7 de marzo de 2011

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Esto no es normal ni bueno

Manuel la miraba de forma extraña, no era capaz de definir su mirada, este tampoco es el Manuel que yo conozco, quizá sea cosa del alcohol, no lo sé. Se levantó a por un par de cervezas, lo prometido es deuda.
-toma guapo, pero esta va a ser la última.
-nos bebemos una a medias, saca algo para picar.
Yo creo que no sabe ni el que es lo que le pasa, está confundido ¡es tan extraño verlo así! No sé qué decirle, es mejor darle tiempo para que asimile lo que está pasando, mañana hablamos con Fermín, ya se hará lo que haya que hacer. Estaba tan absorta en sus pensamientos, que no lo escuchó entrar en la cocina, cuando le toco la cabeza se asustó.
-¿porqué estas asustada?
-no te he oído, no estoy asustada, no te he oído entrar en la cocina
Se dio la vuelta para mirarle a los ojos.
-te siento extraño, no sé qué decirte, no sé qué es lo que pasa por tu cabeza en este momento, me miras de forma rara.
-me siento raro, no pienso en nada en concreto, solo tengo ganas de mírate, no era mi intención asustarte. Te necesito.
-lo se
Apoyó la cabeza en su pecho buscando al Manuel, protector. Abrazándose a él para reconfortarlo y reconfortarse.
Ufffffffff……. Está nerviosísimo y excitadísimo, ¡madre mía! La excitó sentir su urgencia, su respiración entrecortada, ¡si qué está raro! había rabia en sus caricias, cierta violencia contenida, esto es sexo, aquí no se ve el amor ni la ternura, si mucha ira. Ella era un mar de contradicciones, como siempre, pero este no es el Manuel que yo conozco, pero le estaba gustando, se dejó llevar, tiró de su camisa haciendo saltar todos los botones, lamió su cuerpo como una perra en celo, exigió de él más caricias, su falo dentro de ella, ¡ya! La que sentía rabia e ira era ella, exigía ser atendida por su macho en celo.
-para, nena.
-sigue, ahora no puedes parar, esto lo has iniciado tu, ¡venga!
-yo lo he iniciado y yo lo paro, ahora mismo, no sé lo que está pasando, pero no me gusta.
-qué es lo que no te gusta, ¿yo no te gusto?
-esto es increíble, para cariño, ven.
-no voy a ningún lado.
-si te gusta el sexo con violencia, vale, lo haremos, pero ahora no, no sé lo que está pasando, no eres tú.
-¡chorradas! ¿Tu nunca te descontrolas o QUE?
Manuel rió, moviendo la cabeza.
-ven, vamos a pegarle una paliza al puchig, no lo has utilizado nunca, acaba de llegar el momento. Luego haremos lo que tú quieras.
Subieron al desván, Manuel golpeó la bolsa de serrín y le dio en la cara, se acabó el control, la rabia, la ira, el odio, salían de ella. Golpeaba el saco con furia, deseaba derribar el saco, iba a acabar con él.
-hija de puta, mal nacida, zorra. No vas a poder con nosotros, por mucho que te esfuerces. Te corroe la maldad, estás podrida ¿cómo puede existir alguien con tanta maldad? Zorra. Lo llevas claro, mierda, no vas a poder con nosotros, sabes por qué, porque nos queremos, porque hay amor entre nosotros, algo que tu nunca has conocido, más quisieras tu tener lo que yo tengo, mala, eres mala, es mío no vas a poder hacer nada contra eso, no hay maldad que puede con nuestro amor. ¡Fastídiate!
Manuel volvió a golpear la bolsa, volvió a darle.
-¡qué te pares! No me provoques, no vas a conseguir nada, no vas a poder separarnos, nos has hecho un bien, sabiendo que existe Nekane, que lo sepas, no nos vamos a separar por eso, todo lo contrario.
Se dio la vuelta para mirar a Manuel, que la observaba, moviendo la cabeza de un lado para otro, incrédulo ante lo que estaba pasando. El saco la golpeó de nuevo,
-dile algo, me ha pegado.
-dale una buena hostia y sal corriendo.
Así lo hizo, salió corriendo y riendo. Manuel la sujetó en su huida.
-quieta leona, que ya no le dejo que te pegue más.
-Esto no es normal.
-pues no, cariño, vamos a hablar de lo que ha pasado. ¡Increíble! No puedes seguir haciendo estas cosas.
-es que no sé qué es lo que hago, no tengo ni idea de lo que pasa, solo se lo que siento en esos momentos, ¿no me llevaras a un siquiátrico no?
Manuel rió a carcajadas abrazándola con fuerza,
-eres la mujer que cualquier hombre desea, lo mejor que me ha pasado en mi vida, pero no hagas eso, no puedes ponerte en mi papel, absorbes todo, lo bueno y lo malo, no puede ser cariño, no es bueno.
-no entiendo que es lo que me quieres decir.
-has cogido la rabia y la furia que yo sentía en ese momento, primero has intentado que la vuelque sobre ti, me he dado cuenta y he parado, entonces la has absorbido y la has hecho tuya, no tienes por qué hacer eso, me ves sufrir y quieres cargar tu con mi dolor, es mío nena, yo tengo que cargar con él, no tu.
-no es algo que yo pueda controlar.
-pero si páralo y hablarlo. No es la primera vez que pasa, te pasa muy a menudo, normalmente son pequeñas cosas, sin importancia, ¿te acuerdas del día que nos casamos? ¿Cómo te molestó que mi prima me llamara borde? Te ha pasado lo mismo.
-creo que te equivocas,
-no, es lo mismo. Me comporte como un borde, pero me molestó que me lo dijera, lo percibiste, y empezaste a mostrarte tu como una autentica borde, conmigo claro, dijiste, la borde soy yo no él, la culpa para mí.
- no siento culpa, te estás equivocando, eso ha cambiado.
-inconscientemente sí, prefieres cargar tu con la cruz, antes que cargue yo con ella, ojalá pudiera hacer yo lo mismo, te sientes culpable, porque yo lo estoy pasando mal y tú no sabes cómo remediarlo, no es culpa tuya. No puedes cargar con esa culpa.
-Me aburres, déjalo, anda. No sé qué es lo que pasa, pero no estoy cargando con ninguna culpa.
-pues sí, bonita, no quieras cargar con lo que no es tuyo. Tengo una respuesta.
-a qué pesado.
-a tu culpa.
-suéltala, no te hagas el interesante, habla o calla para siempre, no puedes analizarlo todo, eres un pesado.
-¿de donde ha salido eso de habla o calla para siempre?
-no tengo ni idea, pero me ha gustado, a sonado bien.
-te voy a dejar tranquila de momento, no veas el morbo que me ha dado verte pelearte con el saco desnuda.
-¡fíjate! Ahora querrás sexo
-no, quiero hacerte el amor, ahora que eres tú, bueno de paso un poco de sexo también, me ha gustado lo de la camisa.
-¡claro! Como tú no vas a tener que coserle los botones, mira qué gracioso. Porque no me he dado cuenta en ese momento, si no de qué.
-mándala al montón de ropa que tienes por ahí, esa que dices, ya lo haré.
-¿estás intentando decirme algo?
-sí, que me vuelves loco, ya no podría vivir sin ti, me da lo mismo que no me cosas los botones de la camisa, una tontería por cierto, lo único que tienes que hacer es decírselo a Itziar para que lo haga y olvidarte del tema,
Le cayó con un beso, buscando por fin sexo, provocándole con sus caricias ¡habrá comido lengua! Qué manera de enrollarse ¡qué pesado! ¡cómo le gusta hablar!
La cogió en brazos hasta la habitación y la dejó dulcemente sobre la cama.
El timbre de la puerta sonaba.
-no hagas caso, ya vendrá más tarde, no esperamos a nadie.
Volvió a sonar, Manuel se asomó a la ventana.
-es Fermín.
Bajó a abrir. Le molestó la interrupción, Se quedó tendida sobre la cama echándole de menos.
-no piensas bajar
-ya voy.
Se puso una bata y bajó de mala gana.
-¿No habéis oído el puto timbre? Hemos ido a casa a por las llaves, pensando que os había pasado algo.- miró la ropa esparcida por la cocina- ¿vosotros lo arregláis todo en la cama? hace un rato se os había caído el mundo encima, uno desaparecido, la otra histérica perdida, qué me falta mi amor, ¡parecéis dos putos críos! Todo el mundo preocupado y ellos follando.
-vale Fermín, no hemos oído el timbre, perdona.
-manda cojones, Manuel, desde que estás encoñado no hay quien te reconozca.
-se ha puesto muy nervioso, al estar la luz de la cocina encendida, ha pensado que os pasaba algo.
-no pasa nada, no hemos oído el timbre. Siéntate Fermín os saco un café.
Cruzó la mirada con Luisa y se sonrieron.
-¿de qué os reis vosotras?
-casi les pillamos en plena acción, imagínate que en vez de llamar abres con las llaves- dijo Luisa riendo, intentando relajar los nervios de Fermín.
-manda cojones, los salidos estos.
Solo llevaba una bata puesta y empezó a sentirse incomoda.
-recoge los gallumbos, marrano, que están en mitad de la cocina
Marian muerta de la vergüenza empezó a recoger la ropa.
-desde luego, Manuel, no se os ocurre nada, yo habría recogido la ropa antes de abrir la puerta, nos hubiéramos evitado la bronca de Fermín,
-lo mismo he pensado yo- dijo Luisa.
-tú no vayas de listilla, que de tus bragas no he dicho nada, pero las veo ¡será posible! Pero mira cómo la está mirando, ¿no habéis tenido suficiente?
No pudo evitar reírse.
-solo necesitábamos diez minutos

Autor : Marian Etxezarreta


1 comentario:

  1. Le damos la más cálida bienvenida esperando que se sienta cómoda y gustosa de compartir mucho más material con nosotros en el futuro cercano.

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