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23 de noviembre de 2014

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V2A y la tabla periódica argentina




Alguien puso un CD de Atahualpa y ella va escuchando, adormecida por el bamboleo del auto.

”…Porque en mi pago un asado no es de naides y es de todos….”.

Sucede que la tradición del asado se ha hecho carne, valga la redundancia, en este pueblo.

Así como la Kon Tiki capeó temporales, tifones, acaso ballenas blancas, la gente de este pueblo ha domado inflaciones, cambios de gobierno, múltiples naufragios de la economía, ministros agregando ceros a la balsa. Pero la varonil costumbre de empezar el domingo yendo a ver si queda leña sin quemar en la parrilla, no se pierde.

Tampoco el rito, siempre iniciático, de ir a comprar la carne. Empresa jamás delegada en manos femeninas, que suelen pulular en días de semana por estos comercios. Entendidos de toda laya y sabiduría, con el mapa de la vaca en la memoria, sacan número para asesorar al carnicero.

- ...¡¿ Es de animal chico don Gregorio?... deme ese pedacito que está ahí que se ve tiernito… y métale medio de vacío, no… ese no… aquel de allá… ahí tá.. eeese, no, zochori ya compramos, muchas gracias…-

Con la carne acopiada en el baúl de auto, convenientemente acondicionada en la heladerita para no cortar la cadena de frío, el varón se dirige prestamente a la carnicería “La Rosca”, especialistas en embutidos y achuras.

- ¡¡ ¿que hacé Rosquero, como te va?,... hoy… voy a llevar chorizo bombón, dame de esa rosca de allá, no pará… cortame desde el cuarto, …sí esos…, dame una docena y media y morcillitas, ¡ no sabes cómo le gustan a mi nena !, ¿ …tá buena la tripa gorda?!..., y… bueno…, unos chinchulines y riñoncito también, que de algo hay que morirse no?...-

Así es, quien mejor que un excelso jefe de asadores, que el destino ha convertido también en padre, puede transformar esa carne roja, en unas costillitas bien cocidas calentadas desde el hueso. Que sean una manteca como le gusta a la abuela, para que no corra el peligro de dejar la dentadura en algún bocado medio apuradón. Algún pedazo apenas sequito para la patrona y otro jugosón, ya le avisaron, para el novio de la nena, que trae el vino de la vinoteca del padre y viene por primera vez a comer el domingo.

Un debut esperado, ella hoy presenta por primera vez un novio nuevo en esa especie de revancha de local que todos esperan se consolide en familia, familia nueva, pero familia al fin. A pesar de que, según dicen las viejas del barrio, el individuo en cuestión es bastante más joven que la nena y no califica como un ideal de marido. Nadie sabe si un socio sentimental en casa son los planes de ella, pero seguramente son los de su mamá y en el más hondo secreto, un hombre mundano no revela tan fácilmente sus pensamientos, los de su papá.
En este caso la nena le ha dado al hombre un nietito, ya adolescente, para el que el asado del domingo se baja en la tribuna del que fuera Rey de Copas.

El vino será malbec, si el asado es rojo, el vino también. Gustos son gustos y él ya le hizo saber los suyos al candidato nuevo. Mientras esperan, las señoras presentes no se olvidan de poner en la mesa el estuche de accesorios para abrir botellas que le regalaron al jefe de asadores en el último cumpleaños y que durante la semana no suele utilizar, si con la tijera alcanza, en este país hay vinos para todos los gustos y el tetra con hielo y soda es un manjar que se empareja con los jardines colgantes de babilonia, en la lista de las maravillas del mundo. Además, existen pruebas contundentes de que éste alquimista, especie de Mendeléiev vernáculo, ha combinado con sutil éxito ciertos elementos básicos tales como el vino común y la naranjada.

Pero el domingo es de tres cuartos, se espera que si el padre tiene una vinoteca, el susodicho sepa que el malbec en la fórmula del asado es como el hidrógeno en la del agua, dos átomos de vino por uno de carne, V2C y traiga tantas botellas como amerita tal proporción.

Pero el domingo es domingo y hay que descansar, tampoco es para cocinarse la panza al lado de la parrilla, con más razón si uno ha contribuido con la parición de tres muchachones que pueden acometer tal empresa y a los que se puede supervisar, entonces el primero que llega cuelga la remera en el alambre del patio y ya prende el fuego y si ya hay uno ahí, para que vamos a estar molestando tan cerca, armamos la ronda de picada y arreglamos el mundo a prudente distancia de esa antorcha infernal. Eso sí, sin perder de vista la parrilla y que el voluntario no se apure en dar vuelta la carne antes que el hueso esté lo suficientemente caliente.

En tanto la nena va llegando y mientras viaja camino a casa va pensando cual será la mejor manera de presentar al individuo, que, ajeno a lo que le podría esperar, conversa animadamente con el hijo de ella, de ciertas adolescencias casi comunes. Lo piensa y se decide por unas pocas palabras y las va ensayando “Mi papá…, Javier; Javier…. mi papá”. Es una piba entrenada en una casa con más varones que mujeres, pero ella es la nena de papá y esa relación siempre genera una especie de inquietud, aunque se espera el acuerdo tácito del viejo, por más que una se pase despotricando lo contrario.

Mientras tanto el operario empieza a calmar la sed al lado de la parrilla con esa especie de sangría sin frutas diseñada por el jefe de asadores, que con su vasito en mano, acomete la “check list”.

- …¿Limpiaste bien la parrilla?, mirá que anduvieron los gatos, compramos más leña o alcanza?, fíjate en ese pedacito que es muy fino que no se queme...-

A unas pocas cuadras la animada conversación del novio vinero con otro de los hermanos, relaja la mente de la chica y se dice que si a esta altura del partido no puede manejar un asunto tan trivial con su padre…, pero el coeficiente de stress no va a llegar a cero hasta que baje del auto, subirá unos puntos cuando estén esperando afuera después de tocar el timbre y ya veremos qué pasa.

Al otro lado del mundo sigue la lista.

- …¿Lo salaste bien de los dos lados?... viste que algunos lo salan después, los chinchulines no los pongas todavía, ¡ ojo no te vayas a quedar sin fuego eh…!-

El operario, atosigado, en un arrebato de lucidez le comenta al jefe.

- … Raro que no llegaron estos ¿no?,… voy hasta la puerta a ver…-

El viejo entra por el aro, o bien ya estaba buscando una excusa para rajar de ahí.

- Dejá… yo voy… vos cuidá el asado…. ¡ ojo que no se prenda la grasita !...-

Entonces el papá de la nena sale a la calle con su vaso a medio terminar y justo cuando se asoma, ve el auto que dobla en la esquina y se acerca al cordón de la vereda a paso de hombre, para en la única sombrita de la cuadra y desde adentro la voz de uno de los nietos que saluda al abuelo.

- ...¡¡ Eh abuelo, ¿que haces con zapatos y bermudas?..., si te ve Ante Garmaz te contrata ¡¡…-

Las risas de todos y el nuevo que se contiene para no empezar de punta con el viejo.

Va bajando la comitiva y él los va abrazando de a uno y fletando para adentro, la nena se va quedando última a propósito y cuando ya casi entraron todos pasa el hijo adolescente que se había acercado conversando con el amigovio, casi dos gotas de agua. Como compañeros de escuela que se van a tomar el bondi, los dos llegan a saludar al viejo casi al mismo tiempo, él abraza al nieto y lo deja pasar, cuando queda de frente al susodicho escucha las palabras de la nena.

- Javier…. mi papá… -

Apenas antes de que el tipo pudiera emitir el consabido “mucho gusto”, el viejo abre grandes los ojos, lo señala con el dedo mirando a la nena y le pregunta.

- ¡¡¡ …Huyyy …pero….¡¡ ¿ a éste cuando lo tuviste…?!!” .


Osvaldo Barales 


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21 de noviembre de 2014

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Sin tu mirada


Han pasado casi cinco meses desde su partida, y aun no logro comprender los porqués del adiós, sigo respirando su aroma cada segundo del día, esperando su llamada, aquella que lograba hacerme sonreír todo el día, aquella que aceleraba mi corazón al borde de un infarto.

Aun hoy, sigo esperando oírte, verte, respirarte como aquella esa última vez, ignorado que sería esa la antesala de mi muerte.

Aun hoy, mi mente, mi alma, mi corazón y mi cuerpo no entienden porque le perdí.

Nunca creí en la farsa del amor perfecto, parecía un argumento absurdo y utópico. Creado por algún loco idealista, y de pronto, me vi corriendo a contestar llamadas, escribiendo poesía, irracionalmente feliz…tan solo recordando sus palabras absolutas.

Es cierto, estaba….Totalmente enamorada.

Atada a su sonrisa dulce y chueca, sus ojos bondadosos y anhelantes, y su cuerpo largo e interminable…..

Aun no olvido la conjunción de nuestros cuerpos, la total exquisitez del “nosotros”, tanto que podría asegurar esto:

-¡No habrá en el mundo entero un nosotros que pueda siquiera aproximarse a la maravilla del amor que tuvimos!

Vivía esperando el momento en que por fin podría verle, esos instantes perfectos eran tan cotidianos, que era imposible suponer que acabarían.

Y un trágico día me vi sin él, llorando desesperada, destruida desde el pie, hasta el alma.

Quebrantada, y deshecha.

Y hoy, después de tanto tiempo, sigo esperando un milagro, quizás imposible, imaginando un encuentro, estar en sus brazos, rozar sus labios, que sin dudarlo me darían la respuesta que nunca me procuraron.

Mikka R.
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20 de noviembre de 2014

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Raviolis al Ajillo


Supe que había hecho mal en ir a ese restaurante cuando leí en el cartel de la entrada el menú principal del día: Raviolis al Ajillo. La constatación de mi errada elección me golpeó de bruces en la cara cuando la vi a ella con alguien más. Iban de salida, llenos, satisfechos, sonrientes hasta que me vio, por supuesto, y su rostro mudó de expresión.

Sin detener el paso seguí hasta ellos y me les planté enfrente. Los observé, más a ella que a él. Ella sin escapatoria fue rauda a presentarme a su acompañante.

–Tiempo sin verte. Él es mi no... –Un acceso de tos me hizo ahogarme de pronto e impedirle terminar su frase.

¿Un acceso de tos? La verdad se me atoró en la garganta un qué rápido le conseguiste ocupante al vacío que dejé en tu cama, cuán fácil se te hizo encontrarme sustituto, ¿sientes lo mismo cuando su voz te llama o cuando él te toca? ¿No te causa repudio su perfume al recordar el mío? ¿Encuentras verdadero refugio en sus brazos? ¿Sabe él de ese punto en donde se encuentra tu llave al abismo? ¿Cómo le hiciste para acostumbrarte a otro cuerpo cuando todavía hay tatuajes con mi nombre en el tuyo? ¿Cómo te dejas, mujer, saborear por otra boca? ¿Cómo soportas siquiera que ensucie con su lasciva mirada los lugares que aun para mí son tierra santa? ¿También se ha hecho amigo de tu perro? ¿Su retrato descansa en la mesilla de noche cercana a la cabecera de tu cama? ¿Qué tanto sabes de él para hacerle un espacio en tu vida o qué tanto sabe él de ti para que te reserve un sitio en la suya? ¿Acaso se ha grabado los mil y un matices de tu cara? ¿Sabe interpretar tus poses y tus distintas inflexiones? ¿Ha roto mi récord de llevarte ida y vuelta al infinito o le has mentido porque en lo profundo sabes que nunca podrás compararlo conmigo?

Me canso de hacerme preguntas, pero mirando al que tengo en frente desisto. Lo que yo tardé en aprender de ella en años no se lo aprenderá este en meses.

Me aclaro la garganta, el otro me extiende la mano mientras pronuncia su nombre. ¡Como si me importara! Yo extiendo la mía para no ser maleducado, pero creo que la desgana con que lo hago lo deja todo claro. Me río de su nombre en mi mente, el zoquete se llama Patricio, como los nobles. ¡Ja! Ese no tiene ni pizca de nobleza en las venas. Más temprano que tarde ella se llevará una sorpresa cuando descubra que su intento de príncipe no es más que otro de muchos sapos disfrazados. ¿Sapo? Este no llega ni a renacuajo, debería volver a su estanque.

A todas estas no me había dado cuenta de que aun le estrechaba la mano. ¡Al diablo las etiquetas! Aprovecho y se la estrecho un poco más teniendo especial cuidado de romperle aunque sea un hueso, desgarrarle un par de ligamentos, fracturarlo, desmembrarlo, dejarlo inválido, lo que sea para asegurarme de que no vuelva a tocarla. A ver qué hará ella con un manco.

Cuando el tipejo logra recuperar su mano lo veo medio abrir y cerrar el puño dolorido, hace una mueca de niñata. Juro que no tenía intención de decir nada por más rabia que tuviese en mis adentros, pero las palabras salieron a fuerza de disparo:

–Así que me has cambiado por este imbécil. –El imbécil, todavía sacudiéndose inútilmente la mano, solo alza las cejas fingiendo sorpresa. Vamos, ¿a quién quiere engañar? No me creo que en su espejo no haya salido a relucir un brote de su notoria idiotez. Ella toma la palabra por él:

–Al revés, tú fuiste el imbécil que cambié.

Touché. Me mira como recriminándome y hala a su "acompañante" a la salida. A sus espaldas los escucho hablar:

– ¿Qué te ha hecho?

–Nada, nada, ya pasará. –Ah, es un imbécil, lo dicho. Va a usar aquel cuento de niño enfermo para sacar provecho de que ella lo consuele. Ojalá y no se le pase en semanas, que le quede una secuela por meses, no me importaría ser culpable de ello. Así más tarde, cuando él intente tocarla con sus manos temblorosas, ella extrañará la seguridad y la desenvoltura de mis caricias recorriéndole la piel y entonces, también al renacuajo ese se le bajarán mucho más que los ánimos cuando recuerde que ella fue primero mía antes que de él.

¿Fue? ¡Puf! Lo sigue siendo, lo sé. Todavía me mira como si nos perteneciéramos y ese zopenco que se ha buscado no me llega ni a la punta de las zapatillas de correr.

¡Mierda! Se me ha quitado el apetito. El encuentro junto con ese menú principal me ha revuelto las entrañas y los recuerdos.

Mientras salgo del restaurante, malhumorado, insatisfecho, sin hambre y con el estómago vacío, reparo en una cosa: han salido a comer afuera su platillo favorito. Sonrío. A él no le prepara raviolis al ajillo.


Aldo Simetra


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18 de noviembre de 2014

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La enfermedad de Alois A.




 Camina despacio, balanceándose. Alpargates en los pies y una camisa abierta sucia de café. Ella vuelve calle abajo, caminando ligera a pesar del talle y la edad. Un blusón de flores y unos zapatos sin tacones, vestida como sólo la premura te deja, sin tiempo para el espejo o el peine.
 Él se mueve con los pasos del que sabe que en esa dirección está su refugio. Cuando la ve le pregunta de dónde viene, dice que estaba solo y salió a buscarla. Las manos hacia delante, un poco buscando las otras manos y un poco por mantener el equilibrio. Los ojos perdidos a mitad entre los de ella y el aire.
 Ella responde paciente: “Te lo dije que salía y volvía enseguida. Que me esperaras.”
 “Pero tu no estabas”, dice él obstinado.
 Ella, con ese amor infinito que no se destruye ni en los tiempos peores, lo coge del brazo y dice: “Vamos a casa”.
   Se alejan así, agarrados. Pasan a mi lado dejando tras de sí la esencia misma del sufrimiento, el olor a clausura y a sopa, el perfume amargo que fijan las pastillas en las manos. El aliento del amor que viaja en una sola dirección. De las emociones confundidas que viven en otro universo pero no por ello menos intensas.

 Intento imaginarme, porque ya sé de la vida de otros, como empieza la historia. Él, que nunca olvidaba, pierde recuerdos gota a gota. Él, pacifico y silencioso, que la insulta a empujones. Que un día, sentado en el sofá, se mordisquea las yemas de los dedos hasta hacerlas sangrar. No es el principio del fin. Es el principio de otra vida.
  Los miro mientras doblan la esquina. Y pienso que ser valientes no es lo que nos quieren contar, sino esto. Que lo difícil no es poder ser libres. Lo más dificil, lo más valiente, es quedarse. 




Carmen Lozano



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17 de noviembre de 2014

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Dudas

Tomada de la página "Punta Indio web"

Sara tenía plena confianza en su perro, guardián y compañero. Sabía que la defendería a cualquier precio, ya que si algo lo caracterizaba era su valentía y fiereza. Convencida estaba en que jamás la abandonaría.
Antes de irse a la cama, Sara gustaba de dar una vuelta a la casa para aspirar el ambiente perfumado del campo. No era miedosa, sin embargo nunca se aventuraba en irse lejos. Los cuentos de la luz mala, propios de la época de tormentas, que había escuchado de boca de los mayores en reuniones familiares de antaño, venían desagradablemente a su memoria en ocasiones como las de esa noche. Esta vez, su perro, inquieto daba vueltas a su alrededor olfateando el aire. Asombrada, lo vio salir de su lado corriendo, ladrando como un loco. En el horizonte se perfilaban nubes amenazadoras cargadas de viboritas mutantes, azules, plateadas, algunas rojas, todas destellantes. Su fiel amigo no respondía a sus órdenes ni requerimientos, cada vez se alejaba más de la casa en una inusual carrera hacia lo desconocido. Se quedó sola, sin el auxilio de su perro y, desorientada no supo qué hacer cuando un fogonazo seguido de una lluvia de diminutas estrellas se robó su cuerpo.
A la mañana siguiente, las vecinas dijeron que había muerto a causa de un rayo en seco. La más anciana, socarronamente, sonrió.

Zuni Moreno

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14 de noviembre de 2014

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Nuestro Directorio de Blogs


Mi abuela Paula me describía como un "adoquín con pelos" mientras que en casa mis padres me regalaban como primer libro "Cabeza de fierro". No eran muy sutiles que digamos, pero probablemente ése sea el motivo por el cual continúo adelante con proyectos condenados al fracaso.
Tal es el caso del Directorio de Blogs NSE, un anexo a nuestro colectivo donde voy agregando cada blog personal de los colaboradores, aún cuando la mayoría de éstos se niegan incluso a colocar en sus sitios la insignia de nuestro blog principal.. 
Establecer un directorio es un ejercicio que puede dejarnos al borde de la frustración, pero como siempre, pienso que a todo hay que darle una oportunidad . Y otra. Y otra...
Cuando lo inicié decidí que la imagen del blog del participante que se presentara debía ser la más reciente. Para lograrlo existían varios recursos gratuitos que actualizaban la imagen del blog mediante una captura de pantalla mostrada como miniatura. Lo que se llama Thumbnail y que teníamos hasta hace poco en funcionamiento por el servicio de una empresa que ya no nombraré. 
Claro que por segunda vez una empresa de este tipo me deja de suministrar el servicio en forma gratuita. Algunos días atrás ingresé en el blog para hacer una carga y encontré que las imágenes ya no aparecían.
Debí decidir entre cerrar el blog , actualizarlo con otro servicio similar (que probablemente también desaparecería en el futuro) o con imágenes capturadas manualmente. 
Al ver que la mayoría de los blogs se encuentran abandonados o cerrados (cosa que nunca logro entender y me entristece mucho) mi impulso inicial fue el de cerrar el directorio para siempre. 
Chau y gracias. Fue muy lindo conocerlos.
Pero como no quiero defraudar a mi abuela ni a mis padres, decidí renovar por completo el directorio y tomarme el trabajo (seis horas) de capturar todas las pantallas, eliminar los datos de nuestro enemigo proveedor de thumbnails y mejorar cada post.
No espero milagros, el directorio seguirá siendo una ayuda de difusión para aquellos que contando con un blog participan en nuestro colectivo y nada más, pero siento que nuevamente no han logrado vencerme... y con eso. por ahora me alcanza.

Taluego.

http://directorionse.blogspot.com.ar/
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13 de noviembre de 2014

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Él quería


Le pidió que lo mirara a los ojos, quiso corroborar lo evidente. Tenía la esperanza de encontrar en sus pupilas la menor señal de duda... no la encontró.

Su destino estaba decidido, tenía que andar sin ella. De ahora en adelante solo sería él y eso le dolía. No estaba acostumbrado a estar solo, siempre necesitaba de alguien para sentirse valioso. Sin nadie a su lado; él valía, nada.

Pasado cierto tiempo, él buscaba a alguien con quien compartirse, de vez en vez, encontraba a cierta candidata o candidato que se ofrecía a brindarle cariño pero nunca pasaban al siguiente nivel. Nunca los acompañó a sus casas, él dormía en la calle.

Se debilitaba y llegó a un punto en el que no tenía nada que ofrecer, no era atractivo y ni siquiera inspiraba lástima. Parecía un perro viejo, sucio y feroz. Como todo aquel que tiene que vivir en el peligro y la incertidumbre de no tener hogar.

Quería llorar pero no le salían las lágrimas, quería reír pero no sabía mentir. Solo le quedaba la resignación, solo podía esperar que el destino hiciera lo suyo. Ya no le importaba.

Recordaba con alegría los momentos con ella; cuando le entregó completamente sus sentimientos, cuando pensó que duraría para siempre.

Fueron buenos amigos al principio; después, él llegó a amarla. Lo único que pensaba en todo el día es "quiero verla" aunque ella casi siempre era indiferente.

Él rogaba en todo momento por su atención. Solo pedía un mimo, una caricia. Siempre la esperaba en su casa. Eso fue lo que la cansó.

No siempre fue tan fría. Ella lo quería; cuando todo empezó, cuando él era la novedad.

Ella venía de un romance desastroso y necesitaba un consuelo; él solo esperaba conocerla. Cuando cruzaron miradas sabía, desde el momento en que ella lo eligió, que su vida sería para ella. Y así fue, hasta que decidió abandonarlo.

Él revivió en su mente un momento en particular. Ambos estaban viendo la televisión cuando repentinamente ella le dijo: "gracias por salvarme, siempre estaremos juntos" y mientras recordaba, por un ligero momento, agitó su cola.
 
 Gisari
http://soygisari.blogspot.com.ar/
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11 de noviembre de 2014

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Hasta el final de los tiempos



–Te amaré incluso calva.

–Te amaré hasta el final de mis tiempos.

Así comenzó la historia que ahora les refiero. De una singular pareja que demostró que amar no es solo cosa de cuento.

Sus allegados al oírlos sonreían, pero no era una risa genuina. Se mofaban, decían que aquello se lo decían todos los enamorados mientras les duraba el cariño, pero una vez ido, las promesas también emigrarían incumplidas a otro sitio.

Ellos estaban sordos, únicamente escuchaban esa melodía que el ambiente ayuda a crear cuando combina al mismo ritmo los latidos de dos almas. También estaban ciegos. “¡Abran los ojos, abran los ojos!” –les aconsejaban, pero ellos nada más separaban sus párpados para hallarse en el otro y presenciar en sus pupilas la perfección de su mutuo reflejo.

Sus encuentros y despedidas empezaban y terminaban con el mismo protocolo:

–Te amaré incluso calva.

–Te amaré hasta el final de mis tiempos.

Sus familiares y amigos insistían en la misma cantaleta; de forma cruel a veces, pero lo ignoraban: “te abandonará incluso antes de que se te caiga el primer cabello”, “en menos de lo que dura un suspiro te habrá olvidado”. Comentaban, sin medir su escarnio.

Sin embargo, él permaneció con ella después de haber perdido más de mil de sus preciosas hebras y ella se negó a alejarse de él aunque sus suspiros se hicieran más cortos cada vez.

A ella se le secaron los labios y él los humedeció con sus besos, su piel se volvió tan fibrosa como el papel y él la endureció con el calor de sus abrazos, las lágrimas no le cabían a ninguno de los dos en los ojos, pero tampoco eran suficientes para empañar la imagen del otro.

A él se le envejeció el rostro y ella cada que pudo lo renovó con su risa, los temblores repercutieron su cuerpo y ella lo calmó con su ternura, las miradas y las caricias no alcanzaban para hacerle justicia al amor que se tenían.

–Te amaré incluso calva.

–Te amaré hasta el final de mis tiempos.

Lo decían con palabras, lo emulaban en silencio. Pero la certeza y convicción con que lo expresaban, no terminó por convencer a aquellos que necesitaban ver para creer hasta que se la encontraron a ella con la cabeza descubierta antes de despedir su último aliento y a él sosteniéndola sobre sí, intentando inútilmente asirla a un mundo del que tenía que partir.

Esa fue la única vez que no repitieron cabalmente el ritual:

–Te amo y te seguiré amando aunque no me haya dado tiempo de verte calvo. –Le dijo ella, forzándose por sonreír.

–Te amo y te seguiré amando aún después de que volvamos a encontrarnos.

Más tarde su rito se repitió en boca de los otrora incrédulos:

– ¡La amó incluso calva! 

– ¡Lo amó hasta el final de sus tiempos!


Fritzy Zamor


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