15 de noviembre de 2010

el comentario 10 comentarios

Pediremos té, seguramente.


No sabe como llegó hasta allí. Desde aquella chica, cuyos ojos inmóviles, inquietos, desafían la luz que el lente de la cámara atrapara en apenas unas décimas de segundo, hasta allí.
Un salto, lapso perdido entre las cada vez más angostas veredas de la memoria.
Como si al abrirse, el diafragma hubiera impulsado en ese 125 avo de segundo, no solo su mirada sino su cuerpo entero hasta esta esquina desconocida. Entonces, el esfuerzo por establecer una conexión con aquella memoria, parece demasiado para una persona de su edad.
Camina hasta el bar con la fotografía apretada entre la palma de su mano y el pecho, cartera al hombro, viste pollera y blusa ancha que no dejan, a pesar de su sencillez, de delinear su porte.
Empuja la puerta aún turbada, aquella mirada, ahora sin la protección de los anteojos oscuros, tarda en acostumbrarse a la luz artificial. Elije una mesa en el centro del local, cerca de la puerta. Es temprano, siempre llegaba antes que las otras a todos lados. 
Ha estado pensado si las podrá reconocer, pero ahora no espera más que ver aparecer la trenza negra que todas las mañanas Marga se hacía sin la ayuda del espejo. O la larga cabellera rubia de Octavia, que ella cepillaba, sin apuro, cada noche en la oscuridad del dormitorio del colegio, mientras hablaban casi en silencio para que no las atrapara la monja celadora.
Siente que no sabe como llegó hasta allí, hasta esta mesa donde el mozo la ha llamado por su nombre, Marina. Doña Marina, ha dicho, le ha preguntado amablemente como está y le ha traído masas, una jarra de agua caliente y un saquito de té.
Ahora la fotografía descansa sobre la mesa junto a la taza, la emoción de la espera ha hecho que el té se enfríe. Aún así, ella lo bebe suavemente después de endulzarlo apenas.
De pronto se ve desayunando como antes. Octavia sentada frente a ella, Marga a su derecha. La misma ubicación que en la foto donde las tres están arriba, por encima de sus compañeras del último año. Octavia de costado, ofreciendo el perfil que, pensaba, la favorecía más. Ocultando un pequeño lunar que su coquetería de muchacha había transformado en objeto de sufrimiento. Igual que el nombre, heredado del padre a favor de haber nacido primogénita y mujer, "..características a todas luces incompatibles.... ", decía, aunque su belleza y cierto aire mundano la hacían especialmente popular entre los muchachos. Marga, una grada mas abajo, sosteniéndolas, como siempre. Marga de frente, Marga la luchadora, la altruista, la que era capaz de arrastrar a toda el aula en pos de las causas más nobles. Y ella, toda firmeza, la decidida, la audaz, siempre a punto de romper lanzas con todo el curso tras una idea, ella y su cabellera negra recogida en un rodete perfecto.
Siente que no sabe como llegó hasta allí, piensa de pronto que han pasado tantos años y este pensamiento la sorprende cuando el mozo le pregunta con amabilidad si el té está frío y sin esperar respuesta alguna le cambia la jarra por otra con agua nueva.
Entonces levanta la cabeza y ve a través del cristal de la ventana el pelo lacio y negro, larguísimo, que una vincha roja apenas contiene, la muchacha vestida con una remera de colores y un pantalón ancho, la mira, parada en la vereda del bar.
-      ¿ Tomaste el té, abuela ?, no comiste nada, ¿ no querés una masita ? – dice, después de entrar en silencio y sentarse a su lado.
-      No – dice ella  – espero a las chicas, no voy a pedir masas de nuevo, pediremos té seguramente –
-      Vamos a casa, abuela – La joven le acaricia el pelo con suavidad.
Mientras en las gradas se disipa la niebla del flash y el grupo se va disolviendo de a poco, alejándose en silencio, ella mira a la muchacha y afirma con seguridad.
-      Mañana, ...vendrán mañana –
-      Si, abuelita , mañana seguro que vienen, vamos a casa....es tarde ya  -

Autor: O.Barales
Aún sin blog pero ya lo convenceremos.

10 comentarios:

  1. Deberías tener un blog. Porque ya tienes un montón de gente que pasaría por tu casa de letras para que le sirvieras un buen té. O un café, en mi caso, si haces alguna excepción.

    Es un placer leerte, créeme.

    Un saludo, té en la cabeza, y café, justo ahora, en mano.

    Mario

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  2. Y, por cierto, felicidades por la fotografía a cabeza de texto...
    Porque me encantan las fotos que se logran desde un interior de cafetería... que retratan silencios cargados de verbos durmientes, como las bellas palabras que se columpian en la atracción de nuestra infancia.

    Otra vez felicidades.

    Mario

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  3. HOLA: ME ENCANTA LEERTE ..TE VISITO NO HACE MUCHO Y ES UN PLACER...
    ESTO DE HOY ME LLEGO NO SABES CUANTO...EL SABADO PASADO NOS ENCONTRAMOS EN UN BAR MIS VIEJAS AMIGAS DEL SECUNDARIO...CHARLAMOS Y AUN QUEDO TEMA...Y ME HAS HECHO PENSAR MUCHO...
    GRACIAS POR COMPARTIR LO TUYO..
    ERES EXCELENTE.
    BESOTES
    SILVIA CLOUD

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  4. Me encanta como escribe, la sensibilidad que se adivina en sus textos, esa suave dulzura que no empalaga, pero que sabe bien, muy bien.

    Felicidades

    No cree un blog, publique directamente.

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  5. Muy buen relato, bien escrito.
    Mi felicitación

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  6. Barales, ya ves que no soy el único que lo dice. Si Mario te lo recomienda, ya no puedes negarte más. Antes de fin de año hay que abrirlo hermano.
    Con respecto al relato ¿qué puedo decir? me gusta lo humano relatado desde el corazón y con altura, cosa que ya es un clásico en tu estilo. Te pinta de cuerpo entero y nos ilusiona ser pintados, algún día de la misma forma.
    Un abrazo.

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  7. Estoy con Noah. Esa exquisita forma de transmitir sensaciones se merece mucho más que un blog. Te juro que me has emocionado.

    Un placer.

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  8. Que hermoso, cuanta ternura, un placer leerlo!

    Un saludo!

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  9. Muchas gracias, me resulta difícil decir mas que eso, mas que nada porque los comentarios son tan valiosos. Respecto de la foto, es muy buena, no es mía, recurrí a la web, esto me obliga a buscar mi propia foto y por ende a seguir yendo a tomar café, o gin tonic, preferentemente al lado de la ventana.

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  10. me encantó, me emocionó y me llenó de nostalgia! me lo recomendó tu otro hermano quien -por cierto- también me pasó la página dónde puedo leer lo que escribís! te quiero hermanito! gracias Dani!

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