24 de octubre de 2011

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Invierno.







- Hace frío.
La mañana se colaba desesperadamente entre las persianas.
Aroma a café y cigarrillos de vainilla en el ambiente.
- ¿Tú crees? Yo no lo noto.
- Será porque tu piel aún respira fuego.
 Se acurrucaba en el sofá. Pensativamente.
- Siempre me gustó el invierno. Aporta equilibrio a mi vida.
Abandonó el cuerpo a su lado. Estaba caliente. Arraigada en la primavera. Floreciendo.
- ¿Cómo lo haces? ¿Cómo es posible vivir así? 
- Me muero. Me muero cada noche y vuelvo a nacer cada mañana. 
Como ave fénix resucitaba de sus cenizas con el primer rayo de luz. Dormía con la luna y se ocultaba cuando asomaba el sol.
Eres todo lo que no soy.
- Todos somos algo que no son los demás. Supongo que eso es lo que más me sorprende del mundo. Impaciente por convertirse en algo, sin tener en cuenta, sin valorar, lo que esconde trás un muro de inseguridades. Hay tantas cosas que no queremos ver por miedo...; desperdiciamos el tiempo; perdemos nuestro instinto; abrazamos la rutina y nos olvidamos de lo que queremos, de lo que ansiamos, de lo que somos. Todo es cuestión de fé ¿sabes?
- Acabaré por volverme loco. Acabarás por volverme loco. Pero si es eso lo que me espera por secuestrarte aquí cada día, realmente no me importa.
- Espero que llegues a ello. Entonces, y sólo entonces, conseguirás comprenderlo todo. 


Había pasado la mejor noche de su vida. Y la más terrible de las mañanas.
Cuando desapareció por la puerta, corrió una brisa de aire helado. La primavera se había ido con ella.
Y el invierno, ya no parecía tan reconfortante como hacía unas horas.




Autor: Alice.





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8 de octubre de 2011

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entre el bolero y el spam




He leído en un exitoso blog, que la blogosfera, es sinónimo de soledad, yo creo que es una afirmación en exceso contundente, y ese “café para todos”, me parece un error.

Vamos por palmos.

Quien no se siente solo en alguna ocasión? Quien a pesar de tener pareja, familia, hijos, amigos, no echa en falta una complice de su sensibilidad? Quien, pese a todo, a veces no encuentra sentido a nada? Que levante la mano, el afortunado, que este exento de estas carencias. No hay manos.

Este medio, tiene tantos tipos de adeptos, como pueda tener el bar de la esquina, un gimnasio, un club musical, o las calles por donde transitamos dia a dia. Un revoltijo de personalidades, un sinfín de objetivos diversos, y una ensalada de ideas, aderezadas con diferentes tipos de salsas.

No creo que un blog ,un foro, o cualquier otro sistema de comunicación en Internet, cambie el temperamento que ya teníamos antes del invento, solo que este chisme amplia las posibilidades, suprime distancias, abre ventanas con mas facilidad, y crea lazos invisibles, que cada uno procesa según sus necesidades. Si además, acompaña y beneficia, bienvenido sea.

Para mi, escribir en un blog, es muy parecido a soltarle el discurso a un amigo, sentados en una mesa, donde lo único que tienes en medio, son dos tazas humeantes, y el interés mutuo. La diferencia es que no tienes que desplazarte, quedar a una hora, el amigo puede “escucharte” las veces que quiera, tu tienes la oportunidad de “oírte” repetidamente, reflexionar, y rectificar. Vuelcas tus sensaciones, sin que las frene una palabra, un gesto o una mirada, y para remate puedes sorprenderte con opiniones desconocidas.

El solitario, estará solo con blog o sin el, porque los destierros suele hacérselos uno mismo.




Autor : Noah
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7 de octubre de 2011

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Solicitamos su colaboración para mantener la estética del Blog.


Uno de los problemas que se observan frecuentemente en el blog es el de la imposibilidad de editar correctamente los post para que queden con la estética unificada que hemos predefinido.
Las publicaciones que nos dejan los autores muchas veces contienen graves problemas que nos demandan mucho tiempo y esfuerzo en su resolución.
Para simplificar la tarea y teniendo en cuenta que la mayoría de los autores cuenta con un blog personal hacemos la siguiente recomendación.

Aún cuando usted cuente con el post ya publicado en su blog le recomendamos que no lo copie y pegue directamente en NSE. Le aseguro que aunque parezca complicado, siguiendo estos pasos tendremos menores problemas en el área de publicación.

Para quien sea entendido y los pasos le resulten incómodos, se trata simplemente de copiar código HTML en lugar de la parte visual de un post.
Para el resto dejo el paso a paso esperando que les sea de utilidad.


1-Cree una Nueva Entrada en SU blog y manténgala como borrador.

2-Coloque una imagen de su elección en la parte superior, céntrela y asígnele el tamaño MEDIO.(picando sobre la imagen)

3-Copie el texto que desea publicar y péguelo en la nueva entrada a continuación. 

4-Píntelo con el botón izquierdo del mouse y con la tecla Tx de su editor (segunda de derecha a izquierda) elimine cualquier formato extraño que pueda contener.

5-Es posible que el texto se desacomode un tanto. Elimine los espacios en blanco innecesarios y ajuste su ubicación en la plantilla.
.
6-Agregue al final el nombre del autor y pegue la imagen que oficia de tecla con el texto "IR AL BLOG DEL AUTOR".

7-Con el botón derecho del mouse presionado pinte la dirección de su blog y con el botón derecho elija copiar. (Si está seguro de no cometer errores puede escribirlo manualmente más tarde)

8-Marque la imagen que oficia de tecla con el texto IR AL BLOG DEL AUTOR y clickee sobre la barra superior en el texto "Enlace", Vuelva a cliquear sobre la imagen y repita sobre "Enlace" hasta que le aparezca un campo de texto con la leyenda ¿A qué URL debería dirigir este enlace?. Sobre el campo en blanco posicione el cursor y con el botón derecho del mouse proceda a Pegar la dirección de su blog o a escribirla manualmente sin errores.

9-Guarde los cambios con GUARDAR AHORA y verifique que todo esté en orden mediante la VISTA PREVIA

Usted habrá logrado en este estadio crear un post que puede ser exportado a cualquier blog y que no perderá su formato en el transporte.

Para llevarlo de SU blog a NSE deberá seguir los siguientes pasos:


10-En SU blog seleccione la lengüeta Edición de HTML. Aparecerá el código HTML que conforma su post.

11-Con el botón izquierdo del mouse presionado pinte la totalidad del código contenido y mediante el botón derecho copie dicho contenido. Todos los datos estarán almacenados precariamente en una memoria transitoria de su equipo.

12- Abra una Nueva Entrada en No Somos Escritores.

13- Presione o seleccione la lengüeta Edición de HTML en nuestro blog  NSE.

14- Coloque el cursor en el campo en blanco y con el botón derecho del mouse elija la opción Pegar.

15-Baje hasta el campo Etiquetas: y presione Mostrar Todo. Allí aparecerá su nombre. Píquelo y ya habrá asignado su autoría en el índice del blog.

16-Guarde los datos mediante la tecla GUARDAR AHORA y haga una VISTA PREVIA para verificar como ha quedado su post.

17- Si todo esta en orden solo deberá presionar PUBLICAR ENTRADA y no tendremos que luchar con ningún problema adicional.

Si se les presentara alguna duda o se hiciera necesaria alguna aclaración adicional, las responderé con sumo agrado, sólo debe comunicármela vía email a nosomosescritores@gmail.com.
Espero les sea de utilidad.
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5 de octubre de 2011

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Delirio






Que bello es besar tu piel,
Lamer tus poros tatuados…
… recorrer tu cuerpo y alma
para dejar claro que “te amo”
Deja… que el silencio, hable.
!! Disfrutemos de esta bella velada !!
a luz de la luna llena...
No te preocupes si mengua
crece o queda en blanco;
unos días después
siempre oscila y llega
en su fase bien creada.



Quino ©
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4 de octubre de 2011

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Nos cuentan los maestros XXVI - Rodolfo Martínez

Algunas notas sobre los diálogos Rodolfo Martínez Parte II


Dar informacion. ¿Cómo?

Como cualquier otra parte de un relato, un diálogo cumple una función. Y esta, creo yo, es básicamente la de aportar información de una forma más rápida, directa y agradable al lector de la que lo puede hacer un fragmento narrativo.
Un recurso muy usado por determinados escritores del pasado es, en lugar de mostrarnos la acción, situarnos ante dos personajes: uno asiste a ella, el otro no. El primero le cuenta al segundo lo que ocurre. Era algo muy usado por Shakespeare; claro que él no lo hacía por gusto: no podía poner en escena a dos ejércitos de quince mil hombres dándose de bofetadas, así que tenía que limitarse a situar sobre el escenario a un criado que, desde lo alto de una torre le cuenta a su señor lo que ocurre en el campo de batalla.
Pero es algo que se sigue utilizando hoy en día y no es un mal método. La narración de la acción por parte de un testigo a un tercero puede ser mucho más colorista, emocionante y vital que una descripción directa de esa acción. Sobre todo, si lo que estamos narrando es de importancia secundaria para el relato y no queremos perder demasiado tiempo en su descripción, el truco del testigo siempre es útil.
Un recurso similar es el de utilizar un diálogo para que el lector se entere de acontecimientos que han ocurrido antes de que se inicie el relato, para situarle en el escenario, en el universo donde se desarrolla la historia. Esto no es peligroso cuando uno de los interlocutores de la conversación ignora lo que el otro le está contando. El que lo sabe se limita a poner en antecedentes a su amigo y punto. El problema viene cuando ambos saben lo que ha pasado y el único que lo ignora es el pobre lector.
Este es un defecto del que no escapan ni escritores experimentados. Del que, de hecho, es difícil escapar. ¿Cómo te las apañas para poner en antecedentes al lector sobre algo que todos los personajes de la novela saben ya perfectamente y que es imprescindible que el lector sepa para que comprenda perfectamente la situación?
La solución del escritor inexperto es la que yo llamo la de la intervención parlamentaria. Aquello de "Señores diputados, no les voy a decir..." y acto seguido se lo dice. No es difícil encontrar en un cuento primerizo una conversación que empieza más o menos así:

-Todos sabéis que ayer por la tarde hubo una reunión en la que se decidió...

Si todos lo saben ¿para qué lo cuenta? Lo lógico es dar esos acontecimientos por sabidos y seguir a partir de ahí. Pero el lector los ignora y hay que contárselos de alguna manera.
Pero no de esa. Eso crea una impresión de pobreza y falsedad en el diálogo. La gente no habla de cosas que ya saben para que un ente misterioso ajeno a su universo se entere de lo que les ha pasado.
La solución es, quizá, dar la información poco a poco, a pequeños retazos. Siempre que uno tenga espacio suficiente, por supuesto. Se puede intentar otra cosa, si los acontecimientos en cuestión son lo suficientemente importantes como para haber sido tenidos en cuenta por los historiadores: insertar, en mitad del relato, un fragmento de un supuesto libro donde se comenten esos hechos, como hacía Asimov en su serie de las Fundaciones con las citas de la Enciclopedia Galáctica. O, como hábilmente hace Gabriel Bermúdez en Salud mortal, conseguir que el personaje central asista a una conferencia de carácter histórico-político.
Al final, si uno es lo suficientemente hábil, puede incluso utilizar la solución de la intervención parlamentaria y hacer que el lector no se de cuenta de que las normas de la verosimilitud acaban de ser transgredidas. Pero pocos escritores pueden permitirse eso impunemente.

Los Interlocutores

Dice Umberto Eco que cuando se puso a escribir El nombre de la rosa: "las conversaciones me planteaban muchas dificultades. [...] Hay un tema muy poco tratado en las teorías de la narrativa: [...] los artificios de los que se vale el narrador para ceder la palabra al personaje". Como no hay nada mejor que un ejemplo, véase el siguiente, que es el mismo que Eco propone en su libro: dos personajes se encuentran y uno le pregunta al otro que cómo está. El otro responde que no se queja y pregunta a su vez qué tal está el primero. Como veremos enseguida, hay muchas formas en las que puede ser presentada esta conversación, y no todas son iguales:

A: -¿Cómo estás? -No me quejo, ¿y tú?

B: -¿Cómo estás? -dijo Juan. -No me quejo, ¿y tú? -dijo Pedro.

C: -¿Cómo estás? -se apresuró a decir Juan. -No me quejo, ¿y tú? -respondió Pedro en tono de burla.

D: Dijo Juan: -¿Cómo estás? -No me quejo -respondió Pedro con voz neutra. Luego, con una sonrisa indefinible-: ¿Y tú?

Umberto Eco propone un par de ejemplos más, pero estos cuatro son suficientes. A y B son prácticamente idénticos, pero C y D son muy distintos a estos y, a la vez, muy diferentes entre sí. Como vemos, la mano de un narrador se mete en mitad de la conversación y altera completamente el efecto que nos produce ésta. En C y D vemos unas connotaciones en la respuesta de Pedro que están completamente ausentes de A y B.
¿Cuál es la solución más adecuada? Tema difícil, y no creo que se pueda hablar en este caso de una solución más adecuada que otra. Cada autor tendrá sus gustos al respecto, sus propias ideas, y estas se reflejarán en la forma de presentar los diálogos. Hemingway, por ejemplo, apenas utilizaba acotaciones, nos decía muy poco sobre la voz o el estado de ánimo del que hablaba, se limitaba a transcribirnos sus palabras, para así preservar las posibles ambigüedades que pudieran surgir al interpretar el lector la conversación. Esto está bien, si uno realmente quiere que las ambigüedades que surjan queden ahí. Si no, la intervención del narrador es obligada. Al fin y al cabo, para eso está, para decirnos que Pedro sonreía maliciosamente cuando decía que estaba bien, o que Juan hablaba de forma agitada cuando preguntaba.
Mi opción personal es prescindir de las acotaciones, salvo de las más elementales en una primera escritura. Luego, cuando llega el momento de corregir el texto, vas viendo si son necesarias más, si te interesa recalcar que Juan jadeaba cuando Pedro tocó determinado tema, o si prefieres no poner sobre aviso al lector sobre las reacciones del personaje. Depende. Como ya he dicho, es una opción personal.
Lo que sí debemos tener bien claro es qué nos proponemos con un diálogo. ¿Queremos simplemente intrigar al lector, engancharle a los acontecimientos pero seguir dejándole en la ignorancia o incluso en la confusión en algunas partes? Entonces no seremos demasiado prolijos. Por el contrario, si no deseamos que el lector llegue a una conclusión errónea sobre el diálogo que acaba de leer utilizaremos las acotaciones para romper las posibles ambigüedades que surjan en la conversación.
Entroncado con esto, me gustaría comentar muy brevemente otro defecto de los escritores primerizos: utilizar demasiados interlocutores en el mismo diálogo. Una conversación a dos bandas ya tiene sus propias dificultades, pero si metemos a tres o incluso cuatro participando en ella, la dificultad se multiplica.
Los dos fallos que se suelen producir más a menudo son los siguientes:

1. Cada personaje suelta su parrafada de información y convierte el diálogo en un número variable de monólogos.

2. Llega un momento en que el escritor se pierde y no sabe realmente quién está hablando. O, si lo sabe, no es capaz de hacérselo claro al lector y es éste entonces el que se pierde.

Mi consejo es empezar con cierta modestia y precaución: dos interlocutores, tres a lo sumo. Ya es bastante difícil de por sí como para complicarnos más todavía.
Si, por razones estructurales, necesitamos que en determinada conversación haya presentes cuatro o cinco personajes, existe un truco para ello. Diseñar el diálogo como si se desarrollase solo entre dos interlocutores. Y luego, coger la parte del diálogo de uno de ellos y dividirla a su vez entre otros dos o tres personajes. Si se hace con el suficiente cuidado, el lector tendrá la impresión de que todos hablan, y la dificultad para el escritor no habrá aumentado en exceso.

Conclusión

Un pájaro aprende a volar cayéndose del nido y un escritor aprende a escribir pergeñando bodrios, a veces durante años y años y a veces, por desgracia, durante toda su vida. Las notas que he expuesto más arriba pueden resultar o no de utilidad, pero ningún consejo sustituirá a la práctica. El escritor se hace escribiendo, emborronando miles de páginas.
Y se hace también leyendo, aprendiendo cómo otros escritores antes que él han resuelto los mismos problemas a los que él se enfrenta ahora.
Y, en el caso concreto de los diálogos, se hace escuchando. Si un escritor debe ser un observador de lo que le rodea (sí, incluso un escritor de ciencia ficción o fantasía porque, no nos engañemos, estaremos en la Tierra Media o en Akasa-Puspa, pero seguimos escribiendo sobre hombres y mujeres -o alienígenas y elfos- contando qué les pasa y cómo reaccionan ante lo que les pasa), debe serlo especialmente de lo que se dice junto a él si aspira a escribir algún día diálogos que resulten creíbles como tales.
Termino ya, recomendando a cinco autores que, desde mi parcial punto de vista, han sobresalido como constructores de diálogos y quizá puedan ayudar al escritor bisoño a enfrentarse con este tema. La elección de estos cinco en favor de otros puede parecer subjetiva. No os llaméis a engaño: lo es. Son autores cuyo manejo de la conversación me ha influido enormemente en un momento u otro:
-Miguel Delibes, uno de los oídos más finos y sensibles de la literatura española. Sus diálogos en Los santos inocentes siguen siendo, para mí, el mejor ejemplo del habla rural convertida en arte que existe en nuestras letras.
-Raymond Chandler, cuyos personajes utilizaban el diálogo como arma cuando no podían hacerse con una pistola. Las réplicas y contrarréplicas de Marlowe, casi a ritmo de ametralladora, son siempre ingeniosas, fluidas, vibrantes. Sus diálogos más delirantes quizá estén en Adiós, muñeca.
-Isaac Asimov. Sí, habéis leído bien, Isaac Asimov. Sus diálogos son funcionales, no resultan casi nunca forzados y, sin florituras de ninguna clase, resultan creíbles. Como ejemplo citar El fin de la eternidad o algunos capítulos de la primera parte de Los propios dioses.
-Pese a la vacuidad de contenido de muchas de sus conversaciones, Frank Herbert y Robert Heinlein. Especialmente este último en El número de la bestia, que más que una novela (como tal resulta bien pobre) es un manual de cómo escribir buenos diálogos.



NOTAS

1.Chandler, Raymond. Cartas y escritores inéditos, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1976.

2.Burgess, Anthony. La naranja mecánica, Minotauro, Barcelona, 1976.

3.Martín, Andreu: Ahogos y palpitaciones, Ultramar, Barcelona, 1987.

4.Chandler, Raymond. El simple arte de matar, Bruguera, Barcelona, 1980.

5.Mendoza, Plinio Apuleyo. El olor de la guayaba, Bruguera, Barcelona, 1982.

6.Claro que Frank Herbert y Robert Heinlein quizá no estuvieran muy de acuerdo conmigo, visto como les encantaba poner a varios personajes hablando durante algunos cientos de páginas sin que dijeran absolutamente nada. Eso sí, haciéndolo de una forma muy entretenida (la apostilla no es mía, sino de Juan Parera).
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1 de octubre de 2011

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Y NOS QUEDAMOS DORMIDOS....





En la oscuridad de la noche,
cuando yá estamos cansados,
es realmente el momento
de hablar,con nosotros mismos.

Es ese tiempo bendito,
en que cerramos los ojos
en que el corazón nos habla
y se dirige,a nosotros.

Y nos cuenta nuestra historia,
y nos enseña caminos
y se funde con el alma...
¡y nos quedamos dormidos¡.

Autor : Julia Orozco.
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