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28 de julio de 2014

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Trapecistas III: Se Cierra El Telón‏

Llegando al final del camino - Pablo Peppino


Cuando su nieta le echó aquel cuento tan similar a la historia que ella había vivido en su mocedad, que según había oído de boca de un compañero de clases que a su vez la había escuchado de su abuelo, no pudo menos que inquietarse. ¿Sería posible? Después de tanto tiempo, ¿sería posible?

La pregunta la tenía en vilo y no la ayudaba en absoluto a controlar su artritis ni a mantener la tensión en niveles adecuados. Si a esto le sumaba la nostalgia que la atenazaba por sumirse en el pasado más de lo acostumbrado desde que el cuento había removido terreno sepultado con el peso de los años, no ofrecía un muy bonito cuadro.

Su hija ya empezaba a preocuparse demasiado y le dedicaba una atención tan exagerada que la ponía de mal humor.

– ¿Te has tomado las pastillas? –le preguntaba–. ¿Quieres que te acerque a la terraza para que te dé el fresco? ¿Tienes frío, te busco el abrigo? ¿Has comido ya, tienes hambre? ¿Quieres que te prepare algo en especial? ¿Pongo el canal de tu programa favorito? ¿Te encuentras bien, mamá? ¿Necesitas que vaya a la farmacia o al mercado a comprarte algo?

– ¡Estoy vieja no minusválida! –le había gritado en una oportunidad con la voz un poco agrietada, ya cansada del fútil interrogatorio. Al ver la expresión de sorpresa y desconcierto en el rostro de su hija se ablandó un poco. –Ah, son cosas mías. ¿Por qué no sacas a pasear a María?

–No, sabes qué, me parece que necesitas distraerte un poco. ¿Por qué mejor no sales tú con ella? Aquí cerca están instalando un circo, había acordado con la mamá de Carlitos para llevarlos allí a que se divirtieran.

–Ya sabes que no me gustan esas cosas. Además ¡ya estoy lo suficientemente mayor para encargarme de acuerdos ajenos!

La hija ignoró su réplica, en cambio llamó a María y le guindó la bolsa a la abuela después de obligarla a pararse de su silla y encaminarla a empellones hacia la puerta.

–Aquí no te vas a quedar descomponiéndote el ánimo. Vamos a ver si con un poco de sol tu amargura sale espantada a otro lado. –Dicho esto cerró la puerta y dejó a su madre y a su hija haciéndose mutua compañía afuera.

La abuela no había tenido siquiera tiempo de acostumbrar su vista a la claridad imperante y casi cegadora del mediodía cuando su nieta ya la estaba arrastrando con prisa calle abajo.

–Apúrate, abuelita, apúrate. –A saberse por qué llevaría tanta urgencia.

–No tan rápido, María, que una ya no está para estos trotes.

Al fin, tras lo que pareció un aparatoso maratón para la abuela, pero no más que una habitual carrerilla para la niña, llegaron a la montada parafernalia. Un conjunto de carpas que, a todas luces, tenía todo lo que se puede esperar en esas cosas; varias tiendas amontonadas con quien sabe qué en su interior y un montón de payasos, acróbatas, bailarinas, magos y pare usted de contar alrededor. La niña miraba extasiada; la abuela, al contrario, con cierta congoja.

– ¡Mira! Ahí está Carlitos.

La abuela no miró en la dirección que le indicaba su nieta de inmediato, ocupada en recuperar el aliento de la carrera. Cuando se aprestó a seguir la dirección del dedo de la niña, demoró en darse cuenta que ya no señalaba hacia sitio alguno porque su objetivo estaba junto a ellas.

–Como mamá no pudo venir, me traje a mi abuelo para que aproveches y le preguntes tú misma de dónde sacó aquel cuento que te conté.

–Quisiera no haberme movido de casa para ver quién habría traído a quién. –Puso de manifiesto el abuelo observando de soslayo a su nieto.

–Ay, abue. –se quejó éste.

– ¿Así que no crees en mi cuento eh, pequeña? –el abuelo se inclinó un poco hacia la niña, mientras lo preguntaba.

–Bueno… yo… ehm… Mi abuela… Sí. Mi abuela quería saber…

–Así que tu abuela, ¿eh?

–Sí, sí. Acá está –la niña se puso detrás de su abuela como si necesitara que la protegiera de las consecuencias de alguna travesura–.

–Es un placer… –dijo el abuelo galante, extendiendo la mano al tiempo que dejaba la frase inacabada.

La abuela, que hasta el momento se había quedado agazapada intentando inútilmente recuperar el aliento de otra absurda competición que se libraba en su interior, extendió una mano temblorosa al tiempo que tartamudeaba.

–Ro… ro… Ro-sa… Me llamo, Rosa –dijo al fin sonriendo débilmente mientras el abuelo le sostenía la mano como si ya lo supiera y sin saber por qué, ella tampoco necesitó preguntarle el nombre. El hombre palideció, si era posible ya, dado a la fragilidad y transparencia de su piel. Se le quedó viendo con ojos fijos, profundos, como si fueran una extensión de su pasado y su presente o tal vez su futuro.

– ¿Eres tú? ¿Será posible? Dime que eres tú… –la abuela buscaba en su mirada como si examinara a través de una ventana.

– ¡Oh! ¿Eres tú, mi rosa? ¿Acaso es posible tal cosa?

A todas estas, los niños se observaban entre ellos sin comprender la escena que se desarrollaba frente a sí. Al unísono llamaron la atención de los abuelos halándolos por el dobladillo de sus prendas de vestir. El abuelo no se inmutó, mandó a su nieto a que se diera una vuelta por el espectáculo con la niña e insistió en que no regresaran hasta que hubiesen contado a todos los payasos del circo. Los niños, encantados con que aquella orden fuese en consonancia con algo que de antemano estaban planeando hacer, salieron corriendo a cumplir su cometido.

Ya libres de distracciones los abuelos se internaron de lleno en su encuentro y sin darse cuenta, su alrededor se opacó para convertirlos en protagonistas de otro tipo de función. Se abrió el telón y una obra cuyos preparativos habían empezado hace muchas décadas finalmente se concretó:

Primer Acto: Dos abuelos, apodados cielo y rosa en sus años de gloria, ahora deben reconocer la inmensidad y la dulzura que los caracterizaba en otra época detrás de sus arrugas.

– ¡Ah, Rosa, Rosa! ¡Mira lo que nos ha hecho el tiempo! Ha quitado el candor de tus labios.

–Ha estropeado el azul de mi cielo.

– ¡Tanto que me embriagaba tu rojo!

– ¡Tanto que me enloquecían tus ojos!

Segundo Acto: Cielo nublado y rosa marchita ahora se tocan y descubre el primero que puede iluminarse y la segunda, que sus pétalos van cobrando vida; concluyen que el paso de los años no ha desvencijado sus caricias.

– ¡Ah mira! Si aún te estremeces cuando mi cercanía te roza.

– ¡Oh! Y tú brillas cuando mi calidez te enciende.

Tercer Acto: Ahora que su pasado y su presente se han juntado, salen a relucir las penas compartidas que han cosechado de las siembras del ayer.

–Si tan solo hubieses aguantado un poco más, mi rosa.

–Nos habrían hecho pedazos, mi cielo. Después de todo, no éramos más que polos opuestos atrayéndose.

–Fuimos más que eso, lo sabes.

–Da igual, nos preferían extintos antes que juntos.

–Y quién podría acabar con algo tan grande, Rosa. Tarde o temprano comprenderían que cuerpos que experimentan una fuerza de atracción tan inmensa no se repelen, sea lo que sea lo que se les ponga en frente.

–Ya. Y se te hubiera ido la misma vida en probar tu teoría.

Cuarto Acto: Escarbar en los recuerdos les ha agriado el ánimo, pero son sabios y se dan cuenta de que es una pérdida de tiempo lamentarse del pasado. No quieren que su momento se escurra por remover en las tinieblas de la memoria.

–Sabes, Rosa, extraño nuestras peculiares cartas.

–Y yo, mi cielo, tus mensajes cifrados en metáforas.

–Algunas eran del todo ciertas. La de los equilibristas era real. Ellos auspiciaban nuestros furtivos encuentros y nos habrían ayudado a escapar.

– ¡Bah! De nada sirve pensar en lo que pudo ser. A estas alturas, menos.

–Todavía me queda pulso para escribirte unas líneas.

–Viejo chalado. En estos días ya nadie escribe de su puño y letra. 

– ¿Acaso temes que mis trazos hayan envejecido conmigo o que yo descubra que se ha perdido la juventud de los tuyos?

–Ya está. Envíame esa carta, te la responderé siempre que mis manos me dejen.

Quinto Acto: Cielo nublado con su abuela, abuelo con su rosa marchita, se han logrado unir las cuerdas que antes habían quedado sueltas y ahora se entrecruzan formando una más gruesa. Pero falta una promesa o quizás una certeza.

– ¿Encontraste en otros ojos otro cielo?

– ¿Y tú? ¿Encontraste otra rosa en otra boca?

(Fin del quinto acto. Es hora de que los actores se tomen un descanso).


– ¡Abuelo! ¡Abuelo!

– ¡¿Tan pocos payasos hay en este sitio?! –se quejó el abuelo al escuchar volver a su nieto.

– Pocos no, abue. Cerca de los 50 perdí la cuenta.

– Y usted, señorita –dijo dirigiéndose a la niña– ¿Qué me dice? ¿Cuántos hay?

–Anda y yo qué sé –respondió ésta encogiéndose de hombros– Por qué no le pregunta al dueño del circo, él seguro que sabe con cuántos payasos vino.

– ¡María! ¿Qué son esas maneras de contestar? –Intercedió la abuela apenada y se contuvo al escuchar al abuelo reír sin darle importancia al asunto.

–Eso lo sacó de ti –excusó a la pequeña entre risas, encantado.

–Oigan, quieren venir para que nos dejen entrar al acto de los cróbatas. –Intervino ansioso el nieto.

– ¿Cróbatas? –preguntó el abuelo.

–Sí, abue. Los hombres que saltan y bailan en el aire y cosas así.

– ¡Ahh! ¡Acróbatas! Vamos, nieto, que te has aprendido palabras mucho más difíciles.

Y así marcharon los cuatro, infancia y vejez unidas, hacia el famoso acto.

Ya instalados en el dispuesto parapeto sentados en fila uno al lado del otro, los niños en el centro y los abuelos en cada extremo, tomaron parte del espectáculo.

Desde las alturas figuras con atuendos blancos se movían de forma espléndida, hacían trazos increíbles en el aire, sus siluetas iban y venían armónicamente como siguiendo el compás de un impecable y elaborado baile. En medio de esos arriesgados balanceos apareció en pleno vuelo una paloma y una manada de acróbatas la siguió imitando sus movimientos y surcando el viento, parecían aves juntas atravesando el cielo. ¡Era casi una locura! El público gritaba, enmudecía o se paralizaba viendo aquello. Arriba, todavía los equilibristas seguían la trayectoria del ave, que extrañamente se movía en círculos haciendo que las figuras que la perseguían formaran una especie de remolino. No entendían bien de qué iba todo hasta que se percataron de que la paloma llevaba ¿una flor? Sí, era una flor, una rosa (para ser precisos) entre el pico e intuyeron que debía llevarla a algún destino mientras los trapecistas la escoltaban en su camino.

De pronto sucedió algo sorprendente, el ave impactó de lleno con algo en las alturas. Por segundos el público temió verla caer hasta posar su cuerpo inerte sobre el suelo, pero en lugar de eso se produjo una destellante explosión y pareció que llovían miles y miles de estrellas. Luego cesó y aparecieron haciendo piruetas únicamente dos figuras: Una masculina, llevando un traje celeste resplandeciente y otra femenina, llevando un traje escarlata deslumbrante.

El público, fascinado con lo que veía allá arriba, pasó por alto el acto que al unísono tenía lugar ahí abajo. Uno más simple, sin tantos efectos trucados y estratagemas, más espontáneo, menos ensayado…

(Silencio en el teatro, los actores han vuelto a escena).

Último Acto: La promesa, la certeza, quedó en un par de preguntas sueltas. Abuelo y abuela, rosa y cielo, se encuentran algo distanciados por un par de cabezas; saben que la gente alrededor puede entorpecer sus respuestas, pero nada les impide resolverlas. Se miran a conciencia y a profundidad, de esa forma en que los ojos abren puertas y ventanas dejando a la misma vez una entrada y una salida para que todo fluya, los secretos se descubran, lo callado se manifieste, las almas se comuniquen; el pasado, el presente y el futuro se alineen. Entonces, susurran en completa sintonía:

–Nunca.

Más tarde, cuando nieta y abuela regresaran a casa y la hija quisiera indagar con su madre a qué se debía su tan buen humor, solo obtendría por respuesta un: –Ya ves, mi amargura se la ha llevado el sol. Cuando al abuelo le llegara la hora de acostar a su nieto, seguro le echaría aquel cuento aunque con una versión en que los Magos del Viento celebran y hay días soleados y primavera. Y aquella vieja esquela, después de todo, iba a tener contesta.

Porque en esta historia, casi paralela a la realidad, se cerrará el telón con un punto final, pero la actuación de sus protagonistas continuará.


Fritzy Zamor



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27 de julio de 2014

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En tu mirada


Soy incapaz de mirarte a los ojos y no sentir debilidad hacia ti. Totalmente valiente para hacerlo y dejarme caer de nuevo en lo que supone rendirme así ante todo lo que significas. Y demasiado realista al decir que sé que esto será siempre como ahora. Que sé que yo,la misma que no deja de mirarte,nunca va a aprender a no hacerlo. Porque tú siempre estarás aquí,cerquita mío,y mis ojos siempre serán tan tuyos como en ese primer momento. Pero no te mirarán como entonces. Como cuando aún no sabía cada uno de tus sentimientos con sólo crear el instante en que nuestra mirada se cruzase. Como cuando todavía evitaban encontrarse con los tuyos por miedo a tener que alejarse de ellos en algún momento. Te mirarán ahora de frente,sin secretos. Como justamente después de ese primer momento,pero más intensamente. Con todo lo profundo de mirar a alguien que te hace sentir inmensa sólo con sus ojitos. Con lo impactante de sentirte dentro de ellos dos segundos después. Y lo pequeñito de encontrarte allí,ante lo más bonito que se haya podido desear. Y recorrerlos fijamente una y otra vez para descubrir lo verdadero. Esa puertecita hacia otro mundo más perfecto en el que no hay otra palabra que valga si no es la que no se dice,pero se siente sin límites. Cruzarla a cada momento para no perder nunca la luz que me guía,a mí,la misma que sigue y seguirá sin dejar de mirarte.


Belen Feito Fernandez
http://lamagiadesentir-belen.blogspot.com.ar/
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24 de julio de 2014

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Límite de a, cuando n tiende a infinito por la izquierda.


Y así como tantas veces, volvemos a pensar que la decisión no fue acertada.
Vemos las matices, inventamos otras tantas. Creemos en mentiras, y ocultamos la única verdad, esa que reza la intangibilidad de las cosas, esa que promueve el cambio por cambiar, esa que estima la duda; y a mí me hace dudar.
Soy fiel devoto del conocimiento, soy fiel admirador de la ignorancia y sus bastos campos de dominio. Soy reluctante ante todo eso que amerita serlo. Y prefijo infinidad de veces con tal de acotar lo inacotable.
Pero vuelvo a lo mismo, a eso ya superado, a ese espiral idóneo en locuras. Al respirar entrecortado.
Veo lo que hecho y temo. Temo por el tiempo depositado allí, y dudo, y pregunto.
Imagina la desesperación de saber nada, y apostarle a todo. Imagina peor sería saberlo todo, y no apostar a nada.
Vuelvo a reprimir, o eso creo; y lo descarto. Yo no reprimo.
Y así como tantas veces volvemos a pensar que los errores son aciertos. Y que de tanto en tanto, acertar es un error. Entonces sonrío ante mi acierto; sonrío porque la victoria se presenta, anticuada como solo ella, a rendirse homenaje.
Piensa que el tiempo no es finito, y que las posibilidades por tanto se extienden a mismo campo. Piensa y sonríe con descaro.
Tienes talento. Una inagotable fuente de premisas. Por tanto... volvemos a pensar que la decisión no fue correcta. Y sabes el porqué.
Decidir, es ver dos, y tomar uno. Es ganar, y es perder. Aprende que lo ganado, vale más que lo perdido. Porque fue decisión, pura y exclusivamente tuya.

Eugene
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20 de julio de 2014

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El reclamo de los enamorados

 

Mira como vuelves loco manipulador de corazones rotos.
Después de tu vida incierta y llena de pecados.
Regresas a invadir la nuestra sin pensar en todo tu daño.
Querido soñador deja de llamar, que tu voz me incita a algo más.


En noches de invierno como la de hoy donde mi cuerpo frio esta
Tú la llenas del calor tuyo tan peculiar
Vete y regresa, vete pero no vuelvas, no nos des a probar que nos puede gustar.


Tu memoria hueca puede estar, nada en ella ocupa un buen lugar
Más que el manual que con todos funciona lleno de trucos para conquistar.


Nosotros tus victimas eróticas
No tenemos piedad en dejarnos enamorar.
Nosotros tus víctimas, te conocemos, sabemos tus defectos y grandes virtudes
Somos tus víctimas, 10 o 100, que tus sabanas conocemos
Que nos escondemos en tu almohada, amamos tu cama y tus besos


Y aunque pedimos que no nos dejes por dentro queremos más
Porque solo tú has llegado a las partes de mi cuerpo que nadie más ha podido estar.


Fernando Galvan
http://iwrite.blogspot.es/
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18 de julio de 2014

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¡Cuidado con la víbora!


¡Ay, ay, cuidado! Un poco más y paso a ser comida para aves carroñeras, casi me clava sus venenosos colmillos en el tobillo. En un acto reflejo me he echado hacia atrás a tiempo, he logrado salvar el pellejo y salir ileso, pero no me confío: ahora me lanza una mirada asesina mientras sisea con su lengua viperina. Me estudia por unos instantes, decide que soy inofensivo o muy poca cosa para darse gusto; se retuerce, da la vuelta, menea presuntuosa la cola y se mete en la madriguera.

Me deja preguntándome si es más sensato hacerle salir y acabar el asunto o entrar en la guarida a darle pelea. Llamo por lo bajo, al instante un par de ojos hirientes salen al ataque precedidos por ese bendito siseo insoportable; retrocedo, empiezo a darme cuenta de que estoy en una especie de juicio en donde la más mínima palabra dicha o el menor de los movimientos serán el equivalente a mi condena.

Una y otra vez la cosa se repite, pareciera que jugáramos al escondite. Al final me canso, me armo de valor, invado el lugar que ha tomado como refugio y me le enfrento. Esquivo de nuevo su picada ponzoñosa y antes de darle oportunidad a que vuelva a atacar hago música para sus oídos, la mareo lentamente con el sonido.

Se va domesticando, a punto de bajar sus defensas, pero todavía está atenta.

– ¿Qué? ¿Se te ha perdido algo acá adentro? –me azuza. Soy prudente y prefiero no picar. La miro de hito en hito, fijamente, como si pudiera quitarle la piel con solo verle. Ella precavida cambia de táctica, se enrolla en el nido.

–Sigo queriendo matarte. –Entonces, sabiendo que no hay remedio, intervengo.

–Bien. ¿Puedes acabar de una vez o continuar mañana, por favor? Hoy tengo mucho sueño.

A sus espaldas, me hago espacio con ella en el mismo sitio, la estrujo con los brazos entre mi regazo esperando doblegarla, suspiro por entre su largo cuello. Ella se sacude, se gira escurridiza hasta ponerse en guardia.

–Te he dicho que duermas afuera, en el sillón.

–Ya sabes lo mal que me la llevo con ese trasto. –Le suelto mitad broma, mitad súplica, mientras desarmado espero que silbe nuevamente su lengua viperina, como anticipo al letal veneno que guardan para mí sus colmillos. Ella me mira adusta, pero aquello temido no llega.

Desde entonces, todas las noches sin falta me acuesto con mi víbora, ella se enrosca a mi cuerpo y se queda dormida.


Aldo Simetra


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13 de julio de 2014

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Si pudiera...



Si pudiera,si tuviese el privilegio, desvelaría cada uno de tus secretos y los guardaría aquí muy dentro para que solo fuesen tuyos y míos. Si pudiera, buscaría la esencia de tu olor para empaparme en ella cada mañana de mi vida. Aprendería la melodía exacta de tu voz y la repetiría una y otra vez hasta que fuese la única que mis oídos pudieran escuchar. Susurraría hasta el cansancio palabras de amor en los tuyos para que nunca duden de mi presencia. Si pudiera te daría una y mil caricias distintas para saber cual de ellas es la que mas te gusta,y después recordaría la forma exacta de hacerlo para poder volver a cada momento en que lo hice con solo imaginar. Si pudiera, crearía una imagen perfecta de ti en mi memoria y te regalaría la imperfección de la mía para que sea de los dos. Si pudiera, permanecería por siempre en el refugio de tu piel,sintiéndote,dejándome sentir protegida. Guardaría por siempre en mis labios el sabor de los tuyos para probarlos día y noche sin descanso. Si pudiera, grabaría cada huella de tus manos sobre mi para que nunca me falte la esencia de tu tacto. Si pudiera, te regalaría mis propios ojos para que puedas ver que eres tu quien los hace brillar. Pero luego me escondería detrás de los tuyos,de esos ojos con los que quiero mirar el mundo, para ver siempre por ti y alejarte de la tristeza. Si pudiera haría un hueco en lo mas profundo de tu corazón para quedarme en lo mas bello del mundo. Y,si pudiera, haría que todo esto fuese posible para repetirlo mientras me llame Belén Feito.


http://lamagiadesentir-belen.blogspot.com.ar/
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11 de julio de 2014

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Estimado Eugene.



Montevideo, Uruguay
11 de julio de 2014

A quién corresponda

Por medio de la presente, hago expresa mi renuncia al cargo que hasta el día de la fecha despeñaba, con honores, y correctos procedimientos; aquí ¿dónde más?

Por conveniencia, se debe acotar este documento a cuatro frases insípidas, y tres oraciones sintácticamente conexas, y de honestidad dudosa, hiladas sin mucho encanto a razones en extremo falsas. Pues mi renuncia, por mucho que englobe el concepto, no es por razones personales.

Por dónde empezar, quizá por el principio, o por el final. Comenzar por el final es siempre más sencillo; es el momento inmediato vivido, es el más fresco, el más doloroso, el más exacto en detalles. Y normalmente el más estúpido.

Este trabajoso trabajo (valga la redundancia), me llenó de vagas alegrías, y agobió con dolorosas tristezas. ¿Acaso no todos? Me cuesta aceptar que esto no es mi culpa, es enteramente suya. No fui yo quien dejó entrar la pena a este lugar de trabajo, no fui yo quien permitió a la furia irrumpir la paz establecida, y definitivamente no fui yo, quien dejó las cosas suceder.

¡Cuanta rabia siento hoy, con cuanto enojo me voy de este lugar! Porque si alguien luchó por una mejora continua fui yo. Yo, y solo yo luché por superarme y superarnos, solo yo logré las victorias que esta casa se adjudica con tanta pomposidad, solo yo grité y detuve los robos armados que ozaron destruir los pilares base de esta institución. ¿Siquiera alguien intentó ayudarme? No, nadie.

¿Qué más puedo hacer? Que más mas renunciar, no lo sé. Por eso renuncio. Pero en tanta rabia, en tanto rencor sufro esta renuncia como la renuncia al amor que obligué a ustedes a realizar tanto tiempo atrás. Mi error.

Perdonen el concepto errado de liderazgo que intenté inculcar. Perdonen de corazón por buscar la mejora continua, por no bajar los brazos, por lucharla en todo momento. Perdonen, porque al parecer no sirve, pues no sirvió.

Hoy declaro mi derrota, permito a las corrientes del capitalismo moderno llevarme al estupidisísmo de la compra de necesidades infundadas. Permito que eligan mi carrera y destino. Permito la compra de mi alma al mejor postor.

¿Dan cuenta de lo que hago? Como ejercicio de locura, refiero a mí en tercera persona. Ya, que más da... nunca van a entender esta mixura de sentimientos, este auto-odio aplicado. Permitanme el atrevimiento de eliminar todo esto, no es necesario que lo sepan. Después de todo, no es realmente importante.

Amerita decir, que las razones que llevaron a tal decisión son de hecho pura y exclusivamente personales.

Saluda muy cordialmente,
Eugene.


justparaphrasing.blogspot.com
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9 de julio de 2014

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El subtitulado de los sueños


Ella me conquista con sus tacos aguja y las puntas de sus zapatos apuntando hacia una intersección ubicada justo en medio entre la nada y el infinito. Parece un sueño hecho realidad. El pelo recogido sobre un hombro que acaricia insistentemente y un escote que invita a zambullirse en medio de su cálida y turgente tectónica de montañas. La sonrisa nívea enmarcada por labios carnosos y de profundo carmesí, surge luminosa como un faro en la oscuridad para guiarme al placer carnal más alejado del alma, en el centro mismo e irracional de mi privado y salvaje coto de caza. Todo parece sacado de una novela erótica de poca monta orientada al  público femenino de la cuarta década, sin embargo aún no sé ni siquiera como nombrarla. ¿Maca?, ¿Leila?, ¿Carla?... Es una falla demasiado evidente que debo comunicar. Una corrupción de datos básicos.
Ella me llama Franco, pero debería saber que soy Marcos. No es que me conozca. Estaba declarado en el formulario de carga antes de haber comenzado con todo este baile. Se trata como siempre de una nueva falla por substitución y en el protocolo ya son 2899 sólo en ésta versión, mientras que el parche del bio-programa tiene casi la misma cantidad de ediciones y sigue sin operar correctamente. Mientras lo pienso disfruto y  continúo acariciando sus firmes nalgas, exponentes de una marcada lordosis lumbar que ilumina mi imaginación en poses que serían rutinarias sólo para un entrenado contorsionista circense, tan extremas como mi propia imaginación o el mejor y más incómodo porno aún por filmar.
Nuestras manos van en busca del sexo del otro, ya húmedos y necesitados de una ulterior acción pero escucho un ladrido cercano. Ella igual me besa con un beso profundo, largo y húmedo, humedad que desborda mi boca y se expande a mi  cara y más tarde al cuello hasta lograr generarme un intenso reflejo de la micción y a despertarme en medio de una aguerrida erección que ni una sobredosis de citrato de sildenafilo habría logrado.
Schnösel me está lamiendo la cara entre ladridos constantes. Todavía no ha comido y ya se encuentra muy avanzada la tarde. Descartando cualquier vinculación con la zoofilia, deduzco que una vez más perdí la noción del tiempo en medio de uno de mis reiterados viajes y alguien con cuatro patas, una cola y poca sutileza, me lo está reclamando.
Cada día de sus seis años he intentado enseñarle al pobre y testarudo bicho como apretar el inmenso botón rojo con forma de hueso del expendedor automático de alimentos, pero el animal es más testarudo, ignorante, daltónico o vago que yo y simplemente se sienta con su lengua afuera mirando como todo lo hacen los demás no sin demostrar algo de pervertido y casi humano gozo.
Anoto en mi móvil un recordatorio para reportar los desvíos del programa mientras Schnösel me aturde con sus fauces destrozando esas piedras de cantero que llaman alimento.
Al menos no va a cagar blando ni con mucho olor.
Vuelvo a analizar lo ocurrido en mi sueño frustrado y me repito que no por barato el usuario tiene que aceptar su mal funcionamiento, así es que decido encaminar mis pasos hacia la tiendita del horror de Artz, como me gusta llamarla, ubicada al final de la galería comercial frente a la plaza del pueblo, justo donde nadie llega, agotados ya de tanta vidriera vacía donde se acumula el correo en facturas cubiertas de polvo y olvido.
Oscura por fuera y por dentro, la pobre tienda sigue necesitando año tras año la ayuda de una franela o al menos un plumero que cambie el polvo de lugar y así dar la sensación de que alguna alma en pena sigue vagando por allí y es el motivo que ha espantando a todo cliente.
Artz es el dueño y encargado permanente, posición que desaburre gracias al uso del mismo producto en venta: el IS, o Interferon Sináptico, la primera molécula de diseño programable digitalmente para entretenimiento personal. La droga blanda como solemos llamarla quienes defendemos su inocuidad frente a las drogas duras que terminan en serios predicamentos para el usuario.
Claro que Artz no es su verdadero nombre. A  mi empresario amigo antes solían tratarlo de "Don", hecho que, aunque uno pueda considerar respetuoso, nunca llegó a ser totalmente de su agrado, tal vez porque sentía que era una forma tácita de señalarle al Mundo que carecía de cualquier tipo de título profesional habilitante y que se le daba así un trato que  lo desmerecía. Así es que construyó su propio apodo "Artz", palabra que en el idioma germánico de sus ancestros significa nada más ni nada menos que médico. Con esa simple y tonta medida había logrado que nadie más le dijera Don Sigfrido como es su nombre en realidad. Y aunque nos cueste no llamarlo Chifri, todos estamos acostumbrados a que Artzy sea nuestro tolerante y económico proveedor habitual.
Como sea, la cuestión es que el susodicho elabora desde hace varios años su propio IS a precio mucho menor que el del mercado oficial regulado por el gobierno. Dice que por definición el IS no es una droga, que aún cuando se trate de una molécula creada artificialmente, que produce efectos en el sistema nervioso central modificando el estado de ánimo o produciendo placer, que incluso pueda tener potencial de abuso, no cuente con fines terapéuticos, altere los aspectos afectivos, cognitivos y conductuales y que además pueda ser auto administrada creando adicción, sigue siendo la mejor amiga de cualquier adulto aburrido en búsqueda de la más pura, económica, inofensiva y simple diversión.

El problema con la IS es que debe ser pre programada por un especialista medianamente bueno como él, teniendo en cuenta y de común acuerdo con los deseos del usuario o cliente.
Por eso es que  tengo que pasarle la lista de los desvíos de programa y así evitar una nueva decepción con la mujer de mis sueños.
Sería el parche 2900.

-Tengo novedades- Me dijo con una sonrisa de oreja a oreja mi no diplomado proveedor apenas me vio cruzar la puerta-

-Y yo te tengo una lista de quejas chabón...Para empezar otra vez tuve que terminar el programa "manualmente"...

- ¿En serio mein lieber Freund ? mirá que te salen pelos en la palma de la mano...-dijo con la sonrisa ya medio apagada- No, te cuento, te cuento, lo que pasa es que recibí información de un hacker amigo que trabaja para BIOCOM y creo que puedo modificar mi IS para convertirla en ProInterferona de mediana calidad...Nada muy elaborado ya que no tengo todo el equipamiento, pero funcional...

-¿Vos me hablás de imitar una de las tecnologías más caras de todas las que se conocen? ¿En serio? sería un golazo chabón...me anoto... claro...aunque no sé si podré pagarlo. Por más barato que sea, ya estoy tocando fondo y Petra me saca todo para la manutención... ¿Te diste cuenta que la sigla ahora sería PIS...? - le digo sonriendo mientras muestro las lampiñas palmas de mis manos-

La ProInterferona Sináptica no es otra cosa que el resultado de una segunda etapa de desarrollo donde la molécula IS aprende en base a muestreos constantes donde y cuando actuar gracias a la lectura de los recuerdos almacenados en la memoria del usuario. Un sistema autónomo que tan solo debería contar como limitante el evitar situaciones o hechos  que pudieran dañar o traumatizar al cliente. Es que, por ejemplo, yo no quisiera soñar mil veces las mismas cosas una y otra vez y menos si esas cosas se convierten en pesadillas o situaciones estresantes. De allí que aún los laboratorios de diseño más importantes se encuentren desde hace años a punto de iniciar las pruebas sobre humanos sin lograr obtener hasta el momento el permiso de los organismos reguladores de la salud.

-Si te parece -le digo en un intento de sacar partido de la situación- yo puedo ser tu conejillo de indias...a cambio de provisión gratuita... digamos...por los siglos de los siglos...amén...-total (pienso) el "no" ya lo tenemos de antemano-

Artz ni siquiera me responde, supongo que estaba esperando una propuesta por el estilo y se está poniendo a trabajar de inmediato en mi primer viaje. Claro que no existiendo otros oferentes que quieran competir y dada la voluntad manifiesta del científico iletrado,  el trabajo y la remuneración ya debo considerarlos absolutamente míos. Junto con los riesgos, se supone.

La primera dosis la programa con los mismos datos base que su antecesora menos compleja. No vamos a andar perdiendo tiempo en trivialidades. Para él y con la finalidad de ir sobre seguro, lo importante es el funcionamiento dinámico y no la calidad de los datos de inicio, así que ya podemos considerarnos listos para comenzar con lo que hay.
Veo que una de las ventajas del nuevo modelo radica en que la inyección ya no hay que aplicarla de la antigua manera cruenta directamente sobre la yugular. Las nuevas moléculas cuentan con un sistema de orientación propio con su correspondiente mapeo que les permite encontrar la corteza cerebral con facilidad y una vez inyectada en el brazo o el muslo, orientarse por el flujo sanguíneo hasta alcanzar las neuronas y establecer las conexiones sinápticas necesarias.
Solo me recosté en la camilla y Artz me aplicó la inyección electrónica.

- Quedate tranquilo Marcos. La Neuroingeniería es lo mío. Tengo todo bajo control. No puede fallar...

Y veo una pared de luz.

La luz duele. Nunca lo había notado con anterioridad sin estar tirado en la playa, pero lo suponía. Pienso que debe ser la razón básica por la que los bebés nacen con los ojos cerrados y se niegan a abrirlos hasta estar seguros de estar protegidos en la sombra del regazo de la madre con una teta al alcance de la boca.
La luz duele, digo, y en cuanto abro mis ojos una catarata de material blanco munido de millones de filos cortantes de claridad caen súbitamente sobre mi nervio óptico sin la más mínima conmiseración.
Pero todo dolor pasa o se asimila con el tiempo, y esa luz que me ciega de manera destructiva, al tiempo me permite sentir en su lugar el ardor indescriptible que quema todo mi cuerpo.
La duda está planteada, ya no se cual dolor es preferible y debo batallar con los dos simultáneamente.

-Ahora no sos tan machito vos huinca sorete, ¿no?-escucho que dicen a mi lado-

Trato de localizar el origen de aquella voz y volteo para encontrarme sólo con una figura sombría recortada contra un fondo blanco luminiscente.

-Huinca, ¿vos desertor? ¿Cagón vos? ¿Vos juyendo de lo otro milico? ...Hablá antes de que se te seque el garguero...

Y parece que en mi cerebro una ficha cae correctamente haciendo mucho ruido, pero en un casillero muy alejado de la zona de confort de la felicidad. Más bien digamos que cae para el lado oscuro que uno siempre anda esquivando.

Reacciono de la manera más infantil que podría haber pensado o permitido mi desesperación

-Si, Indio. Huinca desertor, pero ni cagón, ni mata indios. Soltame y hacemos un trato. Un arreglo... ¿Qué andáy queriendo vó?- le dije en una traducción libre de lo que creo que es la manera autodidacta del hablar indígena-

La figura se corre un poco hacia la sombra y puedo ver a un indio mapuche o araucano y más allá su caballo tordo atado a un raquítico caldén que apenas podría retenerlo en una estampida.

-No. Quidequeo no quiere tratos con vos sorete, Quidequeo tiene todo lo que necesita. Vos milico, y a Quidequeo no le gustan los milicos. Y me huelo que a los milicos tampoco les gustás vos, sorete. Mejor quedate así nomás. Alhue está encima tuyo esperando que te mueras. Él te va a pacificar la Araucanía a vos...sorete...

-¿Alhue?

-Si. Ustedes lo llamás Diablo. Con cuernos, ése...el que vive en el Miñche Mapu...Y yo lo veo colgando de la cola sobre vos. Te está esperando para comerse tus tripas y tirarle tu corazón a los caranchos...

Las llagas originadas por las quemaduras del sol ya comienzan a asomar sobre mi piel y el dolor que me producen es apenas comparable al de los insectos que bajo mi sombra han comenzado a alimentarse por todos mis orificios, incluidos los naturales.
Algo me recuerda un pasaje del Martín Fierro y me doy cuenta que el estaqueado nunca tiene mucho tiempo de sobrevida en las condiciones del desierto. Incluso en lo gélido de las noches.

Cuatro pitones de madera, probablemente extraídas del caldén, están clavados en forma de equis siguiendo mis extremidades. Brazos y piernas se encuentran firmemente atados a ellos mediante lonjas de cuero crudo humedecido, que a medida que se secan, se contraen y hacen que mis ataduras se endurezcan y estiren toda mi osamenta inmovilizándome aún más. Los labios cuarteados, la sed extrema y las llagas quemando mi piel, son relojes a los cuales ya se les termina la arena en medio del inmenso desierto.
El indio comenzó a pegarme en los testículos con una vara.

-Huinca huevón. Huevón y mata indios. Mi gente muerta por milicos tres inviernos atrás. Se los llevó la Ngenechén al Wenu Mapu. Pero a vos te va a llevar Alhue, porque indio ahora quiere matar huinca sorete...

Entendiéndo tan sólo la mitad de lo que dice atino a responder en un susurro, casi sin aliento ni convicción.

-No Quidequeo, yo no era milico hace tres años, te lo juro, no, yo hace poco que caí en la leva y me estaquearon porque no quise matar indios como vos...- la mentira nunca ha sido mi fuerte- Yo huinca sorete pero bueno...

-Huinca cree que Quidequeo come pasto- dice el indio mientras con una risotada saca un facón caronero con mango blanco que seguramente había obtenido matando a algún cristiano- Quidequeo te va a enseñar como castigamos nosotros a los milicos asesinos, traidores y mentirosos....

El indio se mueve hacia mis pies blandiendo el acero de un lado al otro mientras lo hace silbar en el viento.

-¿Querés que te suelte?

-Si... Tengo cosas que te pueden gustar. Tengo ginebra, chinas, tabaco, todo para vos si me soltás...-le digo a sabiendas de que es un comentario inútil destinado al fracaso y que el indio sólo está jugando con un milico caído en desgracia y a su disposición-

-No. -dice, y sin mediar otra palabra comienza a lonjear la planta de mi pie izquierdo-

Cada feta finamente cortada suma más agonía a mis dolores, me quita el aliento, contrae mis músculos impidiéndome incluso el gritar. Las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos y las manos copian la crispación de todos mis músculos, pero todo es en vano, estoy en manos de mi torturador y nada que diga o haga logrará un cambio en lo que está decidido a hacerme.
En algún momento pienso en dejarme ir, en terminar definitivamente con todo, pero la muerte suele ser una mujer altiva que nunca acude cuando se la necesita y menos en los sueños.
Una vez que Quidequeo llega al primer hueso abandona mi pie desollado, se mueve apenas unos palmos y siempre con la rodilla en tierra comienza a sacar lonjas de la planta de mi otro pie.

-¿Sabés qué Huinca? -Dice sin dejar de cortar- Así tratamos a los nuestros cuando nos traicionan. Por más que te suelte no vas a poder ir muy lejos y los bichos ya están oliendo tu sangre. Alhue me está sonriendo mientras se frota las manos. -Señala el cielo en un gesto amplio- Éste es tu Pikun Mapu. Pero no tengas miedo, todavía le falta mucho para que te coma las tripas...

Con el facón en la mano derecha y sin dejar de hablarme toma mi escroto con la izquierda para comenzar a capar...

Artz está frente a mí con la cara crispada por la preocupación.

-¿Bist Du verrückt geworden Marcos? Te desperté porque empezaste a convulsionar...estabas como loco...scheiße... ¿Qué te pasó hermano?

-¿!Que no andaba muy bien la cosa¡? !!Era una puta pesadilla Artzy¡¡ ¿Vos me querés matar del susto?, mirá, mirá, todavía tengo el corazón a todo galope y me tiemblan las manos y las rodillas, la puta que te remil parió y la concha de tu madre...hijo de mil putas ¿Qué carajo me diste? Aprendé a programar, pedazo de imbécil!...

-Tranquilo, ya pasó- me dice Artz en tono bajo y tranquilizador- Te di la dosis baja. Está programada para terminar en quince minutos. Tratá de recordar siempre eso. Poca bio-batería, lo manejo de esa manera, es un truco que me enseñó Rudolf el jefe de desarrollo de BIOCOM. Ya estaba por terminar pero lo que me preocupa es que hayas tenido una pesadilla. Se supone que los elementos toman datos de tu memoria feliz los analizan, traducen y reproducen de manera vivida. Yo suelo decir que leen tu memoria y forman algo así como el subtitulado de tus sueños. Como en una película, si el traductor es bueno y se pone las pilas la entendés completa pero si es malo y anda desganado o sin baterías, no va a tener ni pies ni cabeza o va a ser toda una pesadilla. No te tendría que haber despertado. En una de esas se ponía mejor.-

-¿Mejor? ¿Mejor decís, pelotudo? ¿Cómo mierda se va a poner mejor si estaba estaqueado en el medio de la nada y un indio hijo de puta me estaba cortando en lonjas la planta de los pies y las bolas...mejor me decís? !! dejáte de joder..!! Andá a hacerte una enema de poronga !!

-¿Las bolas? Hay no, con eso no se jode. ¿Te capó? Scheiße!...

Lo miro con cara de "Si seguís a vos te va a pasar lo mismo" y él continúa hablándome sin darse por enterado.

-Macht nichts. Tengo que suponer que es sólo un tema de carga. Le puse muy poca para que te despertaras pronto y puede que haya afectado al programa traductor. Se fue para el lado de la memoria, por lo menos estaba bien orientado, pero parece que no era para nada de la feliz o la estuvo malinterpretando-

-Ya se me pasa...dáme un momento...

-Si te sentís mejor mañana probamos con una carga más alta y le programo unos limitantes sinápticos para que como medida de seguridad no puedan leer la parte oscura de tu mente-

Más relajado pienso que a todo hay que darle su tiempo y sus segundas oportunidades si se quiere algo bueno y más si eso en el futuro va a ser libre de costo, así que me digo que total como todo es irreal, como todo es un sueño que no puede dañarme, vale la pena darle otra oportunidad y aguantarme cualquier sufrimiento.

-Mañana. Todo sea por la ciencia y por que cuando funcione me des toda la que quiera y...ojito...GRATIS.

No recuerdo si me fui y volví, o simplemente permanecí durmiendo acostado en la misma camilla. Solo veo de inmediato a Artz con su jeringa de luces de colores entrando en mis venas otra vez y como mi visión se enturbia en medio de una nube de agradables sensaciones.

-Kein Problem... Se vá la segunda !...Aro, aro, aro!!...- grita bailando una supuesta chacarera- Dale, pensá en cosas lindas salame. No puede fallar...- escucho que me instruye Artz mientras la realidad se diluye.

Yo le señalo el techo con mi dedo medio.

Y veo un bosque.

Estoy sentado en una especie de hueco armado con casi unos 50 metros de soga de cáñamo enrollada sobre sí misma formando un barril. Frente a mí se extiende un claro de unos doscientos metros producto de la tala pero sin tocones que impidan que el terreno se convierta en un futuro campo de siembra. Aún así el sol apenas logra entrar con rayos oblicuos que rompen la más cerrada oscuridad.
Me resulta extraña la opresión en el pecho y la angustia que me cierra la boca del estómago con un doloroso nudo que no deja de apretar, pero tal vez lo peor sea mi mente, embarcada en una serie repetitiva de preguntas sin respuesta, vueltas a formular una y otra vez aún cuando parece que la solución es imposible.
¿Por qué? Ella era todo. ¿Qué sentido tienen las cosas ahora? y vuelta a comenzar.

Un Mustang amarillo del 57 se encuentra estacionado a unos diez metros frente a mí. Su escape emite bocanadas de vapor de manera acompasada y el rugido de su motor, como un monstruo de otro mundo,  se mueve por las frecuencias más bajas de mi oído haciendo callar a todas las aves, ardillas y lagartijas del lugar.

Un extremo de la soga está atado con un ballestrinque a un añoso roble junto a mí  y el otro lo puedo ver en mis manos mientras formo una ese, luego paso el extremo por una presilla dejando bastante cabo para poder realizar la gaza. Sé que debo darle al menos seis vueltas para que esté correctamente realizado. Lo hago y paso el chicote por en medio de la otra gaza para finalmente apretar el nudo tirando de la primera.

Es el típico nudo que todo el mundo quiere saber hacer  por haberlo visto alguna vez en la televisión donde recibió el ominoso nombre de nudo del ahorcado debido al macabro uso que siempre se le ha dado, aun cuando también sea útil para salvar vidas, por ejemplo lanzándolo a una persona que se está ahogando para que se lo coloque por debajo de sus brazos, como si el nudo la abrazara.
Me muero por abrazarla aunque no sé quién es, pero mi angustia se incrementa al pensarla. Ocupa toda mi mente. Ella no me mira, ni responde ni me explica el porqué hizo lo que hizo. Observo sus firmes nalgas, exponentes de una marcada lordosis lumbar que ilumina mi imaginación en poses que serían rutinarias sólo para un entrenado contorsionista circense. Mi cerebro afiebrado bulle en preguntas mientras mis pies sangrantes se mueven hacia el auto arrastrando la soga que reduce sus anillos en la pila a razón de una circunferencia por cada paso.

La puerta del conductor está abierta y la ventanilla baja.
Entro a la cabina y me abrocho el cinturón de seguridad.
Pruebo el rugido del potente motor dándole gas una y otra vez con el acelerador, hasta alcanzar las 7.000 vueltas.
No sé cómo ni cuándo pero el nudo se cierra en mi garganta generando el picor inevitable del cáñamo contra la piel. Giro la cabeza y veo la línea de soga que parte desde allí hasta el barril y luego al viejo roble. La presión en el pecho crece y un zumbido dolorosamente molesto va aumentando en mis oídos hasta hacerse insoportable.
Pongo primera, acelero a fondo y mientras una lágrima inicia un río sobre mi mejilla, suelto el embrague y en medio de un primer derrape que pone en vuelo  hojas y tierra, comienzo mi carrera de 50 metros hacia la Nada.
Siento en el cuello el peso de la soga que voy arrastrando tras de mí y que intenta sacarme fuera por la ventanilla. Pongo segunda y acelero más sin escuchar otra cosa que el silbido que perfora mis tímpanos, borrosa la mirada de tantas lágrimas y oprimido el corazón por una angustia que quiero erradicar definitivamente mediante este evento.
Sé que el sol ilumina el parabrisas en el mismo instante en que la soga llega a su fin y que el latigazo es fulminante, haciendo que mi cabeza se desprenda del cuerpo aferrado al asiento por un cinturón inercial, para así poder observar desde fuera como el Mustang amarillo colisiona diez metros más adelante contra un ciprés que dibuja su contorno sobre el capot humeante. Mi cuerpo asoma por el parabrisas destrozado y puedo contemplarlo con los ojos que ya no están unidos a él.

Por detrás del árbol aparece una figura que camina con un brazo en alto. Ni siquiera mira el auto o el cuerpo desmembrado, simplemente se dirige donde mis ojos están atrapados por la soga. Pronto puedo observar que es un conocido indio alto y demacrado como el propio Alhue o como si la misma muerte lo hubiera alcanzado. En la mano que tiene en alto sostiene algo ensangrentado y se ríe de mí mientras en la otra blande un facón caronero de mango blanco.

Lo veo a Artz.

Intento golpearlo pero apenas tengo fuerzas para vocalizar un insulto y llevar la mano hasta mi garganta para verificar que sigue unida al resto del cuerpo.

-Nada, nada, nada... bien... Schade! No sé...-suspira- Respirá más lento que ya se pasa...- dijo adivinando lo desastroso del experimento- Insisto en que es un problema de carga. Algo falla y hace falta un poco más de energía para asegurar una buena respuesta. Más energía, si,...tengo que ver cómo...
Artz ve que con mi mirada lo estoy insultando más de lo que mis energías podrían expresar.
Me da la espalda para no tener que lidiar con mi enojo.

-Marcos, ya te lo dije: la clave está en el subtitulado de los sueños, y hay algo en las cargas de bio-material que está alterando las lecturas. Pienso que lo puedo solucionar. Teneme un poco de confianza y dáme un poco de tiempo más. Necesito más energía...No puede fallar...

Y mientras intento responderle noto que la fuerza regresa a mí mientras la angustia es reemplazada por sensaciones de calidez que hacía muchos años había experimentado en el contacto con esa mujer amada.
Noto que el tiempo se ha alterado y que Artz está vestido de otra manera, mientras cargando una nueva jeringa electrónica me da un discurso del cual sólo logro escuchar una parte, tal vez la menos relevante, o todo lo contrario.

-Te dije que lo iba a solucionar. Klar! Te lo dije. Se terminó el problema...alles in Ordnung !!-dice Artz casi saltando en una pierna y bailando de la alegría- pero para que funcione como Dios manda debí extender la duración de las cargas bio-nucleares de cada molécula. Yo te lo decía. Hablé con Rudolf y dijo que tengo razón. Rudolf ¿te acordás? el de la BIOCOM. Creo que ahora pueden durar eternamente, pero lo más importante es que ahora sí deberían conseguir el subtitulado correcto de tus sueños y darte un viaje de primera calidad...-

Lo miro cansado de tanto experimento y sin saber cómo podría hacer para que toda esta locura pare.

-Relajate Marcos, éste va a ser un muy, muuuy, muy buen viaje. Lo cargué como para que tengas algo de sexo. Digamos que como agradecimiento por todo lo que aguantaste. Estoy seguro que lo vas a disfrutar. No puede fallar...Auf keinen Fall!...

Cansado lo insulto digitalmente y me zambullo en la más profunda oscuridad que apenas se ilumina con el contorno de una figura femenina.
Una mujer conocida.
Inolvidable.
Eterna.

Ella me conquista con sus tacos aguja y las puntas de sus zapatos apuntando hacia una intersección ubicada justo en medio entre la nada y el infinito.
Parece un sueño hecho realidad...

OPin 2014

En otras palabras e idiomas

Schnösel : gilipollas, pajero, mojigato.
mein lieber Freund : mi querido amigo
Huinca : Conquistador español (despectivo)
Alhue : Diablo
Miñche Mapu:  la tierra de abajo, donde se encuentra la fuerza del mal o espíritus malignos.
Ngenechén : Dios
Wenu Mapu :espacio sagrado e invisible donde habitan la familia divina, los espíritus del bien y los antepasados mapuche.
Pikun Mapu : Lugar de Mala suerte.
Bist Du verrückt geworden ?: ¿Estás loco?
scheiße : mierda
Macht nichts : No importa
Kein Problem : No hay problema
Klar!: Claro!
alles in Ordnung : todo en orden
Auf keinen Fall!: de ninguna manera !

http://cuentossinrumbo.blogspot.com.ar
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