18 de septiembre de 2011

el comentario 5 comentarios

Imborrable


Más que nada son sus ojos lo que más recuerdo, no me explico por qué; habiendo pasado un vendaval de años, sus ojos me siguen por donde voy. El color almendrado que resaltaba en su rostro aceitunado, siempre seguirán allí, iluminando su memoria, su recuerdo; aunque de ese recuerdo solo queden cenizas que puede recoger el corazón. Olvidé su voz, sus gestos, bueno quizá no todos, olvidé cuantas veces me hizo el amor, (ayer viendo en la playa una pareja besándose lo recordé, cuando en la arena cierta vez nos amamos), como caminábamos por la calle, mas no podré arrancarme nunca su forma de mirarme, sus ojos al decirme que me quería, o a veces solo al mirarme se cerraban para decirme que me amaba hasta el dolor; sus lágrimas de hombre al decirme adiós por última vez. Pero irónicamente el último instante en que me abrazó, antes de perderlo definitivamente, sus ojos estaban cubiertos por lentes oscuros; quizá era para ocultar el dolor que emanaba, o para que no pudiera leer la verdad: que nunca volvería, que nunca me amó, no querré saberlo jamás.

No podré olvidarlos, en ellos vivía toda la tristeza, todo el pasado que lo atormentaba, todo el amor que quiso darme y no pudo. El tiempo voló tan velozmente, hubiera querido detener ese último día, al lado del ascensor que se lo llevaría para siempre, hubiera querido parar esos segundos y quedarme abrazada junto a él, dándonos el último beso, que el tiempo se detuviera allí con él. Hubiera querido quedarme algo más que con el recuerdo de sus ojos. Odio a veces ese tiempo tan implacable que se lleva tanto, que no deja nada; odio recordarlo y sentir sus ojos en mí como si no me dejara olvidarlo. El tiempo, la vida nunca tienen respuestas, se quedan callados, nunca hay explicación para responder cuando se pierde lo más querido, lo más anhelado. Solo queda burla, frustración.

Fue un amor de esos que pasan por la vida sin dejar rastro, ni dirección, un amor sin huellas para reencontrar su destino. Y hoy que perdí juventud, ilusiones, alegrías, hoy que me dejó la soledad atrapada en esta telaraña de recuerdos, siguen sus ojos atormentándome dentro del alma, persiguiéndome, buscándome a través del tiempo, como suplicándome que los deje aquí… guardados en mi ser, donde siempre se cerrarán para decirme de la tristeza que se fue con ellos.

Autora: Maria Jose Acuña Belaustegui

5 comentarios:

  1. Los ojos, puerta de entrada que acoge o abismo insondable de eterno recuerdo, siempre sufrido, nunca borrado.
    Me encanta vuestra iniciativa.

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  2. Le damos la bienvenida a nuestro Colectivo Imaginario y Club de Autores, esperando se sienta cómoda y siga compartiendo sus obras con nosotros.
    Para NSE es una alegría contar con sus letras.

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  3. Buen texto.

    Felicidades Maria Jose, y bienvenida.

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  4. Muchas gracias por su bienvenida y sus comentarios que me animan a seguir, desde muy joven escribo poetisa pero desde hace algun tiempo estoy intentando escribir prosa, un abrazo

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  5. Una mirada nunca se olvida.

    Me ha gustado "contemplar" sus letras.

    Un abrazo

    Mario

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