30 de julio de 2012

el comentario 5 comentarios

Silencio Mental


Echo de menos el silencio. El silencio físico que los diversos aparatos modernos han eliminado. Pero también el silencio mental. Ese que desapareció cuando tú entraste en mi vida. Ese que hacía nacer cosas maravillosas y del que ahora solo alcanzo a ver una ligera sombra.
Me gustaba mi tranquilo silencio mental. Ese silencio que se imponía sobre un río de pensamientos múltiples y diversos. Eso que convertía mi mente en una gran pantalla en blanco, lista para ser mancillada de Arte. Aunque, paradójicamente, las musas me visitan más desde que destruiste aquel silencio. Porque tú eres más grande, eres un elemento más inspirador que una simple página en blanco.
Pero lo echo de menos. Ser dueña de mi tren de pensamientos veloces e incoherentes. Perderme en relaciones absurdas e imposibles de seguir sobre un sobrecogedor silencio mental. Y que bien suena, silencio mental, anhelada tranquilidad creadora. Porque ahora te me cuelas en cualquier tren de pensamientos. Pasajero (in)deseado, polizón a bordo, paradoja errante. Y lo difícil es no describirte. Ocupando como ocupas gran parte de mi antiguo silencio mental. No quedando más opción que construir las vías del tren alrededor de ti. O de la imagen que he creado de ti. Que podría no corresponderse con la realidad más que en un ínfimo tanto por ciento. Pero que a algo llamado instinto (creo) le ha parecido suficiente. Suficiente para vedarme el silencio mental.
Sí, que pesada, ¿no es mejor el amor (creo que nunca lo había escrito tan claro, tan grande) que el silencio mental? No lo sé. No lo creo. Porque me vuelve monotemática. Limitada. Límites... Cuan atractiva puede llegar a ser su inconsistencia. Cuan problemática, también.
Consiguiendo ahora un nuevo tren. Límites. ¿Cuáles son los tuyos? Me encantaría conocerlos. Para caminar por el borde, poder conocerlos para (co)romperlos, tratando de no (co)romperte en el intento. Pero ni siquiera me das eso. Eres cruel. Pero no importa. Ya nada me importa si te sigo viendo... Otro Tren perdido. Increíble. Tú poder es ingente. ¿No lo ves?
Qué pena que no sea suficiente. La cesión de un poder ilimitado, creciente. Un amor eternamente finito. Un sexo ardiente, una boca complaciente. Qué pena que no sea suficiente. O, quizás, que bien que no sea suficiente, porque siempre encontré un extraño placer en quejarme. Y, si te tuviera finalmente, ¿qué excusa quedaría para sustentar la persecución del dolor que a mí es inherente?

Catherine







5 comentarios:

  1. Me ha encantado Catherine, me ha parecido bellísimo. Besos enormes.

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  2. A veces nos encontramos en un mar de dudas ¿verdad?
    Un abrazo

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  3. Gracias... :)
    La incertidumbre a veces es inspiradora...
    Besos a los dos

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  4. ¿Es necesaria la paz interior para conseguir el silencio mental? ¿La ausencia de ese silencio está condicionada por otras ausencias?
    Me ha gustado mucho. Gracias

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