4 de noviembre de 2010

el comentario 5 comentarios

Francis, quinta parte.

La guerra, el hambre, la muerte, las pestes... la miseria humana, Francis conocía la canción.
La historia de la reencarnación tenía que ser cierta..., él había visto para más de una vida.
Demasiado...
Las hordas de animales humanos se apretujaban, empujaban, avanzaban, caían y morían aplastados.
Todo por un lugar en el maldito tren...
Huir era lo único que importaba.
El hambre y las enfermedades arrasaban con las aldeas, y después... las purgas étnicas, ja!, purgas étnicas...,suena a higiene intestinal...
Los vagones sin asientos, con las ventanillas rotas, puertas selladas para no caer. Vagones de ganado. Los miserables habían perdido su dignidad hacía tiempo..., huir...
Francis subió en Pristina.
Se sentó en el piso junto a una pared, sabía que a medida que avanzaran se iría llenando, y debería pararse para no morir aplastado...
Dos estaciones. Junic.
Otra vez, cientos que trepaban tratando de escapar, ya no había lugar. Se apoyó contra la pared y se adormeció...
Vigías en los techos cuidaban que el tren no fuera alcanzado por la bandas que asolaban, violando y matando...
El país se despedazaba...
Kosovo, sucursal del infierno...
Navidad...navidad...blanca navidad..., y el puto hohoho...
Al atardecer encendieron la única bombilla. Y los vio...
No sabía donde habían subido, tampoco era importante...
Eran dos, uno alto, corpulento, menesteroso, se le veía atontado.Cada tanto sacaba una botella del interior de la chaqueta y bebía con desesperación.
El otro, bajo, sucio y con mirada extraviada, amarillenta, muerta, le gritaba. Insultos y desprecio salían de la boca desdentada...
Miraba descontrolado la botella que desaparecía mágicamente en manos de su compañero. Éste reía y hacía caso omiso a sus reclamos...
El traqueteo y el cansancio adormecían a Francis que no dejaba de observar la escena. El mayor cada vez más borracho, el más bajo cada vez más violento...
Nada se oía, todo tapado por los ruidos del tren, el aullar del viento en las ventanillas inexistentes...
El grandulón ya dormía su borrachera de pie, sostenido por los demás. La bombilla titilaba en el oscuro vagón.
El brillo de una navaja se vio en la mano del más pequeño...
El movimiento fue rápido, preciso, silencioso..., el corte en la garganta...definitivo, introdujo su mano en el chaquetón y se apropió de la botella...
Nadie vio nada, nadie notó nada...
Solo Francis.
El hombrecillo giró su cabeza y sus miradas se cruzaron.
Levantó la botella a modo de saludo... y sonrió.
Francis comprendió que si no salía de allí terminaría enloqueciendo.
El puerto de Durrës parecía tan lejano.
Sonó el silbato y el tren se perdió en la noche...

5 comentarios:

  1. Este relato es como una sacudida o un impacto a las ideas.
    Mi felicitación.

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  2. Espectador de la brutalidad en directo. La esperada sorpresa del arrebato asesino que no sabe de censuras ni de culpas.
    La naturaleza humana en su más pura esencia.
    Me agradó y mucho su relato

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  3. AMIGO: POBRE FRANCIS LO VIVIDO ...LOCURA ,MISERIA HUMANA,ALCOHOL,MUERTE...UN MUNDO QUE POCOS CONOCEN...
    EXCELENTE RELATO.
    BESOTES
    SILVIA CLOUD

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  4. confío que le vean la ilación como yo la veo.

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