16 de mayo de 2012

el comentario 6 comentarios

El postre

 
No era cosa fácil que “el Anastacio” viniera para el pueblo, menos que dejara su rancho y campito en manos de otros, todo para llegar hasta lo de su prima Clotilde. A su manera, la quería de verdad, y no porque fuera su única pariente. Le molestaba, sin embargo, su repetida insistencia en presentarle alguna de sus amigas, porque según ella, pasando los sesenta y cinco le sería cada vez más difícil encontrar compañera. Tanto había hecho la mujer, esta vez, que no podría decirle que No. Le iba a preparar su comida favorita: locro.

El mensaje con la invitación le había llegado a través de Alberto, el chico medio mozo ya, que criara Clotilde, a pesar de haber dado vuelta la curva de la vida.

_ A ver, che, leé lo que dice tu madrina en este papel, ordenó Anastacio, alegando que veía poco.

_ Sí, tío, contestó con frescura el joven que no siendo muy ducho en la lectura, fue deletreando las palabras.

_ Más rápido, muchacho, que no está contando vacunos.. .apuró el invitado.

_Ansí, que la Clotilde quiere que vaya bien arreglado y “guenmozo”. ¡Ay! Esta prima mía, ve menos que el que habla, dijo en voz alta insistiendo:

_ Y ¿qué más, qué más, muchacho?

_Dice que va a hacer locro y empanadas, respondió el ahijado, quien ya no podía seguir leyendo porque la letra de su madrina se tornaba borrosa. Entonces, inventó:

_Dice que Ud., lleve pastelitos pa´ el postre. La aseveración del chico sorprendió a Anastacio que saltó:

_Y ¿de ande voy a sacar yo pastelitos, si en este rancho no hay mujeres, pa´ que los preparen? La imaginación de Alberto se encendió y rápidamente contestó:

_Cómprelos en el almacén de Don Justo. Si quiere, yo se los encargo y me ocupo, tío. La idea le gustó al Anastacio. Le dio una palmada al chico y con una sonrisa de despreocupación, le dijo:

_ Si es ansí, encárguelos m´hijo.

Pero, como buen atolondrado, un poco niño, un poco joven, producto de sus 16 años, al muchacho, se le voló la responsabilidad del encargo apenas pegó la vuelta para el pueblo.

El día de la invitación, Clotilde recibió junto a su primo a su amiga Ignacia, una viuda adinerada que no soportaba vivir sola y en consecuencia hacerse cargo de los menesteres del campo, que en vida de su esposo, nunca la preocuparon.

Cuando su prima se la presentó, “el Anastacio” quedó nervioso, pero gustoso de esa mujer madura, tal vez un poco mayor que él. Lo primero que advirtió de la viuda, fueron sus “redondeces” y le gustaron, cosa que ya había afirmado en muchas ocasiones, en rueda de paisanos y amigos, cuando se tocaba el tema de la mujer: “A mí no me gusta la mujer flaca, a mí me gustan las redonditas, las que tienen redondeces”

Comieron para empezar, unas empanaditas calientes, un poco peligrosas para quien no andaba muy bien del hígado, ya que eran fritas en grasa pella de vacuno. Continuaron con el riquísimo locro, comida bien del campo y perteneciente al más caro folklore nacional, impecablemente preparado por Clotilde, con maíz blanco, patitas de cerdo, costillitas de vaca, porotos, zapallo, chorizos y una especial forma de condimentarlo.

Cuando Alberto, se dio cuenta de la “metida de pata”, mientras los invitados conversaban con su madrina, salió desesperado hacia el almacén de Don Justo que, para su suerte, quedaba a sólo una cuadra de la casa. Pero, para su desgracia, los pastelitos se habían agotado. No restaba ni uno.

_ Mirá, muchacho, lo único que me queda pa´ postre y es de ayer, es esta torta de quince que no me vinieron a buscar,¡Ah,. . . desgraciados! ¡Me clavaron!

_ ¡No! gritó Alberto, (si les llevo esto me matan, pensó). Pero realmente los invitados esperaban el postre que sería una sorpresa para las mujeres y pastelitos para “el Anastacio”.

_ Lo podemos arreglar, contestó el almacenero y sacó el número 15 en alusión a los frescos años que, de seguro, ya habría cumplido la jovencita destinataria de la torta no retirada. Luego, quitó las cintas, unas rositas rococó hechas de mazapán para sostener las velitas, y por último, acomodó el corazón rojo y la rosa rosa en el centro del gran postre, recalcando:

_Ansí queda bien, ¿ves m´hijo? El ahijado de Clotilde no tuvo más remedio que llevarse la torta con el corazón y la rosa, empujado por el apremio.

_ Esperá, che, dijo Don Justo, preguntando, y ¿quién la paga?

_Anótesela al Anastacio, gritó el muchacho desde la mitad de la cuadra y se fue corriendo seguido por la mirada atónita del almacenero que no salía de su asombro. “El Anastacio” se dijo para su adentro. Nunca hubiese cruzado por su mente que este gaucho solterón, pudiera encargar un postre. En todo momento había pensado que los pastelitos que se terminaron, eran para Clotilde y sus amigas y además, imaginó que las mujeres se pondrían chochas con la torta.

El momento del postre había llegado. Doña Clotilde se presentó con el paquete que le alcanzara su ahijado, traído por su primo. Cuando lo depositó en la mesa para quitarle el envoltorio, todos parecían ansiosos. Al descubrirlo, una oleada de calor coloreó los rostros emocionados de las mujeres y los ojos del Anastacio parecieron salirse de sus órbitas.

_ ¡Gracias, primo, parece estar riquísima! Muy fina tu atención, acotó Clotilde, retirando los platitos del viejo bahiut de nogal norteamericano.

_ ¡Gracias, Anastacio, realmente, como dice Clotilde, un detalle muy fino! Agregó la viuda. El paisano apretó los dientes y en su tosquedad, dirigió con furia su mirada al muchacho que lo vio de reojo.

El rumor echado a volar como reguero de pólvora sobre el romance del Anastacio con la viuda rica, gestado en el almacén por un cambio de postres y difundido vertiginosamente por todo el pueblo, ejerció tanta presión en el pobre hombre, que le hubiese resultado mucho más difícil negarlo que aceptarlo. ¡Pronto habría casorio en el pueblo!

No te duermas sin un cuento


6 comentarios:

  1. Sin querer coincidimos en la temática gastronómica campera y nos hemos pisado los post. He disfrutado mucho esta ausencia de pastelitos y amor forzado y naciente con torta de quince.
    Un relato fresco y costumbrista que me alegra el día.

    Gracias.

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  2. Hola amiga encantada de leer tu relato ...la vida y costumbres de una sociedad clasista y criticóna... y el amor como condimento es el postre del post...

    Un abrazo de MA y feliz día.

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  3. Gracias Opin, me siento halagada por tus palabras.

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  4. Gracias Ma, un gusto para mi que me hayas leído y que compartas sentimientos

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  5. Me encantan los relatos de campo y éste me gustó mucho.

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  6. El gaucho solterón encontró su pareja, aunque por accidente, pero eso qué importa, fue el destino... Me encantó!

    Besos mentales.

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