29 de agosto de 2012

el comentario 5 comentarios

Gorky



Tamborileaban sus dedos sobre la mesa, mientras leía el Diario de la mañana. Un sorbo de café, cortado con dos gotas de leche, como él lo prefería, la melancolía dulzona de un tango que ondulaba en el ambiente y su corazón destrozado, componían un cuadro del “Ruso Gorky” que lo pintaba. Dejar a una “mina”* era una cosa, pero que la “mina”* lo dejase a él, era otra, y muy distinta. Por primera vez, sus hermosos ojos negros lucían tristes. O la traía de los pelos, pensaba o la dejaba ir.
_ ¿Y por qué se fue? Se preguntaba. ¿Qué no le habría gustado? si todas las mujeres del barrio se morían por él. Pero, no era de hombre, salir corriendo detrás de una “papusa”* que lo plantó. Ya con eso tenía demasiado.
De pronto, la puerta vaivén con toma-mano de bronce bien lustrado, del Bar “Tristes Angelitos” se abrió de golpe y como un remolino, ingresó Pedro, a quien lo apodaban “Cabeza”.
_ ¿Qué hacés Ruso? Saludó vociferando, el recién llegado.
_ Nada, respondió Gorky, aquí estoy nomás.
_ ¿Es cierto que la Lola se te “rajó”*
_ ¿Qué decís, estúpido? ¿Estás “piantao”*, vos? Se le crisparon las manos sobre la mesa. Tamaña respuesta, encendida por el fuego de una mirada despechada, asustaron al “Cabeza”.
_ Nada, Che, te preguntaba, nomás, porque en el Barrio comentan. . .
_ Bueno, ahora vas, y les decís a todos los que comentan: Que la Lola se fue unos días a Bahía Blanca, a visitar a su familia ¿Me entendés?
_ Sí, sí, respondió casi temblando el otro y ni siquiera llegó hasta la barra del Bar. Achicado como una gallina, salió presuroso. Pero antes, el “Ruso” le recomendó: Tenés que decirlo bien clarito pa´que te entiendan, sino te aplasto como a una cucaracha, amenazó.
Terminó el cortado y dobló el Diario, fijó su mirada en la calle sin verla. No podía dejar de pensar en Lola. Con ella era diferente: le había “picado el bichito”1 por primera vez. Lola era distinta a las otras “putas”*, así calificaba a cualquier mujer que llevase a su “Bulín”*, se dedicaran o no al negocio del placer.

¡Qué tonto había sido!, se reprochaba. Perder una “mina”* así. Con ella podía pensar en tener una familia, empezar otra vida, irse del Barrio. Ya todos lo tenían cansado: sus hermanos vagos, los alcahuetes que le ofrecían mujeres, la policía que le pedía “coimas”. . Hubiese sido la oportunidad de su vida.
"Bueno", se dijo casi en voz alta: “el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”. Pero en el fondo de su dolido corazón, sabía que eso no era verdad.
"Ella se fue porque quiso, muy bien plantada, pa’ desafiarme", rezongó.
_ ¿Ruso, te sirvo algo más? Se animó a preguntar el “mozo”, viejo conocido de Gorky.
_Sí, traeme un fernet con coca, que estoy pensando, che, respondió sin mirarlo a la cara 
_ Sí jefe, enseguida, dijo casi con admiración Humberto, el mozo.
No sabía si hacerle caso a su “cucuza”* o al “bobo”*. Los años se me están viniendo encima, reflexionó, me estoy aflojando como las viejas, o ¿será que a ésta la quiero más que a las que tuve?, se preguntó. Y se le apareció en su mente la carita de un bebé sonrosado con los ojitos verdes como los de la Lola. Suficiente. Bebió el fernet que le quedaba de un sorbo, dejó una propina para Humberto y salió con paso firme y rápido.
" Chau Ruso", le gritó el mozo, pero él ya estaba subiéndose a su coche.
" ¡Pucha lo que vengo a descubrir!" Se dijo para su adentro y arrancó el motor de su viejo Falcon, mantenido como de origen. Anduvo unas cuadras por las calles desiertas de la siesta porteña. Encontró un kiosco abierto y se bajó. 

_ ¿Tenés puchos? Preguntó al muchachito que con un mp3 conectado a sus oídos se movía al ritmo que escuchaba.
_ ¿Si? Dijo el joven con voz afinada, quitándose un auricular de la oreja. Encima de pelotudo, puto, pensó Gorky.
_Sí, te pregunté: Si vendés puchos
_No, no vendemos, sólo golosinas y regalitos, replicó el muchacho.
_ ¿Y planos, planos de viaje? Insistió nervioso el Ruso.
_ ¡Menos!, gritó el joven y se le agudizó la voz. La furia que destellaba por los ojos del cliente lo hizo agregar:
_ Pero si sigue cinco cuadras por esta Avenida va a encontrar una Estación de Servicio YPF. Ahí tienen puchos y planos.
_ Gracias, contestó secamente, el asesorado y se marchó.

Cargó gas, que afortunadamente tenía la Estación, (el gas no le gustaba, pero era más barato) compró los cigarrillos que necesitaba imperiosamente para calmar sus nervios y compró también, el Mapa de la Provincia de Buenos Aires.
Después de pagarle al hombre que lo había atendido y desde la ventanilla del Falcon, como para tranquilizarse, le preguntó:
" Oiga, Don, para ir a Bahía Blanca, tomo la Ruta 3 ¿No?. . ."

Aclaración: Algunas palabras usadas en este cuento pertenecen al lunfardo porteño argentino, que muchas veces podemos encontrar en la letra de los tangos y milongas y que muchos continuamos empleando en el lenguaje coloquial.

*Mina= mujer 

*Papusa= mujer bonita

*Piantao= loco

*Rajó de rajar= huir

*Bulín= cuarto o vivienda de un hombre soltero.

*Puta= prostituta

*Cucuza= cabeza

*Bobo= corazón

*Coima= soborno

1 – “Picar el bichito”=enamorarse

2 – “El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”= refrán popular entendible.

3 – “Mozo”= camarero, garzón, mesero. En el caso, el que atiende las mesas de un Bar



5 comentarios:

  1. Lindo recuerdo. Le puse unas seis horas hasta Bahía y no me dio ni la hora. Así son las minas, quelevachacher.

    Muy lindo.
    Cariños.

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  2. Esa mina que ha dejado tanta huella en el corazón de Ruso.
    Magnífico Relato...Me ha encantado con todo ese lenguaje porteño.
    Un abrazo.

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  3. Me ha parecido bellísimo, es un resalto en el que parece que te adentras en el. Genial.

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  4. Gracias, Sr. Opin y sí, si va por la RN3. . .Gracias, amigo. Yo estoy enamorada del "Ruso"

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  5. Gracias, Pedro y Gracias, mi querida Julia. . .son parte de nuestra historia, estos personajes. . .

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