31 de octubre de 2010

el comentario 11 comentarios

El ancla

Leve era el sueño en aquella tarde estival. Lejano se escuchaba el arrullo de las chicharras  junto a la laguna plena de destellos, remedando un espejo nacarado que iluminaba todo con luz robada al astro.
Libre por un momento de las ataduras de la vida cotidiana, el sortilegio de aquella embrujada imagen, realizó la magia hipnótica que todo ser humano espera.
Inmerso en vagos razonamientos inconexos, pasando de un hilo conductor a otro, las imágenes de un quizás, fueron tejiendo alguna trama fortuita para llevarlo hacia una aventura corta, sin atavismos, plena del encanto que un niño podría colocar en sus sueños.
En un pasado lejano creyó sentir parecidas sensaciones de atracciones naturalmente arcanas.
Sus pasos lo habrían llevado alguna vez en el pasado hacia una pequeña loma, lejos de los destellos de cualquier ciudad. Se habría recostado sobre la hierba, de cara al cielo estrellado de una noche donde la Luna ocultaba alguna de sus caras y habría observado en un juego de concentración extrema, esa imagen sin límites imposible de abarcar del espacio profundo.
Inadvertidamente sus dedos se habrían crispado asiendo las hierbas en un intento innecesario de aferrarse a la Madre Tierra sobrecogido por una sensación de pánico y caída, mientras un irrefrenable mareo iba tomando forma en sus entrañas.
Hoy, sin embargo, las chicharras anunciaban el pleno día y las imágenes a las que sus sueños lo transportaban, tenían mas que ver con la aventura pequeña, mensurable, de límites apetecibles.
Ninguna sensación de vértigo, ni necesidad de un ancla que le retuviera en la tierra.
Sueño repetido, recurrente en toda mente humana. Resabios de una memoria ancestral que sólo se hizo realidad mediante diversos artilugios mecánicos en los años cercanos, donde soñar era un don más valioso que la propia vida.
Así que soñó.
Soñó estar donde estaba, Soñó estar sobre una antigua y mullida cama.
Sin necesidad de temer ser un moderno Ícaro con alas de fracaso, se despidió de su ser cotidiano atando un hilo invisible de su traje mundano al barral de bronce de aquella cama que lo acunaba.
Se dejó llevar sin expectativas exageradas. A sabiendas que el vuelo de su mente corría el riesgo de tener las alas cortas, pues lo cotidiano siempre se encuentra ávido de consumir a aquellos pequeños seres libres que alguna vez fuimos. 
Autor OPin

11 comentarios:

  1. Una hermosura de relato, Opin, donde deja ud, toda su sensibilidad,a la deriva, sin ancla.
    Felicidades,y un gran abrazo.

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  2. Es ud. un buen escritor Opin.Sigo sus otros blogs, pero a través de su socia. :-)

    Mi felicitación sincera.

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  3. Gracias Noah, son mis típicos raptos de ensueño trasladados torpemente a una página.

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  4. Samy, gracias por el apoyo y espero mejorar o al menos ser más claro.
    Vengo de leer a nuestro amigo Mario y no me queda más que intentar seguir aprendiendo para lograr algún día ese nivel.
    Un abrazo.

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  5. Unos se aferran a la madre tierra y otros, como yo, se aferran a los textos madre y padre y toda la escala de familiaridad posible a este y ese lado de la buena escritura. No sé si me explico.

    Felicidades, aquí, ahora... por sus palabras tan bien hilvanadas, por su historia tan bien expuesta, por sus sentimientos, tan bien expresados...

    Un gran abrazo, amigo.

    Mario

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  6. Que relato tan bonito y poético, lleno de sensibilidad.
    Un placer leerlo!!

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  7. Poesía sutilmente envuelta de prosa.
    Sensibilidad a flor de piel.

    Una gozada.
    Besos.

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  8. Muchas gracias por comentarios tan positivos.

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  9. Es pura magia hecha retazos de palabras.Es un verdadero privilegio viajar en sus sueños.

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  10. AMIGO: ME ENCANTO TU RELATO..SENSIBLE..
    BESOTES
    SILVIA CLOUD

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  11. Hermoso texto, muy bueno. O. Barales

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