4 de octubre de 2012

el comentario 4 comentarios

Amores de Café



En el Café de Almagro, ese que tenía un cartel de colores en la puerta, anunciando a "Don Braulio y su  sexteto de oro",  en ese universo tanguero, la conocí. Al susurro de una milonga de fondo, la vi pasar con la bandeja redonda y dos lisos encima, igual que en Santa Fe, la cerveza conservada en barril de hierro, servida en vaso rebosante de espuma en su borde. A mí, me gustaba el chopp, porque el jarro de vidrio acanalado o de cerámica, siempre me hizo acordar a una taza, aquella en la que tomaba la leche antes de ir a la escuela. Quedé prendado de ella. Era la hija del dueño. ¡Ni qué mirarla!  El viejo, Pater hasta los huesos, la cuidaba más que a su vida misma y no permitía que naides le hablara. "Cuando se case, que la cuide el marido que será quien tendrá la obligación", comentaba en voz alta para que los parroquianos lo escuchasen de su propia boca. Yo, que no acostumbraba a venir pa´la ciudad, era un desconocido. Sin embargo, le simpaticé a Don Jerónimo y aprovechando la volada, me lo metí en la bolsa. Durante seis meses, cada quince días, pasaba por el Café, hacía un alto en la jornada, tomaba siempre lo mismo, cosa que a ella le causaba una candorosa expresión, porque le pedía un Chopp y una botella de naranjada. "Es que ansí tomamos la cerveza en el campo, señorita"  y apenas le hablaba, el viejo paraba la oreja, y como gallito de riña, se ponía en alerta. Don Jerónimo, petizo, calvo y flaquito, era un buen hombre y un buen padre. Lo aprendí a querer;  cuando partió, muchos años más tarde, lo extrañé.
Luciana tenía la costumbre de ponerse de espaldas al mostrador y mientras me servía el pedido, me sonreía una y otra vez.  Cuando después de un año de hacerle el filo, me la llevé pa´ el campo, Don Jerónimo se puso pálido y más chiquito, comía poco y estaba triste. Un día, tomé la decisión, cuando bajé a la ciudad me lo llevé a él también. Vendió el Bar con Don Braulio incluido. Ella se puso contenta. Aprendió a cantar vidalitas  y a escuchar otras milongas, las camperas. Siguió el ejemplo paterno y resultó ser una madraza, más vigilante que su propio padre. . . 
naides=nadie
ansí= así
hacer el filo (jerga argentina)=estar de novio
vidalita=estilo musical del campo argentino

Junio de 2012


4 comentarios:

  1. Preciosa estampa campera y si...yo también tomo cerveza con Mirinda ;)

    Me encantó.

    ResponderEliminar
  2. Hermoso cuento, Zuni, un gaucho que no puede cantar aquello que decía "yo que fui tan corajudo y nunca le dije nada". Osvaldo Barales

    ResponderEliminar
  3. De mozo, viví mis primeros 25 años en el campo, me llegaba al Bar de Rafaelli, a 2Km de mi casa, a tomar cerveza con naranja mirinda con los amigos. A mi "Luciana", una madraza también, la encontré en el pueblo cercano. ¡¡¡Hermoso cuento que me hace revivir épocas de juventud!!!
    Saludos

    ResponderEliminar
  4. Gracias a tres hombres, que han redondeado mi pensamiento, respecto de estas épocas. Un abrazo a Opin, Osvaldo y Mario.

    ResponderEliminar

Si usted tiene voluntad de escribir su comentario, también esta invitado a publicar con nosotros obras más complejas. Simplemente envíenos su trabajo a nosomosescritores@gmail.com y nosotros nos encargamos del resto.

Gracias por visitarnos y participar.

Si no encuentra cómo y se muere de ganas, también puede comentar aquí con su perfil de Facebook



Código de emoticones para sus comentarios
:) :( ;) :D ;;-) :-/ :-O X( B-) #:-S :(( :)) =)) ~X( :-t 8- =P~ #-o =D7 :-SS :-q :-bd