28 de mayo de 2011

el comentario 1 comentario

Tienes una hija

-llevas toda la semana comiendo lechuga, se te va a poner la cara verde.

-jajajajaj.

-comes fatal, por mucho que me empeño no consigo que lleves una alimentación equilibrada.

-me he puesto a dieta, tu debías de hacer lo mismo.

-me gusta comer bien, yo si como equilibradamente.

-eso es lo que estoy haciendo yo.

-solo comes lechuga y yogures, a eso no le llamaría yo comer bien.

-¡qué sabrás tu lo que yo como!

-lo de la lechuga lo veo, solo te veo comerte dos yogures, pero o tenemos un ladrón de yogures en casa o te los estás comiendo tu.

-¿no puedo?

-puedes hacer lo que te dé la gana, como siempre, pero no digas que comes bien.

-no me des la chapa ¡pesado!

-cuida el michelín, es mío. No lo agredas.

-si estuviera en mi mano ya habría desaparecido, me voy a hacer una liposucción.

-¡venga ya! ¡Nena!

-llevo una semana haciendo dieta, casi ni se nota, antes con estar dos semanas casi sin comer, era suficiente. ¿Tan difícil es perder cuatro kilitos de nada?

-yo como bien y no engordo.

-si yo comiera lo mismo que tu pesaría doscientos kilos.

El teléfono de Manuel empezó a sonar.

-dime Luisa- contestó- si está aquí.

Le pasó el teléfono.

-Fermín lleva toda la mañana llamándote, quiere hablar contigo en cuanto puedas, dice que es importante.

-ah, vale.

Se puso nerviosa.

-¿qué os traéis entre manos?

-nada ¿pues?

-estoy haciendo como que no me doy cuenta, pero algo tramáis.

-cuando tenga algo que contarte, lo haré.

Manuel rió a carcajadas.

-se te olvida que no puedes mentirme, algo os traéis entre manos tu y Fermín.

-cosas nuestras.

-¿para qué te ha llamado Luisa?

-deja de interrogarme y no seas pesado.

-Fermín te habrá estado llamando, igual que yo ¿Dónde tienes el teléfono?

-me lo habré dejado en la oficina, contigo ya he hablado.

-te he vuelto a llamar y no me has contestado.

-no seas pesado, cambiemos de tema.

-solo quería que supieras que disimulas muy mal.

-estupendo.

-llevas una semana intentando disimular.

-me estás dando la comida, majo. No vas a sacarme nada, así que déjalo estar.

-lo que me preocupa es que estás nerviosa.

-¡quieres dejarme en paz ya!, Manuel, eres tu el que me pone nerviosa.

Pidió de postre un arroz con leche, echaba de menos un cigarro.

-te acabas de cargar tu supuesta dieta.

-es mi problema, de los postres golosos, este es el que menos engorda.

-Ahhhhhhhhhh……..- dijo riendo.

-¿de qué te ríes?

-de ti ¿vas para casa?

- no, voy un rato a la oficina.

-eso es raro, te acompaño. A no ser que quieras que te de el achuchón aquí mismo, tengo que medir el michelín.

-discreción, no me mires así, ¿no puedes aguantarte?

-si, pero no quiero. Ya sé que estás deseando quedarte sola.

-¡qué pesado eres a veces!

-me voy, luego te veo si tu quieres ¿en casa?

-¿donde si no? No pongas esa cara de oveja apaleada.

- eres mala.

-y tu, un pesado.

Por fin se quedó sola, llamó a Fermín.

-Acabo de conocer a la versión de Manuel en femenino

-¡hay ama!

-clavadita a él, tiene hasta su mala hostia.

-¿qué hacemos?

-habla con él, a partir de ahora él manda.

-se cachaba de ir.

-tu veras.

Le llamó.

-puedes venir.

-¿ya me echas de menos?

-si, te has ido sin darme el achuchón.

-he quedado con un representante, no tardaré mucho ¿me esperas?

-que remedio, prefiero esperarte en casa.

-¿tan grave es?

-luego hablamos.

-anulo la cita y voy para allá, me estas pasando tus nervios.

No supo que decir,

-doy la vuelta y voy, diez minutos.

Estaba nerviosísima, encendió un cigarro aun sabiendo que le llamaría la atención por hacerlo, fumaba a escondidas. Fue a esperarle al aparcamiento.

-hola guapo.

-monta. ¿Qué pasa Marian? ¿Has fumado?

-si.

-habla.

-tienes una hija.

-chorradas, no es la primera vez que alguien intenta colármela.

-lo hemos comprobado, si es hija tuya, si quieres hacemos pruebas.

-que no, nena, siempre he tomado medidas, imposible. ¡No!

-tiene veinticinco años, echa cuentas.

Dio un manotazo al volante.

-hija de puta ¿la dejé preñada?

-Parece ser que sí.

-no tiene porqué ser mío, era más puta que las gallinas.

-ya lo hemos comprobado, se parece a ti, es una chica.

-¡hija de la mala puta! ¡Imposible! No puede ser.

-pues lo es.

-¿Quién se supone que es mi hija? ¿Es alguien del pueblo?

-no, vive en Burgos. No la conocemos, Fermín ha ido a verla. Si te parece le llamamos y que nos de los detalles. Lo que sea que hagas yo estoy contigo ¿vale?

-decidiremos los dos ¿no?

-lo que tú quieras.

-me está entrando una mala hostia, nena, ¿no tendrá nada que ver con esto la zorra de Gema? Otra puta.

-sí. Pero ahora eso da lo mismo. La niña se parece a es igual que tu, anímate.

-¡imposible! Nos la están dando con queso, que no, nena, que no puede ser.

-Manuel, es tuya.

-¡hija de puta! Zorra, qué mala hostia me está entrando.

-vale, así no arreglamos nada, llamamos a Fermín, esperamos que venga, Ahora de lo que hay que preocuparse es de esa niña, de qué clase de vida a llevado, si necesita algo, que sepa que estamos aquí.

-¿qué clase de vida va a llevar una niña sin padres? Me cago en su puta madre, hija de puta. No tengo ganas de ver a nadie, me voy a dar una vuelta.

-vale, ¿te veo en casa?

No le contestó.

Se quedó un buen rato en el coche sin saber qué hacer, se había llevado las llaves, en casa había copia, pero no quería perder de vista el coche, no iba a permitir que lo cogiera, tenía la sensación de que debía protegerlo de sí mismo, creo que en este momento es capaz de hacer cualquier cosa. No tenia superado lo de Amaya, cada vez que salía algo de ella, notaba el cambio, en su mirada, en su forma de actuar, hasta en su lenguaje, dejaba de ser el Manuel que ella conocía, era capaz de sentir el odio que él sentía, la impotencia, el dolor que le había causado la desaparición de ese niño, su muerte. Aunque decía que era algo que pertenecía a su pasado, no lo tenía superado, seguía doliendo mucho, incluso podía percibir su violencia, se transformaba por completo. Esta vez no había sido capaz de pararle, no puede hacer nada, dará una vuelta recapacitará y volverá a casa, tengo que esperarle en casa, pero no puedo dejar el coche, si hace falta llamo a una grúa, no pienso dejar aquí el coche. Si  necesitaba estar solo, vale, lo entiendo, es normal, tiene que ser duro enterarse de algo así, si estuviera segura de que no iba a hacer ninguna tontería, se iría a casa a esperar. Gema, es capaz de hacerle cualquier cosa, más vale que no la pille, le arruina la vida, seguro y la mía, no puedo permitir que la vea ahora.

Marcó su número.

-¿Dónde estás?

-en mi casa, ¿porqué?

-¿en Burgos?

-sí, ¿qué pasa?

-nada, nada.

Colgó. No voy a permitir que se lleve el coche, Andrés, que venga hasta que yo coja las llaves de casa.

-si Manuel se quiere llevar el coche, yo no voy a poder hacer nada, Marian, todos conocemos el genio que tiene, puedo entretenerle si quieres mientras tu vienes, pero nada más.

-inténtalo, en menos de media hora ya he vuelto.

Llamó a Luisa por el camino para que la ayudase a llevarse los dos coches.

Ojalá este en casa esperando, ojalá me este asustando en vano, si pudiera llegar a su cabeza, alguna vez lo he hecho, pero para eso tengo que estar relajada, ahora no podría, luego lo intento. Seguro que está en casa, me estoy preocupando sin motivo.

Cuando volvió a por el coche, Manuel se lo había llevado. Se le cayó el alma a los pies.

-Luisa qué hago.

-no se puede hacer nada, vamos a casa ya irá él. Se le pasará el cabreo, vendrá. Vamos a casa Marian, aquí no hacemos nada.

-nos damos una vuelta por ahí, igual lo vemos.

-puede estar en cualquier sitio, vamos a casa, él sabe que le estas esperando en casa, ya irá.

-llama a Fermín igual le ha llamado, a lo mejor él sabe dónde está.

-vale, en casa le llamamos.

-me estoy poniendo mala

Fue directa a sentarse en el sofá, justo en el sitio donde él se sentaba. Iba a relajarse e intentar hablar con él, ya lo había hecho en otras ocasiones, siempre como un juego, ahora tenía que hacerlo de verdad, poniendo todo su empeño. Era muy difícil relajarse en el estado de nervios en el que se encontraba, nada de lo que intentaba le funcionaba.

-me voy a preparar una tila ¿quieres algo Luisa?

-ya me encargo yo, quédate ahí tranquila.

Por fin consiguió relajarse, habló con él, es la mejor forma de centrarme.

Hola cariño, ya sé que estás mal, pero escúchame, resolveremos esto juntos, ya no estás solo, ya no estamos solos, lo que hagamos es cosa de los dos. Piensa en esa niña, aísla todo lo demás, solo esa niña. Yo estoy deseando conocerla, ¿te imaginas? Se parece a ti, dice Fermín que hasta tiene tu genio, piensa en ella, Manuel, ¿te imaginas lo que tiene que ser para ella conocerte? Tener un padre como tú, no sabemos qué vida a llevado, estamos a tiempo de lo que sea. Piensa en ella, te necesita, lo mismo que yo. No hagas ninguna tontería, ¿qué haríamos las dos sin ti? Sé que me estás escuchando, llámame voy a buscarte, dime dónde estás, cariño. No olvides nunca que te quiero, piensa en lo que estamos viviendo los dos, en el regalo que el destino nos ha concedido, en tu hija, Manuel, se merece conocerte.

Lo vio sentado. ¡Claro qué boba! Cómo no me he dado cuenta antes.

-ya sé donde está, Luisa, vamos.

-ya vendrá, ten un poco de paciencia

-está en el restaurante de la frontera, ahí es donde suele ir cuando está mal y necesita relajarse, vamos, corre.

-para, Marian, si lo que quiere es estar solo, ya vendrá.

-no, vamos, se que espera que vaya.

- esperamos a Fermín.

-no.

-vamos en mi coche, no subo ahí arriba con tu trasto.

-vale, como quieras.

-igual te estás haciendo ilusiones, y a lo mejor no está ahí.

-está. Estoy segura.

Entró en el restaurante, el dueño le hizo una seña de que estaba fuera, en la trasera de la casa.

Se encontró un Manuel hundido, con la mirada perdida, con alguna cerveza de más, que la miraba como si no fuera real.

-¡hola guapo!

Se agarró a su cintura y lloro. Un llanto desgarrador, salía del fondo de su corazón, había desaparecido el odio, la rabia, la violencia. Quedaba un Manuel, inmerso en una profunda tristeza, herido, necesitado de cariño. Otro Manuel que no conocieres curioso, él se ha preocupado de mirar en mi interior, pero de verdad, ha ido quitando capas. ¿Y yo? Me apoyo tanto en él, parece tan fuerte, pero ahora parece un niño perdido. Acarició su cabeza, su cara, secaba sus lágrimas, aguantando ella las suyas.

Poco a poco, fue cesando el llanto, se sentó a su lado, para pode verle la cara, reconfortarle, cubrir su cara de besos, abrazarle y dejar que él la siguiera abrazando, tragando saliva para no llorar, tenía que ser fuerte, llevar ella las riendas.

-gracias, cariño, por tu comprensión,…

-gracias a ti por dejarme compartir estos momentos contigo, estamos juntos en todo, en lo bueno y lo malo, todo ,Manuel, lo quiero todo.

-qué suerte he tenido, eres lo mejor que he tenido en mi vida.

-vamos a casa o pedimos aquí habitación, y nos quedamos tranquilos.

-no, vamos a nuestra casa, tendrás que conducir tu.

-ya apestas a cerveza, me tomaré yo una en casa para equipararme contigo.


Autor : Marian Etxezarreta

1 comentario:

  1. los pucheros de kasioles28 de mayo de 2011, 19:24

    El tener una persona a tu lado que te quiera, te comprenda y sea capaz de afrontar contigo todo tipo de adversidades,es de un valor incalculable. El amor es así, solamente nos preocupa la felicidad de nuestra pareja, en cantidad de ocasiones, nos olvidamos de nosotras para pensar en los demás.
    Saludos.
    Kasioles

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