11 de marzo de 2011

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¿Por qué mi conciencia no me deja tranquila?

   1ª Parte
Llegó el fatídico día en que debía enfrentarse a la familia, (quizá fuera irreal, pero ella lo vivía así). Ninguna catástrofe natural iba a impedir la dichosa comida familiar, eso sí, llovía a mares, el cielo estaba tan negro como su ánimo, no había parado de llover en toda la noche. Sus angustias, nervios y su negación a tomar somníferos, habían conseguido que la noche se le hiciese larga, pero sin ganas de que pasase, se encontraba a gusto en la cama, escuchando como caían trombas de agua, preludio del mal día que la esperaba, equiparando su negro estado de ánimo a la negrura amenazante de las nubes.

Manuel se había ido a dar una vuelta al hotel, para que las cosas se hicieran como debían de hacerse, como él solía decir, vamos, a controlar. Había quedado con él a las doce y media en el pueblo.

Llenó la bañera, un buen baño con agua casi hirviendo, le sentaría bien, aliviaría sus nervios, con un poco de suerte hasta conseguiría parar su cerebro, evitar que le mandase preocupaciones, ¿con qué cara voy a mirar a mi padre? Ahora ya sé de donde viene mi coño, mi conciencia no me deja tranquila? Tal y como están las cosas en este momento la que reticencia a verle, ahora ya sé porqué huyo de él, porqué no quiero verle. ¿Cómo le cuento yo a mi hermana mis motivos? ¿Qué le digo cuando me eche en cara que no los veo? Y ¿por qué parece que no está actuando bien, soy yo, desde su punto de vista es lógico. ¿Cómo arreglo yo esto sin no quiero contar la verdad? ¿Por qué coño sigo sintiéndome avergonzada, por lo que pasó? Soy la víctima, no fui culpable de nada, solo era una niña, buscando atención y cariño.

Sumergió la cabeza en el agua con los pulmones llenos de aire, fue soltándolo despacio, había que relajarse, como fuera, tenía que dejar de pensar, no podía seguir dándole vueltas a los mismos temas una y otra vez y no ser capaz de encontrar la respuesta.

Salió de la bañera sintiéndose igual de mal, no había conseguido nada. ¿Qué ropa me pongo? Hizo mil pruebas, mil combinaciones, lo que no le marcaba, le quedaba demasiado holgado, si se decidía por un tono de jersey no acertaba con el pantalón, cuando conseguía que las dos piezas congeniasen, no encontraba cinturón o bolso adecuado ¡ya vale! No puedo seguir así ¡qué coño estoy haciendo! ¡Tanta tontería para elegir ropa! Me tenía que haber puesto a dieta el mes pasado, ahora ya es tarde, esto es lo que hay, no doy ni una vuelta más. Al que no le guste que o mire. ¡A la mierda!

Se maquilló un poco más de lo normal, arregló su pelo lo mejor que pudo. Hoy no era su día, estaba claro que hiciese lo que hiciese, no iba a verse bien, pues a la mierda con todo, evitaré los espejos. ¡Tanta tontería! ¡Ya está bien! Se puso un abrigo largo para sentirse tapada, para ocultarse a sí misma la inseguridad que sentía por culpa de su físico. ¡Se acabó el problema! Hago que Manuel me diga cuatro tonterías, me las creo y punto. ¡Me estoy poniendo negra yo sola! ¡Cansina, que eres una cansina!

Salió con tiempo de casa, a ver si dándose una vuelta, conseguía su objetivo. Tendría que forzar sonrisas y conversaciones, besos hipócritas, ¡quien coño me mandaría a mi meterme en este berenjenal! ¡Boba! Contenta vas que no te llamo algo más gordo. ¡Lerda! Vaya mosqueo tengo conmigo misma. ¡Payasa!

Se acercó a la presa ¡impresionante el rugir del agua! Algún día no iba a resistir la tentación de tirarse, dejarse llevar por la corriente. No se lo pensó dos veces y se lanzó.

Se subió a un tronco, que al sentir su peso aceleró, una loca huida hacia ninguna parte, las ramas se apartaban para dejarles pasar, llevaba una velocidad de vértigo, adelantando  mil cachivaches, en una loca carrera aplaudida por árboles que agitaban las ramas a su paso, desembocaron en el mar, ¡bellísimo! Un azul intenso la deslumbró, el sol la sonreirá, regalándole cálidas caricias sobre su cuerpo desnudo. Frenó en seco, la calma se apoderó de ella, sonreirá. Un delfín apareció invitándola a un paseo por las profundidades marinas. En un momento se encontraba sumergida, disfrutando de un espectáculo encantador, reinaba la armonía, se sentía la reina del lugar, los pececillos acariciaban su cuerpo con sus aletas, sentía una placidez inmensa, las profundidades eran su habitad, ese era su lugar.

De repente todo cambio, tubo que agarrarse al delfín para no salir despedida en la huida, no entendía lo que pasaba, donde había placidez ahora había angustia. Miró para atrás, la oscuridad los perseguía, se abrazó con fuerza intentando tranquilizarle, no podía ser tan malo, le habló suavemente

-tranquilo, no pasa nada, solo es oscuridad, vas a cansarte en tu huida, te alcanzará, corre más, no malgastes tus fuerzas, lleva tu ritmo, cuando te alcance te quedarán fuerzas para mirarle de frente, si malgastas tus fuerzas, no podrás luchar contra la oscuridad, a lo mejor, solo es un mal momento, pero si te dejas atrapar por ella, sin fuerzas nunca lo sabrás.

El teléfono sonaba, se negó a hacerle caso, tenía que seguir con el delfín, era su amigo, debía que tranquilizarle. El aparato la molestaba con su incordioso zumbido, no la dejaba ver al delfín.

-nena, ¿Dónde andas?

-ya voy- contestó mal humorada

-¿voy a buscarte?

-no, estoy en la presa, ya voy.

Se quedó escuchando el rugir del agua, ¿pero por qué tengo que ver a personas que no quiero no ver? No tengo fuerzas para sonreír sin ganas, no quiero forzar conversaciones. Necesitó un cigarro, que no encontró. En fin no hay más remedio que dejarme ver.

Emprendió el camino, con los hombros caído, sentía que iba al patíbulo ¡qué exageración! Vio venir a Manuel de frente. Él es quien me va a ayudar a enfrentarme a la oscuridad. Llegaba sonriente, pero mira que es guapo, ¡qué suerte he tenido!

-¡hola cachorrita!

-hola guapo.

-¿estás bien?

Hizo un gesto con los hombros.

-me parece que estás haciendo una montaña de un grano de arena.

-ya.

Apoyó la cabeza en su pecho buscando un abrazo, que consiguió al instante seguido de un apasionado beso, que la hizo olvidarse, por un momento, de sus miedos.

-¿nos vamos a casa?

-Hay un montón de gente que te quiere, esperándote.

Llegaban al bar cuando vieron a Fermín en la puerta haciendo aspavientos.

-está en su salsa, el cabrón, como le gustan estas cosas.

Entraron en el bar, se olvidó de sus miedos, sonrió con ganas, de repente tenia muchísimas cosas de las que hablar, los besos a sus hermanas, salían directos del corazón. Se juntarían cuatro generaciones. Un par de ojos igualitos a los de su madre la miraban, se acercó al cuerpecito dueño de ese par de ojos, que ante su cercanía se refugió en los brazos de su madre, por experiencia sabía que no había que insistir, acarició su cabeza dejando un sonoro beso entre sus rizos.

-Haizea, esta es de las nuestras- dijo besando a su ahijada, que también se encontraba en su salsa, como Fermín.

Faltaban dos personas, su padre y su cuñado, cosas de la vida, hubiera prescindido de los dos la mar de a gusto. Decidió preguntar por ellos más tarde. Observó a su hermana mayor, estaba cambiada, sus ojos mostraban algo que no supo definir, otra que estaba en su salsa, siempre empeñada que la familia ha de reunirse, no sabía qué pero algo había cambiado, la pequeña seguía igual, no pasaban por ella ni los años, ya era abuela, prematura, como su maternidad, pero no aparentaba los cuarenta, que era la edad que su carnet decía, con su compañero de fatigas a su lado, como siempre. Hacia un año que no los veía, quitando el cambio en la mirada de su hermana, estaban iguales. Miró a sus sobrinos, a los hijos de su hermana mayor hacia más de cinco años que nos los veía, si los ver por la calle, no los reconozco, a las hijas de su hermana menor, una Haizea la veía a menudo, al principio a escondidas, ¡la alegría que tenía esa niña! Tan descarada como Nagore, con la que se llevaba de maravilla, Luego estaba la mayor de las hijas de su hermana menor, toda una mujer a sus veinticinco años, ya madre de una preciosa niña, que desde luego era fiel reflejo de la familia. Que la miraba desconcertada, pero en cuanto se acercaba a ella, se escondía.

-¿el aita?- preguntó a su hermana.

-lo llevan a las Ventas directo, cada vez cuesta más moverle. Lo traerá un taxi

-ya, ¿pepe?

-me estoy separando.

Misterio resuelto.

-me alegro, no te merecías un hombre así a tu lado, y perdona que te lo diga.

Manuel hablaba con su hermana, la conversación no parecía ser agradable.

-qué me dices cuñadita- joxetxo, el hermano de Manuel, la saludaba. Recién separado, pocas veces le había visto, pero su mirada también iba cambiando, se le veía mucho mejor.

Charló un momento con él, pero le preocupaba la conversación de Manuel con su hermana.

-vamos a ver que es lo que pasa- dijo Joxetxo agarrándola del brazo

-me parece que tienes algo que decirle a mi mujer- decía Manuel

-no de verdad, borrón y cuenta nueva.

-Manuel tiene razón, a veces me dejo llevar por mi genio y digo cosas que no debo. No estamos acostumbrados a ver  a Manuel así,

-pasamos pagina, Edurne, empecemos de nuevo

¿Edurne está celosa? Le hizo gracia, pues tenía que alegrarse de ver a su hermano bien, vamos digo yo.

-Marian yo me voy yendo, no tardaran mucho en traer a el aita, me voy acercando- decía su hermana.

-ya te acerco yo – le dijo Joxetxo

-Aquí hay tema- dijo Manuel al oído

-¡qué dices!

-te lo digo yo, apuesta

-por aquí se esta cociendo algo- dijo Fermín uniéndose a ellos.

-¿de qué estamos hablando?

-de aquí sale algo.- dijo Luisa- apuesta.

-que solo se ha ofrecido a llevarle.

-en dos o tres meses se la zumba.

-¡a vosotros se os va la olla o qué! ¡Qué es mi hermana!

-ya y él mi hermano, dos meses y se la clava. Apuesta.

-os estáis equivocando, ella necesita tiempo, no va a caer con el primero que le tire los trastos, se está separando.

-Esa información no teníamos, la cosa cambia, un mes.

-ya me parecía a mí, hay muchas miraditas entre ellos, que a mí no se me escapa nada, un mes- decía Fermín

-en el hospital también hubo miraditas, que yo los vi. Aun y todo digo que unos seis meses, ella necesita tiempo.- decía Luisa.

-no tenéis ni idea, no va a caer tan fácil.

-lo mismo dije yo de ti y al primer asalto caíste.

-¿hubo apuestas?

-¡hombre!

-¿tu sabias algo Manuel?

-lo imaginé, aquí es lo habitual, se apuesta para ver lo que tarda en calzársela.

-¡no me lo puedo creer! Menos mal que no me enteré de nada ¿cómo os enterasteis de que ya? Manuel lo dijo, ya me acuerdo. ¡Será posible! ¿Pero qué clase de pueblo es este? ¡Aquí no se libra nadie, estáis todos como chotas! ¿Quién gano?

-La banda de Fermín, yo dije que tardarías un tiempo en dejar que te la metiese, lo mismo que tú dices de tu hermana, ¡en quince días estabais viviendo juntos! ¡Mira la mosquita muerta con su cara de buena!

-estáis todos enfermos ¿cómo están las apuestas?

-Fermín y yo que en un mes, se la calza.

-no me puedo creer que esté haciendo esto, ¿decís que hay miraditas?

-sí, aquí y en el hospital que yo los vi. Pero bueno, rápido no creo que vaya, seis meses.

-apuesta hecha. Unas cervezas esta noche a que hoy se pasan los teléfonos.

-hecho.

-¿cómo se comprueba eso?

- En esta vida todo se sabe.

-más vale que ella no se entere.

-somos muy discretos, tú no te has enterado hasta hoy.

Autor : Marian Etxezarreta

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