protagonizada por Bruce Willis. Sin embargo, el giro más celebrado[¿por quién?] tal vez sea el de película Juego de lágrimas (Neil Jordan), a pesar de que no cierre la película. Otro ejemplo es la serie Elementary, en donde parece que el villano era hombre, pero resultó ser la amante del protagonista.

Amnesia

La amnesia, más que un elemento para producir el giro final de una trama, es utilizado como complemento de otra técnica, como paraguas para propiciar la sorpresa del espectador.

Malentendido

Como en la propia vida, el malentendido o confusión es una inagotable fuente de sorpresas. Un buen ejemplo es La conversación (Francis Ford Coppola), película que se ubica en la época de las escuchas del Watergate. En ella, el protagonista, un espía, pretende evitar un asesinato y, por efecto del malentendido, termina propiciando otro.
También juega con el malentendido la película Plan oculto (Spike Lee), en la que parece partirse de una situación de fracaso para demostrarse, al final, que ha sido un sorprendente éxito.

Paranoia

La paranoia, como la ensoñación y la disociación de identidad, también es un campo muy productivo para las sorpresas. Además de la mencionada El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene) -ver apartado sobre la construcción narrativa; el narrador no fidedigno-, cabría mencionar el giro, en este caso en mitad de la trama, de Una mente maravillosa (Sylvia Nasar), adaptada al cine por Ron Howard.

Conspiración

El descubrimiento de que todas las peripecias que sufre el protagonista se deben a una conspiración es también un argumento muy fértil para la producción de giros finales sorprendentes. Digna de mención es la película Oldboy (Chan-wook Park) y también Locos de ira. Entraría también como máximo exponente de este tipo de giros, la película El Juego.

Elementos intrínsecos

Arma de Chéjov

Se trata de un elemento que aparece al inicio de la trama y que demuestra tener trascendencia al final de la misma. Su nombre proviene de la afirmación del escritor ruso Antón Chéjov, quien manifestó que “no se debe introducir un rifle cargado en un escenario si no se tiene intención de dispararlo”, en alusión a la necesidad de no introducir elementos superfluos en una historia. Él mismo utilizó esta técnica en su obra Tío Vania.
Un ejemplo podría ser el martillo que adquiere el protagonista de The Shawshank Redemption (Frank Darabont) al inicio de la trama y que utiliza a lo largo de 19 años para cavar un túnel.

Red Herring

Red Herring es un término anglosajón que se refiere a una pista falsa que pretende desviar la atención del lector/espectador hacia una solución incorrecta. Se considera un buen ejemplo el episodio A través del espejo de la serie Lost, en el que el público es inducido a creer que está viendo recuerdos del pasado, como había ido siendo el patrón habitual, para descubrir al final que se trata de imágenes de un futuro después de la isla.

Elementos circunstanciales

Justicia poética e ironía

La justicia poética y la ironía son instrumentos a través de los que el autor busca sorprender al lector/espectador con un giro por el que se premia o castiga al protagonista, teniendo ese giro una relación intrínseca con el desarrollo de la trama. Un giro irónico muy conocido está presente en el relato de O. Henry (seudónimo de William Sydney Porter) titulado Regalo de Reyes, en el que cada protagonista renuncia a lo que más quiere para hacer un regalo a su pareja, descubriendo que el regalo está relacionado con ese algo que ya no tienen.
Otro ejemplo de ironía es el final de Arlington Road (Mark Pellington), magistral construcción de una vuelta de tuerca donde se termina propiciando aquello que pretendía evitar.
Un ejemplo reciente es la película Match Point (Woody Allen), en la que el espectador cree que el protagonista se verá perjudicado por algo que le ha salido mal, pero que le termina beneficiando.

Deus ex machina

Esta expresión latina, que puede traducirse como “Dios surgido de una máquina”, se emplea en los finales resueltos por la intervención inesperada de un ser o fuerza superior que soluciona el problema narrativo. Por ejemplo, "el tío rico de América" del que nunca antes se ha hablado, al final de la historia proporciona a la protagonista la dote para casarse. Generalmente es mal recibido, ya que suele hacer finales que no tienen lógica con la trama.

Cliffhanger

También se trata de una expresión anglosajona que define una situación sobrevenida que deja al protagonista en una posición complicada para crear incertidumbre en el lector/espectador. La idea es que el lector/espectador se quede con las ganas o ilusiones de que habrá una continuación. Un recuso muy utilizado en las novelas editadas por entregas del XIX y principos del XX, en los que cada capítulo busca dejar expectante al lector, para que compre la siguiente entrega. La serie Lost refleja a la perfección este estilo, dejando abierta la puerta a nuevas incógnitas al final de cada capítulo.

Artículo extraído de Wikipedia.

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14 de abril de 2014

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Cuita 2/4: Marca de agua


Hoy no iré a casa. No dejaré la llave de la puerta debajo del matero, no me quedaré vigilando tu lado de la cama por si apareces, ni pelearé con el insomnio para que te olvide.
Hoy, si regresas, te quedas fuera; si la cama espera que alguien la caliente permanecerá fría y mi insomnio, tendrá que ceder tu recuerdo a la inconsciencia.
Un mozo me sirve otro trago mientras me hace compañía del otro lado de la barra. No hay nada peor que beber solo.
– ¿Realmente crees que el alcohol lo mata todo? –Le oigo decir. Me encojo de hombros en respuesta porque no tengo ganas de hablar y porque secretamente espero que cada sorbo aniquile algo dentro de mí.
Parece que mi silencio lo motiva y sigue diciendo cosas a las que no presto atención porque no me interesa saber de su vida ni de sus supuestas experiencias.
–Es cosa de reconocer las verdaderas marcas.
– ¿Qué? –Pregunto, sorprendiéndome incluso de que haya separado los labios del vaso para pronunciar algo.
–Las marcas. Sus manos por ejemplo. –Lo miro extrañado y me repite: -Sus manos sobre tu piel, apuesto a que recuerdas qué las hacía tan sedosas.
–Una loción supongo –digo a desgana.
– ¿Cuál?
–... –Lo pienso, pero no contesto. Él se da cuenta y sonríe.
–Sus pasos al caminar, apuesto a que recuerdas qué zapatos usaba.
–Unos... –Empiezo, me callo en el acto. No porque desconozca cuáles son, es imposible olvidarme de sus zapatos favoritos, sino porque me desconcierta el cuestionario del mozo.
–Su atrayente aroma… –Me insiste con la mirada y yo respondo rememorando en la distancia su fragancia.
–Trésor –digo abstraído.
–Su cuerpo que te enloquecía, antes de dormir, ¿con qué lo cubría?
–Victoria’s Secret –respondí hechizado viéndola vestir su o mi conjunto preferido, evocándola completa, mientras cada una de las preguntas hechas me remitía a una imagen de ella.
Un momento, la idea era alejarla de mi conciencia, qué cree que hace este idiota trayéndola de vuelta. Intento hacérselo notar y me interrumpe.
–Son solo marcas, ¿no lo ves? La ropa, los zapatos, el perfume. Pones esas cosas en otra chica y la tienes de regreso.
–Creí que se refería a otro tipo de "marcas".
–No qué va, me va mejor con estas.
–A propósito de ello, ha batido usted el récord de la superficialidad. –Lo felicito irónico.
Él no parece comprenderlo, pero cree que es un halago y finge modestia. Niego con la cabeza. Hay cosas peores que beber solo y el idiota que tengo al frente lo comprueba.
Me levanto, pongo la paga sobre la barra y lo palmeó en el hombro.
–Es una suerte que no le hayan marcado el alma sino únicamente la billetera. –Me despido.
Son como las 4:00 de la madrugada, llego a casa, me acuesto a conciliar el sueño y mientras tanto pienso: Debí haber dejado la llave en el matero, quizá mi cama estaría cálida y yo aún estaría despierto desvelándome con su naturalidad y su desnudez, entretenido con sus besos, sus caricias y dejando que hicieran mella hasta dentro de mi ser, llenándolo de sus huellas, esas marcas reales que luchan por permanecer vivas y que no podría reproducir o crear ningún publicista. "Son solo marcas, ¿no lo ves?" Oh, sí, claro que lo veo. Esas cicatrices que ahora me condenan y que tras ella, son lo único que me queda. Debo buscar otra forma de que esto muera porque el alcohol es de efecto lento o nada sabe del tema.
Después de todo, sigue ganando el insomnio. Y entonces un poco más lúcido, o tal vez menos cuerdo, anuncio el cronograma de lo que seguramente haré cuando me canse de esperar a que me abata el sueño: Hoy me quedaré en casa, aguardaré en la sala sin cerrar la puerta y en definitiva, no dormiré hasta que vuelva a verla. ¿Y si no regresa? Las cicatrices, sus huellas, las marcas, su mella, toda ella en mí, no será más que una herida abierta.

Aldo Simetra

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13 de abril de 2014

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El bocadillo de patatas


           Cuando mi novio me dijo que todos los sábados por la tarde iríamos a casa de sus abuelos, sí o sí, yo quise rebelarme contra la imposición. Su plan del sábado, además de comenzar con una siesta muy favorable, incluía una merienda familiar muy especial, y ahora ya no me la quiero perder.

            Le gusta contarme que su abuelo es un escritor frustrado, un hombre que se hizo maestro por necesidad, pero no solo una necesidad económica, sino una impuesta también por amor, por su amor. Yo lo escucho y pienso que mi querido escritor y novio, es un maestro frustrado, que disfruta con los niños, se divierte retándoles a resolver acertijos, explicándoles anécdotas de hombres ilustres, recitándoles poemas rimados... No hay sobrinito, ni pequeño vecino que se resista a su verborrea embaucadora y no le siga como al capitán de ese imaginario barco en el que juntos navegan.

            En la casa de sus abuelos parece que el tiempo se ha parado. Ellos viven tan afuera de la ciudad que la carretera se ha convertido en un camino de pequeñas piedras; son las piedrecitas que caen por la ladera de la colina donde se encuentra, solitaria, cada vez que llueve. Dentro huele a aceite de oliva mezclado con esencia de tabaco –tabaco añejo– pensé la primera vez que lo olí. Es un lugar que carece de los adornos, cuadros, flores o figuritas típicas del paso del tiempo. Todo está tan ordenado en cajitas y cajones que parece escondido, como si fuesen pequeños secretos del tiempo que hay que descubrir. El abuelo se sienta frente a la ventana y en una silla contigua, mi novio. Allí se quedan mirando la ciudad a lo lejos y hablando, como en susurros, de rimas, maestros y novelas, –¿y quién sabe de qué más?– me digo cuando los veo reírse desde la cocina, donde me quedo con la abuela.

            La abuela Alma parece vivir en un mundo propio, privado y pasado. Con su pequeño cuchillo va pelando patatas mientras me hace reír con su forma de hablar. –No te enamores de un escritor, niña– me dice colocando un paño sobre la mesa donde caen las cáscaras de las patatas y luego, tras trocearlas muy finas, las echa en un cuenco con agua. –Mejor, que sea maestro, un hombre bien asentado. Mejor que no sea un soñador, ni aviador, ni poeta. Yo me enamoré de uno que estaba todo el tiempo viajando por las nubes y ¡cuánto me hizo sufrir!–

–Pero abuela, ¿no recuerda que su nieto es escritor? ¿Dónde tiene esas fotos de cuando ganó un premio en la escuela por un poema que escribió?

–¡Ay hija! ya sabes que los achiperris los tengo todos guardados, porque no son más que un "atrapa polvo", y me canso de trajinar limpiando. –Mi nieto era muy mono de parvulito, no como ahora ¡con esas barbas!

–Pues a mí me gusta mucho con barba. ¿Voy poniendo el aceite para pochar las patatas?

–A ti te gusta de cualquier manera, por eso lo miras embobada. ¿Pochar? ¿Es una palabra de esas modernas? Lo que está pocho, está pocho, y no hay manera de arreglarlo, niña. Las patatas deben estar fritas pero blanditas. Así es como le gustan al abuelo. 

–¡Y lo que dice el maestro, va a misa!– le digo yo, antes que ella, y me devuelve una sonrisa con picardía.

            Cuando las patatas están listas, la abuela empieza el ritual del bocadillo. Abre el pan por el medio y lo pincha con un cuchillo para sujetarlo, lo acerca al fuego de la cocina y lo quema suavemente, en silencio, con mucha concentración, primero por el lado de la miga y luego por el lado de la corteza. Yo la observo mientras el aroma del pan tostándose se extiende por toda casa y mi estómago empieza a gritar. Alma, corta tomates rojos, pero rojos de verdad, y los pasa sobre el pan, sin olvidar ni medio milímetro, termina colocando encima las patatas hechas muy blanditas, muy escurridas, con cuidado y empujado para que quepan más. Para entonces el abuelo y mi novio ya están sentados en la mesa de la cocina observándola extasiados, esperando el final del arte de Alma, esperando coger su bocadillo con las dos manos.

            La primera vez que me senté en la mesa con ellos, yo solo quería morder ese bocata. Pero resultó que venía acompañado de algo más, algo inesperado.

–En realidad, la realidad no es esta– soltó mi novio de improviso.

–Tú, come y calla, muchacho– respondió ella refunfuñando. –Más te vale olvidarte de tanto misterio y de tanto juego de palabras. Nunca es tarde para hacerte maestro y hacer feliz a tu novia, como me pasó a mí con tu abuelo–.

            Justo entonces mi novio me miró con una sonrisa que yo no había visto nunca y dirigiéndose al abuelo dijo: «¡empieza ya!»

–Vuelan los pájaros a tu alrededor/del olivo la flor/Alma, mi candela/la vida mía no fuera/sin el abrigo de tu sabor.

–¿Has visto, niña, lo que hace un bocadillo de patatas? Los vuelve "atontaos perdíos".

–Debo decírtelo, ¡corazón!/olvidaste decirme hasta cuando/crece libre mi pasión/si te estoy mirando– siguió el abuelo.

            En ese momento me atraganté con el pan, por que más que una bola en mi garganta parecía tener todo una montaña de fuego. y aunque me sentí aliviada frente a tal tensión empalagosa, mi novio se había contagiado del extraño virus y sujetándome las manos continuó rimando. 

–Despierto de madrugada/y me acompaña el frío/estás ahí ¡cariño mío/es dulce tu almohada–. 

–Esto es lo que sucede, niña, cuando te enamoras de un escritor, o de un poeta, o de un soñador, mejor que sea un maestro. Yo enloquecí con un aviador que hacía rimas entre las nubes y luego desapareció. Entonces conocí al abuelo y me salvó de una vida de soledad/esta es la verdad.

–La verdad, madre mía, es que las mujeres sois el alma de la poesía/ que el mejor padre que tú me has dado, es el que está a tu lado/que vosotros sois el orgullo, mi familia/y que tu bocadillo de patatas será siempre mi pecado.

            Desde aquella primera vez, no hemos faltado ningún sábado a la hora de la merienda. Y siempre acabamos de la misma forma, rimando piropos los unos con los otros. Yo estoy aprendiendo poco a poco, aunque esa es otra historia.



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11 de abril de 2014

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Señora Muerte


La luna alumbraba aquella noche el viejo puente del pueblo. Te acercaste lentamente y un inmenso silencio envolvió tu alma dándole algo de paz a tu dura existencia.

Y miraste una vez más hacia el río que entonaba tristes melodías empujadas por el viento frío de agosto.

Tu mente de pronto quedó en blanco y dejaste caer tu cuerpo percibiendo en ese instante un sin fin de sensaciones que atraparon a tu corazón y a tu alma.

Gritaste pronunciando su nombre pero ya no volvería a escucharte y te sumergiste rápidamente comprendiendo por fín que comenzabas a conocer a la inquietante y seductora Señora Muerte.

Pero de pronto una mano fuerte y desconocida te sostuvo primero y te llevó a la superficie.
Estuviste flotando un rato y tus músculos comenzaron a congelarse.

El destino parecía no querer hechar a perder tu suerte, aún no, esperaba de ti algo más que tu cobardía.

Y ella seguía allí, tendiéndote sus brazos, invitándote a su viaje hacia la nada.

A lo lejos una luz potente, blanca y luminosa te ayudó a ubicarte y nadaste hacia ella. El tiempo pareció detenerse y tu corazón palpitaba mientras tu buscabas solo llegar.

Por fin algo logró motivarte a seguir viviendo, la luz estaba cerca, increíblemente cerca y querías alcanzarla. Diste una, diez, cien brazadas llenas de ilusión, de esperanza, de fuerza, de ganas por ser un triunfador alguna vez en algo.

Ella seguía allí, inmóvil, observándo tu lucha, tu pasión, tus deseos de subsistir.

Todo se convirtió de pronto en una contienda colosal entre ella que intentaba llevarte y tú que deseabas como nunca en la vida decidir por ti mismo.

La luz ya estaba allí, a unos pocos metros, te sentías cansado pero fuerte y seguiste intentando tu proeza. Tus brazos te dolían, no sentías a tus piernas pero allí estabas, peleando como nunca antes.

Pero la señora muerte ya tenía un nombre inscripto en sus registros. Y solo se divirtió contigo un rato.

La señora muerte nunca pierde, solo espera su momento...
                                                  
                                                  
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10 de abril de 2014

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Dar, recibir, devolver


“El adulador es un enemigo oculto” 
Solón  (638 a.C. 558 a.C) poeta, reformador, legislador y estadista ateniense

Desde nuestros inicios muchos participantes han entregado su primer trabajo solicitando un feedback o análisis de su obra. A todos se les ha aclarado que NSE no realiza ese tipo de trabajo, pues básicamente, no se trata de un Taller Literario.
Como consecuencia siempre los he remitido a los comentarios que pudieran dejarle los lectores, cosa que lamentablemente no ha dado frutos, ya que por lo general, cuando los hay, los mismos distan mucho de ser un ejercicio puramente honesto de la crítica, para verse dominados por la cortesía y los buenos modales.

Si bien nuestro blog continúa sin funcionar como un taller literario y nuestros socios y autores ostentan diferentes tipos de laureles que pueden incluso sobrecalificarlos, he sentido en lo personal que me quedaba en más de una oportunidad con ganas de recibir además de una palmadita en el hombro, alguna que otra crítica edificante que me muestre aquellas fallas que, como a todos, suelen serme esquivas u ocultarse de mí inadvertidamente.

Eso es llamado en el ámbito de los talleres literarios "la devolución", es decir, el momento en que el lector nos da su sincero parecer sobre la obra evitando ser demasiado complaciente con el autor, pero sin llegar a dañar sus sentimientos.

En nuestro blog también podemos convivir con el comentario adulador y condescendiente, ese mecanismo de buenos modales que poco aporta a nuestro bagaje intelectual y auténtica autoestima pero nos impulsa a seguir creando.

Pero también podemos incluir devoluciones en la forma de un comentario que, a mi criterio, son tanto o más importantes que el propio ejercicio creativo y por lo tanto un elemento que nos alimenta de nuevos conocimientos y pone a nuestra consideración aquellos vicios que malogran nuestros trabajos.

Ciertamente el que lectores desconocidos hagan públicas sus críticas y que ellas queden a la vista en la Red puede no ser deseable para muchos autores. Es por eso que pondremos en práctica un sistema por medio del cual, solo aquellos autores que lo soliciten recibirán devoluciones sobre sus obras.

De la misma manera si considera que algún comentario está fuera de lugar o lo desmerece, el mismo será eliminado con una simple solicitud por correo.

Las devoluciones a los trabajos expuestos podrán consistir en sugerencias de correcciones que se crean oportunas tendientes a optimizar la claridad del texto, el tratamiento del lenguaje, la fuerza y la originalidad del estilo, el impacto en el lector... pero, por sobre todo, la idea es ayudar a detectar y corregir los puntos débiles de nuestros escritos, y brindar algunas herramientas que colaborarán a realzar nuestra calidad literaria.

Para tal fin y si el autor desea recibir una crítica honesta sobre su trabajo, deberá colocar la siguiente imagen al pie de la entrada como una declaración de que desea que su texto sea discutido con sinceridad entre los participantes.


La imagen queda a disposición de los autores en el anexo "Devolución" y puede ser guardada en la computadora personal para mayor comodidad .

Su entrada deberá quedar con un pie similar al de la siguiente imagen.

Cada autor puede adicionar la imagen en todas las entradas que tenga publicadas con anterioridad y ver si nuevos lectores dejan sus devoluciones.

Espero que todos nuestros queridos participantes elijan la opción que, aunque incómoda, resulta ser la más constructiva y edificante.

OPin.

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Los autores y sus blogs


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