4 de abril de 2011

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¿Siete o cuarenta y siete?

Entró en la casa, acercó una banqueta a la ventana, se sentó a leer un rato, mientras Manuel se despertaba.

Imposible leer ¡qué manera de roncar! No podía concentrarse ¡por favor! Parece un lobo aullando. Como se le acurra decirme que no está fumando, ¡mentiroso! Como si no lo conociera ya! ¡La madre que lo parió! Debe estar llamando a la loba, no pudo evitar reírse, cualquier día le gravo, dirá que él no ronca ¡por favor! Qué pasada.

Se acercó a la cama, se le ve muy a gusto, emitió un sonido para intentar que se callara, según decían funcionaba, a Manuel no, se quedó un momento observándole y aguantando la risa.

Si que se le ve a gusto, se metió en la cama   colocó su cara frente a él, cada vez que roncaba imitaba el sonido, por si está llamando a alguna loba, que sepa que estoy yo aquí, aguantó la risa como pudo, a cada ronquido había replica.

-¿qué haces?

-acabo de inventar otra forma de comunicación, un lenguaje nuevo.

-¿a si?

-es divertidísimo.

-ya veo que te lo estás pasando bien.

-genial, contesto a tus ronquidos.

-yo no ronco.

-cualquier día te gravo, pareces un lobo aullando, te sale mejor que a mí.

-tienes muy buena cara.

-y eso que me falta un buen café, no te puedes hacer ni idea de lo que lo echo de menos.

-¿quieres que nos vayamos?

-yo no he dicho eso. Una ducha también me daría bien a gusto...

-y yo contigo, mientras  enjabono tu cuerpo con mis manos, acaricio tus pechos jugando con los pezones, todo duros, esto a mi no se me da muy bien, lo que yo quiero es echarte un polvo, nena.

-ya me estoy dando cuenta, prepárame el desayuno primero, estoy hambrienta.

-podías prepararlo tú, para variar, quítate la ropa primero, para que no se te manche.

-desayuno más a gusto cuando lo haces tú, tus tostadas son las mejores que he comido en mi vida, por no habla de esa forma tuya de untarlas  ¿qué piensas cuando estás esparciendo la mantequilla?

-me imagino que la estoy esparciendo por tu cuerpo ¡me estoy poniendo malísimo! No  te apetece algo rapidito, solo para quitar un poco las ganas.

-no, primero desayuno- salió de la cama esquivando sus manos traviesas.

-eres mala.

-te compensaré por ello.


-no tengo la menor duda.

Tenía ganas de jugar, saltar, salir corriendo, Le hubiera encantado tener una cuerda para saltar, le dieron tentaciones de darle un azote en el trasero y salir corriendo para que la persiguiera. ¡Ya empezamos! Se sentó tranquilamente a esperar el desayuno, ojeando una revista de coches que andaba dando vueltas por la casa. No le interesaba mucho, pero tenía que controlar los impulsos que le estaban dando, iba intentar pasar un día lo más normal posible.

-¿desde cuándo te interesan los coches?

-desde nunca, lo único que me preocupa de un coche es que me lleve, bueno ya puestos a pedir que tenga climatizador, elevalunas eléctrico lo de darle a la manivela para abrir la ventana resulta un poco incomodo, si me pones esas dos cosas  en el escarabajo sería perfecto, lo demás me da lo mismo, con que ande vale. ¡Cómo me gusta ese coche! Con lo que me chuleo yo en verano con la capota bajada, me paseo bien por el pueblo para que me vean. Le da mil vueltas al tuyo que lo sepas.

-ya, por eso cuando hace frio solo quieres montar en el mío.

-por eso te estoy diciendo que quiero un climatizador, y que conste que tiene buena calefacción, lo que le pasa es que solo le funciona en verano.

Manuel estaba apoyado en el hogar mirándola lanzándole la red, desvió la mirada -¡madre mía! ¡Que agusto le untaba yo con mantequilla y mermelada! Mira que es guapo está para comérselo con patatas- le guiñó el ojo.

-¿te acuerdas del día que me enseñaste el escarabajo?

-como si fuera hoy, Y de lo que hicimos ese día en el coche, también me acuerdo.

-ya, ¿por cierto qué pasó con mi coche?

-pasó a mejor vida.

-estaba muy viejito, es la primera vez que dejo un coche sin despedirme de él.

-¿Qué les hacías, una fiesta? ¡Mira que eres rara!

-cómo un perro verde, que le vamos a hacer. Siempre me ha dado mucho pena deshacerme de los coches, no sé porqué,  los coches que han pasado por mis manos, todos, cuando los he dejado a sido porque ya no se los podían resucitar. Les he llorado a todos, menos al último ¡pobre! Ya dirá, qué rápido se ha olvidado de mí.

-¿porqué no me miras cuando me hablas?

-porque eres demasiado guapo, me tienes loca perdida, tengo unas ganas de tocarte que no sé cómo me controlo, te untaría de mantequilla y te lamería todito sin dejar ni un rincón, besaría tu boca con mermelada en mi lengua para saborearla contigo, ¿no hueles a quemado?¿ Soy yo o las tostadas?.

Manuel aparto las tostadas del fuego más negras que tizones.

-¿hago otras? O mejor pasamos ¿por donde íbamos?

-no sé, estábamos hablando de mis coches viejos creo recordar.

-pues yo tengo sabor a mermelada en mi boca, ya me gustaría saber cómo ha llegado ¿no tendrás tu algo que ver?

Lo miró durante un buen rato metiéndose en su cerebro. Manuel se reía a carcajadas.

-¿eso era lo que tú estabas pensando?

-si, por ahí iban mis pensamientos, un poco más obscenos, pero si, te estaba comiendo como a una tostada. ¡Esto es incluible!

-he hecho que se te quemen las tostadas, has dejado de ser el hombre perfecto.

-para pensar en las tostadas estaba yo escuchando esas cosas de tu boquita, nena, ni soy el hombre perfecto ni soy de piedra, más bien todo lo contrario.

-de piedra ya sé que no eres, bien demostrado que lo tienes, me estas descentrando con tus pensamientos, no puedo pensar por mí misma, me estás haciendo el amor mentalmente.

-llevo un buen rato haciéndolo, tu tampoco eres de piedra, pero me tienes un poco desconcertado.

-Llueve, ¡qué pena con el día tan bonito que hizo ayer! Saca galletas ya que hoy lo de la tostada no va a poder ser. Me encanta sentir como me deseas.

-no me mires así, cachorrita, que te como toda enterita. ¿Este bien?

-perfectamente, solo que tengo una lucha conmigo misma.

-soy todo oídos.

-tengo un problema de identidad.

Manuel rió a carcajadas.

-¡acabáramos! Me lo acabas de aclarar.

-no te rías de mi, tonto del culo.

-¡ehhhhhhhhhh!, nena, sin insultar,  que no te unto más galletas, trátame bien.- dijo embadurnándole la nariz con mantequilla.

-no provoques, estoy perdida entre los siete años y los cuarenta y siete.

-¡vaya dilema! Yo me quedo con la de cuarenta y siete, tienes razón hay algo infantil en tu mirada, eso es lo que me desconcierta.

-tengo ganas de jugar y a la vez de hacerte el amor. ¿Por dónde empezamos?

-déjate llevar por lo que te salga, yo te sigo, podemos jugar a escondites o echar un polvo, lo que salga ¿tu que harías en este momento?

-saltar a la cuerda, pero no tenemos. Además me parece ridículo, tanto hacerlo como pensarlo.

-no reprimas, nena, puede ser divertido, ¿quieres que te lleve al pueblo a comparte una cuerda? ¿Quieres una bolsa de gusanitos?- dijo riendo.

-¡venga ya! No me vaciles, vamos al pueblo a tomar un café ¿Habrá bar?

-si, son la mar de prácticos, puedes tomarte un pelotazo mientras compras lechugas, calcetines o tornillos.

-¡que guay! ¿Tendrán goma para saltar?

-¿la que se utiliza para las bragas? Seguro que si ¿quieres que te compre una? desayunamos y nos vamos.

-va a ser divertido, venga termina ya, que te estás comiendo todas mis galletas. ¿Lo hacemos antes de irnos?

-hacer qué- dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

-¡qué guapo eres ¡cuando me sonríes así se me para hasta el corazón.

-¡zalamera! No vamos a hacer nada hasta que no te definas, no me vas a pillar en ese renuncio.

-¿porqué me dices eso?

-me gustan las maduritas, no lo haría ni con una veinteañera, menos aún con una niña de siete años.

-no sé cómo tomarme eso que me has dicho.

-tal cual te lo estoy diciendo, conociendo tu historia, no se me ocurriría ponerte la mano encima en este momento.

-¡qué tontería!

-prefiero ir a comprarte una goma para saltar.

-vamos a dejarlo que no me está gustando nada esta conversación.

Se montó en el coche de morros.

Manuel la miraba y se reía.

-¿de qué te ríes?

-de tu boquita de piñón.

-será tonto del culo.
 
 
Autor : Marian Etxezarreta
 

1 comentario:

  1. Precioso, cada vez disfruto más de sus relatos. Reales, francos , desnudos de cualquier maniqueismo.
    Una belleza en crudo.

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