29 de noviembre de 2010

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Rosa de arena

Cuando la vida se pone canalla, y no puedes sobornarla con caricias, ni promesas, creo que lo mejor es ponerse de su lado.

Mirarla a los ojos. No perderse uno solo de sus gestos, y dejar que ella sola haga un acto de contrición. Que sus mandíbulas se aflojen, su mirada se endulce, y sus manos se abran. Es la hora de sonreírle, de despistar tu resentimiento, silbar observando el cielo, como si su perversidad no fuera contigo, y tratarla como a la mejor amiga, porque ser su rival, solo te conduce a una nueva hostilidad.

Ella es el desierto, tu, un grano de arena, y en cualquier momento puede desatar una tormenta, será mejor que aprendas a convertirte en una rosa de su entorno.

Camuflada y bella.

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22 de noviembre de 2010

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Chismes en cuatro tiempos.

Hace 15 meses:
-Buenos dias Don Bartolomé, como está?, y que sonrisa que se trae.
-Buen día, buen día, dijo el hombre y se sentó en una butaca de la barra. Pués verá Ud, sírvame una grapa y le cuento..., por supuesto que apelo a su discreción..., me dijo, con un guiño, Salud!, el tema es que me he hecho una de esas... vasectomías, sabe Ud?, y me siento muy contento. He aprovechado mi último viaje a la ciudad y sin decir nada a nadie, me he operado. Mi mujer, Doña Hayde, está tratando de quedar embarazada, aunque ya tenemos dos hijos,que están grandes, ahora ella quiere otro. Pero yo, no. Por otro lado, Ud. sabe que tengo una querida, Carito. Comentó mientras se acomodaba el bigote, Ella me ha estado trampeando para quedar embarazada y finalmente ponerme el moño. Pués ahí tiene, de esta forma continúo ligandome a las dos y sin riesgos y de paso, me evito las discuciones.
-Hombre, Ud. sí que es una monada!...

Hace 12 meses:
-Buen día Lola!, qué haces aquí tan temprano?, te sirvo el desayuno? completo?
-Calláte y escuchá Paco, A que no sabés quién está embarazada?, Carito!, finalmente Don Bartolomé la dejó de encargue. Dice que ultimamente estaba más "activo" que nunca, y que le había dicho que si tenía que ser... Podés creer que el viejo ese todavía tenga con qué?, y ahora ella dice que se le va a poner firme, que se lo dice él a Doña Hayde, o se lo dice ella. Que con un crío de por medio no se juega. Que hasta ahora ella seguía calladita, porque Don Bartolomé tiene hijos, una familia, y ella no quería entrometerse, ni ser una rompehogares, pero ahora... Le ha dado un ultimatum, tiene hasta que se cumpla el tercer mes..., después...
-bueh, éramos pocos...

Hace 9 meses:
-Buen día Cloe!, como estás?, algo para tomar?, con un emparedado tal vez?
-Pues si, me vendría bien. Vengo de lo de Doña Haydé, la dueña de la farmacia, parece que a la vejez..., está encinta!, puedes creerlo Paco?, una mujer grande con hijos que están para casarse..., y ésta que se viene con semejante rollo. Dice que ella y Don Bartolomé lo estaban dele buscar, que a pesar que su a marido se lo veía un poco cansado el último tiempo, no había mañana que no escribieran a París. Y bueno ahí está. Tanto va el cántaro a la fuente que al final...,
-pañales.

Hace 1/2 hora:
-Hola Paco, qué tal estuvo la ceremonia?
-Ah boss, Ud viera, muy linda. El padre Jorge habló muy bien a los nuevos cristianitos, que por cierto eran un montón!, Entre los del campo y los de la aldea...., como diez u once, muchos. Y todos se portaron bien, salvo un par de viejas que chismorreaban por lo bajo, por Carito. Ud vio como son esas viejas..., padre desconocido. Bueno, ella lo conoce, y sabrá que es lo mejor...Tambien estaba Doña Hayde, muy contenta con su niño. Y ni hablar de Don Bartolomé, el boticario. Aunque tenía un gesto raro, no diría de orgullo..., no sé, como ausente. Todos comentaban lo bien que se han portado con Carito, ya que ella no tiene un trabajo fijo, y parece que le ayudarán hasta que el anónimo padre se digne hacerse cargo.En reconocimiento lo nombró padrino de la criatura. Todo un gesto. No cree?...
Lo único que me llamó la atención fue la foto que se sacaron al final. Ellos tres, los dos críos, y el padre Jorge. Es como que se diría que el cura tenía una cara de orgullo..., no sé, como más allá del deber...,
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18 de noviembre de 2010

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Francis, última parte, 2/2

Hace tiempo...
Me encontraba en la sala de espera del dispensario de Cloe, había resbalado en una de las piedras junto al acantilado y al caer me corté feo en uno de los brazos, tenía pinta de, por lo menos, entre 7 y 8 puntos.
Era el único allí, el lugar olía a desinfectante y Cloe no era demasiado dura con algunas cosas, así que encendí un gauloises y esperé.
En eso entró Primitivo acompañado de un enorme negro, un parche marrón tapaba su ojo izquierdo, se movía como si hubiera recibido una tunda. No quise imaginar el tamaño del otro...
-Primitivo...
-Zorgin...
Cloe abrió la puerta para hacerme entrar, saludó a Primitivo y se quedó mirando al acompañante, fue una fracción de segundo, el reconocimiento fue silencioso de parte de ambos, sin embargo se presentó.
-Hola, mi nombre es Cloe, estoy a cargo del dispensario de la aldea.
-Hola...
-Ehm..., hay que disculparlo, no habla muy bien el idioma, intervino Primitivo.
El otro sonrió asintiendo.
Entré.
Me quedé corto, 11 puntos en el brazo derecho, malo para un cantinero, tendría que ver de qué manera manejaba el tema.
-Y el morocho?
-mmmh?
-de dónde es el negro?
-cómo saberlo...?
-...
-pfffff...,en otro tiempo, en otro lugar, nos cruzamos un par de veces, yo trabajaba con una gente, en cambio él trabajaba por su cuenta,... qué sé yo, el tipo es/era un maldito artista, y un profesional, creo que es afrikaner, no sé... , pero fue en otra vida, en lo que a mi respecta me lo acaban de presentar.
Al escuchar el tono alto de la conversación, en la otra sala, salimos. Dos municipales le habían seguido el rastro a la extraña pareja y querían saber quién acompañaba a Primitivo, éste sudaba copiosamente pensando en la pérdida de su "tesoro", el negro se había levantado y miraba desde arriba a los dos uniformados, que no apreciaban el peligro latente.
-Deja de joder Primitivo, quién es tu acompañante?
-pues..., un amigo, qué otra cosa podía ser?
-si, si, queremos ver algún papel. Tú, de dónde saliste?, le preguntó de mala manera al foráneo.
-Yo?
-Pues Nigel me pidió que lo trajera y ..., insistió Primitivo
-Y qué pito toca Nigel en esto?, y giró para encarar al otro, vamos, papeles...
El hombre lo miró y lo midió. Adelantó los hombros y...
Yo dije:
-es mi primo...
-Eso!, dijo Primitivo, es su primo Paco...
-Su primo?!
-Aha... Paco...
-...Drake...etxea, eso, Draketxea, confirmó el negro, Francisco Draketxea, y me dicen Paco, terminó confirmando con un acento gutural.
-qué?, que tú eres vasco???, le preguntó el guardia.
-El apellido de su abuela materna, una triste historia..., acoté.
-...
-...Ya, y nos tenemos que ir, gracias Cloe, cabo dígale al jefe que luego paso por la delegación con los papeles de Paco, y salimos..., el otro caminaba medio a los tumbos, pero me seguía.
Media cuadra después "mi primo" murmuró:
-Gracias boss...
-Mmfrf..., siempre es bueno un poco de ayuda en la cantina..., espero que sepas cocinar..., basko, eh!!?, JA!, eso sí que estuvo bueno...
Y nos fuimos caminando hacia el último muelle.
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15 de noviembre de 2010

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Pediremos té, seguramente.


No sabe como llegó hasta allí. Desde aquella chica, cuyos ojos inmóviles, inquietos, desafían la luz que el lente de la cámara atrapara en apenas unas décimas de segundo, hasta allí.
Un salto, lapso perdido entre las cada vez más angostas veredas de la memoria.
Como si al abrirse, el diafragma hubiera impulsado en ese 125 avo de segundo, no solo su mirada sino su cuerpo entero hasta esta esquina desconocida. Entonces, el esfuerzo por establecer una conexión con aquella memoria, parece demasiado para una persona de su edad.
Camina hasta el bar con la fotografía apretada entre la palma de su mano y el pecho, cartera al hombro, viste pollera y blusa ancha que no dejan, a pesar de su sencillez, de delinear su porte.
Empuja la puerta aún turbada, aquella mirada, ahora sin la protección de los anteojos oscuros, tarda en acostumbrarse a la luz artificial. Elije una mesa en el centro del local, cerca de la puerta. Es temprano, siempre llegaba antes que las otras a todos lados. 
Ha estado pensado si las podrá reconocer, pero ahora no espera más que ver aparecer la trenza negra que todas las mañanas Marga se hacía sin la ayuda del espejo. O la larga cabellera rubia de Octavia, que ella cepillaba, sin apuro, cada noche en la oscuridad del dormitorio del colegio, mientras hablaban casi en silencio para que no las atrapara la monja celadora.
Siente que no sabe como llegó hasta allí, hasta esta mesa donde el mozo la ha llamado por su nombre, Marina. Doña Marina, ha dicho, le ha preguntado amablemente como está y le ha traído masas, una jarra de agua caliente y un saquito de té.
Ahora la fotografía descansa sobre la mesa junto a la taza, la emoción de la espera ha hecho que el té se enfríe. Aún así, ella lo bebe suavemente después de endulzarlo apenas.
De pronto se ve desayunando como antes. Octavia sentada frente a ella, Marga a su derecha. La misma ubicación que en la foto donde las tres están arriba, por encima de sus compañeras del último año. Octavia de costado, ofreciendo el perfil que, pensaba, la favorecía más. Ocultando un pequeño lunar que su coquetería de muchacha había transformado en objeto de sufrimiento. Igual que el nombre, heredado del padre a favor de haber nacido primogénita y mujer, "..características a todas luces incompatibles.... ", decía, aunque su belleza y cierto aire mundano la hacían especialmente popular entre los muchachos. Marga, una grada mas abajo, sosteniéndolas, como siempre. Marga de frente, Marga la luchadora, la altruista, la que era capaz de arrastrar a toda el aula en pos de las causas más nobles. Y ella, toda firmeza, la decidida, la audaz, siempre a punto de romper lanzas con todo el curso tras una idea, ella y su cabellera negra recogida en un rodete perfecto.
Siente que no sabe como llegó hasta allí, piensa de pronto que han pasado tantos años y este pensamiento la sorprende cuando el mozo le pregunta con amabilidad si el té está frío y sin esperar respuesta alguna le cambia la jarra por otra con agua nueva.
Entonces levanta la cabeza y ve a través del cristal de la ventana el pelo lacio y negro, larguísimo, que una vincha roja apenas contiene, la muchacha vestida con una remera de colores y un pantalón ancho, la mira, parada en la vereda del bar.
-      ¿ Tomaste el té, abuela ?, no comiste nada, ¿ no querés una masita ? – dice, después de entrar en silencio y sentarse a su lado.
-      No – dice ella  – espero a las chicas, no voy a pedir masas de nuevo, pediremos té seguramente –
-      Vamos a casa, abuela – La joven le acaricia el pelo con suavidad.
Mientras en las gradas se disipa la niebla del flash y el grupo se va disolviendo de a poco, alejándose en silencio, ella mira a la muchacha y afirma con seguridad.
-      Mañana, ...vendrán mañana –
-      Si, abuelita , mañana seguro que vienen, vamos a casa....es tarde ya  -

Autor: O.Barales
Aún sin blog pero ya lo convenceremos.
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La ballena pequeña.

Miércoles de mañana.
Escucho el auto alemán estacionarse junto al malecón. Suit se quita el traje, se pone los cortos, su vieja camiseta azul y negra, orgullo de otras épocas, y sus zapatillas. Cierra la portezuela, y con una sonrisa de placer comienza a trotar, paralelo al mar, rumbo al faro. Sé que en un par de horas estará de vuelta.
Alrededor del mediodía se sienta en un taburete, frente a mí, y me pide un mojito,
-Tiene un momento?, me dice,
-Lo escucho..., digo mientras le alcanzo el trago.
-Anoche tuve un sueño...,
Estoy en mi lujoso departamento, piso 10, playa privada, enormes ventanales con vista al océano.
Es una tarde gris, de invierno, fria y destemplada. El viento es húmedo, viene del mar. Detrás mio alguien habla,...,puede ser un ama de llaves, un secretario, una mucama, no sé; alguien, me comenta que la mar se retira, yo me levanto del sillón del escritorio. Me acerco a la ventana, con las manos en los bolsillos del pantalon.
Miro hacia abajo, y veo como el mar ha trabajado la playa, erosionado la arena en forma caprichosa, formando una lagunita...
El agua se retira, pero la lagunita mantiene su contenido...
Desde arriba se ve que en el estanque algo nada en circulos, desesperadamente, dándose cuenta que ha caido en una trampa..., nada y nada sin encontrar salida..., es un animal grande.
Su movimiento va desmoronando la fragil pared de arena.
El agua estancada se empiece a escurrir...
La trampa comienza a cerrarse definitivamente...
Bajo en el ascensor, rápido, tengo que hacer algo, necesito hacer algo..., salgo a la playa desierta, corro hasta el lugar. No hay nadie.
Todo está absolutamente desierto.
El agua de la laguna ya no está. Solo el animal atorado..., una ballena, pequeña, de unos cinco metros. Con el vientre hacia arriba, se mueve tratando de darse vuelta..., nada, está atrapada.
Busco ayuda.
Nadie.
Consigo unas maderas para hacer palanca y ayudarle a que retome su posición natural.
Me observa asustada.
Finalmente, entre los dos, lo conseguimos...
Pero no soluciono el problema mayor. El mar se sigue retirando..., cada vez más lejos...
El animal emite ese extraño sonido de las ballenas, parecido a un gemido, y me mira triste, ...largo...resignada
Yo corro y corro buscando auxilio, nada, solo viento y al fondo los gemidos de la ballena...
Grito y nadie me escucha...
Vuelvo junto a ella, vencido, inutil, desolado, me mira...
Le servi su tercer mojito.
Hacía rato que la lagrimas corrían por sus mejillas.
Muestra una sonrisa de costado...
-estoy cansado, muy cansado...
Se quedó en silencio. El sabía lo que significaba el sueño.
Y me fui, para que llorara tranquilo...
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Zumo de sueños


Dicen que aquella noche
recogió un racimo de estrellas
y las exprimió hasta hacer un delicioso zumo de sueños.
Dicen que  lo bebió de un trago.
Jamás volvimos a verlo.

 ( a L.G. Berlanga, in memoriam)
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13 de noviembre de 2010

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Capitán Marcos



El pez rojo, silencioso guardián de la vidriera, era suficiente razón para que Marcos casi detuviera la marcha cada tarde al salir de la escuela, cuando pasaba frente al tornasol helado de la pecera. El imperceptible perfil de la jaula de agua que adornaba el frente de la óptica, desaparecía en el juego de la luz. Entonces, el pez rojo flotaba entre los cristales cóncavos y los dibujos caprichosos de las armazones.
Marcos describía una parábola alejándose hacia el cordón de la vereda, sin dejar de mirar. O mejor dicho, sin permitirse perder de vista los rayos de sol que, como un látigo, bajaban por la vidriera mientras el cristal estallaba en pedazos y al instante volvía a aparecer intacto.
El pez rojo milagrosamente flotaba entre los infinitos cauces que cruzaban el vidrio desde y hacia los cuatro puntos cardinales, apareciendo y desapareciendo a cada paso del chico. Marcos jamás volvía atrás, sabía que las imágenes retenidas apenas un instante desaparecerían para siempre al avanzar y que el pez rojo nadaría, con cada cambio de posición, por cielos de colores inimaginados, por mares embravecidos, no al conjuro de huracanes o tifones, sino al sutil, musical descenso del sol sobre la tarde.     
O.Barales
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11 de noviembre de 2010

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Francis, última parte, 1/2

Tiempo atrás...
A grandes riesgos grandes ganancias, dicen por ahí.
También dicen que los riesgos muchas veces se pagan.
El Cessna 172 volaba rozando las olas, de hecho, el limpiaparabrisas estaba encendido sacando la espuma que salpicaba el mar. Ningún radar lo veía, y de hacerlo se confundía con el movimiento del océano.
Francis se levantó del asiento del copiloto para asegurar la carga. Había mucho viento y una de las cuerdas estaba suelta...
La ola, más grande de lo esperado, rozó el tren de aterrizaje, el avión se detuvo un segundo en el aire, la siguiente le dio de lleno. Francis sintió el impacto, la sensación que chocaban contra una pared y era despedido tras el parabrisas de la nave. Recuerdos borrosos del avión hundiéndose con la peligrosa carga y el cadáver del piloto atado a su asiento. El chaleco salvavidas que lo mantenía a flote..., si pudiera ver hacia donde quedaba el continente...
Y la noche se lo tragó.
Nigel, desde el faro, había escuchado el motor de la avioneta,
-contrabandistas, murmuró, mala noche para hacer dinero..., y no pensó más en el asunto.
Al día siguiente los municipales lo fueron a visitar.
-Eh viejo!, anoche, se perdió una avioneta por esta zona, escuchó algo?
-Estoy muy viejo para escuchar algo...
-Bueno Nigel no nos pongamos susceptibles, vio algo?...
-Estoy muy viejo para ver algo...
-Joder!, no si cuando quieren ponerse a mula..., bueh! si sabe algo nos avisa, eh?
-Estoy muy viejo para avis..., pero la patrulla ya se había ido.
Y el día siguió su curso.
Hacia la tardecita, Nigel se corrió hasta la nueva cantina a beber una copa y enterarse de las novedades.
El rumor de que una avioneta cargada de contrabando se había perdido en el mar, cerca de allí, era el único tema de charla.
Las especulaciones iban y venían, pero nadie sabía nada. Todos soñaban con tesoros. Tal vez en el fondo del mar esta vez hubiera algo que valiese la pena.
Y un día más en la vida del guardafaro terminaba.
Cada tanto, la luz del faro pasaba y bañaba el cuerpo del enorme negro. La marea le había depositado en la playa y parecía que no se movía.
Desde lo alto, Nigel lo miraba mientras telefoneaba a Primitivo para que le ayudase.
Media hora después los dos hombres caminaban por la arena, discutiendo qué hacer. Que los municipales, no!, Que a los de la cantina, tampoco!
-Veamos que nos puede contar éste, del tesoro de los contrabandistas...
Lo diero vuelta.
El hombre estaba vivo, lastimaduras y raspones, pero sólo necesitaba descansar.
Lo sacudieron un poco...
-Eh amigo! quién eres?, como te llamas?, eh!!!
-Fra-Francis, contestó el negro.
-Nigel, dijo Primitivo, en qué mierda habla?, no entiendo ni pepa!,
-Nada hombre, que dice que se llama Francisco...
-Ah!..., Paco..., bonito nombre...
Lo ayudaron a levantarse y lentamente fueron caminando hacia el faro...
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9 de noviembre de 2010

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Un ruego



No me mientan ni me aten jamás .Que no me escondan el futuro, por negro que este sea, que no me lo maquillen con sonrisas ni lisonjas.
No me mientan ni me aten. No me quiten el derecho a elegir mis sueños. No me priven del placer de pintar mis despertares. No ahoguen las palabras que necesito expresar. No me detengan a la hora de cometer las locuras que me dan vida, y las ilusiones por las que navego sin brújula ni timón.
Dejarme si me hundo en mis propios pozos, si colecciono lagrimas o me ahogan los suspiros, si me estallan en las manos las pasiones que padezco y agradezco, si cuelgo mis deseos en cables de alta tensión , o paseo por las cornisas del riesgo.
No me mientan ni me aten. No aprisionen mis ansias de palpitar. No apaguen mis luces. No cubran las estrías de mi razón ni con la mejor intención.
No lo hagan, porque me ahogo, me ahogo sin indulgencia , y cuando estoy ahogada, no estoy.

No estoy para nadie.
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8 de noviembre de 2010

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La barbería.

En diagonal a la plaza del pueblo, en una de las esquinas, hay un poste de unos dos metros de alto, pintado de rojo y blanco, en forma de espiral descendente, y rematado con una blanca tulipa redonda.
Clara señal de que allí está la barbería de la aldea.
Al frente de este noble lugar se hallan los señores Rebetti y Ponticelli, quienes desde tiempo inmemorial están a cargo de la pulcritud capilar de los insignes moradores de la aldea. Gentes atildados como el alcalde, el boticario, e incluso el jefe de los municipales, pasan por allí periódicamente para ordenar, organizar y/o recortar cualquier cabello o barba rebelde.
Desde que llegué al pueblo que quiero saber cuál es Rebetti y cuál Ponticelli...
Imposible.
Siempre se han presentado juntos, y obviamente nadie ha sido tan maleducado de preguntarles a boca de jarro por su nombre, de tal manera que se los conoce como una sociedad indisoluble.
Uno de ellos de cabello grueso se peina hacia atrás, tiene cejas y bigote poblado, el otro es de pelo lacio, raya al costado, bigote finito. Y ahí se acaban las diferencias.
Ambos lo reciben a uno con un fuerte apretón, sonrisa llena de dientes, maneras sumamente itálicas, llenas de gestos ampulosos. Enfundados en sus impecables guardapolvos cortos, blancos, almidonados, con un peine y una tijera que se asoman del bolsillo superior.
En caso de tener que aguardar que alguno de los dos se desocupe, por estar atendiendo, enseguida ofrecen los servicios de Zulma, callada y voluptuosa señorita que tiene el oficio de manicurista, quien nos sonríe melosamente desde uno de los asientos que hacen las veces de sala de espera. Lugar donde también podremos encontrarnos con revistas y magazzines que nos contarán del último romance de Greta Garbo o si las tropas aliadas desembarcarán en Normandía o no. O la sección deportes, siempre la más requerida, donde nos enteraremos de la marcha del mundial en Chile. Temas, por cierto, de la última actualidad.
También está Domingo, lustrabotas oficial del lugar, que se nos acerca con el ceño fruncido y desprecio en la mirada, observando el estado de nuestro calzado, nos ofrece sus servicios de "restaurador", y aclarando, con una sonrisa cómplice, "que milagros no hace...", pero, asegura, nos dejará nuestros zapatos mejor que nuevos.
El punto es, que esa tarde, tranquila de clientes, Paco me dijo si podía irse a la peluquería.
Lo miré de hito en hito y le agradecí a Dios que le permitiera darse cuenta.
Paco no es de aceptar sugerencias...
Y allá partió.
Al llegar, fue recibido por..., alguno, que lo acompañó hasta el sillón donde sería debidamente atendido.
Todo peluquero, barbero o coiffeur que se precie, se sabe un artista. De tal manera que escuchó atentamente y en detalle todo lo que Paco le explicó que quería en su cabellera, "córteme aquí y aquí"..., Paco no es de mucho hablar.
Y el artista optará por una de tres, le cortará el pelo como le dé la gana, explicándole, que de otra manera le quedaría mal, o le cortará el pelo como le dé la gana, manifestándole que interpretó exactamente lo dicho por el cliente, o le cortará el pelo como le dé la gana, sin dar explicaciones...
Y así fue...
Finalizado su comentido, el artista le colocó un espejo de mano detrás de la cabeza, no para que juzgara su obra, sino para que la aprobara...
Paco gruñó.
No estaba feliz...
Y cuando Paco no es feliz, lo hace notar...
Me telefonearon dos horas después de haber salido para la peluquería.
El jefe de los municipales preguntó por mí, y después de saludarme le pasó el auricular a Paco.
-boss, tendrá que pasar por acá, y pagar una fianza...
-¿?, qué pasó?
-le bajé dos dientes al peluquero...
Era mi oportunidad, -a cual?, no, a quién?
-y..., no sé, ¿cuál es cuál?
-pero hombre, la denuncia en tu contra, ¿quién la presentó?, ¿quién la firmó?
-pues..., uno porque le pegué, el otro como testigo...
-...ahora voy...
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4 de noviembre de 2010

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Francis, quinta parte.

La guerra, el hambre, la muerte, las pestes... la miseria humana, Francis conocía la canción.
La historia de la reencarnación tenía que ser cierta..., él había visto para más de una vida.
Demasiado...
Las hordas de animales humanos se apretujaban, empujaban, avanzaban, caían y morían aplastados.
Todo por un lugar en el maldito tren...
Huir era lo único que importaba.
El hambre y las enfermedades arrasaban con las aldeas, y después... las purgas étnicas, ja!, purgas étnicas...,suena a higiene intestinal...
Los vagones sin asientos, con las ventanillas rotas, puertas selladas para no caer. Vagones de ganado. Los miserables habían perdido su dignidad hacía tiempo..., huir...
Francis subió en Pristina.
Se sentó en el piso junto a una pared, sabía que a medida que avanzaran se iría llenando, y debería pararse para no morir aplastado...
Dos estaciones. Junic.
Otra vez, cientos que trepaban tratando de escapar, ya no había lugar. Se apoyó contra la pared y se adormeció...
Vigías en los techos cuidaban que el tren no fuera alcanzado por la bandas que asolaban, violando y matando...
El país se despedazaba...
Kosovo, sucursal del infierno...
Navidad...navidad...blanca navidad..., y el puto hohoho...
Al atardecer encendieron la única bombilla. Y los vio...
No sabía donde habían subido, tampoco era importante...
Eran dos, uno alto, corpulento, menesteroso, se le veía atontado.Cada tanto sacaba una botella del interior de la chaqueta y bebía con desesperación.
El otro, bajo, sucio y con mirada extraviada, amarillenta, muerta, le gritaba. Insultos y desprecio salían de la boca desdentada...
Miraba descontrolado la botella que desaparecía mágicamente en manos de su compañero. Éste reía y hacía caso omiso a sus reclamos...
El traqueteo y el cansancio adormecían a Francis que no dejaba de observar la escena. El mayor cada vez más borracho, el más bajo cada vez más violento...
Nada se oía, todo tapado por los ruidos del tren, el aullar del viento en las ventanillas inexistentes...
El grandulón ya dormía su borrachera de pie, sostenido por los demás. La bombilla titilaba en el oscuro vagón.
El brillo de una navaja se vio en la mano del más pequeño...
El movimiento fue rápido, preciso, silencioso..., el corte en la garganta...definitivo, introdujo su mano en el chaquetón y se apropió de la botella...
Nadie vio nada, nadie notó nada...
Solo Francis.
El hombrecillo giró su cabeza y sus miradas se cruzaron.
Levantó la botella a modo de saludo... y sonrió.
Francis comprendió que si no salía de allí terminaría enloqueciendo.
El puerto de Durrës parecía tan lejano.
Sonó el silbato y el tren se perdió en la noche...
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3 de noviembre de 2010

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Confianza




Me gusta esa cosa que jamás debes dar por supuesta,Esa que se gana despacito, que se toma su tiempo,que cuando la consigues es un tesoro inestimable.
Hace que los pliegues de la duda desaparezcan, dejando la superficie de tu alma abierta a todos los posibles vendavales de una relación. Te da la certeza de que las tormentas son de agua, y no de barro. Que el viento no lleva arena. Que a los truenos les seguirán los relámpagos. Y que tarde o temprano llegará la calma.
Lo desolador es perderla. Puedes necesitar años para lograrla, y extraviarla en un solo día. Es tan difícil de recuperar como las botellas lanzadas en alta mar, que es factible que  lleguen a alguna orilla, pero es poco probable que lleguen a tu playa.
Quizá permanezca eternamente dormida en la sección de objetos perdidos.
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1 de noviembre de 2010

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El paseo de los lunes.

Lunes.
Paco saca una enorme tabla al patio, la coloca sobre un par de caballetes, lleva harina, agua, sal, y demás. Música, la voz de Pavarotti nos envuelve. Hoy hay pastas. Paco limpia la mesa y comienza el ritual. La masa se va transformando entre sus dedos. Hay cariño en los gestos de Paco.
Lunes.
Tina, Carito y Lola, "las chicas del pueblo", se citan en el dispensario. El acuerdo con el municipal es simple, que no se metan en problemas y se controlen semanalmente. A cambio él no las molesta.
Cloe les ha tomado simpatía. "Las chicas" llegan los lunes de mañana, les hace un chequeo a conciencia, sabe que la profesión tiene sus riesgos. Ellas le ayudan con la limpieza a fondo de comienzo de semana, después se quedan charlando hasta cerca del mediodía, entonces Cloe les da las llaves del furgoncito, suben las tres y los doce chicos de la guardería, y parten.
Tina es la más joven. Su familia cría ovejas en las sierras, pero ella quiere otra cosa, no sabe qué. Tiene sueños de teatro, de luces, de fama. LLegó al pueblo pensando en "pasar de largo", pero necesitaba dinero para el pasaje y consiguó trabajo de mucama, de camarera, en la tienda, donde sea, ninguno duró, el dinero no alcanza. Ahora acompaña marineros solitarios, a veces algo más, pero es sólo por ahora... en cuanto pueda...
Carito tiene unos años más que Tina. Vino desde la ciudad. Allá se conoció con don Bartolomé, el farmacéutico. El hombre fue en viaje de negocios, y se volvió con una amante a la que doblaba en edad. Le dijo que si le acompañaba, le daría trabajo, le pondría una casa, le compraría ropa, todo lo que quisiera... Por supuesto, cumplió hasta... que se enteró la señora, que es la dueña de la farmacia. Carito se quedó con la casa. Las visitas y ayuda de su amante se fueron espaciando. Un buen día, el farmacéutico le mandó dinero con su hijo... Ahora a Carito la visitan los chicos del secundario y los amigos de don Bartolomé...
Lola va pasado los treinta y tantos, vive con su anciana madre y la pequeña. Ántes trabajaba en la ciudad, en la radio, vivía bien. Algunos años con un compañero y los hijos que no llegaban, hasta que un médico le contó que ella no podría. Junto con la ilusión de parir se fue su hombre. Dio vuelta la página y decidió adoptar, se llama Clara.
Un día le llamaron del pueblo, debían venirse, su madre estaba mal. Pidió licencia y viajaron. El tiempo pasó y se quedó sin trabajo, luego sin ahorros, había que mantener la casa. Algo tenía que hacer. Consiguió ayuda en el municipio. Dicen que el alcalde le tiene cariño, dicen que el notario tambien, dicen que dicen...
Es mediodía, se escuchan las risas de los críos bajando de la camioneta, entre ellos está Clara. "Las chicas" los tratan con infinita dulzura.
El sol está tibio, y la arena suave. Los chicos corren. Hoy, "de eso", no se trabaja.
Paco toca la campana, está el almuerzo.
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Doña Soledad

 
Cuando las mariposas dejaron de revolotear, 
se me hizo un nudo en el estómago,
y Doña Soledad,
vieja araña oportunista,
instaló allí su telar de los sueños truncados.
Autor: Jasonia
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