3 de septiembre de 2011

el comentario 6 comentarios

ESTOY PERDIDA


Madre mía qué guapo está! No sé si dejarle ir.

-anímate y ven conmigo, cachorrita, estás a tiempo.

-no me gustan esas cosas, a demás, no conozco a nadie, con lo guapo que vas no sé si dejarte ir.

-ven a vigilarme, voy a estar rodeado de mujeres guapas.

-¡que te den capullo!

-no te enfades, nena, iría más a gusto si vinieras conmigo.

-nos vemos a la noche, voy a llamar a mi hermana y quedaré con ella en Donostia

-como quieras.

-pórtate bien, tu problema es que eres demasiado guapo.

Manuel rió complacido.

-solo soy guapo para ti, para los demás soy del montón, no te preocupes los hay más guapos que yo.

-imposible, pero vamos a dejarlo ahí, no vaya a ser que te lo creas, bésame, déjame tu sabor hasta la noche. Piensa en mí.

-no hay otra cosa en mi cabeza, cariño. Ven conmigo, venga anímate.

-no, lo siento, no me siento a gusto en esos sitios.

Quedó con Mari en la playa, no le hacía mucha gracia, pero no protestó. La playa solo le gustaba para pasear, menos mal que todavía mucha gente no habrá, si no, paso, no me gusta, no lo soporto.

Se montó en el coche, ya casi arrepentida por haber quedado, hubiera estado más a gusto en casa, pero le vendría bien pasar un día fuera del pueblo, casi nunca salía del entorno. Ya no había remedio. No calculo bien el tiempo, iba a andar un poco justa, aceleró en la autopista, le encantaba hacer eso. A la entrada de la ciudad se encontró el primer atasco, empezaron los nervios, tenía que haber salido antes, ya no llego, bueno tranquila, ya esperara. El problema empezó cuando fuese por donde fuese, siempre acababa en el mismo sitio, ¿no voy a ser capaz de llegar al parking de la Contxa? pero bueno, esto no puede ser, me he criado en esta ciudad, la conozco de sobra, ¿por qué coño cambiaran las calles? ¡Qué manera de liarla! ¡Imbéciles! El reloj llevaba su curso normal, pero a ella, le pareció que corría demasiado. Los nervios empezaron a no dejarle pensar, volvía a acabar en el mismo sitio, imposible. La angustia se apoderó de ella, no era capaz de llegar, el erizo de su estómago se despertó y empezó a hacer de las suyas. Se sintió perdida, si pudiera dejar el coche en cualquier sitio, iría andando, no está tan lejos, imposible aparcar, ningún sitio le parecía bien. Le costaba respirar, la ansiedad se la comió enterita. Paró el coche, intentó relajarse, esto es absurdo, no puedo sentirme perdida en mi ciudad, hace tiempo que no vengo sola, da lo mismo que cambie el sentido de las calles,  si me relajo encontraré la forma de llegar, solo tengo que tranquilizarme. Pensó en llamar a Manuel, no le pareció oportuno molestarle con semejante ridiculez. El erizó clavó todas sus púas en la entrada del estómago, aguantó como pudo el dolor y las ganas de vomitar. Dios mío ayúdame, no se para donde tengo que ir, no sé qué camino tengo que tomar.

El teléfono empezó a sonar, era Mari, mantuvo la compostura como pudo.

-no tardo nada, es que no encuentro aparcamiento, pero ya está. Diez minutos.

Respiró profundamente, se recompuso, buscó aparcamiento y fue al encuentro de su hermana. No fue buena compañía, no tenía ganas de hablar, ni de reír, ni de nada, en su cabeza solo estaba Manuel, lo echaba muchísimo de menos, soy una egoísta, pensaba, tenía que haberlo acompañado, él no me hubiera dejado sola, cuando lo vea, tengo que disculparme, no me he portado bien ¿qué coño pinto yo aquí? Con él tenía que estar, Dios cómo le echo en falta, deseaba oír su voz, pero no quería molestarle.

-¿va todo bien con Manuel?

-estupendamente, la vida siempre da una segunda oportunidad.

-me alegro. ¿Comemos?

-vale.

Con lo a gusto que estaría comiendo con él ahora, en fin, mi hermana no tiene la culpa, le estoy dando el día.

-¿cómo van tus cosas?

-sin más – hizo un gesto con los hombros.

-es difícil, ¿te acuerdas cómo estaba yo cuando intente separarme de Oscar?

- sí, pero no es lo mismo, tu no lo tenias claro, yo lo tengo clarísimo.

-sí, ahí tienes razón. No es que no lo tuviera claro, fui una cobarde, no me atreví a hacer lo que yo quería.

- te lo puso muy difícil, pero si lo hubieras tenido claro, te hubieras separado. Ya da lo mismo, Marian, ese problema con Oscar no lo vas a tener.

-no, Estoy tan bien con Manuel, que ni me acuerdo de él.

-pasado, Marian.

- de toda mi vida, me quedo con el presente, no veas lo que le estoy echando de menos.- dijo riendo.

-¿porqué no has ido con él?

-porque soy tonta del culo, haber si hay suerte y no se da cuenta.

La melodía que le tenía asignada en el móvil, empezó a sonar, hasta su corazón cantaba, se puso nerviosísima, ¡increíble!

-hola guapo, ¿qué haces?

-hola gatita, ¿sigues en Donoti?

-sí, estoy con Mari.

-¿me esperas y nos damos una vuelta?

-vale, ¿tardas mucho?

-ya estoy saliendo, una hora larga ¿todo bien Marian?

-ahora sí. Agur, cariño.

-viene para aquí – dijo nada más colgar.

-te ha cambiado la cara.

Ahora si tenía ganas de reír, pero se le hizo la hora larguísima, vivió cada minuto, como si fueran dos. Lo vio aparecer, ¡pero qué guapo! Venia sin corbata, con los primeros botones de la camisa desabrochados, las mangas remangadas, ya está preparado para ir a la huerta, le hizo gracia su pensamiento, se reía, no podía parar de reír. Venía con compañía, le pareció que le sonaba su cara, pero ella, solo tenía ojos para él, necesitaba ver sus ojos, tocarle. Estaba emocionada.

La saludó con un beso en la mejilla, pasándole el brazo por la cintura, buscando el michelín, que no encontró y una mirada, que hizo que su corazón se desbocase.

-Juanan, Marian, mi mujer, Mari, mi cuñada.

-encantadas – contestaron las dos a la vez.

-¿no te acuerdas de mí, Marian?

-me suena tu cara pero no caigo.

-yo vivía en txomin.

-sí, ya me acuerdo, Juanan. ¿Qué es de tu vida?- le dio por reír.

-sigues igual, así que eres tú la que se ha llevado a Manuel.

-así parece.- más risas

-qué pequeño es el mundo. Manuel habla mucho de su mujer, últimamente no habla de otra  cosa – dijo riendo- nunca me hubiera imaginado que podías ser tú.

-ya ves, pues soy yo. Han pasado muchos años, unos treinta. ¿Ya no estás de Artzaintza?, fue de los primeros.

      -lo dejé, ahora tengo un hostal en la parte vieja.

-claro, por eso has ido al congreso.

-está igual, tío, la misma sonrisa, la misma risa. Bueno os dejo, encantado de volver a verte. Manuel, nos vemos, Mari.

-yo flipo con esta, como se acuerda la gente de ella, y ella de la gente, no te puedes hacer ni idea de la cantidad de gente que me pregunta por ella.

-tienes una hermana muy especial, no es cualquiera, es de esas personas que marcan, te lo digo yo.

-qué chorrada, Manuel.

-a la vista está, nena.

-yo también os dejo, me toca trabajar, ya nos veremos.

Por fin solos, se emocionó al volver a tenerlo para ella sola, se abrazó a él con fuerza, necesitaba su contacto, él reaccionó al instante, abrazándola, dándole todo lo que necesitaba, besándola, acariciándola.

-te he echado muchísimo de menos.

-y yo a ti también, cariño, llevas todo el día llamándome.

-no te he llamado, lo he pensado, pero no lo he hecho.

-tu no necesitas utilizar el teléfono, para llamarme.

-lo siento.

Volvieron a besarse con la ansiedad de dos amantes que llevan mucho tiempo sin tenerse.

El teléfono interrumpió el momento, estaba tan cerca de él que escucho la conversación. Era Juanan, invitándoles a cenar. Negó con la cabeza, ni hablar. Manuel puso una escusa y quedaron para  otro día.

-¿no te apetece verle?

-no, quiero tenerte para mi sola.

-me alegro.

-¿estas celosillo? –dijo coqueteando.

-un poco, has tonteado con él, que te he visto.

No pudo evitar reírse.

-siempre tonteaba con él, la verdad es que no se porque, nunca hubo nada.

-pues deja de hacerlo.

El camarero se acercó a ellos, Manuel pidió un combinado.

-tendrás que conducir tu.

-no, no. No pienso hacerlo, así que no bebas más.

-¿qué ha pasado?

-ya te lo contaré en otro momento, ahora quiero estar tranquila.

-vale, guapa, preciosa, eres lo mejor que he tenido en mi vida, la próxima vez no voy a permitir que te quedes, tienes que venir conmigo.

-no pienso volver a dejar que vayas tu solo.

-¿has tenido un susto con el coche?

-no, puedes estar tranquilo, no me he cargado el coche.

-¡nena! Ya te vale.

-lo que si te digo es que igual se lo ha llevado la grúa, tendrás que pasar a rescatarlo.

-ya mandaré mañana a alguien, olvídate de eso, sonríe no quiero verte seria.


6 comentarios:

  1. El final es lo mas sensato,sonrie siempre aunque solo sea para desarrugar el rostro.Precioso lo que has publicado.Besos.

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  2. Manuel tiene razón cuando dice que los hay más guapos, y Marian no se equivoca al creerle guapísimo ya que, en las relaciones amorosas, sobre todo en el inicio, la efervescencia hormonal empaña la realidad y nubla la razón, eso sí, es sin duda la mejor época en la vida de la pareja.

    Saludos.

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  3. Llego hasta aquí a través del enlace de Marian y me alegro de haberos conocido. Con vuestro permiso añadiré este sitio a la lista de un blog colectivo del que soy administradora.

    Por cierto, esta bitácora tiene un diseño espectacular. ¡Enhorabuena!

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  4. Muy ameno tu relato, Marian, y bien relatado :-)

    Saludos

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  5. Un relato muy dinámico, armónico, con mucha cadencia y muy significativo -sobre todo el final- . Gracias por compartirlo.

    Un fuerte abrazo desde Galicia.

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  6. El monólogo interior está bien llevado, aun así yo jugaría con los signos de puntuación, necesita más comas, puntos suspensivos, etcétera.

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