1 de abril de 2011

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Esos indios malos

La nave se balanceaba a una "Milla del Almirantazgo" de la costa mientras en tierra los curtidos marinos de la HMS Beagle terminaban de instalar las tiendas de campaña que le permitirían al Sr. Darwin y al capitán FitzRoy guarecerse de las inclemencias del tiempo durante la corta estadía en tierra. Los botes con los que habían llegado reposaban encallados en la gruesa arena de la playa, mezcla de canto rodado y conchilla. Cada uno de ellos contaba con dos marinos de la Corona Británica, en guardia y armados hasta los dientes, reglas básicas que cualquier navegante debía tener en cuenta al tocar tierra en territorio inexplorado.
Hacia ya varios años que se paseaban por los mares, relevando costas, fauna y flora, con un encargo de la corona que no llegarían a cumplir: llegar al continente Antártico. 
FitzRoy hacía gala de sus propios criterios para el estudio de las gentes que por allí encontraran, en muchos casos diametralmente opuestos a los que profesaba Darwin, sin embargo se dió la oportunidad de entrar en contacto con los habitantes de la zona y como para ambos hombres lo importante era el conocimiento general, juntos fueron al encuentro de los antiguos ocupantes de la Isla Grande de la Tierra del Fuego. 
Cual película de gran presupuesto hollywoodense y luego del envío de emisarios desechables por ambas partes, se pactó una reunión sobre la playa. La primer entrevista se constituyó en un verdadero "encuentro cercano del tercer tipo" donde los ingleses en su afán de conseguir información lo antes posible y alejarse del nauseabundo olor  que partía de la grasa con que se untaban los indígenas para protegerse del frío, se apuntaban al pecho pronunciando con gran énfasis "I am English" (Yo soy Inglés...). Esperaban que el indígena asimilara la idea repitiéndola varias veces consecutivas para luego formular la pregunta en forma análoga tocándole el pecho al pobre y diciendo: "...and you are...?" (...y tú eres...?)
Nada. 
Una y otra vez se repitió el movimiento mecánico hasta que de pronto con una sonrisa en los labios el indígena soltó un "Tekenika" mirando a todos los que tenía alrededor. "Tekenika", "Tekenika", decía golpeándose el pecho en cada oportunidad.
FitzRoy estalló presa de una mezcla de orgullo, alegría y puro cansancio, había logrado una conexión con los indígenas y conociendo ya el nombre podría reportar a la Corona que había hecho contacto con la "tribu Teklenika" como le agradó bautizarla.
Dicen los testigos de aquella época que de allí en mas, cada vez que los ingleses nombraban a la tribu, se escuchaban las risas apagadas de sus integrantes, como quién no quiere que se escape un secreto.
En toda su obra posterior, el Capitán Robert Fitz Roy consignó así el nombre de la tribu hasta que muchos años después se pudo traducir correctamente el término "Tekenika" que en la lengua de la tribu significa "No entiendo".



Autor : OPin


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