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19 de agosto de 2014

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Esa tarde



La mañana es otra vez naranja y fresca como una fruta húmeda. El sol ha cortejado la casa, cuyas paredes se acostumbrarán siempre al silencio. La tarde está callada. Las muñecas están muertas y solamente yo desempolvo el vestido gris y comienzo a dar vueltas en el comedor que está vacío pero no lo está. Tengo el breve impulso de pensar que alguien me mira, que alguien está haciendo de mi un ángel macabro. Yo callo y esta vez cierro además los ojos. Tengo miedo y no lo tengo. El monstruo acelera su risa malvada mientras giro sin parar, ahora lo oigo gemir claramente entre los libros de la biblioteca. No voy a mentirme, lo quiero, quiero que haga de mi esa presa que aún no soy, que me enseñe lo que es el dolor, lo que es la humillación, lo que es el silencio. Pero él se va y me quedo sola todavía girando. No hay jazmines en las macetas, solamente polvo, papel, olvido. Esas tardes melancólicas que podrían ocurrir en miles de lugares, tuvieron lugar para mi en un departamento. Y uno simple y común, como muchos otros. Se diría que no hay nada de especial es un departamento de ciudad y sin embargo, la tristeza se siente cómoda en cualquier escenario, mientras sea a la tarde. O quizás a la mañana. Puesto que no hay nada mas terrible que ese odio adornado por el sol, como una imagen inconsciente que tortura a quién la ve, como mostrándole que no hay límites para lo ridículo. Los niños mueren de hambre bajo el sol, el sol al que tanto le escribo. Y es entonces difícil que él se me presente como el astro luz, simplemente, si no tomo en cuenta que bajo ese rostro amarillo suceden todo tipo de cosas.
No voy a dejar nunca de escribir sobre mis tardes. Ni voy a dejar de ser jamás la niña triste y solitaria que gira bajo la lluvia. Me niego a dejar de serlo. Pero aún así no sé quién soy ahora, con qué disfraz vestirme, de qué rincón surgir. Me siento débil y abandonada. No me pertenezco, a quién le pertenezco entonces? No lo sé.


Azul
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16 de agosto de 2014

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No te dejaré caer


Era por la noche y todo estaba en silencio en la sala de espera, habían pasado ya seis horas desde que entraron en aquel hospital, los minutos pasaban cada vez más lentos ante la angustia y la inquietud de quién no sabe nada. En algunos instantes los momentos de desesperación ante el silencio de los doctores, se mezclaban con la agonía e impotencia de quien teme el peor desenlace. El silencio sin decir nada lo decía todo. 

Quizás fuera la pequeña esperanza de que ella apareciera en aquella sala, por la que no derramaba ni una sola lágrima, pero de cualquier manera el nudo en su garganta se iba haciendo cada vez más doloroso, y las lágrimas de sus ojos seguían en el insistente esfuerzo de trepar por la pestañas. ¡Qué importaba el mundo si no estaba para compartirlo con ella!

Tras horas de imparables latidos en el pecho que azotaban su paciencia de manera violenta, apareció el doctor. En el estado de alteración en el que se encontraba aunque se esforzaba por entender todas y cada una de las palabras que aquellos labios en movimiento pronunciaban, su mirada no dejaba de ver unos recuerdos capaces de ocupar toda la habitación. De cualquier manera llegó a comprender en las palabras del doctor que su madre era mayor, que tenía un corazón muy fuerte, pero que el resultado era impredecible. 

No fue hasta que abrió la puerta de la habitación, cuando todas las imágenes cayeron en el abismo del olvido y empezó a comprender las palabras del doctor. La persona que tenía delante era frágil como el cristal de la joya más valiosa, sus manos temblaban sin freno y su mirada mucho dejaba que desear en comparación con la de tiempos “mejores”.

Pero todo cambió a partir de aquel instante los días llegaban con cuenta gotas. Con cada amanecer las ganas de verla recuperarse invadían todo su cuerpo recargando de energía todo su optimismo. Pero como ocurre en el cielo, la luz aparece al empezar el día hasta que desaparece por completo al llegar la noche. Desde que ella estaba en aquel hospital acababa los días derrumbado tras ver como la mirada de aquella anciana no dejaba de mirar a la ventana, sin articular palabra y sin dejar de temblar, como si la mente hubiera perdido la batalla de la vida. ¡Era tan triste ver lo mucho que había envejecido aquellos días! No podía dejar de culparla a ella y a si mismo por dejar morir su alegría. Las ganas de vivir se habían disipado.

Pero fuera como fuera todos los días lo intentaba, aún en la peor versión de si misma, no dejaba de alumbrarlo todo con su luz, ella seguía siendo su madre… de él y de cuatro hijos a los que fue capaz de sacar adelante habiendo perdido al amor de su vida. Nadie tenía ni idea de lo que era fingir ser feliz todos los días para que su fortaleza no se derrumbara, y conseguir curar un mundo roto lleno de tiritas de falsa positividad. 

Pero a pesar de que todos los que la conocían sabían que hizo todo por sus hijos, sólo uno iba a visitarla. Sólo uno limpiaba sus lágrimas cuando su memoria perdía los recuerdos y no entendía porque no coordinaba bien, sólo uno cambiaba sus ropas y limpiaba su cuerpo para que no perdiera su orgullo de mujer, sólo uno gastaba todo su tiempo en hacerla mostrar la más triste de las sonrisas. 

Si tuviera que elegir el peor momento del día, serían aquellos en los que la falta de oxigeno hacía que su madre viviera una realidad paralela, que no recordara nada de quien daría la vida por ella, que se pusiera muy agresiva con la gente que solo trataba de darla cariño, que se intentará arrancar los tubos que la ataban a la vida… ¡Odiaba esos momentos en los que no era nada para ella!

Por su parte, cuando ella era consciente, no entendía las visitas por compromiso que la hacían los otros hijos una vez al mes, y aunque fingiera que no la importaba nada mientras estuviera allí para cuidarla, en el fondo del corazón dolía. Hería el no saber los motivos por los que se habían olvidado de ella como persona, pero aún la entristecía más el pensar en la única persona que estaba dando hasta la última gota de sangre por ella sin exigir nada a cambio. 

Todos los días de la semana, cuando el cielo se había escondido dando paso a la luna, le gustaba salir a la ventana y mirar el cielo. En esos momentos se olvidaba de que su madre estaba enferma, eliminaba de su mente todos los insultos de aquellos a los que no se les podía considerar hermanos y rezaba a su padre pidiéndole que todo saliera bien, que le diera las fuerzas necesarias para seguir sonriendo pese a todo lo que le rodeaba. Y mil veces gritaba llorando a las estrellas… ¡No la dejaré caer!

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15 de agosto de 2014

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Óbsessis



¡No lo podía creer! ¡No lo podía creer! A donde mirase solo había cuerpos desasidos de su cabeza. Se frotaba los ojos y volvía a abrirlos pero no se iban, seguían ahí.

Los veía desde hace tres meses, después de que al grogui de su escuela se le ocurriera demostrar su atracción hacia ella de formas tan inusuales. Pero era lerdo, llevaba el cabello grasiento más abajo de los hombros y lentes de pasta gruesa, daba una impresión contradictoria con su raro atuendo. ¿Cómo podía a ella gustarle? Y menos con las proezas que se gastaba, como por ejemplo: lanzarse en paracaídas.

Esa vez aterrizó de pena y a ella se le ocurrió decirle que no se le acercara hasta que supiese volar o hasta que al menos le salieran plumas. Él no había pillado la ironía y días después se fabricó unas alas e intentó planear sobre el instituto, terminó guindado del cableado eléctrico entre dos edificios y de milagro no se electrocutó ahí mismo.

Otro día se puso frente a un auto en medio de la carretera dizque para demostrar que su amor era invencible, por suerte el conductor pisó el freno evitando que quedara hecho papilla sobre el pavimento.

En su historial figuraban también actos como saltar del último piso de un edificio, caminar sobre fuego, atravesar una pista de motocross en plena competencia, pasearse desnudo en una bicicleta vistiendo únicamente un cartel con la foto de ella sobre su pecho. Sus demostraciones rayaban lo extremo, lo absurdo o lo ridículo, pero no cejaba aun cuando ella se cansara de rechazarlo de las mil y un maneras.

Ella estaba hastiada, obstinada de inspirar todo cuanto él hiciera y solo quería que desapareciera.

– ¿Por qué no terminas de cortarte el cuello? Seguro que me convences con eso. –Le gritó una vez en mitad de uno de sus descerebrados espectáculos, sin poder contener ya la ira y el enfado.

Todavía se pregunta cómo fue capaz de decir eso. No se imaginaba, en verdad que no, lo que pasaría después.

Tuvo un breve tiempo sin saber de él y lo siguiente que supo fue que iban a enterrarlo luego de encontrarlo casi decapitado en el bosque. Pero ella no se imaginaba, ella no sabía que...

En fin, ahora esas imágenes la perseguían por doquier. Sin embargo, no creía que fuesen solo eso. Podría asegurar que si se acercaba lo suficiente a uno de los cuerpos podía oír el manar de la sangre de la abertura del cuello e incluso si los tocaba sus manos quedaban impregnadas de rojo y si las aproximaba a su cara, percibir el hedor del óxido y la putrefacción.

Ya no iba a clases, apenas comía y si no vivía escondida en su habitación, se encerraba en sí misma.

Hace tres semanas volvió a escuchar su voz: – ¿Te he convencido? ¿Te he convencido? –repetía. A lo que ella respondía desesperada casi queriendo arrancarse la cabeza: –Sí, sí, me has convencido. ¡Vete! ¡Vete ya! –le rogaba. Pero no se iba, los cuerpos que veía se multiplicaban hasta ahogarla, la voz le imploraba: –Demuéstrame que te he convencido. Demuéstrame que te he convencido.

¡Y vaya que se lo demostró! Se puso frente a un auto en medio de la carretera, por suerte alguien la empujó evitando que esa vez fuese ella quien se hiciera papilla sobre el pavimento; intentó lanzarse de un edificio, los bomberos se lo impidieron antes de que reuniera el valor para dejarse caer al vacío; caminó desnuda vistiendo un cartel que rezaba: “Sí, sí, me has convencido”, pero solo logró que la internaran en una clínica psiquiátrica.

¿Te he convencido? ¿Te he convencido? –Seguían las voces–. Demuéstrame que te he convencido…

Otra vez estaba hastiada y obstinada, pero ahora de no haber logrado demostrárselo. Hasta que finalmente intentó con algo que dio resultado. No volvió a ver los cuerpos con la cabeza desasida, ni a escuchar el manar de su sangre, ni a percibir su olor, ni a escuchar esa voz, pero sí volvió a mancharse las manos de rojo.

Horas más tarde una enfermera entró a su habitación y se quedó de piedra intentando buscarle explicación a lo que allí había. ¡Y no lo podía creer! ¡No lo podía creer! A donde mirase solo había cuerpos desasidos de su cabeza. Se frotaba los ojos y volvía a abrirlos, pero no se iban. Eran dos, de eso estaba convencida.


Aldo Simetra


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10 de agosto de 2014

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La cuenca de tus ojos



Suspiras.
Desde el fondo húmedo del azul de tus ojos parto temerosa cuando parpadeas.
Te estremeces.
Mi roce deja un hilo de plata en la piel de tu cara, tu pómulo.
Pronuncias nombres que desconozco y en caída libre me precipito por tu mejilla.
Siento vértigo porque sé, que si alcanzo tu cuello, tu pecho... te perderé. 
Gimes.
La comisura de tu boca me rescata, me fundo en el roce acuoso de los labios, la lengua... regreso a ti y a tu medio, al milagro de formar parte de tu mirada y vuelvo a ser, de nuevo, tu lágrima.

Inmaculada Barranco


 Tazadeletras
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9 de agosto de 2014

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Como del siglo pasado



– ¿A que no sabes? ¡Me he encontrado al hombre de mi vida!

–No te creo.

–Te digo que sí. Casi de dos metros, una sonrisa impecable que te deja de una pieza. Las manos… ¡Ay si las vieras! Te mueres si te toca con ellas. Que se trae un aroma, ¡mija! Que si se cierne sobre ti te obnubila toda, te transporta vete tú a saber dónde, pero ten por seguro que igual conociendo la dirección te pierdes.
¡Tiene una voz! ¡Madre mía! Que te para la respiración. Se te doblan las rodillas y te sube un burbujeo por la espalda… ¡Qué cosa más deliciosa! Te deja así, delirando, como necesitando primeros auxilios y reanimación y con cuánto fervor desearías que su boca... Anda porque no te he contado lo mejor, se gasta unos labios que te inspiran a pecar de una forma tan loca que Eva al coger la manzana se queda corta.

– ¿Y qué más? ¡Cuenta, cuenta, que ahora sí no te creo!

– ¡Ay amiga, si lo hubieras visto! Seguirías incrédula. Es que no darías crédito a tu vista. Y hablando de eso, casi paso por alto comentarte de sus ojos; pero un par de caramelos como esos, que te lo digo yo, se graban a fuego en el recuerdo. Es que derriten, desarman, hacen que la piel arda y es tanto que a mí no me importaría quemarme completa si hiciera falta.

– ¿Y te has quemado? ¿Aunque fuese un poco? Confiesa, picarona, ¿qué ha pasado?

–Pues nada, que me ha abandonado en el vagón al llegar el tren a su estación. Lo que pasa siempre: que si no es gay, está casado o comprometido, no consigue una el valor de acercarse unos pasos y decir: "Hola guapo, ¿quieres salir conmigo?" Porque ¡te imaginas! Una termina siendo una lanzada, la gente se ho-rro-ri-za de tu descaro y por si fuera poco te queda la dignidad manchada y algo marchita.

–Jajajaja, ¡qué cosas que tienes! Eso es materia del siglo pasado.

–Que no, amiga, que también lo es de este. Sino mírame: he encontrado al hombre de mi vida, lo he perdido el mismo día, pero conservo la dignidad intacta. ¡Mi madre me felicitaría!

Se observan una a la otra con los ojos en blanco y luego ríen a carcajadas.

–Lo que daría por haberme acercado al buenmozo y ensuciar mi dignidad aunque fuese un poco. 

Dice suspirando, ahogada en un mar de añoranzas con las pasiones en vilo, el cuerpo afligido y la imaginación alborotada vagando sin rumbo.


Fritzy Zamor



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8 de agosto de 2014

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Tirón de oreja


Dios sabrá de qué manera la gente va conociendo nuestro pequeño espacio para acercarnos sus trabajos y así cooperar con el proyecto.
Nuevos participantes continúan llegando y son siempre recibidos con alegría, franqueándoles la puerta de nuestro colectivo para que publiquen libremente e interactúen con nosotros con la mayor confianza que permiten los buenos modales y la seriedad y respeto con el que pretendemos manejarnos siempre.
Sin embargo no todo son rosas en esta vida virtual y pasado tanto tiempo desde nuestros inicios me he debido resignar a la imposibilidad de obtener la colaboración de todos en la generación de comentarios.
Que todos quieran comentar es una utopía que cada día toma más fuerza y hasta me resulta en más de una forma justificable. No somos el ombligo del mundo ni merecemos mayor atención que la que se nos quiera y pueda dispensar. Eso es seguro.
Mientras tanto seguimos trabajando porfiadamente, robándole tiempo a otras actividades con la esperanza  que NSE algún día sea reconocido como un lugar de encuentro respetuoso de las individualidades y abierto a toda expresión literaria realizada con respeto y amor.
Cada nuevo aspirante entrega obras que son analizadas, devueltas para su corrección en caso de contener errores y rechazadas en los casos en que se viola nuestra línea editorial expresada en el apartado Legales.
En caso de ser publicadas, nos encargamos de difundir el blog del autor colocando un enlace en el mismo post, en nuestro sector de Favicones al pie de página y finalmente al incluirlo en nuestro Directorio NSE.
Pero al parecer, los nuevos aspirantes y algunos autores ya aceptados, tienden a evitar la lectura del apartado Normas,  saltean expresamente los pie de página de nuestros emails o el uso del apartado Insignias.
He recorrido decenas de blogs integrados en el Directorio de NSE, los mismos que figuran en el área de Favicon a pie de página y cuyos autores o propietarios publican en NSE desde hace ya mucho tiempo, encontrándome con la desagradable sorpresa de que reniegan de nuestro proyecto al evitar olímpicamente el agregado de nuestra insignia en sus barras laterales o lugares visible de sus páginas.
No creo que lo hagan ex profeso. Simplemente no han leído las Normas por aburridas o por falta de tiempo. Puede que incluso se les dificulte colocar la insignia mientras que por otro lado observamos artilugios como campanitas, relojitos o pronósticos del tiempo que implican una similar complejidad.
En la medida en que no difundamos nuestro sitio comunitario siempre nos leeremos entre nosotros mismos sin que nadie más nos conozca. Sin salir de la caja.
Difundir nuestras obras mediante NSE requiere de la publicación de nuestra insignia en todo lugar visible, recomendar nuestras propias obras o las ajenas  mediante publicaciones en Facebook y Twitter y correr la voz de que existimos como una comunidad vital, dinámica y en crecimiento.
Se trata de una actividad de difusión necesaria para alcanzar a una mayor cantidad de lectores.
No podemos pagar pautas publicitarias de Google, Facebook o Twitter.
NSE no contiene publicidad ni la tendrá. No persigue ningún fin de lucro. No recibe donaciones de nadie.
Pero necesita de la ayuda de todos ustedes para su difusión.
Un simple tema de autoayuda.

Gracias por su atención.
Taluego.

OPin.

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7 de agosto de 2014

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Luna, un nuevo día


Refugio de almas perdidas, almas que buscan una salida pero ninguna les lleva a la felicidad que tanto ansían conseguir, errores y más errores revoloteaban por su cabeza, errores que jamás podrá rectificar. Olía bien, un perfume que impregnaba toda la habitación vacía, llevaba gotas de rocío por todo su vestido blanco y en su cabello una rosa que se marchitaba según iba recordando la fugacidad de la vida. Una mirada triste miraba a través de la ventana, “habrá que poner cortinas” pensó contemplando en silencio un mundo controlado por sus deseos de cumplir sus sueños. Amor, éxtasis de la vida, debía encontrarlo y saborearlo antes de que fuera demasiado tarde, antes de que sus labios sean devorados por los gusanos deseaba sellar promesas acercándolos junto con aquel hombre, entre susurros “carpe diem” le diría…

Sentía el aliento de la muerte en su nuca pero aún no era el momento de ausentarse, ahora que empezaba un nuevo capítulo en su vida no podía huir pues había tanto que escribir, las páginas en blanco resultaban tan lúgubres. Mientras observaba una bandada de pájaros alejándose en el cielo esbozó una tímida sonrisa, pues aunque estaba sola sentía la necesidad de actuar como si estuviera siendo observada, por si algún demonio refugiado entre la oscuridad de la habitación la estaba vigilando. “Algún día seré libre… seré libre amando” se dijo para sí misma, aunque no sabía si era una afirmación, una predicción o sólo un intento de consolar su alma dolida. Todo dependía del paso del tiempo, algún metrónomo resonaba en su pecho a falta de no tener corazón que pudiese dictar sus acciones mediante latidos, no hay jaula que pueda encerrar los momentos maravillosos que ocurren en nuestras vidas. Instintivamente el tiempo pasa delante de nosotros y no se detiene, jamás un segundo equivaldría a dos y una vez se haya marcado una pisada no se puede borrar.

Zapatos desgastados cubrían sus pies, indicando que había caminado años luz hasta llegar a donde estaba en ese preciso instante. Acercándose a la venta apoyó su frente contra el cristal, soltó un suspiro y sintió la combinación entre el frío del cristal y el calor de su aliento. Historias pasadas e historias planeadas cautivaron su mente, pasado y futuro dominaban el presente, su frágil cuerpo sintió una sacudida… era hora de marcharse. Reinaba un lugar solitario, una mansión oculta en otra dimensión, una realidad invisible ante los ojos materialistas. Oscuros versos recorrían los pasillos, las rimas colgaban de las paredes y los rayos del Sol recitaban poesía cada vez que se abrían las ventanas. Unidos, vida y muerte acechaban su alma, “un día más cerca de la muerte” se repetía cada vez que tachaba una fecha más en su calendario. Noches discretas la esperaban, había comprado un nuevo libro e iba a leerlo bajo la luz de la luna, en la oscuridad de rimas y luz se componía su vida. Intentó quedarse cinco minutos más pero no podía, abrió los ojos y comenzó un nuevo día.

Roua Smati Zahrouni



www.roua-and-me.blogspot.com
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5 de agosto de 2014

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Untitled #1


Pasame tus emociones y yo las liberaré cautelosamente en un pequeño bosque

Correrán con las hojas calidas buscando donde dormirse hasta el cielo

Porque se duermen las notas conmigo y explotan en mi mente somnolienta?

Vibraciones sublimes y perfectas para mi mente

Mi mente es un rifle y tus emociones son palomas de paz y el bosque y las hojas no son nada sin ti

Mas de prisa mas de prisa y te amo

Y la brisa del mar llega a tus ojos y los hace sonreir

Pero a mi no me hablan


Airthon Vela Torres




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Los autores y sus blogs


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