5 de mayo de 2011

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El minino


Amaneció un día precioso, un cielo de un azul claro, que invitaba a un buen paseo. La temperatura había bajado mucho debido a la tormenta de la noche. Se abrigó y salió a tomarse el café a la calle con el libro dispuesta a pasar un buen rato de lectura. Era una lectora empedernida, siempre tenía algún libro entre manos, pero últimamente le costaba mucho concentrarse en la lectura, tenía una cola de libros comprados esperando  ser leídos.

Se acomodó en una roca, su cabeza no estaba para lecturas, no quería pensar en la última información que su cerebro le había mandado, seguía teniendo dudas, quizá solo se tratase de un error, algo que su cabeza ha creado intentando justificar esa culpa que lleva desde siempre encima de sus hombros, pero algo le decía que no, que a lo mejor era verdad, y si es verdad ¿Qué es lo que tengo que hacer? Hace más de dos años que no soy capaz de ir a verle, sin saber los motivos que me impulsan a ello, ahora ya sé porqué. ¿Qué hago yo ahora con esa información? Llevo dos años mortificándome por no ir a verle, buscando escusas, quedando mal con mis hermanas por no ir, no entienden el porqué de mi aislamiento, y ahora que he descubierto el porqué ¿qué tengo yo que hacer?¡qué asco de vida! Me ha costado dos años aceptar lo que yo ya sabía, pero me lo negaba a mí misma, sin ser muy consciente de ello. Todo fue a raíz de una llamada del centro donde estaba en ese momento, las chicas que lo atendían habían puesto una queja al director del centro, se intentaba sobrepasar con ellas cada vez que le duchaban. La cuestión no tendría mayor importancia, que le de ser un viejo verde, el problema es que su cabeza por aquel entonces funcionaba correctamente, así que la conclusión que habían sacado es que se creía con derecho a ello.

A partir de ahí algo se movió en mi cabeza, cada día me costaba más ir a verle, lo hacía cuando no había más remedio, cuando mi hermana me llamaba para que le echara una mano con él porque ella no podía, entonces vivía en casa de mi hermana. Ahora está en una residencia de ancianos, y yo me pregunto ¿qué coño tengo que hacer ahora? No puedo hacer nada, es un anciano, su cabeza ya no va demasiado bien.

Un maullido la sacó de sus pensamientos, un gato pegó un salto y se acomodó en sus piernas, le gustó el contacto del animal, lo acarició.

-¿de dónde has salido tu?

Nunca había sido muy amiga de los animales, en casa de sus padres siempre había habido animales, sin embargo a ella nunca le habían gustado demasiado, sus hermanas sí que habían heredado ese cariño por los animales, las dos tenían animales en casa. Solo había un animal con el que se podía decir que se sentía un poco identificada, el gato. ¡Qué curioso! Ahora tengo uno en mis piernas más agusto que ni se. ¡Qué mono! A su hija le encantaban los gatos, cada vez que veía uno, expresaba su deseo de llevárselo a casa. Se quitó rápidamente el pensamiento de la cabeza. Miró para el cielo, lo único que te pido Dios mío es que cuides de ella, se merece todo lo mejor.

Dejó el gato en el suelo y entró en la cabaña, el animal siguió sus pasos.

-no te asustes, no es un lobo, es mi marido.

Le puso en un plato un poco de leche.

-a los gatos os gusta la leche, creo recordar, aunque los que había en mi casa comían de todo, si no te gusta me avisas, ya te pondré otra cosa ¿quieres galletas? A mí me gustan, soy el monstro de las galletas. Voy a despertar al lobo, haber si se anima y nos damos una vuelta.

Se acercó a la cama seguida por el gato, se quedó un rato mirándole, -¡es guapo hasta cuando ronca! a que si minino, no sé porque me da a mí que os conocéis. Despierta lobo- dijo acariciándole suavemente la cara- que tienes visita.

-¿qué hora es?

-no se pero ya amaneció. Alguien ha venido a verte. No seas antipático y saluda.

El minino se subió a la cama.

-¡hombre Agustín! ¿Ya has conocido a mi chica? ¿Está buena eh? Anda baja de la cama que está frunciendo el ceño, no veas que mal genio tiene.

Como el minino no hacía caso lo bajó ella misma.

-vamos a sentar las bases tu y yo, para una buena convivencia, que te quede claro, si te dejo entrar en mi casa, no significa que puedas ocupar mi cama, solo te comerás la comida que ponga en tu plato, lo demás ni tocar. Ya se me irán ocurriendo más cosas, te mantendré informado. ¿Te has enterado Agustín? Que no se te vaya a ocurrir lamerme la cara como se lo has hecho al lobo, que ya puede ir lavándosela si quiere que le dé un beso.

-cuidadito Agus, que parece que se ha levantado con el cable cruzado, tendremos que andar de puntillas, vamos a prepararle un buen desayuno haber si le cambia el humor.

Agustín maulló.

-desayunamos y nos damos una vuelta.

-afirmas o preguntas.

-si te lo pregunto me vas a decir que sí.

-a lo mejor, inténtalo.

-prefiero no arriesgarme, vamos y punto.

Se dio la vuelta para que no la viera sonreír.

-tendré que tener cuidado de que hoy no se me quemen las tostadas, me esmeraré más que nunca, voy a encomendarme algún santo de esos que andan por ahí, ¿Cuál me aconsejas tu Agus? Tú que sabes de mujeres.

Se sentó en la mecedora, ignorando sus comentarios. El minino se subió a sus piernas, le agradaba el contacto con el animal.

-no sé de donde se ha sacado este eso de que estoy de mal humor – dijo mirando al gato a los ojos.

El gato maulló

-no estoy ni de buen ni de mal humor, punto medio, lo normal.

El minino comenzó a ronronear, como respuesta a sus caricias.

-¡será cabrón ¡vaya manera de hacerle la pelota, ya hablaremos tu y yo. No te voy a dejar que te comas ningún ratón más.

-¿comes ratones Agus? Y yo poniéndole leche.

-a qué te crees que viene.

-¿tenemos ratones?

-¡claro! Una cabaña como Dios manda tiene que tener unos ratoncitos.

-¡por Dios! No he visto ninguno, más vale. Es el único animal con el que pierdo el control. ¡Ya me están dando ganas de ponerme a chillar y saltar!

-tu tranquila , nena, que Agus ha venido a hacer limpieza.

-anda baja, que me está dando una cosa………., ¡qué asco! En casa de mis padres, de vez en cuando aparecía algún ratón, por eso teníamos gato. He visto muchos pero no he conseguido acostumbrarme a ellos, me dan grima. Voy a estar todo el rato con la sensación de que me andan entre las piernas. Recuerdo una vez, en mi casa, Estábamos Oscar y yo en el sofá viéndola tele, y la niña en la cama, teníamos una chimenea de adorno, no sé de donde salió el animal, vivíamos en un octavo, el caso es que lo vi, ¡madre mía la que organicé! Creo que se enteró todo el barrio, empecé a dar gritos y a saltar encima del sofá, la cría que estaba en la cama, tendría unos cinco o seis años, empezó a hacer lo mismo, a chillar y a saltar encima de la cama- ahora me rio, para habernos gravado- Oscar detrás de el bicho con una zapatilla en la mano, con tan mala suerte que se metió debajo del sofá. Oscar empujándome para poder mover el sofá, fui pegando saltos de un sitio a otro por qué no me atrevía a poner los pies en el suelo y todo chillando como una histérica, si yo chillaba la niña chillaba más, quería ir a la habitación para tranquilizarla, me armé de valor y puse los pies en el suelo, sería cosa mía, pero me dio la sensación de que se me metía entre las piernas¡ madre mía! Más gritos, fui dando saltos hasta la habitación de la niña, no había ni un metro, chillado como una energúmena, no podía controlarme, me subí a la cama con la niña, y las dos pegando saltos en la cama y chillando. En fin, al final terminamos riendonos.Desayunamos o qué.

Ahora sí que le había cambiado el humor y el erizo empezó a hacer de las suyas.

-ella, quería tener un gato en casa, seguro que fue a partir de ese día, no me había dado cuenta hasta ahora. ¡Qué pena! Tengo mal día hoy. Si hubiera sabido lo que se hoy, le hubiera comprado una granja de gatos- Empezó a llorar.- Cuando nos mudamos al pueblo, me lo pedía cada vez que veía uno por la calle, le encantaban los gatos ¡qué pena! Lo que hubiera disfrutado con un gato en casa, a mi no me gustan los animales, pero a ella le encantaban. Si yo llego a saber lo que se hoy, ¡Dios qué pena! ¡Mierda de vida!.¿Vamos a dar una vuelta? Ahora no puedo desayunar.

-¿quieres una manzanilla?

-no, en serio, sería imposible meterme nada al estómago, ya pasará.

-vamos a dar un paseíto, nos vendrá bien.

-desayuna primero, que yo no pueda, no significa que tu no puedas comer.

-luego desayunamos los dos juntos, vamos a dejar que Agus haga su trabajo – ofreció su mano para que se levantase.

-algo bueno he debido de hacer para que tu estés a mi lado.

-ser tu misma, cariño.

-es antinatural, los hijos nunca pueden desaparecer antes que los padres.

-esta puta vida es muy jodida, con todos los años que han pasado no hay ni un solo día que yo no me acuerde de la risa de ese niño.
-¡qué pena! Tengo mal día hoy, vas a tener que aguantarme.

-pasaremos este mal día juntos, de la mano, llorando Marian, no has llorando lo suficiente. Hoy toca llorar, lo haremos juntos, como todo lo demás.

-gracias.



Autor : Marian Etxezarreta

2 comentarios:

  1. Se me han mezclado los temas y me he perdido en algún recodo del camino, pero como siempre, lo he disfrutado muchísimo.
    Un cariño para usted.

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  2. Madre mía, con lo que me gustan los gatos y las letras y las músicas y los paseos y los etcéteras infinitos...

    Un placer

    Mario

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