5 de julio de 2011

el comentario 3 comentarios

Elvira


Mi nombre no importa. Pero quiero contaros algunas cosas de Elvira, mi vecina.

Vive enfrente de mí  al otro lado de la calle donde resido habitualmente.

Es muy anciana. Casi siempre permanece sentada en un cómodo sillón instalado en el porche, cuando el tiempo lo permite, rodeada por sus flores y plantas.

Y digo por sus flores, porque son de ella.  Comenzó hace bastantes años, la hermosa labor de decorar el jardín de su casa.  De esta última, ya que Elvira ha vivido en varias anteriormente.

Y aunque ahora, rara vez, se ocupa de cuidarlas, le gusta mirarlas, ver como crecen sus preciosas flores, como las plantas se alzan ante ella como para darle la bienvenida.

- Buenos días,  parecen decirle, saludándola en su idioma vegetal, mudo pero comprensible para ella.

Le encanta comprobar como florecen en cada estación, renaciendo e impregnándose de belleza, y se siente inmensamente triste cuando mueren algunas.

Sus movimientos son lentos, tiene ochenta y tres años (me lo dijo ella misma).  Pero todavía conserva la mente  lúcida. Es capaz de acordarse de casi todos los nombres de sus flores y plantas. Y sobre todo de sus olores. En muchas ocasiones, los asocia con sus vivencias. Cada flor  o planta, guarda un significado distinto.

Así los jazmines poseen el aroma de su infancia, la trasladan a aquel período temprano de su vida, cuando correteaba por las calles de su pueblo, y se veía sorprendida gratamente por su aroma.

O la intensa fragancia de las rosas rojas, aquellas que de vez en cuando le regalaba su futuro marido en sus paseos de enamorados.

También las blancas amapolas le traen a su memoria los campos de su lugar de origen,  donde nació y vivió durante muchos años.

A mi me gusta sentarme junto a ella, muchas tardes, cuando dispongo de algún ratito libre.

Me entusiasma cuando empieza a contarme historias de su pasado.  A través de sus explicaciones, contemplo  un mundo ya perdido. Es como si me retratara con la vieja cámara fotográfica de sus remembranzas, las imágenes de sus gentes, y su manera de vivir, como trabajaban, como sufrían, como confiaban en sus costumbres.

La manera de narrar de la anciana, se asemeja a los viejos contadores de historias. Ella es la abuela que todos tuvimos o quisimos tener alguna vez.

Su rostro surtido de arrugas, no me parece feo. Y sus manos arrugadas me parecen sabias. Las acaricio y sé que  ella se emociona cuando lo hago.

Las muestras de cariño a su edad, la enternecen.

Elvira es bella por la serenidad que transmiten sus ojos.

También sé que la tristeza le acompaña. Lo noto, cuando percibo como la pena se instala en su mirada.

Son los momentos que junto a mí, me hace participe de sus desdichas. Entonces sus recuerdos la hieren, cuando  piensa en los seres que estuvieron con ella y ya no están.

Más, tras esos momentos de añoranza, la tranquilidad vuelve a su existencia.

Estando con ella, me contagió de su paciencia.

Porque sentada espera sin miedo, el final de su viaje vital. No tiene prisa de que vaya la muerte a buscarla, pero tampoco desea su llegada.

Sabe que tarde o temprano vendrá, y eso es algo que no la preocupa demasiado.

Lo único que quiere es que su alma acuda feliz al encuentro de la paz eterna.



Autor : Mágica Hilda



3 comentarios:

  1. Estimada Mágica Hilda. Le damos la bienvenida a nuestro pequeño colectivo de autores esperando que disfrute su participación y desee seguir compartiendo con nosotros otras de sus obras. Al pie del post y en la parte inferior de la página se encuentran los enlaces a su sitio.
    Si desea colaborar con la difusión de nuestro espacio, agradeceríamos infinitamente coloque en su blog una de nuestras insignias.

    Desde ya muchas gracias y bienvenida nuevamente.

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  2. Hola, encantada de compartir mis escritos con ustedes. Ya me coloqué la insignia en mi blog. Les mando un saludo.

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  3. Yo la conozco a esa señora. Muy buena estampa. Felicidades y bienvenida al blog.

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