6 de junio de 2011

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Bajar Para Salir

Una pared siempre tiene juntas, rendijas, levantamos muros ocultando las uniones, pero están, tranquilo, el trabajo es encontrarlas. Miro alrededor, la habitación es un círculo perfecto.
Una delgada línea de luz dibuja el encuentro entre el piso y la pared y brumosa, se pierde hacia arriba, angostando el techo como en una pirámide trunca, en lo oscuro.
Tratando de ver, apoyo el costado de la cara en el piso, es cálido, huele a madera, el rayo a la vez me ilumina y me ciega.
Me incorporo, puedo ver mis manos tocar la pared a la altura de los hombros, detrás de una tenue nube, busco la rendija. Recorro toda la superficie, lentamente, apoyando los cinco dedos al principio, toda la palma después, tranquilo, el lugar es confortable, podría quedarme aquí esperando que de pronto alguien abra una puerta o seguir buscando una salida en la penumbra.
Mientras una parte de mi cerebro me invita a abandonarme, a relajarme, otra ya ha dado una vuelta entera sin encontrar nada, la pared perfecta, sin uniones, apenas reconocida en la oscuridad.
Dejo deliberadamente para el final la inspección del encuentro entre al piso y la pared, hace rato que tengo una idea, pequeña, que después del fracaso de la primer inspección, toma el control de la situación y se hace grande, importante, única, la junta está en el piso, por allí se ha colado durante todo el tiempo la luz.
Empiezo a empujar lenta pero firmemente la pared hacia adelante, estoy seguro que si lo hago bien el piso empezará a moverse hacia el otro lado, bajo la cabeza para aprovechar mejor la fuerza de los hombros, empujar sin ver, sin saber hacia donde conviene ir, solo empujar, así, firme.
Mientras doy el primer paso, pienso con claridad que estoy encerrado,  lo comprendo sin angustia, toda mi energía está centrada en buscar la salida, sé que está en el piso, vagamente recuerdo una escalera, entonces tengo que bajar.
Para salir tengo que bajar, esta idea me inquieta por primera vez, para salir tengo que bajar.
Lentamente voy moviendo la pared, con esfuerzo venzo la tendencia de los cuerpos a permanecer en el estado en que se encuentran, la muevo hacia un lado y otro cada vez mas rápido. Apoyo las dos manos, ahora la inercia está a mi favor, piso con firmeza, bajo un poco la cabeza, la estoy moviendo, el ritmo es sostenido. Voy haciendo círculos, abro los ojos en la oscuridad justo en el momento en que veo como el haz perfecto de luz se corta y aparece el hueco, no puedo parar, la pared se desliza sobre el agujero y yo entro con el pié izquierdo. De pronto desaparece la resistencia en mi mano, me voy hacia delante, alcanzo a arañar con la derecha la textura lisa de la pared, como la otra pierna se traba en el borde, tarda mas en entrar  y me obliga a girar en el aire, mejor, caigo de espaldas.
Tenso los músculos del torso ya para esperar el golpe, prefiero caer siempre así, juntando el hombro y la parte de atrás del brazo, apenas de costado y no caer parado, por ejemplo, como dicen que es mejor los que no saben, porque nunca se cayeron. Es así, las piernas y las caderas sufren más que la espalda, aunque es importante cuidar que el giro no sea demasiado brusco para  no golpearse la cabeza.
Mientras caigo pienso claramente en estas cosas, en realidad son ideas se hacen lugar en mi mente, se mezclan con los reflejos de luz que suben, vertiginosos, en la penumbra del hueco.
Entonces te veo, es decir, veo tu brazo extendido, como siempre y como cada vez que me traga el agujero, voy a dudar entre empezar a buscar de nuevo la salida colgado de tu mano y la caída conocida, el golpe calculado en el fondo del pozo.     
           
Autor : O. Barales


Sin blog por el momento

1 comentario:

  1. Una muy interesante obra que expone en forma visual las sensaciones que a todos nos atacan fieramente.
    Bravo.

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