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20 de julio de 2014

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El reclamo de los enamorados

 

Mira como vuelves loco manipulador de corazones rotos.
Después de tu vida incierta y llena de pecados.
Regresas a invadir la nuestra sin pensar en todo tu daño.
Querido soñador deja de llamar, que tu voz me incita a algo más.


En noches de invierno como la de hoy donde mi cuerpo frio esta
Tú la llenas del calor tuyo tan peculiar
Vete y regresa, vete pero no vuelvas, no nos des a probar que nos puede gustar.


Tu memoria hueca puede estar, nada en ella ocupa un buen lugar
Más que el manual que con todos funciona lleno de trucos para conquistar.


Nosotros tus victimas eróticas
No tenemos piedad en dejarnos enamorar.
Nosotros tus víctimas, te conocemos, sabemos tus defectos y grandes virtudes
Somos tus víctimas, 10 o 100, que tus sabanas conocemos
Que nos escondemos en tu almohada, amamos tu cama y tus besos


Y aunque pedimos que no nos dejes por dentro queremos más
Porque solo tú has llegado a las partes de mi cuerpo que nadie más ha podido estar.


Fernando Galvan
http://iwrite.blogspot.es/
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18 de julio de 2014

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¡Cuidado con la víbora!


¡Ay, ay, cuidado! Un poco más y paso a ser comida para aves carroñeras, casi me clava sus venenosos colmillos en el tobillo. En un acto reflejo me he echado hacia atrás a tiempo, he logrado salvar el pellejo y salir ileso, pero no me confío: ahora me lanza una mirada asesina mientras sisea con su lengua viperina. Me estudia por unos instantes, decide que soy inofensivo o muy poca cosa para darse gusto; se retuerce, da la vuelta, menea presuntuosa la cola y se mete en la madriguera.

Me deja preguntándome si es más sensato hacerle salir y acabar el asunto o entrar en la guarida a darle pelea. Llamo por lo bajo, al instante un par de ojos hirientes salen al ataque precedidos por ese bendito siseo insoportable; retrocedo, empiezo a darme cuenta de que estoy en una especie de juicio en donde la más mínima palabra dicha o el menor de los movimientos serán el equivalente a mi condena.

Una y otra vez la cosa se repite, pareciera que jugáramos al escondite. Al final me canso, me armo de valor, invado el lugar que ha tomado como refugio y me le enfrento. Esquivo de nuevo su picada ponzoñosa y antes de darle oportunidad a que vuelva a atacar hago música para sus oídos, la mareo lentamente con el sonido.

Se va domesticando, a punto de bajar sus defensas, pero todavía está atenta.

– ¿Qué? ¿Se te ha perdido algo acá adentro? –me azuza. Soy prudente y prefiero no picar. La miro de hito en hito, fijamente, como si pudiera quitarle la piel con solo verle. Ella precavida cambia de táctica, se enrolla en el nido.

–Sigo queriendo matarte. –Entonces, sabiendo que no hay remedio, intervengo.

–Bien. ¿Puedes acabar de una vez o continuar mañana, por favor? Hoy tengo mucho sueño.

A sus espaldas, me hago espacio con ella en el mismo sitio, la estrujo con los brazos entre mi regazo esperando doblegarla, suspiro por entre su largo cuello. Ella se sacude, se gira escurridiza hasta ponerse en guardia.

–Te he dicho que duermas afuera, en el sillón.

–Ya sabes lo mal que me la llevo con ese trasto. –Le suelto mitad broma, mitad súplica, mientras desarmado espero que silbe nuevamente su lengua viperina, como anticipo al letal veneno que guardan para mí sus colmillos. Ella me mira adusta, pero aquello temido no llega.

Desde entonces, todas las noches sin falta me acuesto con mi víbora, ella se enrosca a mi cuerpo y se queda dormida.


Aldo Simetra


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13 de julio de 2014

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Si pudiera...



Si pudiera,si tuviese el privilegio, desvelaría cada uno de tus secretos y los guardaría aquí muy dentro para que solo fuesen tuyos y míos. Si pudiera, buscaría la esencia de tu olor para empaparme en ella cada mañana de mi vida. Aprendería la melodía exacta de tu voz y la repetiría una y otra vez hasta que fuese la única que mis oídos pudieran escuchar. Susurraría hasta el cansancio palabras de amor en los tuyos para que nunca duden de mi presencia. Si pudiera te daría una y mil caricias distintas para saber cual de ellas es la que mas te gusta,y después recordaría la forma exacta de hacerlo para poder volver a cada momento en que lo hice con solo imaginar. Si pudiera, crearía una imagen perfecta de ti en mi memoria y te regalaría la imperfección de la mía para que sea de los dos. Si pudiera, permanecería por siempre en el refugio de tu piel,sintiéndote,dejándome sentir protegida. Guardaría por siempre en mis labios el sabor de los tuyos para probarlos día y noche sin descanso. Si pudiera, grabaría cada huella de tus manos sobre mi para que nunca me falte la esencia de tu tacto. Si pudiera, te regalaría mis propios ojos para que puedas ver que eres tu quien los hace brillar. Pero luego me escondería detrás de los tuyos,de esos ojos con los que quiero mirar el mundo, para ver siempre por ti y alejarte de la tristeza. Si pudiera haría un hueco en lo mas profundo de tu corazón para quedarme en lo mas bello del mundo. Y,si pudiera, haría que todo esto fuese posible para repetirlo mientras me llame Belén Feito.


http://lamagiadesentir-belen.blogspot.com.ar/
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11 de julio de 2014

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Estimado Eugene.



Montevideo, Uruguay
11 de julio de 2014

A quién corresponda

Por medio de la presente, hago expresa mi renuncia al cargo que hasta el día de la fecha despeñaba, con honores, y correctos procedimientos; aquí ¿dónde más?

Por conveniencia, se debe acotar este documento a cuatro frases insípidas, y tres oraciones sintácticamente conexas, y de honestidad dudosa, hiladas sin mucho encanto a razones en extremo falsas. Pues mi renuncia, por mucho que englobe el concepto, no es por razones personales.

Por dónde empezar, quizá por el principio, o por el final. Comenzar por el final es siempre más sencillo; es el momento inmediato vivido, es el más fresco, el más doloroso, el más exacto en detalles. Y normalmente el más estúpido.

Este trabajoso trabajo (valga la redundancia), me llenó de vagas alegrías, y agobió con dolorosas tristezas. ¿Acaso no todos? Me cuesta aceptar que esto no es mi culpa, es enteramente suya. No fui yo quien dejó entrar la pena a este lugar de trabajo, no fui yo quien permitió a la furia irrumpir la paz establecida, y definitivamente no fui yo, quien dejó las cosas suceder.

¡Cuanta rabia siento hoy, con cuanto enojo me voy de este lugar! Porque si alguien luchó por una mejora continua fui yo. Yo, y solo yo luché por superarme y superarnos, solo yo logré las victorias que esta casa se adjudica con tanta pomposidad, solo yo grité y detuve los robos armados que ozaron destruir los pilares base de esta institución. ¿Siquiera alguien intentó ayudarme? No, nadie.

¿Qué más puedo hacer? Que más mas renunciar, no lo sé. Por eso renuncio. Pero en tanta rabia, en tanto rencor sufro esta renuncia como la renuncia al amor que obligué a ustedes a realizar tanto tiempo atrás. Mi error.

Perdonen el concepto errado de liderazgo que intenté inculcar. Perdonen de corazón por buscar la mejora continua, por no bajar los brazos, por lucharla en todo momento. Perdonen, porque al parecer no sirve, pues no sirvió.

Hoy declaro mi derrota, permito a las corrientes del capitalismo moderno llevarme al estupidisísmo de la compra de necesidades infundadas. Permito que eligan mi carrera y destino. Permito la compra de mi alma al mejor postor.

¿Dan cuenta de lo que hago? Como ejercicio de locura, refiero a mí en tercera persona. Ya, que más da... nunca van a entender esta mixura de sentimientos, este auto-odio aplicado. Permitanme el atrevimiento de eliminar todo esto, no es necesario que lo sepan. Después de todo, no es realmente importante.

Amerita decir, que las razones que llevaron a tal decisión son de hecho pura y exclusivamente personales.

Saluda muy cordialmente,
Eugene.


justparaphrasing.blogspot.com
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9 de julio de 2014

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El subtitulado de los sueños


Ella me conquista con sus tacos aguja y las puntas de sus zapatos apuntando hacia una intersección ubicada justo en medio entre la nada y el infinito. Parece un sueño hecho realidad. El pelo recogido sobre un hombro que acaricia insistentemente y un escote que invita a zambullirse en medio de su cálida y turgente tectónica de montañas. La sonrisa nívea enmarcada por labios carnosos y de profundo carmesí, surge luminosa como un faro en la oscuridad para guiarme al placer carnal más alejado del alma, en el centro mismo e irracional de mi privado y salvaje coto de caza. Todo parece sacado de una novela erótica de poca monta orientada al  público femenino de la cuarta década, sin embargo aún no sé ni siquiera como nombrarla. ¿Maca?, ¿Leila?, ¿Carla?... Es una falla demasiado evidente que debo comunicar. Una corrupción de datos básicos.
Ella me llama Franco, pero debería saber que soy Marcos. No es que me conozca. Estaba declarado en el formulario de carga antes de haber comenzado con todo este baile. Se trata como siempre de una nueva falla por substitución y en el protocolo ya son 2899 sólo en ésta versión, mientras que el parche del bio-programa tiene casi la misma cantidad de ediciones y sigue sin operar correctamente. Mientras lo pienso disfruto y  continúo acariciando sus firmes nalgas, exponentes de una marcada lordosis lumbar que ilumina mi imaginación en poses que serían rutinarias sólo para un entrenado contorsionista circense, tan extremas como mi propia imaginación o el mejor y más incómodo porno aún por filmar.
Nuestras manos van en busca del sexo del otro, ya húmedos y necesitados de una ulterior acción pero escucho un ladrido cercano. Ella igual me besa con un beso profundo, largo y húmedo, humedad que desborda mi boca y se expande a mi  cara y más tarde al cuello hasta lograr generarme un intenso reflejo de la micción y a despertarme en medio de una aguerrida erección que ni una sobredosis de citrato de sildenafilo habría logrado.
Schnösel me está lamiendo la cara entre ladridos constantes. Todavía no ha comido y ya se encuentra muy avanzada la tarde. Descartando cualquier vinculación con la zoofilia, deduzco que una vez más perdí la noción del tiempo en medio de uno de mis reiterados viajes y alguien con cuatro patas, una cola y poca sutileza, me lo está reclamando.
Cada día de sus seis años he intentado enseñarle al pobre y testarudo bicho como apretar el inmenso botón rojo con forma de hueso del expendedor automático de alimentos, pero el animal es más testarudo, ignorante, daltónico o vago que yo y simplemente se sienta con su lengua afuera mirando como todo lo hacen los demás no sin demostrar algo de pervertido y casi humano gozo.
Anoto en mi móvil un recordatorio para reportar los desvíos del programa mientras Schnösel me aturde con sus fauces destrozando esas piedras de cantero que llaman alimento.
Al menos no va a cagar blando ni con mucho olor.
Vuelvo a analizar lo ocurrido en mi sueño frustrado y me repito que no por barato el usuario tiene que aceptar su mal funcionamiento, así es que decido encaminar mis pasos hacia la tiendita del horror de Artz, como me gusta llamarla, ubicada al final de la galería comercial frente a la plaza del pueblo, justo donde nadie llega, agotados ya de tanta vidriera vacía donde se acumula el correo en facturas cubiertas de polvo y olvido.
Oscura por fuera y por dentro, la pobre tienda sigue necesitando año tras año la ayuda de una franela o al menos un plumero que cambie el polvo de lugar y así dar la sensación de que alguna alma en pena sigue vagando por allí y es el motivo que ha espantando a todo cliente.
Artz es el dueño y encargado permanente, posición que desaburre gracias al uso del mismo producto en venta: el IS, o Interferon Sináptico, la primera molécula de diseño programable digitalmente para entretenimiento personal. La droga blanda como solemos llamarla quienes defendemos su inocuidad frente a las drogas duras que terminan en serios predicamentos para el usuario.
Claro que Artz no es su verdadero nombre. A  mi empresario amigo antes solían tratarlo de "Don", hecho que, aunque uno pueda considerar respetuoso, nunca llegó a ser totalmente de su agrado, tal vez porque sentía que era una forma tácita de señalarle al Mundo que carecía de cualquier tipo de título profesional habilitante y que se le daba así un trato que  lo desmerecía. Así es que construyó su propio apodo "Artz", palabra que en el idioma germánico de sus ancestros significa nada más ni nada menos que médico. Con esa simple y tonta medida había logrado que nadie más le dijera Don Sigfrido como es su nombre en realidad. Y aunque nos cueste no llamarlo Chifri, todos estamos acostumbrados a que Artzy sea nuestro tolerante y económico proveedor habitual.
Como sea, la cuestión es que el susodicho elabora desde hace varios años su propio IS a precio mucho menor que el del mercado oficial regulado por el gobierno. Dice que por definición el IS no es una droga, que aún cuando se trate de una molécula creada artificialmente, que produce efectos en el sistema nervioso central modificando el estado de ánimo o produciendo placer, que incluso pueda tener potencial de abuso, no cuente con fines terapéuticos, altere los aspectos afectivos, cognitivos y conductuales y que además pueda ser auto administrada creando adicción, sigue siendo la mejor amiga de cualquier adulto aburrido en búsqueda de la más pura, económica, inofensiva y simple diversión.

El problema con la IS es que debe ser pre programada por un especialista medianamente bueno como él, teniendo en cuenta y de común acuerdo con los deseos del usuario o cliente.
Por eso es que  tengo que pasarle la lista de los desvíos de programa y así evitar una nueva decepción con la mujer de mis sueños.
Sería el parche 2900.

-Tengo novedades- Me dijo con una sonrisa de oreja a oreja mi no diplomado proveedor apenas me vio cruzar la puerta-

-Y yo te tengo una lista de quejas chabón...Para empezar otra vez tuve que terminar el programa "manualmente"...

- ¿En serio mein lieber Freund ? mirá que te salen pelos en la palma de la mano...-dijo con la sonrisa ya medio apagada- No, te cuento, te cuento, lo que pasa es que recibí información de un hacker amigo que trabaja para BIOCOM y creo que puedo modificar mi IS para convertirla en ProInterferona de mediana calidad...Nada muy elaborado ya que no tengo todo el equipamiento, pero funcional...

-¿Vos me hablás de imitar una de las tecnologías más caras de todas las que se conocen? ¿En serio? sería un golazo chabón...me anoto... claro...aunque no sé si podré pagarlo. Por más barato que sea, ya estoy tocando fondo y Petra me saca todo para la manutención... ¿Te diste cuenta que la sigla ahora sería PIS...? - le digo sonriendo mientras muestro las lampiñas palmas de mis manos-

La ProInterferona Sináptica no es otra cosa que el resultado de una segunda etapa de desarrollo donde la molécula IS aprende en base a muestreos constantes donde y cuando actuar gracias a la lectura de los recuerdos almacenados en la memoria del usuario. Un sistema autónomo que tan solo debería contar como limitante el evitar situaciones o hechos  que pudieran dañar o traumatizar al cliente. Es que, por ejemplo, yo no quisiera soñar mil veces las mismas cosas una y otra vez y menos si esas cosas se convierten en pesadillas o situaciones estresantes. De allí que aún los laboratorios de diseño más importantes se encuentren desde hace años a punto de iniciar las pruebas sobre humanos sin lograr obtener hasta el momento el permiso de los organismos reguladores de la salud.

-Si te parece -le digo en un intento de sacar partido de la situación- yo puedo ser tu conejillo de indias...a cambio de provisión gratuita... digamos...por los siglos de los siglos...amén...-total (pienso) el "no" ya lo tenemos de antemano-

Artz ni siquiera me responde, supongo que estaba esperando una propuesta por el estilo y se está poniendo a trabajar de inmediato en mi primer viaje. Claro que no existiendo otros oferentes que quieran competir y dada la voluntad manifiesta del científico iletrado,  el trabajo y la remuneración ya debo considerarlos absolutamente míos. Junto con los riesgos, se supone.

La primera dosis la programa con los mismos datos base que su antecesora menos compleja. No vamos a andar perdiendo tiempo en trivialidades. Para él y con la finalidad de ir sobre seguro, lo importante es el funcionamiento dinámico y no la calidad de los datos de inicio, así que ya podemos considerarnos listos para comenzar con lo que hay.
Veo que una de las ventajas del nuevo modelo radica en que la inyección ya no hay que aplicarla de la antigua manera cruenta directamente sobre la yugular. Las nuevas moléculas cuentan con un sistema de orientación propio con su correspondiente mapeo que les permite encontrar la corteza cerebral con facilidad y una vez inyectada en el brazo o el muslo, orientarse por el flujo sanguíneo hasta alcanzar las neuronas y establecer las conexiones sinápticas necesarias.
Solo me recosté en la camilla y Artz me aplicó la inyección electrónica.

- Quedate tranquilo Marcos. La Neuroingeniería es lo mío. Tengo todo bajo control. No puede fallar...

Y veo una pared de luz.

La luz duele. Nunca lo había notado con anterioridad sin estar tirado en la playa, pero lo suponía. Pienso que debe ser la razón básica por la que los bebés nacen con los ojos cerrados y se niegan a abrirlos hasta estar seguros de estar protegidos en la sombra del regazo de la madre con una teta al alcance de la boca.
La luz duele, digo, y en cuanto abro mis ojos una catarata de material blanco munido de millones de filos cortantes de claridad caen súbitamente sobre mi nervio óptico sin la más mínima conmiseración.
Pero todo dolor pasa o se asimila con el tiempo, y esa luz que me ciega de manera destructiva, al tiempo me permite sentir en su lugar el ardor indescriptible que quema todo mi cuerpo.
La duda está planteada, ya no se cual dolor es preferible y debo batallar con los dos simultáneamente.

-Ahora no sos tan machito vos huinca sorete, ¿no?-escucho que dicen a mi lado-

Trato de localizar el origen de aquella voz y volteo para encontrarme sólo con una figura sombría recortada contra un fondo blanco luminiscente.

-Huinca, ¿vos desertor? ¿Cagón vos? ¿Vos juyendo de lo otro milico? ...Hablá antes de que se te seque el garguero...

Y parece que en mi cerebro una ficha cae correctamente haciendo mucho ruido, pero en un casillero muy alejado de la zona de confort de la felicidad. Más bien digamos que cae para el lado oscuro que uno siempre anda esquivando.

Reacciono de la manera más infantil que podría haber pensado o permitido mi desesperación

-Si, Indio. Huinca desertor, pero ni cagón, ni mata indios. Soltame y hacemos un trato. Un arreglo... ¿Qué andáy queriendo vó?- le dije en una traducción libre de lo que creo que es la manera autodidacta del hablar indígena-

La figura se corre un poco hacia la sombra y puedo ver a un indio mapuche o araucano y más allá su caballo tordo atado a un raquítico caldén que apenas podría retenerlo en una estampida.

-No. Quidequeo no quiere tratos con vos sorete, Quidequeo tiene todo lo que necesita. Vos milico, y a Quidequeo no le gustan los milicos. Y me huelo que a los milicos tampoco les gustás vos, sorete. Mejor quedate así nomás. Alhue está encima tuyo esperando que te mueras. Él te va a pacificar la Araucanía a vos...sorete...

-¿Alhue?

-Si. Ustedes lo llamás Diablo. Con cuernos, ése...el que vive en el Miñche Mapu...Y yo lo veo colgando de la cola sobre vos. Te está esperando para comerse tus tripas y tirarle tu corazón a los caranchos...

Las llagas originadas por las quemaduras del sol ya comienzan a asomar sobre mi piel y el dolor que me producen es apenas comparable al de los insectos que bajo mi sombra han comenzado a alimentarse por todos mis orificios, incluidos los naturales.
Algo me recuerda un pasaje del Martín Fierro y me doy cuenta que el estaqueado nunca tiene mucho tiempo de sobrevida en las condiciones del desierto. Incluso en lo gélido de las noches.

Cuatro pitones de madera, probablemente extraídas del caldén, están clavados en forma de equis siguiendo mis extremidades. Brazos y piernas se encuentran firmemente atados a ellos mediante lonjas de cuero crudo humedecido, que a medida que se secan, se contraen y hacen que mis ataduras se endurezcan y estiren toda mi osamenta inmovilizándome aún más. Los labios cuarteados, la sed extrema y las llagas quemando mi piel, son relojes a los cuales ya se les termina la arena en medio del inmenso desierto.
El indio comenzó a pegarme en los testículos con una vara.

-Huinca huevón. Huevón y mata indios. Mi gente muerta por milicos tres inviernos atrás. Se los llevó la Ngenechén al Wenu Mapu. Pero a vos te va a llevar Alhue, porque indio ahora quiere matar huinca sorete...

Entendiéndo tan sólo la mitad de lo que dice atino a responder en un susurro, casi sin aliento ni convicción.

-No Quidequeo, yo no era milico hace tres años, te lo juro, no, yo hace poco que caí en la leva y me estaquearon porque no quise matar indios como vos...- la mentira nunca ha sido mi fuerte- Yo huinca sorete pero bueno...

-Huinca cree que Quidequeo come pasto- dice el indio mientras con una risotada saca un facón caronero con mango blanco que seguramente había obtenido matando a algún cristiano- Quidequeo te va a enseñar como castigamos nosotros a los milicos asesinos, traidores y mentirosos....

El indio se mueve hacia mis pies blandiendo el acero de un lado al otro mientras lo hace silbar en el viento.

-¿Querés que te suelte?

-Si... Tengo cosas que te pueden gustar. Tengo ginebra, chinas, tabaco, todo para vos si me soltás...-le digo a sabiendas de que es un comentario inútil destinado al fracaso y que el indio sólo está jugando con un milico caído en desgracia y a su disposición-

-No. -dice, y sin mediar otra palabra comienza a lonjear la planta de mi pie izquierdo-

Cada feta finamente cortada suma más agonía a mis dolores, me quita el aliento, contrae mis músculos impidiéndome incluso el gritar. Las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos y las manos copian la crispación de todos mis músculos, pero todo es en vano, estoy en manos de mi torturador y nada que diga o haga logrará un cambio en lo que está decidido a hacerme.
En algún momento pienso en dejarme ir, en terminar definitivamente con todo, pero la muerte suele ser una mujer altiva que nunca acude cuando se la necesita y menos en los sueños.
Una vez que Quidequeo llega al primer hueso abandona mi pie desollado, se mueve apenas unos palmos y siempre con la rodilla en tierra comienza a sacar lonjas de la planta de mi otro pie.

-¿Sabés qué Huinca? -Dice sin dejar de cortar- Así tratamos a los nuestros cuando nos traicionan. Por más que te suelte no vas a poder ir muy lejos y los bichos ya están oliendo tu sangre. Alhue me está sonriendo mientras se frota las manos. -Señala el cielo en un gesto amplio- Éste es tu Pikun Mapu. Pero no tengas miedo, todavía le falta mucho para que te coma las tripas...

Con el facón en la mano derecha y sin dejar de hablarme toma mi escroto con la izquierda para comenzar a capar...

Artz está frente a mí con la cara crispada por la preocupación.

-¿Bist Du verrückt geworden Marcos? Te desperté porque empezaste a convulsionar...estabas como loco...scheiße... ¿Qué te pasó hermano?

-¿!Que no andaba muy bien la cosa¡? !!Era una puta pesadilla Artzy¡¡ ¿Vos me querés matar del susto?, mirá, mirá, todavía tengo el corazón a todo galope y me tiemblan las manos y las rodillas, la puta que te remil parió y la concha de tu madre...hijo de mil putas ¿Qué carajo me diste? Aprendé a programar, pedazo de imbécil!...

-Tranquilo, ya pasó- me dice Artz en tono bajo y tranquilizador- Te di la dosis baja. Está programada para terminar en quince minutos. Tratá de recordar siempre eso. Poca bio-batería, lo manejo de esa manera, es un truco que me enseñó Rudolf el jefe de desarrollo de BIOCOM. Ya estaba por terminar pero lo que me preocupa es que hayas tenido una pesadilla. Se supone que los elementos toman datos de tu memoria feliz los analizan, traducen y reproducen de manera vivida. Yo suelo decir que leen tu memoria y forman algo así como el subtitulado de tus sueños. Como en una película, si el traductor es bueno y se pone las pilas la entendés completa pero si es malo y anda desganado o sin baterías, no va a tener ni pies ni cabeza o va a ser toda una pesadilla. No te tendría que haber despertado. En una de esas se ponía mejor.-

-¿Mejor? ¿Mejor decís, pelotudo? ¿Cómo mierda se va a poner mejor si estaba estaqueado en el medio de la nada y un indio hijo de puta me estaba cortando en lonjas la planta de los pies y las bolas...mejor me decís? !! dejáte de joder..!! Andá a hacerte una enema de poronga !!

-¿Las bolas? Hay no, con eso no se jode. ¿Te capó? Scheiße!...

Lo miro con cara de "Si seguís a vos te va a pasar lo mismo" y él continúa hablándome sin darse por enterado.

-Macht nichts. Tengo que suponer que es sólo un tema de carga. Le puse muy poca para que te despertaras pronto y puede que haya afectado al programa traductor. Se fue para el lado de la memoria, por lo menos estaba bien orientado, pero parece que no era para nada de la feliz o la estuvo malinterpretando-

-Ya se me pasa...dáme un momento...

-Si te sentís mejor mañana probamos con una carga más alta y le programo unos limitantes sinápticos para que como medida de seguridad no puedan leer la parte oscura de tu mente-

Más relajado pienso que a todo hay que darle su tiempo y sus segundas oportunidades si se quiere algo bueno y más si eso en el futuro va a ser libre de costo, así que me digo que total como todo es irreal, como todo es un sueño que no puede dañarme, vale la pena darle otra oportunidad y aguantarme cualquier sufrimiento.

-Mañana. Todo sea por la ciencia y por que cuando funcione me des toda la que quiera y...ojito...GRATIS.

No recuerdo si me fui y volví, o simplemente permanecí durmiendo acostado en la misma camilla. Solo veo de inmediato a Artz con su jeringa de luces de colores entrando en mis venas otra vez y como mi visión se enturbia en medio de una nube de agradables sensaciones.

-Kein Problem... Se vá la segunda !...Aro, aro, aro!!...- grita bailando una supuesta chacarera- Dale, pensá en cosas lindas salame. No puede fallar...- escucho que me instruye Artz mientras la realidad se diluye.

Yo le señalo el techo con mi dedo medio.

Y veo un bosque.

Estoy sentado en una especie de hueco armado con casi unos 50 metros de soga de cáñamo enrollada sobre sí misma formando un barril. Frente a mí se extiende un claro de unos doscientos metros producto de la tala pero sin tocones que impidan que el terreno se convierta en un futuro campo de siembra. Aún así el sol apenas logra entrar con rayos oblicuos que rompen la más cerrada oscuridad.
Me resulta extraña la opresión en el pecho y la angustia que me cierra la boca del estómago con un doloroso nudo que no deja de apretar, pero tal vez lo peor sea mi mente, embarcada en una serie repetitiva de preguntas sin respuesta, vueltas a formular una y otra vez aún cuando parece que la solución es imposible.
¿Por qué? Ella era todo. ¿Qué sentido tienen las cosas ahora? y vuelta a comenzar.

Un Mustang amarillo del 57 se encuentra estacionado a unos diez metros frente a mí. Su escape emite bocanadas de vapor de manera acompasada y el rugido de su motor, como un monstruo de otro mundo,  se mueve por las frecuencias más bajas de mi oído haciendo callar a todas las aves, ardillas y lagartijas del lugar.

Un extremo de la soga está atado con un ballestrinque a un añoso roble junto a mí  y el otro lo puedo ver en mis manos mientras formo una ese, luego paso el extremo por una presilla dejando bastante cabo para poder realizar la gaza. Sé que debo darle al menos seis vueltas para que esté correctamente realizado. Lo hago y paso el chicote por en medio de la otra gaza para finalmente apretar el nudo tirando de la primera.

Es el típico nudo que todo el mundo quiere saber hacer  por haberlo visto alguna vez en la televisión donde recibió el ominoso nombre de nudo del ahorcado debido al macabro uso que siempre se le ha dado, aun cuando también sea útil para salvar vidas, por ejemplo lanzándolo a una persona que se está ahogando para que se lo coloque por debajo de sus brazos, como si el nudo la abrazara.
Me muero por abrazarla aunque no sé quién es, pero mi angustia se incrementa al pensarla. Ocupa toda mi mente. Ella no me mira, ni responde ni me explica el porqué hizo lo que hizo. Observo sus firmes nalgas, exponentes de una marcada lordosis lumbar que ilumina mi imaginación en poses que serían rutinarias sólo para un entrenado contorsionista circense. Mi cerebro afiebrado bulle en preguntas mientras mis pies sangrantes se mueven hacia el auto arrastrando la soga que reduce sus anillos en la pila a razón de una circunferencia por cada paso.

La puerta del conductor está abierta y la ventanilla baja.
Entro a la cabina y me abrocho el cinturón de seguridad.
Pruebo el rugido del potente motor dándole gas una y otra vez con el acelerador, hasta alcanzar las 7.000 vueltas.
No sé cómo ni cuándo pero el nudo se cierra en mi garganta generando el picor inevitable del cáñamo contra la piel. Giro la cabeza y veo la línea de soga que parte desde allí hasta el barril y luego al viejo roble. La presión en el pecho crece y un zumbido dolorosamente molesto va aumentando en mis oídos hasta hacerse insoportable.
Pongo primera, acelero a fondo y mientras una lágrima inicia un río sobre mi mejilla, suelto el embrague y en medio de un primer derrape que pone en vuelo  hojas y tierra, comienzo mi carrera de 50 metros hacia la Nada.
Siento en el cuello el peso de la soga que voy arrastrando tras de mí y que intenta sacarme fuera por la ventanilla. Pongo segunda y acelero más sin escuchar otra cosa que el silbido que perfora mis tímpanos, borrosa la mirada de tantas lágrimas y oprimido el corazón por una angustia que quiero erradicar definitivamente mediante este evento.
Sé que el sol ilumina el parabrisas en el mismo instante en que la soga llega a su fin y que el latigazo es fulminante, haciendo que mi cabeza se desprenda del cuerpo aferrado al asiento por un cinturón inercial, para así poder observar desde fuera como el Mustang amarillo colisiona diez metros más adelante contra un ciprés que dibuja su contorno sobre el capot humeante. Mi cuerpo asoma por el parabrisas destrozado y puedo contemplarlo con los ojos que ya no están unidos a él.

Por detrás del árbol aparece una figura que camina con un brazo en alto. Ni siquiera mira el auto o el cuerpo desmembrado, simplemente se dirige donde mis ojos están atrapados por la soga. Pronto puedo observar que es un conocido indio alto y demacrado como el propio Alhue o como si la misma muerte lo hubiera alcanzado. En la mano que tiene en alto sostiene algo ensangrentado y se ríe de mí mientras en la otra blande un facón caronero de mango blanco.

Lo veo a Artz.

Intento golpearlo pero apenas tengo fuerzas para vocalizar un insulto y llevar la mano hasta mi garganta para verificar que sigue unida al resto del cuerpo.

-Nada, nada, nada... bien... Schade! No sé...-suspira- Respirá más lento que ya se pasa...- dijo adivinando lo desastroso del experimento- Insisto en que es un problema de carga. Algo falla y hace falta un poco más de energía para asegurar una buena respuesta. Más energía, si,...tengo que ver cómo...
Artz ve que con mi mirada lo estoy insultando más de lo que mis energías podrían expresar.
Me da la espalda para no tener que lidiar con mi enojo.

-Marcos, ya te lo dije: la clave está en el subtitulado de los sueños, y hay algo en las cargas de bio-material que está alterando las lecturas. Pienso que lo puedo solucionar. Teneme un poco de confianza y dáme un poco de tiempo más. Necesito más energía...No puede fallar...

Y mientras intento responderle noto que la fuerza regresa a mí mientras la angustia es reemplazada por sensaciones de calidez que hacía muchos años había experimentado en el contacto con esa mujer amada.
Noto que el tiempo se ha alterado y que Artz está vestido de otra manera, mientras cargando una nueva jeringa electrónica me da un discurso del cual sólo logro escuchar una parte, tal vez la menos relevante, o todo lo contrario.

-Te dije que lo iba a solucionar. Klar! Te lo dije. Se terminó el problema...alles in Ordnung !!-dice Artz casi saltando en una pierna y bailando de la alegría- pero para que funcione como Dios manda debí extender la duración de las cargas bio-nucleares de cada molécula. Yo te lo decía. Hablé con Rudolf y dijo que tengo razón. Rudolf ¿te acordás? el de la BIOCOM. Creo que ahora pueden durar eternamente, pero lo más importante es que ahora sí deberían conseguir el subtitulado correcto de tus sueños y darte un viaje de primera calidad...-

Lo miro cansado de tanto experimento y sin saber cómo podría hacer para que toda esta locura pare.

-Relajate Marcos, éste va a ser un muy, muuuy, muy buen viaje. Lo cargué como para que tengas algo de sexo. Digamos que como agradecimiento por todo lo que aguantaste. Estoy seguro que lo vas a disfrutar. No puede fallar...Auf keinen Fall!...

Cansado lo insulto digitalmente y me zambullo en la más profunda oscuridad que apenas se ilumina con el contorno de una figura femenina.
Una mujer conocida.
Inolvidable.
Eterna.

Ella me conquista con sus tacos aguja y las puntas de sus zapatos apuntando hacia una intersección ubicada justo en medio entre la nada y el infinito.
Parece un sueño hecho realidad...

OPin 2014

En otras palabras e idiomas

Schnösel : gilipollas, pajero, mojigato.
mein lieber Freund : mi querido amigo
Huinca : Conquistador español (despectivo)
Alhue : Diablo
Miñche Mapu:  la tierra de abajo, donde se encuentra la fuerza del mal o espíritus malignos.
Ngenechén : Dios
Wenu Mapu :espacio sagrado e invisible donde habitan la familia divina, los espíritus del bien y los antepasados mapuche.
Pikun Mapu : Lugar de Mala suerte.
Bist Du verrückt geworden ?: ¿Estás loco?
scheiße : mierda
Macht nichts : No importa
Kein Problem : No hay problema
Klar!: Claro!
alles in Ordnung : todo en orden
Auf keinen Fall!: de ninguna manera !

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7 de julio de 2014

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Trapecistas II: Sin Historias No Hay Cuentos


–Vamos abuelito, cuéntame aquel cuento.

–Y te duermes, eh.

–Solo si no te duermes tú primero.

–Vale, vale. A ver, ¿cómo empezaba?

–Por un amor imposible.

–Ah sí, ya recuerdo. Este es el cuento de un amor imposible. De dos entes que vivían en mundos totalmente opuestos.

–Sí ya sé, uno en la tierra y otro en el cielo.

–Ah, no se te olvida nada. Solo que uno era el mismo cielo y el otro sí vivía en la tierra.

–Sí, sí, la rosa.

–Bueno, era imposible porque ¿cuándo has visto tú que una rosa y el cielo se toquen?

–Nunca, abuelo, nunca. Ni en las fotografías. Pero los del cuento sí que se tocaban, ¿a que sí? Cuando llov…

–Pero bueno, peque, ¿para qué quieres que te eche el cuento si ya te lo sabes de memoria?

–Es que me gusta que me lo cuentes tú.

–Entonces calla y deja de interrumpir. Va desde el principio. Es el cuento de un amor imposible. De dos entes que vivían en mundos totalmente opuestos. Uno era el cielo que inspiraba majestuosidad desde las alturas y la otra, una rosa que inspiraba sencillez y ternura enraizada a la tierra. Nadie sabe cómo fue que se enamoraron, el hecho era que ella no podía contenerse ante la inmensidad azul que la observaba y él no podía pensar en perder de vista a ese vivaz y dulce rojo que lo cautivaba. Sabían que jamás podrían juntarse, que jamás podrían tocarse, que era demasiado pedir estar más cerca el uno del otro, pero estaban tan perdidos ya que eso no les importó. Siempre encontraron una forma de probar su amor y demostrar su afecto. A veces el cielo sacrificaba por momentos su vista, se dejaba nublar por grandes nubarrones y conseguía acariciarla con la lluvia hasta dejarla empapada de su cariño; ella, agradecida y reconfortada abría dolorosamente y por completo sus pétalos solo para él y se desprendía de su aroma intentando embriagarlo hasta verlo de nuevo recuperar su visión. Entonces, él la iluminaba por completo y ella brillaba con su candor, ofreciéndole al cielo un espectáculo de color.
Muy pronto, otros se enteraron de su sutil idilio y…

– ¿Sutil idilio?

–Sí, su romance, es que era una historia de amor de las buenas, de las verdaderas, ya te digo. Un amor muy bonito.

–Ahh.

–Bueno, como decía. Otros se enteraron de su sutil idilio y quisieron romperlo cuanto antes. Ya sabes, nada en el cielo o en la tierra deben juntarse. El cielo es para ser admirado, la tierra es para ser pisoteada. Nada debe unirlos, cualquier cosa que vaya en contra de ese precepto debe darse por acabada.

– ¿Qué es precepto, abuelo?

–Es como una ley, como una regla, nieto. Como cuando mamá te dice que debes cepillarte los dientes antes de dormir o lavarte las manos antes de sentarte a la mesa y si no lo haces…

–Me castiga, ya sé. Sigue, sigue.

–Tal cual. Bien, el Dios de las alturas se enteró y quiso castigarlos por su osadía. ¿Cómo se atrevía?– le recriminaba al cielo. Mientras, abajo el suelo temblaba, se burlaban de la ingenuidad y la necedad de la rosa pero en lo profundo sentían envidia de su suerte.
Todo se puso en su contra, las alturas buscaban formas de ponerle al cielo otras cosas enfrente y la tierra, trataba de enterrar y ensuciar a la rosa. Querían separarles, ninguno podía permitir tal cosa.
Pero ellos no cejaron, su amor era más fuerte que el odio de todos sus enemigos juntos. Entonces hablaron con la única parte neutra que no estaba involucrada en el asunto y le pidieron ayuda.

–Aquí es donde aparecen los Magos del Viento.

–Pues sí. Ellos iban y venían, tenían una forma de pensar distinta. Y no le tenían simpatía ni a las malvadas alturas ni al infame suelo.

– ¿Infame?

–Vaya, si se me olvida que apenas estás creciendo. Es algo despreciable, que repugna.

– ¿Como la espinaca o los brócolis que mamá me obliga a comer?

–Jajaja. Anda, no exageres que esos te hacen bien. Yo diría más o menos como los gusanos o las cucarachas, tal vez.

–¡Puaj! ¡Qué asco!

–Pues sí... ¿Por dónde iba?

–Los Magos del Viento, abue.

–Ah sí. La rosa les pidió a Los Magos del Viento que la acercaran al cielo y el cielo les pidió que lo acercaran a la rosa. Los Magos del Viento se compadecieron y les ayudaron a verse en secreto, cada que podían creaban una especie de remolino que los aislaba del resto durante unos minutos y le permitía a una volver a admirar ese azul y al otro, volver a cautivarse con ese dulce rojo.
Un día quisieron que Los Magos del Viento los acercara más, ya no podían vivir el uno sin el otro. Los Magos del Viento les advirtieron que sería peligroso, que estaban muchas cosas en juego, que no podían llegar tan lejos, pero ellos insistieron, desoyeron sus consejos. Y los Magos del Viento conmovidos por su pena, accedieron.
Los Magos hicieron todo lo que pudieron, despegaron a la tierra de sus cimientos para lograr elevar un tanto a la rosa; lo mismo hicieron con el cielo, lo halaron lo más que alcanzaron hacia abajo separándolo de las alturas. Hilos resplandecientes empezaron a aparecer de la nada para unirlos. Nunca habían estado tan cerca. De pronto los dos extremos contrarios se dieron cuenta de lo que pretendían y desataron su furia, nunca le perdonarían al cielo y a la rosa el desafiarlos. Los Magos del Viento seguían luchando intentando lograr su cometido, la rosa y el cielo iban perdiendo su fuerza pero las alturas y la tierra no daban tregua. Muy pronto el cansancio fue envolviéndolos, hasta hacerlos perder toda muestra de resistencia. La rosa fue la primera en abandonar la lucha, estaba tan agotada y disminuida. El cielo se tornó de grises y negros. Los Magos del Viento se sintieron más devastados por los dos enamorados que por su fracaso. Las alturas y la tierra se felicitaron por su triunfo, creyeron que todo regresaría a la normalidad y volvieron cada una a despreciarse desde sus distantes e inaccesibles extremos.

–Pero nada fue como antes ¿no es cierto, abue?

–No. Desde entonces en ese lugar…

–En el cielo nunca sale el sol y siempre llueve, y las rosas siempre tienen espinas y jamás florecen.

–Así es. Hasta el final te lo sabes de memoria.

–Es una historia muy triste abuelo. Tienes que llevarme un día allí. Haré que los días sean soleados y las flores siempre vivan en primavera. ¡Tal vez consiga que el cielo y la rosa se vean!

–Con tu astucia, no lo dudo. Así como esperas que al terminar cada cuento tú seas el único que se quede despierto para hacer de las tuyas mientras duermo.

–Ay, abue.

–A ver nieto, que nos conocemos. ¡A dormir se ha dicho!

–Aunque sea cuéntame otro, en este no has cabeceado ni un poco.

–Esta noche no lo lograrás ni porque te cuente una docena. Esta historia me mantiene en vela. Así que va siendo mejor que te acuestes, que mañana hay escuela. Luego en lugar de ser tú, será a mí a quien tu mamá le hale las orejas.

–Vale, vale. Hasta mañana, abue. Ten cuidado con lo que sueñas.

–Ten cuidado con lo que sueñas tú, traviesa criatura. Descansa, nieto. Hasta mañana.

Tras dejar al niño entre sus sábanas, el abuelo se dirigió a su habitación reviviendo a su manera el cuento que recién había terminado de contar. Una vez dentro, se sentó a un lado de la cama con la vista puesta en el retrato que descansaba en la mesita auxiliar. Se quitó el anillo de bodas y lo giró entre sus dedos antes de colocarlo junto al retrato. Ahí estaba, entrada en años, su esposa. Aquella que lo había acompañado durante gran parte de su adultez, soportándolo en las buenas y en las malas y que antes de morir, le había llenado la casa de hijos, preciados momentos y carcajadas. La quería, claro que sí. Pero…
Tomó el retrato entre sus manos y extrajo la fotografía del marco. Le dio la vuelta y le sonrió a la que allí estaba. Una mujer radiante de belleza y juventud le devolvía la sonrisa. No la misma que lo había dejado viudo hace unos años, sino aquella que le había dado sentido a su vida. Esa a la que amó, a la que todavía amaba.

– ¿Habrás encontrado otro cielo, mi rosa? ¿Habrá otro revivido tus pétalos? –Le preguntó al vacío, no obstante ya sabía la respuesta. Él se había topado con muchas flores que intentaron transmitirle su brillo, pero ninguna lo había iluminado tanto, nada podía hacerlo resplandecer más que su rosa.

Apretó un rato la fotografía sobre su pecho y la besó antes de darle la vuelta y devolverla al portarretrato. Se acostó medio agradecido, medio suspirando.

–No me quejo, de verdad no me quejo. Pero ¡ah, Rosa! Lo distintas que habrían sido nuestras vidas si nos hubiéramos aferrado a esa última hebra que nos sostenía…

Cerró los ojos y dejó a sus pensamientos vagar entre los recuerdos. Que se cuidara de los sueños, le había advertido su nieto. Sin embargo, era tarde, se había sumergido en ellos.


Fritzy Zamor



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6 de julio de 2014

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En el silencio también, me tienes


Mírame. Estoy tan solo a unos milímetros de ti,como siempre. Sin apartar mi vista ni un segundo de tu mirada. Con los ojos bien abiertos para no perderme un solo detalle de los tuyos. Con mis cinco sentidos convertidos en uno. Mírame y siente el brillo que reflejan cada vez que te tienen. Acércate para que puedan perderse en la profundidad de la mirada más intensa que los ha hecho sentir. Y cuando esté junto a la mía, cierra los ojos, agárrame fuerte las manos. Siente la fuerza y la calma de una unión como no hay otra. Respira profundo y toma toda mi respiración también. Es tuya. Olvídate de todo. No hay nadie que pueda cambiar este instante. Abrázame fuerte. Y así, justo así déjame poder expresarte lo que las palabras no pueden en momentos como este, cuando estoy contigo. Siente la rapidez de mis latidos, la debilidad de lo más sincero que tengo. Llénate con cada una de las caricias de mi piel. Y quédate con la fuerza de mis brazos sobre tu cuerpo. Esos que no quieren,que no pueden ni son míos si no son para ti. Escucha su mensaje silencioso. El que te dice que nunca se van a separar de tu lado, porque solo saben aferrarse a estar contigo,y así lo harán. Entonces bésame. Permíteme el deseo de tenerte en mis brazos, en mis labios, junto a mi. Déjame quererte como te quiero y entenderás que esto es y sera un: POR SIEMPRE.
 
Belen Feito Fernandez
http://lamagiadesentir-belen.blogspot.com.ar/
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3 de julio de 2014

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Escribir caliente, en caliente


Sos un reverendo pelotudo. Te lo digo con todo respeto...-

¿Nunca leyó algo así?

Yo sí.

Dejando de lado las connotaciones religiosas de la frase, éste tipo de mensajes hacia desconocidos o gente con la que se tiene poca confianza, ocurre cuando uno escribe bajo los efectos de algún tipo de sentimiento violento, ocasión en que suele incurrir en contradicciones como la expresada.

Te insulto pero te respeto ¿...?

En esos casos es posible tanto que a uno lo perdonen y hagan como si nada, como que lo manden a la mismísima mierda.

No sé usted, pero yo cuando estoy molesto suelo escribir apoyando con mucha más fuerza la birome, incluso hasta llegar a perforar el papel, tanto así que mis letras comienzan a parecerse a ballenas embarazadas unidas por la cola.

Seguramente por eso nuestros próceres perduran en el tiempo con cierta lejana indolencia en el hablar, ya que sus escritos a pluma y tinta vegetal no les permitían ser muy efusivos en el trazo sin correr el riesgo de dejar al mundo sin plumas ni patos.

El equivalente moderno se da cuando me encuentro frente a mi computadora y el golpeteo de las teclas lo llega a escuchar la abuela sorda del primero "C" en el contrafrente del edificio (aclaro que yo vivo en el décimo al frente), mientras que mi mano izquierda tiembla descontroladamente como piecito inquieto en medio de un orgasmo.

En esas situaciones uno sabe que no está simplemente escribiendo. Está escupiendo palabras, vomitando frases o dando puñetazos de acentuación hacia un enemigo lejano que recibirá todo junto y en medio de las cejas. El resultado debe salir pronto, porque el que pega primero pega dos veces, así que usted incurre en faltas de ortografía en las que no caería ni un imberbe de 12 años en el Messenger de su celular. Pega grititos victoriosos al tipear alguna frase irónica e hiriente y busca metáforas decorosas para sustituir los insultos que finalmente preferirá mandar sin ningún tipo de filtro poético que los amanse.

Ya tendrá tiempo de arrepentirse cuando el otro redoble la apuesta y lo ponga en evidencia  o, como ocurre en Facebook, otros participantes de la conversación le peguen como para que tenga y se cuide de escribir sin pensar.

Es que cuando usted pulsa publicar, ya no hay tiempo para arrepentimientos. Usted no tuvo que ir al correo, hacer la cola y pagar por el envío. Apretó con el canto del culo la tecla "send" y su bolsa de basura sin clasificar por tipo de residuo salió al mundo para que todos vean sus miserias más privadas y personales.

En la red no solo es importante tener un doctorado en comprensión de textos, sino que usted deberá escribir más  lento para que los demás lo entiendan y deberá hacer una y otra vez relecturas de su obra en frío, corrigiendo estilo, puntuación y por sobre todo, el contenido.

Le aseguro que mi alarma interior me ha llevado muchas veces a dejar durmiendo algún texto por varias semanas hasta en definitiva borrarlo sin enviar, mientras que otros se fueron acompañados de un "y a mí que me importa, que se vayan a cagar" con los que perdí una que otra supuesta amistad.

Nadie debería publicar textos escritos bajo el efecto de emociones violentas, de la misma forma que no debería escribirle mensajes de texto a su novia cuando esta bajo los efectos del alcohol.

La receta del éxito es: escriba sin censura; deje reposar el embrollo; elimine los errores de ortografía; vuelva a amasar eliminando los insultos o palabras que suenen hirientes; elimine las ironías (nadie las entiende por escrito aunque les ponga un emoticón sonriente), revise el estilo y no lo mande hasta que lo lea tres veces más.

Ah ! , y recuerde que hasta la lista del supermercado debería formarse con una Introducción donde explica su postulado, un Desarrollo donde expone sus datos y una Conclusión donde platea su punto como corolario, asociándolo a lo expuesto en la Introducción.

Todo lo demás es al pedo y lo hará quedar como un reverendo pelotudo.
Dicho sea con todo respeto.

Taluego.

OPin 2014

http://blogopinar.blogspot.com.ar/
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