13 de diciembre de 2010

el comentario 7 comentarios

El principio de Antonio

Ha anochecido casi de golpe, o acaso Antonio no lo ha advertido hasta el momento en que levanta la vista del texto que está leyendo, ya no queda mucho tiempo, "...de abajo hacia arriba, igual al peso del agua......al peso ...del volumen del agua..".
El trato era simple. La tarea de Física aprendida para la hora de la llegada de su padre, significa la noche libre, es decir, holgazanear en la puerta de calle hasta la hora de cenar.
Romper esas cadenas, en las primeras noches templadas del fin del invierno, equivale casi a haber cumplido una condena en una prisión remota, en una celda helada, horadada por el aliento salado de algún océano, en un lejano país.
Allí donde nadie, absolutamente nadie, repararía en su existencia, si de una vez y para siempre se perdiera la memoria de ese anciano olvidado que en su rol de guardián, pasa en las noches, por debajo de la puerta, el único plato de comida que les dan a los que han sido, en otro tiempo tal vez, partidarios de la revolución.
Antonio regresa de pronto, sentado en el comedor de su casa, sus ojos han quedado fijos en el florero que su madre atesora como centro de mesa. Curiosa posición del cuerpo para viajar por tales umbríos parajes, curvado sobre si mismo, los brazos extendidos rematan en las manos entrelazadas, apretadas por las rodillas.
Antonio acomete otra vez el texto, "Un cuerpo sumergido en el agua recibe un empuje de...", entonces, un brazo se acomoda con un brusco movimiento, golpea la mesa y del ramo de rosas se desprende un pétalo que lentamente busca entrar en el campo de visión del chico, "...de abajo hacia arriba igual al peso del ..." .
Afuera, el padre, olvidado por completo del papel de maestro que le espera, empieza a cruzar la calle. El pétalo, desentendido también de las vicisitudes del tránsito, alarga su vuelo buscando las corrientes ascendentes que cruzan el comedor de este a oeste.
En el piso de abajo, la abuela, sabiendo que Antonio ha llegado tarde a estudiar su lección, disca el número del teléfono celular de su hijo, mientras lo mira cruzar la calle consultando su reloj, no espera que le niegue media hora de su tiempo.
Antonio recorre con dificultad los últimos tramos de la compleja definición, "...igual al peso del agua....igual al peso del volúmen del agua...".
Lejos, al borde de aquel acantilado que remata los muros de la prisión, bajo un muelle de madera raída, el mar lleva y trae un barco de papel que flota milagrosamente junto a otros restos, asunto éste que parece no importarle a nadie.
Acaso no le importa a Antonio que vuelve a repasar la conclusión, "igual al peso del ..vo..lú..men.. del ..agua ....de..sa..lo..ja..da....". No le importa a su abuela y tampoco a su padre mientras se acomodan en la cocina de ella, frente a la pava y el mate.
Solo le importa al pétalo, ocupado en orzar a los vientos que, desde la lejanía, las aguas inducen en el aire. En apropiarse de esa armonía que le permita terminar su vuelo de lágrima rosada, a tiempo de tenderse como parte de otro ramo, sobre el bordado del mantel de macramé.

Autor: O. Barales
Aún sin blog

7 comentarios:

  1. Preciosa viñeta de la vida. Me deleito siempre con sus escritos, tan profundos como diversos.
    Un abrazo grande, amigo.

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  2. Hola, llegué a tu blog por un contacto, me pareció muy bueno. Voy a seguirte.
    Aprovecho la oportunidad para invitarte al mío.
    Un saludo.
    Humberto.

    www.humbertodib.blogspot.com

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  3. Fantástico, O Barales. Uno de los mejores textos que le he leido. Le felicito sinceramente.

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  4. Sin embargo aquí amanece, o el sol asoma por mi horizonte, cada vez que un texto así ilumina mi cuerpo y mis emociones y todos los etcéteras sensitivos de los que pueda hacer acopio...

    En fin, sólo me queda felicitarlo.

    Un abrazo, de principio...

    Mario

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  5. A lua de prata
    no céu se esconde
    As estrelas pingam
    lágrimas de saudade
    A noite grita
    dentro de mim o teu nome

    Lou Witt

    Feliz noite....Beijos meus! M@ria

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  6. Gracias Osvaldo por deslizar este sabroso plato de comida por debajo de nuestras puertas. ¡Un gran poeta, como siempre!

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  7. Liliana A. (el hacha en el ropero)30 de abril de 2011, 2:01

    Bellísimas imágenes que destilan emociones sutiles y fugaces como el vuelo del pétalo rosado..
    Qué bueno re-encontrarte en estos textos, Amigo!
    Un gran abrazo,

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