1 de julio de 2011

el comentario 2 comentarios

Karl y el torpe demiurgo

-¿Bloqueada?
-Desde hace tiempo, sí.
-¿Tienes idea de por qué?
-Ninguna en absoluto.
-Hummmm..., y yo que creo que no es un caso de bloqueo.
-En realidad, yo también lo pienso, Karl. Es más una cuestión de...
-Pereza vital.
-Sí, eso creo.
-Últimamente te acomete con cierta frecuencia. ¿Eres consciente?
-Hasta hace poco, no; pero desde hace algunas semanas vengo dándole vueltas al asunto y creo que sí, que se está volviendo recurrente en exceso esta tendencia a la flojera existencial.
-Tampoco exageres... Cualquiera que te oiga te imaginará al borde del suicidio. Pero yo te conozco, sé cómo eres y, además, te veo todos los días; por ello sé que, al contrario de lo que esas palabras pudieran dar a entender, te sientes optimista, alegre y pletórica de energía.
-Sí, eso es. Así me siento :-)
-Olfateas cambios.
-Quizá.
-¿Sólo quizá?
-Bueno...
-¿Sí...?
-Algo intuyo, no sé qué..., ni cómo..., ni cuándo..., ni dónde..., pero desde hace algún tiempo... percibo algo...
-No intentes describirlo. Creo que tus balbuceos son suficientemente expresivos. Has logrado que lo entienda. Sé lo que quieres decir. Pero..., ¿entonces...?
-Entonces, ¿qué?
-¿A qué se debe esa pereza vital que te "bloquea"?
-Ni idea... Aunque, como puedes ver, en un rato de charla contigo me he sacado una entrada de la manga.
-¡Qué cara tienes!
-¿Por qué, Karl?
-¿Quieres decir que publicas nuestras conversaciones?
-¿Es que te importa?
-¡Pero cómo no? ¿A ti no te importaría o qué?
-Bueno, Karl..., al fin y al cabo eres mi creación, recuérdalo, de modo que no entiendo por qué te sientes tan ofendido. Se supone que debes comportarte como yo diga y expresar aquello que yo desee.
-Pues vaya una situación la mía. ¿Y el libre albedrío?
-¿El libre qué?
-Al-be-drí-0. ¿Te has vuelto tonta o qué?
-¡Eh!, baja esos humos, Karl.
-¿Cómo quieres que los baje? Mira cómo me tratas... ¿Acaso me crees tu esclavo o qué?
-No, eres mi Querido Amigo Lector, pero no puedes tener libre albedrío, Karl.
[...]
-¡Karl! Eh..., Karl...
-¿Qué?
-Vamos..., Karl, no te pongas así... No me gusta verte con ese aire tan sombrío.
-Lo siento, pero no puedo evitarlo.
-Pero Karl..., eres más que mi creación. Eres mi amigo.
-¿Por qué, Sara?
-¿Por qué..., qué, Karl?
-¿Por qué no puedo gozar de libre albedrío?
-Karl...
-No te andes con rodeos.
-Pero, Karl... ¿No eres feliz?
-No me vengas con memeces, Sara. ¡Dime por qué!
-Porque no tienes alma, Karl. Y yo no soy Dios para dártela.




2 comentarios:

  1. Un texto con emoticón no puede pertener a otro ámbito más que éste.
    El lector agradecido aunque carezca de libre albedrío.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Sí, ciertamente el texto fue pensado como entrada de blog, así que no es de extrañar el emoticón :-)

    Todos los lectores, incluso los que me invento, como el pobre Karl, deberían tener derecho al libre albedrío. Practicaré en el laboratorio, por ver si en la próxima ocasión ando más habilidosa y soy capaz de que Karl vaya dotado con libre albedrío de serie :-)

    Un abrazo y gracias por su comentario.

    ResponderEliminar

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