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17 de septiembre de 2016

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Un perro y los Hardmann

 

 I

Hugo Hardmann, en un recreo de oficina, advirtió, navegando en internet, que faltaba una semana para el estreno de "Espadas de honor 5, pacto entre clanes", la nueva entrega de su saga cinematográfica favorita, la que, junto a su único hijo, habían comenzado a ver muchos años antes, cuando Tomás era Tomi, y padre e hijo compartían muchos momentos.

Luego de finalizar su jornada laboral, Hugo salió del edificio donde trabajaba, y, pudiendo pasar por una sala de cine que quedaba de camino a su hogar, decidió desviarse considerablemente de su trayecto diario y pasar por el cine que más le gustaba. Compró dos boletos para Espadas de honor 5, para la función trasnoche del día siguiente al de estreno, para la sala de proyección en 3 dimensiones y velocidad de 48 fotogramas por segundo. Abandonó la boletería con una sonrisa que mantuvo casi hasta subirse de nuevo al auto, y que resurgió cuando traspuso la puerta de entrada a su casa. Fue directo a la habitación de su hijo para sorprenderlo con las entradas de cine, pero lo encontró hablando por teléfono. De regreso por el pasillo, llegó a la cocina y a saludó a Daniela, su esposa.

─Mirá, ─dijo Hugo Hardmann, enseñándole las entradas a su esposa. Ella sonrió contenta, y dijo algo relativo al acontecimiento. Ella nunca los acompañó en esa aventura de los sentidos, pero brindaba por el lazo que padre e hijo habían consolidado alrededor de algo.

─¡A comer!, ─dijo Daniela.

En la mesa, Hugo sacó del bolsillo las entradas y se las mostró a su hijo:

─Mirá, Tomi.

─¡Ah sí, ya salió…! ¡uh!, compraste mi entrada!, yo pensaba ir con los chicos...

Hugo lo miraba, no encontraba más que la letra E para arrastrarla, y miró a su esposa y vio cómo ella intentaba ocultar la pena por su marido, por el vínculo que desaparecía, que ya había desaparecido entre padre e hijo:

─No, está bien ─dijo Hugo Hardmann─, puedo invitar a Lucas, el también pensaba ir. Es más, lo llamo ahora antes que haga planes ─dijo─. Provecho ─agregó, y se levantó de la mesa con el estómago vacío y ganas de estar solo.


II


Durante la semana previa al estreno de la película, Hugo Hardmann se sintió incómodo cada vez que trataba con su hijo, hasta con sólo verlo le ocurría. Pensaba que su hijo también sentía esa presión, pero era cosa sólo de él, debido al apego que sentía hacia su hijo y que ahora debería aminorar, para no sentirse cada vez más lejos. Ya, inconscientemente, había vuelto a jugar unos videojuegos en la red que supieron jugar vastamente con Tomi. Vio también, esto a propósito, una película que habían gastado juntos. Esa noche Hugó Hardmann casi llora.


III


Llegó el día del estreno de Espadas 5, y Tomás fue a verla con sus amigos. En la mesa, Hugo le preguntó a Tomás:

─¿Qué tal está la peli?

Hugo Hardmann se había hecho, como se dice, la película: llega el día de estreno y su hijo no asiste al cine como había planeado, porque con sus amigos concluyen que la sala se llenará de familias y los niños no los dejarán disfrutar de la película. Van, ansiosos, al día siguiente, en el mismo horario que su padre. Hugo Hardmann llega temprano, para elegir su lugar favorito, bastante atrás y al medio. Enseguida, más por ansiedad o aburrimiento que por sed, abre la botella de agua comprada en el quiosco del cine y bebe unos sorbos. Recuerda unos folletos que le dieron en el centro, tapa la botella y los saca. Con la sala a medio llenar, advierte el ingreso de los chicos. Los observa subir por la escalinata y a mitad de camino se meten entre las butacas y se sientan. Hugo tiene el impulso de hacer señas para que su hijo lo salude, pero sin saber bien porqué, se limita a mirarlo, con la esperanza de hacer contacto visual.

Tomás y sus amigos charlan, beben gaseosas y comen algo. Hugo por momentos prosigue su lectura, otras veces lo mira a Tomás, revisa su celular. Las luces se apagan y las imágenes del proyector comienzan a posarse sobre la pantalla. Apaga su celular. Los trailers de próximos estrenos se suceden placenteramente para Hugo.

─Zarpada, ─dijo Tomás, como si lo hubiera dicho Tomi.

─¡Listo! No me cuentes más, ─dijo Hugo, sonriendo con ansias.


IV


Un día, Hugo Hardmann vio un anuncio sobre perros en adopción, y, una emoción que él mismo no sabría poner en palabras, lo embargó a tal punto que a la salida del trabajo adoptaría un perro.

Un perro pitbull, y lo nombró Thor, en honor al dios que conoció a través del cine.

Él mismo lo adiestró, con amor, sin exigencias. Cada mes, seguro que Thor ya sabía hacer algo más. Y, cuando parecía que ya no quedaba nada para enseñarle a un perro, Hugo se las ingeniaba para extenderse todavía más en el rol de adiestrador. Lo que sigue, aunque sea difícil de creer, ocurrió. Tampoco es algo tan increíble, verán, Thor aprendió a ver televisión. Se subía al sillón, donde reposaba el control remoto, se sentaba y con la mano pulsaba alguna tecla. A veces hacía zapping, y aquel que lo viera, hubiese dicho que el perro sólo pisaba teclas, y que miraba la pantalla atraído por una sucesión de imágenes multicolores.

Pero Thor, de vez en cuando se detiene en un canal, y mira atento, a veces un comercial, otras, una ficción, otras, un noticiero.

Tomás se sienta junto a Thor, que mira un documental de la selva. Toma el control remoto y cambia de canal, Thor gruñe, Tomás lo ignora. Thor se baja del sillón.

Otro día, sentado sobre sus cuartos traseros como una Esfinge, miraba un documental de osos. Tomás aparece en la sala de estar, camina hasta el sillón y se sienta junto a Thor, toma el control remoto y al apuntarlo hacia el televisor Thor lo muerde en la mano, Tomás se para rápidamente y arroja sobre el sillón el control remoto, y antes de alejarse, amaga con golpear a Thor.


V


Pasaron doce meses desde la adopción de Thor, hay muy poco que hacer en la oficina, sale. Piensa:

─¿Qué le compro?

Es otoño: ropa.

Tiempo después, es el cumpleaños número 16 de Tomás, y su padre le regala dinero.

Daniela repara en el detalle, y cuando se lo hace ver a su esposo, éste dice:

─Y bueno, ¿qué querés, que le dé plata al perro?

─Estoy hablando en serio, Hugo, podrías pensar también en el regalo de tu hijo a veces.

─ ¡Qué voy a pensar si nunca le gusta lo que elijo! Nunca sé lo que le gusta…

─¡Y no! ─dijo su esposa con los puños sobre las caderas y el rostro notoriamente contraído:

─¿cómo vas a conocer los gustos de tu hijo ─y al decirlo destacó “hijo” ─si todo el tiempo libre que tenés lo pasás con ese perro?, ─destacando “ese perro”.

Hugo se sintió enseguida como testigo de una revelación. Molesto también, buscó rápidamente algo para decir en su defensa:

─Escuchame, qué querés que haga si se la pasa todo el día con sus amigos… La otra vez te acordás cuando quise ir al cine con él, me cambió por ellos… ¡¿Cómo querés que me acerque a él?!


VI


Tomás se había ido de viaje. Regresa, sus padres han salido, el televisor del living está encendido, deja el bolso y va derecho al baño, entra y lo ve a Thor, sentado en el inodoro, meando, se sacude, haciendo un prolijo contoneo que no deja salpicaduras en la taza y se baja, y pasa junto a Tomás que apenas puede creer lo que ha visto. Eso ya es el colmo, ha cruzado una raya, una frontera entre las especies, una ofensa a su familia, algo que Hugo no puede ver, un sustituto de alguien que sigue siendo su hijo, al que puede reencontrar cuando quiera, no había motivos para reemplazarlo con un perro, y ahora no los hay para seguir teniéndolo. Tomás usa el baño, sale y al pasar por el pasillo descuelga la correa de Thor. Llega al living, lo ve a Thor y dice, enseñandole la correa:

─¿Vamos a pasear?

Thor comienza a bajarse del sofá, resbalando sobre su panza.



Imagen y texto de Juan Pablo González

                                                                             

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7 de septiembre de 2016

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Mi reto, tu vida.



Todo lo que me invade del comportamiento de otros, esto que en realidad es un reflejo de mis más grandes miedos. A vivir en plenitud o fracasar, sin importar cuál. Un enojo, un grito o un reclamo que sale de mí, haciendo un viaje desde lo más profundo y sordo de mi interior hasta o más externo y peligroso.
Así es como tu vida se presentó sin avisar, improvisando ante la puesta en escena de la misma realidad que baña nuestra visión de situaciones. Solo al mirarte mi alma estremeció al punto de sentir acalambrar mis piernas, quedando sin fuerza para mantenerme de pie. Un reto único, obstáculo que repite y repite sin importar las veces saltado, reapareciendo ante mí de manera sistemática y constante, como juego mecánico interminable diseñado con el único fin de mantenerme dentro, una entrada sin salida y sin descanso. Eso eres para mí, siempre un reto, una pared alta y lisa, que al ser escalada, emerge doblando su altura. Espejo de mi ser y de mis temores más profundos así como el amor que te profeso.
Un reto divino a la vida, puede ser la mía o la tuya qué más da, en realidad no me importa. Siempre que siga este fuego por dominar, combustible de mis pasos y oxigeno de mi respiración. Quiero que seamos felices, quiero que estemos bien y juntos. Sin separarme de ti ni un solo día, para ver y sentir. Para enojarme y volver a la calma. Para sentir miedo acobijándome en ti y saber que todo estará, bien o mal.
Enseñarte a vivir, lo mucho o poco que mis días me han mostrado. Que puedas ver cómo me equivoco y reflexiono. A caer y levantarnos más fuertes, mas unidos. Que sepas y a la vez saber que estaremos el uno para el otro, ahora y siempre. Dos vidas entrelazadas retándose, reflejados en uno en el otro con una simple mirada, una palabra o el más mínimo contacto.

Eso es ahora mi reto, superar mis miedos y encaminar tu vida.

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5 de septiembre de 2016

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Amor virtual





Amor virtual, una cosecha de buenos físicos, donde lo que predomina es el click al machismo o feminismo, uno concentra el foco en unas curvas o pectorales al mejor estilo película pochoclera. El amor virtual es así, comienza con una variada de gustos, que no se si son ciertos y venta de cualidades.

Una vidriera de buenas intenciones, donde la mejor foto o quizás la más aventurera es la que gana, recuerdo que fui cómplice de eso, tenia fotos rusticas sin mucho para destacar, una tomando mate, que es lo que hago casi siempre y otra comiendo asado, quizás a las chicas les guste comer asado, pero la foto aparentemente no garpaba según la ideología de grandes pensadores virtuales,
Porque son eso, piensan, analizan la situación de dicha aplicación, son pensadores, matemáticos, parece que el amor en tiempos virtuales se transformara en algoritmo, en algo más científico que pasional, pero claro cómo le ponemos pasión a algo tan inerte.
Recuerdo hace poco una nota publicada en esos diarios amarillistas y chimenteros, decía el 80 por ciento de las mujeres buscaba profesionales en dichas aplicaciones, como si un título cambiara al amor, como si un vendedor amara menos que un abogado, Pero es así, el amor virtual es así, el escenario perfecto para dicha imperfección
Después nos volvemos locos buscando y publicando frases de amor, artistas, pensadores, rockeros y hasta algún romanticón, que pueda servir para perfeccionar este perfil.
cuando era niño juntaba las monedas de mi almuerzo para regalarle un alfajor a esa chica que me tenía loco, escribía cartas y se las dejaba en el banco, no era un buen escritor y mi letra quizás no era la mas indicada, pero lo hacia igual y no me importaba, no existía otra forma para demostrar que me gustaba, quizás hoy podría poner una foto y si me das un me gusta firmaría tu face, pero entonces eso perdería el nerviosismo de que me mire, o ese misterio de tratar de descubrir quién era el de la cartita, no me pregunten el porqué, pero no le ponía nombre.
Hoy el amor virtual se vive de otra manera quizás más práctica, más precisa. No lo sé, quizás en estos tiempo se vive el amor más rápido, más veloz uno se enamora de un producto exhibido y cuando le llega a la casa no era el modelo que nos vendieron, porque pasa muy seguido, es como comprar amor por esprayet. La juguera no era tan juguera y el ejecitador súper 4000 nuca me dejo las abdominales del muchacho de la propaganda, en el amor virtual pasa lo mismo, la mujer que vi no era lo que la vidriera decía y el hombre al final solo tomaba mate y comía asado, aunque se vendió como el gran aventurero.
En tiempos de amor virtual el teclado es el mejor aliado y las aplicaciones fotográficas son nuestra mejor herramienta de venta, en un tiempo donde las arrugas, los años y el estrés se pueden borrar fácilmente, pregonamos el amor como algo hermoso, tan intangible, tan abstracto y casi diría como utópico y luego hacer lo contrario a lo publicado, para luego elegir nuestro próximo amor con el celular.

Pero sepámoslo, la vida nos crea arrugas, y nos causa stress, ama con eso, ama comiendo asado y tomando mate, ama regalando un alfajor y no con un click, porque compramos un mundo de colores fantasiosos, donde todo es aventura y una vida mágica y terminamos olvidándonos que el amor es simple, enamórate de una mirada, de una sonrisa, de un gesto y no de una vidriera o un producto, solo enamórate de la realidad.

Alejandro Medrano

http://palabras-sin-aliento.blogspot.com.ar/
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2 de agosto de 2016

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Hojas rosa


Me perdí en un bosque de algún lugar de mi mente, tal vez era aquel que en el que me perdía cuando teníamos nuestra casa en el sur o puede que fuese aquel que vivió cómo se rompió mi corazón por primera vez.

No encontraba más que una densa niebla con matices rosas, era la clase niebla que te nubla lo ojos por su belleza contrastando con el frio que recorre cada centímetro de piel y te das cuenta que es un sueño, de aquellos en los que te gustaría quedarte una vida o tal vez dos, porque no puedes salir corriendo de ahí pero no te importa no poder salir. Es de aquellos placeres que solo los que carecen de vida pueden presenciar, es la definición de tranquilidad absoluta.

Me quite la armadura que lleva ya que deseaba descansar del viaje que había emprendido, me senté en el bonche de hojas de otoño que estaban junto a un roble al que solo le quedaban unas cuantas hojas en sus pequeñas ramas, estas se aferraban como alguna vez yo me aferre a vivir por ti. No deseaba sentir el miedo por la soledad que implicaba adentrarme en aquellos pequeños pinos que se veían al final del camino que formaban las rocas, a lo que muchos llamaban aventura. Yo lo llamo hipocresía

Habían pasado algunos meses desde que fingía perder la cordura pero no he estado tan cuerdo desde que tengo conciencia, aquello que llamamos cordura es solo el reflejo de nuestra mente sobre lo tangible sobre aquello que podemos tocar y hacer nuestro, pero solo quedan memorias. Fragmentos de esa realidad que tanto añoramos alojados en nuestra mente por siempre hasta que otro fragmento lo quite de la pila de hojas que tenemos junto a nosotros en el sendero , es verdad que para muchos mi falta de razón les parezca insano pero para mí ellos son los insanos que viven bajo estándares.

Esos números que te dicen que eres más feliz por tener un montón de plata acumulado, si para mi tener hojas rosas me hace feliz; quien me podría decir lo contrario. Me llamaran loco o en el peor de las situaciones me podrá quitar mi libertad pero de ningún modo se podrán llevar mis hojas. ¡Llévate todo de mi pero jamás me podrás tener¡ Advertí a los hombres que entraban en el bosque de mi memoria, los estaré esperando junto al camino de hojas que construí.

Quiero recordar que las hojas rosas existen y que valen más que sus realidades que tanto celan, deseo que recuerden que en la vida existen más cosas que el ser y el no ser. Que la metafísica de la vida no sobre lo que eres ahora, sino lo que tienes bajo las arrugas de tus ojos. Demostrar que ser feliz es lo más importante de cada minuto de nuestra existencia esa es la tesis de mis sueños, pero solo son sueños asi como estas solo son hojas.

Tal vez un día los hombres de traje negro desaparezcan en los pinos de nuestra mente asi como las personas que dejaron de importarnos lo hicieron y solo quizás en ese momento nos daremos cuenta que las hojas valen mucho más de lo que lo que estimamos . Así que toma mi mano y contemos cuantas hojas tenemos en nuestro sendero que el viento de la primavera se ve en el horizonte. Corre que mis miedos se están tornando huracanes que se quieren llevar nuestras hojas. Amor quédate con todas ellas en tu bosque que el mío está muerto.

Víctor M.

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24 de julio de 2016

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Sabio Destino.



Todos los días pienso en ti,

cada minuto, cada segundo.


Ahora el destino me sorprende,

me rompe el corazón poniendo

frente a mis ojos la realidad,

presentándose con tanta

autoridad tan solo para decirme

que lo nuestro no puede ser

que tu corazón esta ocupado

por alguien más, que ni lo

intente, que eres feliz y que

yo tengo que buscar a

esa persona que complemente

lo que siento, que me he

equivocado al poner los

ojos en ti.


Que solo pasas el tiempo

conmigo; solo por pasarlo,

que si realmente me quisieras,

me amaras, no darías pie a todo esto,

o mejor aún estarías

conmigo y no con ella.


Me duelen las palabras

del sabio destino pero,

tiene razón, todo sera

mejor así; partir antes

de que mi corazón no

vuelva a latir.


Pero antes de irme quiero

que sepas lo importante

que has sido en mi vida,

que estoy agradecida contigo

y ¿por qué no?, con el destino

que te puso frente a mi

solo para contemplarte,

amarte y dejarte ir.


¡TE AMO!

Claudia Galindo
 
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19 de julio de 2016

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Miradas de Agua


Las miradas entre humanos. Las miradas entre hombres que nada se dicen con la voz. Las miradas entre dos seres que se encuentran en un lugar desconocido para siempre y allí se desnudan ante la eternidad, hombre y mujer. Las miradas que anticipan lágrimas que serán derramadas por la ciudad, siempre escondidas. La mirada de una madre a su hijo, fuente divina de energía interminable. La mirada de un pájaro desde algún otro espacio de consciencia; una mirada que llega y se va pero  que siempre estará. Los ojos, un espejo transparente quizás, que a veces nos transporta hacia nuestro interior pasando por el interior del otro. Parecieran reflejos de un mismo lugar, un lugar al fin compartido, por todos; una ciudad que transitamos solos pero en conjunto, como seres, como algos. Un espacio en el que todo es uno, y uno lo es todo. Un espacio donde nos encontramos todos como un único y maravilloso mundo interior. Las miradas entre el mundo; un mundo que se mira a sí mismo. Las miradas entre el vacío; un vacío que se recrea ante nosotros. Un escape a esos terrenos conocidos pero lejanos, oscuramente hermosos, brillantemente sobrios, tan complejamente simples.  Una fuga de este mundo hacia el misterio, hacia un río que nos arrastra y, cada tanto, nos hunde en sus aguas. Gritar debajo del acuario celestial para nunca ser escuchado; gritar frente a la muerte y la eternidad para ser diluido en agua de miradas. Correr de allí para aquí, correr de aquí para allí, entrar y salir sin saber cuándo el agua nos aplasta o nos deja. Correr entre las miradas de agua que nunca acaban.

Nicolas Luis Gibbs

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16 de julio de 2016

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Quiero vivir lo que ya viví


Cuando te vi instantáneamente observé lo particular de tu figura, no muy alto, no muy flaco, tu pelo parecía un poco desprolijo, incluso recuerdo haberte escuchado decir que no te peinabas nunca, riéndote como si tu indiferencia respecto de tu aspecto no fuera algo tan casual.

Bailabas como si ser el centro de atención hubiese sido una de tus principales prioridades, aunque a pesar de eso te escondías e intimidabas cuando una chica intentaba hablarte. La verdad no supe interpretarte. Lo que si supe desde ese instante es que deseaba con mis mayores fuerzas que agarres mi mano y nos vayamos de ese asqueroso lugar.

No fue tan fácil hacer que te des cuenta de mi gran pero disimulado interés, creí haberte mirado con entusiasmo varias veces, sin obtener ninguna respuesta física, motriz, señal de humo, nada en respuesta. Transcurrió la noche entre bailes patéticos y vergonzosos en mayor frecuencia. Entre vasos de vino y gotas que saltaban del el, divertidas, en dirección a los atuendos especialmente escogidos para la ocasión. Pensé en ese momento, que hasta el vino podría llegar a pensar lo idiotas que nos ponemos cuando lo tomamos; ahí fue cuando me di cuenta que yo tampoco respondía de mis actos y que si seguía tomando podía terminar de narices al piso, perdiendo mi corta posibilidad de conquista.

Fue en ese preciso momento que paso, al fin te diste cuenta, pensé, al fin!, en una mezcla de cansancio, ebriedad y ansiedad. Tal vez deba atribuirle al vino que hayas venido a hablarme, y a que sin darme cuenta nos hayamos dado un suave beso, con un previo juego en el cual vos soplabas mi ojo y yo actuaba adolorida por una molestia que no podía sacarme. Segundos después tome tu mano, y ya no pude desprenderme; en ese momento pensé, es mío, con tanta seguridad que no recuerdo si era yo.

Las historias de amor comienzan de las maneras más raras, estúpidas y retorcidas que podamos imaginar. Esta es una, muy breve e incluso hasta infantil, es más, en un punto lo éramos; pero no por eso menos profunda. Esta fue la única vez que amé. Dado ese comienzo uno podría pensar que no duró mucho, por el contrario los momentos de felicidad fueron eternos en mi mente, y todavía están allí más allá de la distancias. Es que el primer amor verdadero es único, y a veces tan único que te hace pensar que jamás vas a encontrar siquiera algo que tenga una pizca de esa sensación.

Ale Flores
http://secuelasdeflores.blogspot.com.ar/
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14 de julio de 2016

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No somos tan invisibles como los que son invisibles



Todos mentimos y para mejor nos mentimos

Yo también quisiera disfrutar las piernas abiertas

De la diva del cine

Esa facilidad cómplice que hace que nuestra incapacidad exista

Yo desde este anonimato

También quiero que mi cara sea famosa

No por la fama, no nos mintamos, no queremos la fama

La fama no es gloria, ahora di en el blanco

Solamente por ella

Y por surcar los mares sin crédito que no podemos pagar

Y por beber y por comer

Que joda, se metió la comida, la puta de mierda

La de la necesidad con precio impagable

Una vez vi a un hombre orgulloso de ser honesto

Con su camisa limpia, bien planchada y remendada

De la mano de su hijita que le decía

Que había pedido para navidad El regalo de comer tres veces al día ese año

Antonio Guigues Giese
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7 de julio de 2016

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Somos (2-7-2005)


Casi nunca hablo de ti.
Es más difícil contigo que con ellos, que son mi piel, son yo misma vestidos de minúsculas personas.
Ellos, que ya existían mucho antes de que los pensara.
Tú no.
Tú has entrado sin permiso, sin pasaporte, en son de paz pero armado de palabras, invadiendo mis fronteras y ocupando mi corazón.
Me has arropado con pedazos de ti y con los bolsillos llenos de recortes de tu pasado mezclados a los mios, un día viniste para llevarme lejos y ser lo que somos.

Somos la guerra desde el principio y la paz sin tregua,
somos un armario de tela y una cama pequeña,
somos un anillo de flores que era para siempre,
somos menos de los que habríamos querido.

Somos el espacio que abunda y que se regala,
los planes absurdos y los proyectos extraordinarios,
somos las decisiones que nos desnudan.

Somos los galeotes de un barco que naufraga
y los marineros que lo salvan atravesando la tormenta.

Somos las cosas que sabemos sin haberlo querido,
somos los viejos amigos y también los nuevos.
Somos el llanto y la risa,
el remordimiento a veces y una razonable añoranza.

Somos las cosas que nos hemos dicho
sentados en una roca al borde del lago,
o masticando kilómetros por la carretera.

Somos el teléfono que silencioso es desquite,
somos una copa de vino,
y el bisbiseo que atraviesa la oscuridad esquivando pequeños durmientes,
somos los labios que no se mueven porque se han entendido los ojos.

Somos los años que vuelan veloces,
los zapatos amontonados detrás de la puerta,
los vestidos de colores, las palabras derramadas,
las camas deshechas, los momentos fugitivos,
las premura, el cansancio, las largas noches,
los abrazos que no fueron y los besos olvidados,
los demasiados cafés, el sol en el patio,
el amor que ha decidido quedarse.
Después de tanto tiempo y sin embargo tan poco,
nosotros somos Casa.




Carmen Lozano
lalunaparttime.blogspot.it
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