28 de febrero de 2012

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El camino de la Perdición...


No existe el camino de la redención. Tal axioma se repetía una y otra vez en la cabeza de Miguel. Mientras avanzaba por los caminos pedregosos con las botas rotas y la ropa manchada de sangre, sudor y barro. Extinto caballero calatravo y descendiente de templarios ibéricos, continuó andando mientras Granada ardía tras él. La jornada había concluido con la entrega en vasallaje de Boabdil a sus patrocinadores, los Reyes Católicos. Tras ocho siglos de dominación árabe, sólo la reunión de las fuerzas de Castilla y Aragón en un matrimonio tan polémico cómo efectivo, había logrado la suficiente compenetración cómo para darle la puntilla definitiva a las fuerzas almohades. Miguel soltó sus correajes y dejó caer su pesada espada clavándola en la tierra. Miró a aquella hoguera inmensa en la que los cristianos viejos se encontraban "evangelizando" a las moras y pasando por la cuchilla a los moros a los que no se les había concedido permiso para abandonar la ciudad rumbo al exilio. Sintió un escalofrío. No existe el camino de la redención.

La Noche del Abismo.

Escupió sobre aquella tierra en la que se había aposentado. Se sentó en una enorme piedra que franqueaba el camino que se alejaba desde la capital de las últimas tierras árabes de la península hacía el mar, a los puertos de Shalubanya y Motril. Se quejó al aflojar los pesados correajes de cuero guarnecido que se habían fusionado con su piel traspasando el jubón y apretándose contra su piel cómo una parte más de su cuerpo. La carnicería de la mañana se presentaba ahora ante sus ojos en la anochecida con caras y gritos. Ojos desencajados, gritos en lenguas que no comprendia, sangre, sudor. Zarpazos de acero que cercenaban partes blandas de cuerpos que, cómo el suyo, se encontraban en el campo de batalla defendiendo lo indefendible. Buscando la Redención. Buscando el perdón. No se sentía perdonado. Se sentía a las puertas del Infierno, de aquel que le abocaba la masacre en la que, cómo capitan de las huestes de Castilla, se había implicado. No habia encontrado gloria, sólo muerte, el mayor pecado que se puede presentar al creador.

Ahora, derrotado, recordaba las palabras de su mentor. El prior de la Encomienda de Martos le había ilustrado en que la muerte del infiel redundaba en la gloria del fiel cristiano. El nunca estuvo demasiado confiado en que la muerte, en el modo que fuera y enfocada sobre cualquier ser humano fuera justificable ante cualquier Díos. Aún así, sospechoso de judaizante por los tratos que su abuelo se traía en Toledo no dudó en convertirse en capitán de la expedición que las encomiendas de Xauen aportaban a la causa de Fernando el Católico, gran maestre de la Orden. Así lavaría su apellido, justificaría su existencia y vengaría la razzia en la que un grupo de moros descontrolados se habían internado en zona cristiano y sometido a sangre y fuego su propiedad, una parcela en la que habían violado y decapitado a su mujer y sus dos hijas. El abismo se abría ahora abrazándose a él con la oscuridad y el frío propio de enero. Miró hacía la luminosa urbe y vió que algunas personas y caballerías se acercaban en su dirección.

La Huida hacia adelante.

Tomó su espada y notó cómo se le erizaba la piel. No sabría decir si era miedo, ansiedad o hartazgo de una guerra que nole había dado ni la redención ni mostrado el camino hacía los seres queridos perdidos, sino al infierno personal. Miró fijamente en la noche y vió que era un conjunto de una veintena de jinetes con algunos carros. Quienes guiaban parecían ser cristianos, pues entre murmullos de entendía una suerte de jerga parecida a su propio idioma. Conforme se acercaban se iban dejando ver las ricas guarnicionerías de las monturas, constituidas casi en exclusiva por caballos blancos de raza árabe, muy apreciados por los ejércitos europeos. Cuando repararon en él el que capitaneaba la corta y furtiva expedición detuvo a sus hombres y se adelantó. Miguel apretó con fuerza su mano en torno a la rayada empuñadura de su espada sin sacarla de la tierra en la que firmemente la había clavado. El guía de la expedición se acerco a tiro de honda y después con la precaución debida se acercó a pie. Miguel apretó los dientes y la mano, pero algo le decía que no suponía una amenaza para su persona.

Aquel estaba primorosamente vestido, con vestidos moraizantes. Parecía un alto cargo de la corte de aquel al que habían derrotado. Se inclinó levemente y saludó. No dijo nada. Miguel se sintió confuso. No supo que hacer y saludó cómicamente sin saber a que atenerse. Al lado de aquel personaje se había presentado otro más joven con una antorcha. Ambos hombres, gentes de armas y curtidos en el campo de batalla se miraron fijamente sin hablar. Aquellos no parecían querer atacarle y no percibió peligro en una caravana que adivinaba llena de mujeres, por los ruidos que de los carruajes escapaban. Supuso que eran huidos de cierto rango y se le pasó por la cabeza exigirles apremio por dejarles marchar. No, ese no era el camino de la redención. Un hombre bajó de su carruaje y postrándose mientras miraba a la tea prendida que era Granada soltó un quebranto que resonó con fuerza en los lugares circundantes. Miguel soltó su espada y reconoció el pabellón que portaba un hombre joven, sin duda alférez de aquel personaje, último Rey moro de Granada, Boabdil.

Redención, Calvario, Exilio.

Una mujer mayor se acercó a aquel lamento humano. Le impricó algo y después retornaron ambos a los carruajes. Aquel sería el último lugar desde que vieran la urbe, capital del extinto reino desde hacía casi tres siglos. El Suspiro del Moro sería el nombre que acogiera aquel lugar, altozano en dirección a la Alpujarra a partir de entonces. No hubo más palabras. Él no hizo gesto alguno por detener la expedición. Los conductores y capitanes de la misma no hicieron nada por agredirle y tras un escueto saludo de cabeza, aquellos retornaron a su posición continuando su cabalgar hacía el Sur mientras Miguel, calatravo, capitán de las huestes de Martos al servicio de sus Señores los reyes recogió su espada. Granada seguía ardiendo y la sangre correría toda la noche hacía el Darro, dándole para siempre su carácterístico color rojizo, manando de vez en cuando brillantes pepitas de oro en las que quedarían impresas las almas de aquellos que quedarían en la ciudad para siempre. No, en verdad y no lo encontraría, no existe el camino de la Rendición, pero claro es y así lo penso mientras la fantasmal comitiva se perdía en la noche, el camino de la Perdición.

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27 de febrero de 2012

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Tú, mi universo...



Todo es azar,nacer afortunado,
dicen algunos sabios del destino,
pero para mi,cansada peregrina,
¡que has sido tú mi amor, quien me ha guiado.


Porqué tal vez,sabiéndote a mi lado,
y de tu mano haciendo mi camino,
no ha habido en mí,ni azar ni sino,
sino tu fiel amor,que me ha salvado.


Y yá contigo,estando tú a mi lado,
las madreselvas floran noche y dia,
y sé porqué,llegado el nuevo dia,
¡mi corazón palpita ilusionado¡ .


Que siendo noche oscura y alejada,
son tus recuerdos dulces melodias,
un madrigal de amor y de poesia,
con que soñar feliz y esperanzada.


Y si amanece gris y encapotado,
tú eres mi sol,mi luz y mi alegria,
por qué en verdad,tu amor,cariño mio
¡el universo entero me ha cambiado ¡.
 
Autor : Julia Orozco
 
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26 de febrero de 2012

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Nos cuentan los maestros XXXII - Eutiquio Cabrerizo


Cabrerizo, Eutiquio: estructura de un cuento segunda parte

El cuento es la composición literaria más antigua de la humanidad, pero también se está convirtiendo en su modalidad de relato breve en una fórmula moderna de expresión dotada de inagotables posibilidades.


Se trata de una composición de pequeña extensión en la que empieza, se desarrolla y finaliza lo que se desea decir, y se escribe pensando que va a contarse o va a leerse completamente, sin interrupción, de forma diferente al resto de los géneros literarios, en los que el escritor considera que puedan ser leídos por partes, en veces sucesivas.


Leyendo un cuento detenidamente, pueden observarse las distintas partes que lo forman: La introducción, el desarrollo y el desenlace. Cada una de estas fases se subdivide, a su vez, consiguiendo un efecto armónico unitario.


De acuerdo con esta estructura, el principio debe explicar:

-Quién es el protagonista.

-Dónde sucede la acción.

-Cuándo ocurre.

-Qué es lo que sucede.

-Por qué ocurre.


El núcleo del relato puede contener:

-Los obstáculos que dificultan el cumplimiento de un deseo. En el cuento "La boda de mi tío Perico" los personajes secundarios entorpecen que el invitado pueda asistir a la fiesta.

-Los peligros que amenazan directa o indirectamente al protagonista. Un ejemplo es el cuento de "Los tres cerditos", donde el lobo representa las fuerzas del mal que se oponen a la felicidad de los héroes.

-Las luchas físicas o psíquicas entre personajes contrarios, que se resuelven en la parte final del cuento mediante algún procedimiento inesperado. Sirve de ejemplo, entre otros muchos, la relación de Cenicienta con sus hermanastras, salvada por el príncipe mediante el símbolo del zapato.

-El suspenso producido por una frase que se repite o un enigma imposible de descifrar para el lector o el oyente. Puede ser el caso de la esfinge en la Grecia clásica o, en la más arraigada tradición oral, el cuento de Caperucita, que es capaz de encoger el corazón de los más pequeños en el insuperable diálogo de la protagonista con el lobo.


El desenlace de la narración podrá ser:

-Terminante: El problema planteado queda resuelto por completo. En el cuento de "La Cabra y los siete Cabritos" la muerte del lobo cayéndose al agua con la barriga llena de piedras aleja para siempre el peligro.

-Moral. El comportamiento de los personajes transmite el valor ético que se desea mostrar. Entre los muchos cuentos moralistas pueden citarse "El pastor y el lobo", "El león y el ratón", etc.

-Dual. Existen dos protagonistas de caracteres opuestos, que producen efectos contrarios dependiendo de sus actos. En el cuento de "Las dos doncellas" una de ellas arroja sapos por la boca por su mal comportamiento mientras que de la boca de la segunda salen joyas y piedras preciosas debido a su generosidad y buen corazón.

-Esperanzador. Al final del relato se sugieren posibles modificaciones de actuación que pueden resolver el problema en el futuro. Un cuento de este tipo puede ser "El ruiseñor y el emperador", donde la proximidad de la muerte de éste le ayuda a conocer el verdadero comportamiento de sus servidores y le permitirá corregir sus errores a partir de ese momento.

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24 de febrero de 2012

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Nos cuentan los maestros XXXI - Eutiquio Cabrerizo I


Construcción de un cuento Eutiquio Cabrerizo - Primer parte

Para escribir un cuento podemos seguir varios procedimientos. Uno de ellos es redactar las respuestas a una serie de supuestas preguntas ordenándolas en tres partes, introducción, desarrollo y desenlace, conforme a la estructura que debe tener el texto. El resultado será el cuento. Para el principio de la narración las preguntas pueden ser:

-¿Quién es el personaje principal?

-¿Cuáles son sus cualidades o características más importantes?

-¿En qué tiempo tiene lugar lo que se cuenta?

-¿Cuál es la situación de las cosas en el momento en que empieza la historia?

-¿Qué se propone hacer el protagonista?

-¿Por qué quiere hacerlo?

El desarrollo del cuento puede estar formado por las respuestas a las siguientes preguntas:

-¿Qué hace el protagonista?

-¿Qué problemas encuentra para alcanzar su objetivo?

-¿Le sorprende algún peligro?

-¿Tiene que superar alguna prueba difícil?

-¿Encuentra alguna situación misteriosa a la que se tiene que enfrentar?

-¿Tiene que resolver algún enigma?

El final del cuento nos lo pueden facilitar las siguientes preguntas:

-¿Cómo resuelve el protagonista los problemas planteados?

-¿Qué hace para alcanzar su objetivo?

-¿De qué modo supera los peligros que encuentra?

-¿De qué manera modificará su mala conducta a causa de la desagradable experiencia vivida?

-¿Ocurrirá algo al final del relato que cambie el significado de todo lo anterior o que introduzca algún elemento sorpresivo?

Este sistema de preguntas implícitas y respuestas explícitas pueden seguir un orden lógico dispuesto por nosotros mismos, pero también podemos escribir las preguntas en fichas independientes y mezclarlas entre sí para que sea el azar quien fije el punto de partida, la dirección del recorrido y el final del argumento. En este caso, podremos elegir parte de las fichas, según nuestra idea inicial, prescindiendo de las que consideremos innecesarias para lograr nuestro propósito.

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22 de febrero de 2012

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Se vive una sola vez



I
Si todo ese tiempo que perdemos,
discutiendo necedades, y sin ver,
que ese tiempo, mañana, no tendremos,
fuera usado, en amar solo una vez;

II
Si todas las palabras que vertemos,
expresando tonterías, sin creer,
que las mismas, mañana negaremos,
fueran tiernas, amorosas una vez.

III
No estaría, este mundo, contrahecho.
No sería, tan difícil trascender.
Al mostrar, ingenuamente, nuestro pecho,

IV
odiosas saetas, no habría que temer.
No pesaría la muerte, ni el hecho,
que tan solo..........vivimos una vez.


Autor : El Gaucho Santillán

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20 de febrero de 2012

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Chicotá.

Azahar, murmullos. Mantillas negras de rocambolescos encajes. Guantes de malla negros sujetando cirios de tiniebla y rosarios de cuentas preciosas. Cruces de plata que, pendiendo de su cadena, adornan escuetos escotes que niegan lo que esconden. Nubes de incienso empapan de aromas de benjúi, mirra y vainilla el entorno donde el paso descansa. El enorme barco de barrocas volutas bajo la cual, ansiosos y a la espera, las almas de los hermanos costaleros descansan, prestos a la voz del capataz. Costaleros, nazarenos y hermanos que con el costal calzado y las alpargatas ceñidas esperan la orden de avanzar. Silencio. Capillitas con traje y corbata. De engominados rizos, doradas insignias de sus propias hermandades. Sellos de oro. Cigarrillo rubio a la espera de la procesión. Sentir de primavera que inunda las inmediaciones del templo. Atardecida con aromas de almendra y naranja. Jueves Santo en la tarde que acojerá en breve a la Cruz de Guía portada por penitente de antigua afilación flanqueado por faroles de tililante llama.

Portón.

Toca abrir. Toca llamar. hermano mayor tocado de capirote, caperuz, cíngulo y túnica. Dorada medalla y bastón de alpaca. Orfebrería sacra que porta el dignatario y con la que golpea las enormes puertas de la Iglesia. Silencio e incertidumbre. El día se va entre humaredas de tabaco que aquellos que debaten cual paso, que banda o que túnica está más conseguida en ese periodo místico que es la Semana Santa. Silencio en el chirriar. Fuertes sonidos de cerrojos descorriéndose. Goznes oxidados que anclados en el tiempo hacen girar sobre ellos las pesadas hojas de un portón de siglos que, un año más, dejará salír la pasión esperando pacientemente a que ésta vuelva unas horas después. Voces calladas. Capataz que con voz ora imperante, ora amorosa impele a sus hombres a adaptarse a la trabajadera. Cuerpos que se alzan colocando su cervix bajo el pesado travesaño. Paso enorme que calza la buena cincuentena de devotos que hacen crujir la madera colocando el píe derecho en posición de avance. 

Segundo capataz que transmiten a pateros, costeros, gúias y contraguías las órdenes oportunas que sacaran el imponente misterio a la calle, donde el pueblo espera al Mesías en su puntual cita, un año más. Llamador que representa un ángel dorado que sujeta los atributos de la pasión. "¡A esta es!" Inconfudible llamado para certificar el entendimiento de la ordén. Dos toques del llamador la precedieron. Inflamados recuerdos y dedicatorias de la levantá, la marcaron. Ahora llega la hora de la verdad. Hora de mostrar que ensayos, devoción, entrenamiento y pasión son, en manos del equipo humano que palpita cómo un sólo hombre, da sus frutos en la estación de penitencia. Paso que se levanta con vigor, alzándose al suelo para caer, cómo plomo liviano, sobre los cuellos de los principales protagonistas, los costaleros los hermanos. Siseo mínimo de esparto rozando el suelo. Alpargatas de devoción que acarician el suelo cómo no queriendo hacer ruido, cómo mostrando respeto por la imagínería que portan y que es devocionario de todo el barrio.

Apunte.

Ya se ha perdido la Cruz de Guía por la calle abajo. Faroles, estandarte, guión, ciriales y bocinas. Cada uno con su tramo de penitentes con velas encendidas avanzaron en silencio en busca de la Tribuna. Sólo queda por salir el barco. El enorme paso que con no menos cuidado, sale de la iglesia intentando no arañar la vieja piedra que forma la compuerta. El portón es justo más suprema la pericia del capataz. Capaz de guiar a ciegas a esos hombres que en silencio sacan el Misterio a su pueblo, a su ciudad. Tililan las llamas de los múltiples guardabrisas que al Compás de la Laguna, de fe y de esperanza espera, en todo el ámbito y cómo un año más que el templo regurgite aquel inmeso bastión esculpido de la Pasión de Cristo. Centimetros angustiosos para terminar de salir. De dar al pueblo lo que busca. De someterse al desfile de sentimientos, saetas, marchas y silencio. Centimentros que marcan, el final de un trabajo que durando todo el año volverá a dar comienzo cuando el paso vuelva a su templo.

Apunte de corneta. Alargado y majestuoso, nada vacilante y sin duda ostentoso. Apunte primario de la Marcha Real que, una vez fuera el trono debe de marcar la marcha que acompañará, cómo sentido homenaje y no menos importante presentación, los honores de los que Jesus el Cristo se hace merecedor. Apunte ahogado en un golpe de tambor, que hace emanar de cien voces de metal, la marcha primordial que da inicio y esplendor al largo transitar de la procesión. Marcha Real, antiguo himno de España que sin embargo de la noche de los tiempos emana para dar buena compaña a ese enfervorecido observar de la anual salida. Tonos musicales breves y profundos que dan la acometida al inicio de desfile en que el capataz va a dejar que el paso fluya entre el mar de personas que lo vienen a contemplar. Tambores y caja, cornetas y fliscornos que elevan al cielo sus notas, entremezcladas de incienso, entre tímidas velas que se doblegan ante la majestuosa Luna de Parasceve que alumbra la salida. Ya la tarde se ha ido y la noche se cierne, cómo el pesar de la cricifixión.

Pasión.

Golpe de caja fuerte y domiante. Centra la Marcha Real en suy culminación para dar paso a la marcha que debe de ayudar, pasito corto, pasito alante, al paso a vanzar. sólo unos metros, pavoneándose de esa pericia que dan los años. Paso pesado y largo que durante un año, durante muchos años, duerme el sueño que le impele a despertar sólo en aquella ocasión en que debe de portar al Creador. Ya la procesión se va alejando, del mismo modo el Palio, guardando a la madre de Dios, tras el paso de Cristo el espectáculo repitiño y con su marcha en pos de notas de banda, se va alejando, con el corazón en vilo, detrás de su hijo. Pasos legítimos de la devoción, exposición anual de la religiosidad popular que va buscando entrecalles nuevos puestos desde donde avistar, el paso de la procesión. Ciudad que se vuelca en esa experiencia. Que denota la sapiencia de saber valorar el enorme patrimonio artísitico y espiritual que guarda tal muestra de piedad. Y asíel templo queda vacio y emplazado a esperar mientras la solitaria luz de una vela, aguarda, de Cristo, el retornar.
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19 de febrero de 2012

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Memoria y verdad


A la memoria de un amigo desaparecido



Así eras…

En oníricos
ensayos y
poesía diurna:

vuelo de pájaros en la mañana
sobre el mar,
risa de niños en la rueda
de la plaza de la vida,

Bicicleta alada,
sobrevolando
suelo verde, pradera
y espigas doradas
de mis sueños.

Así eras…

Canto lejano
gregoriano,
laúd místico, inaudible a
oídos de Belcebú.

Eco de voces vivas
que trepan y se escurren
por la grieta doliente
en viva llama
de un latido,
constante latido, que da
esta razón de ser
que me acompaña.

Así eras…

Así…

Memoria
que trae al día,
el recuerdo de otras vidas,
que ya no están, pero
viven en nosotros.

Así eras…

Entonces te vi.…
Y fuiste en ese instante,
sueño, vuelo, risas, pradera,
espiga dorada , canto, laúd,
eco de voces vivas,

Latido… razón de ser
que me acompaña,
memoria viva,
recuerdo de otras vidas
que ya no están, pero viven
en nosotros, en vos,
por vos, por mí,

¡Por todos los que fuimos,
por los que somos y
mas aun, los que vendrán …
y ¡SERAN! … , sin saberlo todavía!


Autor : María Rosa  (10 de Febrero 2012)

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18 de febrero de 2012

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Bye Whitney


Bye, Hasta luego, nos veremos
Why? Sabias que te queremos
What Paso por tu cabeza?
Whoever te hizo daño?
Porque os perdemos?
Es la fama, es el lujo ......
Es el podrido dinero.
Os alzan como a dioses
Y cuando algo falla,
os tiran sin piedad ni consuelo
Pero lo que nadie te quito
fue tu voz, Tu carisma, tu manera de hacerlo
Bye, hasta luego Whitney,
en el mas allá nos veremos. 
Autor: Nocturno
Sin blog por el momento
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15 de febrero de 2012

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SEKAI 2


mi vida ha transcurrido entre paredes y pasillos, observando el suelo de arriba y el suelo de abajo
el calor de la tierra ha sido nuestro refugio por mucho tiempo, pero dudo que haya sido así siempre...
tenemos generadores de energía que nos permiten ver... pero de existir desde el inicio abrazados por la tierra no necesitaríamos de luces artificiales que ayudaran a nuestros ojos(o incluso no necesitaríamos ojos) existen grabaciones de sonidos y cantos antiguos que hablan de una gran luz
y el gran viento...
de cosas mas allá del suelo, vestigios de lo que no es... (y quizá nunca fue)

Autor : Berserkwolf

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14 de febrero de 2012

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Salobre


El ejército de las sombras tañe la campana del Infierno. Las aventadas tropas de choque cargan sóbre los yermos campos henchidos de sangre y venganza. Hartos de muerte y destrucción. Cargados de odio y cainismo en su estado más puro. Un cielo amarillo y negro se cierne sobre el campo de batalla. La sangre reseca en las armaduras y espadas tiñe de ocre los execrables uniformes de las huestes del mal. En frente, bajo los escuálidos sauces se alzan las huestes del señor de los pobres. Señor que se yergue cansado de pagar tributo, de arrojarse a los pies de los caballos, que se encuentra cansado y exhausto de batallar por un imposible.


El cuerno toca a rebato. Las insidiosas y pesadas corazas del enemigo, del reforzado Leviathan ,se mueven sobre la imponente caballerí­a acorazada haciendo temblar el suelo, tan cargado de cadáveres que en lugar de piedras sólo se encuentran pedazos de hueso diseminados por aquí y por allá. Huesos que recuerdan que antes que el Rey Salobre, señor de la inmundicia y la pobreza, la desdicha y la muerte se cernieron sobre aquellos campos. La Caballeria que revienta todo a su paso. Caballos fantasmales con cuerpo de toro, que irradian la luz de la muerte mientras hacen arder todo aquello por donde pisan. Independientemente de que la única materia inflamable, apenas unos rastrojos, haga tiempo ya que desapareció.


El suelo tiembla bajo los pesados cascos herrados con herraduras de acero de la Gehenna, el más duro que se hace en toda la Terna de la Desesperación. Forjado por infelices que dan su sangre para enfriar el pesado y duro metal tras salir de la forja. La Terna circular del Lago de la Execrabilidad. Lleno de la inmundicia humana que esconden los corazones de los vivos que, al expirar, dejan sus almas cargadas de odio en las aguas marrones de la Laguna. El suelo recibe los cascos hediondos de la Caballeria de Leviathan. Lo hace con pequeños seismos de dolor que hacen emitir gemidos de los miles de muertos que soporta el Páramo de Falcustia. El Campo de batalla por excelencia en toda la Iniquidad.


Salobre traga saliva. También lo hacen sus desheredados. Aquellos que se acercan con lanzas, pesados escudos de acero, mandobles forjados en la Fragua Negra, martillos de pesadas púas o cadenas puadas de incierto uso. Éstos armados sólo con horcas de madera podrida, guadañas oxidadas que tiempo ha no cortan más que el aire hediondo de la Guideana o simples palos cómo improvisados bastones con los que proferir algún golpe que, de afortunado quizás aturdan al enemigo o que, de más afortunado aún, quizas le permitan retornar a casa apoyá¡ndose en él tras haber perdido, con suerte, uno o dos miembros.


Muerte, sangre, destrucción. El suelo retumba ante lo inevitable, ante los corceles suprarmados que sin ningún pudor ni nada que los detengan siguen acelerando, acelerando, hasta su destino final. Salobre y sus hombres... El cielo tornase rojizo, el negro suple finalmente al negro. El rojo a todo lo demás.

CSPeinado


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13 de febrero de 2012

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Vuela pájaro chiquito...


Dicen que cayó del nido
aquél pájaro tan chiquito,
que quedó alli tirado
entre la arena y el frio.

Comentan (los que lo vieron),
que tiritaba de frio,
y que nadie se acercaba
pues estaba malherido.

Pero que llegó una niña,
cubierta como de sol
y que al cogerlo le dijo
con suave murmullo de voz;

¡Vuela pájaro chiquito¡,
¡dejate llevar por tus alitas¡,
que allá en el cielo siempre claro
¡encontraras de nuevo tu casita¡.

Y el pájaro arrullado por la niña,
cerró sus ojitos confiado
y emprendió sin apenas darse cuenta
¡el vuelo que tenía destinado¡.

Y fué tal la alegria de aquel vuelo,
que consiguió aquél pájaro chiquito
que por siempre se escuchara acá en la tierra
¡la suave ternura de su trino¡.

Autor : Julia Orozco.


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11 de febrero de 2012

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hit me, but i' ll be with you


esa mesita donde solíamos tomar te seguía ahí, tan solo se había corrido unos centímetros, pero eran las vajillas que cantaban al unisono, las que nos alertaban
sentimos como las cosas en las que creías comenzaban a desarmarse, todo se estaba derrumbando
todo a nuestro al rededor se vestía de cruda realidad
los gritos hacían coro junto lo que quedaba apoyado en la mesita ya casi destruida
sin embargo nosotros, tan bohemios como siempre lo hemos sido, no damos señal de huida alguna
quizás es por ese lugar, el que se fue haciendo y haciendo de manera tan impredecible y liberal como la mente de un niño, seguía ahí, se destruía pero aun existía
la mesita acabo por romperse, y el ruido fue dulcemente insoportable, el mantel se pintaba de un color marrón a causa del te que se derramaba como queriendo escapar de todo el caos
a pesar de todo lo que nos había pasado, yo sabiendo que esto nunca tubo pies ni cabeza, que siempre fue imposible, no di importancia a estos problemas que siempre iban a estar
no iba a fingir que esto no estaba pasando, pero... después de todo, logramos llegar hasta aquí
me quedare justo aquí, con vos, porque así como hicimos un terremoto podemos hacer un sol, y no solo uno, miles; ademas te amo lo suficiente como para soportar esto y mas aun

luego no hubo mas que silencio y un cielo dorado

Autor : Camila


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10 de febrero de 2012

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Tu sonrisa



Mensajeros del paso de los tiempos,
con ternura, los miramos progresar.
Candorosos y vitales, creciendo.
plenos de risa, copiando nuestro andar.
Muestran que, los años se estàn yendo,
màs, el àrbol, ha podido retoñar,
y dulces, progresando con esmero,
nos recuerdan nuestra vida que se va.


Pero no importa, el tiempo perdido,
tras de ti, inocente victimario.
Yo he vivido, tanto tiempo, sin sentido,
y he buscado, ese motivo, sin descanso.
¡ Es tu sonrisa, por lo que yo vivo !
Es tu sonrisa, por lo que no parto.


Autor : El Gaucho Santillan


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9 de febrero de 2012

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Sekai1



Otro ciclo y mi mundo ha dado un giro mas a esta esfera negra que anuncia el final...
un gran lago en el centro de todo, es el refugio del fuego que abraza la tierra...
una isla es mi hogar(hasta cuando) los primeros moradores nos dejaron relatos de luces en el cielo...
de tierra sobre la cual poder caminar sin perder la vida al contacto,de luz y obscuridad,y de guardianes ocultos en el corazón...
ese tiempo ha pasado, solo quedan recuerdos de lo que no fue consumido en fuego y de aquellas palabras que logramos entender.

Autor : Berserkwolf

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8 de febrero de 2012

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Mario Benedetti: poesía, incluso en su mejor cuento


Vaya esto por delante: yo apenas sé nada de poesía. Se me atraganta, ¿qué le vamos a hacer? En realidad a mí los poemas me gusta que me los lean (mejor si es el propio autor, y si no, una muchacha de ojos verdes). Las pocas veces que me he enfrentado a un poema por mis propios medios -ya fuera de Lorca, Gil de Biedma, o Miguel Hernández-, he salido escaldado. ¿Falta de sensibilidad, de interés? Probablemente un poco de todo.

Todo esto lo digo porque no hace mucho cayó en mis manos un libro de Mario Benedetti, al que muchos consideran uno de los más grandes poetas en lengua castellana, y otros no tanto: "Es bueno, buenísimo", me insisten, "aunque está un peldaño por debajo de los mejores". Yo, como no sé, me encojo de hombros y sigo a lo mío.

Pues bien, buceando en "Despistes y franquezas" -así se llama el libro- encontré, entre un mar de poemas, cuentos, enigmas y fragmentos autobiográficos, uno de los mejores poemas que he leído nunca. En realidad no es un poema, se trata más bien de un cuento breve (con todos sus atributos: comienzo arrollador, trama sólida, protagonista enigmática), pero hay algo en él, un no se qué, que me predispone a la poesía. Estaría bien repasarlo:

Lingüistas (Mario Benedetti)
Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, semiólogos, críticos esctructuralistas y desconstruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.
De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:
           -¡Qué sintagma!
           -¡Qué polisemia!
           -¡Qué significante!
           -¡Qué diacronía!
           -¡Qué exemplar ceterorum!
           -¡Qué Zungenspitze!
           -¡Qué morfema!
La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas.
Sólo se la vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: «Cosita linda.»

Pues eso, probablemente se trate solo de un cuento, un cuentito encantador, pero cada vez que lo leo, cada vez que ese «Cosita linda» salta del papel y forma nuevas y evocadoras imágenes en mi cabeza, todas y cada una de esas veces, siento un deseo terrible de que me guste la poesía. Estoy convencido de que hay más poesía en ese «Cosita linda» que en tomos enteros de bibliotecas. Pero ya digo que yo, de esto, no sé casi nada.

Lingüistas pertenece a: "Despistes y franquezas" de Mario Benedetti

Autor de la nota : Juan Pérez
Ilustración de Jorge Restrepo




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6 de febrero de 2012

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Banco de piedra



Le llamamos “el interior” a los pueblos o ciudades chicas del país que no entran dentro de las ciudades de referencia.
Hay pueblos del interior del país y más precisamente del interior de cada provincia. De lo que puedo hablar es del interior de la Provincia de Buenos Aires.
La riqueza del interior de esta provincia es algo de lo que a veces se habla, pero que pocos conocen o reconocen, porque aunque sabemos que Argentina no es Buenos Aires, si un extranjero quiere venir a conocer el país, no va a otro lado. Y no sólo los turistas que vienen de paseo y se van, también pasa eso con los inmigrantes, que llegan continuamente de a miles y terminan apiñados malamente en la ciudad de la furia, cuando podrían vivir muchísimo mejor en el apacible interior.
Precisamente en el interior de la provincia, lindando con la provincia de La Pampa hay un pueblo, llamado Salliqueló. Perdón, a los salliquelenses no les gusta que le digan pueblo, sino ciudad.
En esa ciudad pueblerina no hay nada que llame la atención de un habitante de una gran ciudad. Las virtudes del lugar no se aprecian en una postal. 
El paisaje es de campo por los 4 costados, sin ríos ni lagunas. Es un entorno aburrido, a no ser que uno sea una vaca. Pero los colores cambian según la temporada, de verde claro a oscuro, de dorado del trigo maduro a brillante amarillo de los girasoles y hasta violeta o azul de la floración de los campos de alfalfa. Hasta los pastizales silvestres tienen su temporada de esplendor donde son dignos de un cuadro.
Dentro del casco urbano habitan personajes muy variados, desde dueños de los campos, que por el mérito de haber heredado algunas tierras viven con mucho lujo, dando órdenes a los empleados que hacen producir ese campo y se llevan sólo lo suficiente para vivir en una clase media algo empobrecida, pero que a su vez dan trabajo a la clase más baja, formada por empleadas domésticas y los que viven de changas. Pero no hay indigentes. El que peor vive en el interior la pasa mucho mejor que cualquier pobre de ciudad.
Toda ciudad del interior tiene una plaza, que marca el centro de su urbanización y en reglas generales se puede reflejar en su cuidado, el estado de su gobierno municipal.
La plaza de Salliqueló siempre fue una de las más cuidadas y prolijas. No tiene fuentes, no hay desniveles, ni grandes monumentos. En el centro un mástil sobre un cuadrilátero de mampostería y escalones de granito donde suben y bajan, corren a su alrededor y juegan los más chicos. Dentro de un gran círculo de baldosas, con algunos bancos y caminos de polvo de ladrillo, entre los grandes canteros que son la estrella de la plaza. Árboles añejos, rosales y flores de estación que dan la vista a la plaza.
En uno de esos caminos secundarios, un banco de piedra, muy viejo que no es feo, pero que desentona con el resto de los bancos que son de metal y madera.
Cuando vine por primera vez a este pueblo, perdón, ciudad, pasé obligado por el centro de esta plaza cruzándola en diagonal. Caminaba desde la estación de trenes, hasta el museo que me llamó la atención. Como tenía que hacer tiempo, entré a curiosear.
Puntas de flecha, trozos de piedra con grafos y hasta un fósil de criptodonte están alojados en la parte que menos se recorre de este museo, porque los que entran suelen ir a ver los recuerdos históricos de los primeros pobladores buscando ancestros en las fotos para señalarlos orgullosos.
-¿Tiene para mucho? - dijo una mujer muy vieja, que resultó ser la encargada del museo.
-¿Perdón?- respondí sorprendido y a la vez intrigado, por si era a mi a quién hablaba, aunque era el único vivo ahí además de ella.
-Pregunto si tiene para mucho porque tengo que salir a hacer algunas cosas. Dijo la mujer muy poco cordial con visible ironía.
-No, estaba haciendo tiempo nada más, ya me voy- dije mientras salía de mi primer y última visita a un museo al que nadie concurre y comenzaba a entender por qué. Sorprendido y un poco humillado volví a pasar por la plaza y me senté en el banco de piedra mientras masticaba la desazón de haber sido prácticamente echado del museo.
-Pero qué vieja de mierda.- dije para adentro, o tal vez en voz alta porque estaba solo entre toda esa vegetación ornamental.
-Es que como nunca entra nadie, la pobre tenía cosas para hacer y no es que sea mal educada, es que nunca entra nadie a esa hora.
-Pero no te pueden echar de un museo y dentro del horario de atención- contesté indignado.
-Te vas a tener que acostumbrar, la vida acá no tiene las mismas reglas que en la ciudad.
-Si evidentemente- diije moviendo la cabeza, o lo soñé, porque estaba cabeceando entredormido por el cansancio del viaje.
El viaje en tren desde Buenos Aires duraba de 10 a 12 horas cuando todo andaba bien, pero llegué a estar 20 horas en esas latas que se descomponían a mitad de camino con más frecuencia que la tolerable. Tardaba tanto porque paraba en todos los pueblos y al menos los primeros viajes eran interesantes por todo lo nuevo que se veía. Además la vista de un pueblo desde el tren es diferente a todas, porque normalmente, la estación está detrás del pueblo y nunca viajando en auto se va a ver igual.
Me puse de pie, me desperecé un poco y salí caminando, dejando detrás al banco de piedra que quedaba oculto detrás de los rosales.
Aunque era muy temprano, algunos vecinos barriendo la vereda o comerciantes abriendo sus negocios se comenzaban a ver.
-Buen día- me dijo un vecino mientras barría- Linda mañana, no?
-Si- contesté extrañado, porque al hombre no lo conocía, pero me hablaba como si así fuera.
Seguí caminando mientras pensaba de dónde me conocía , porque en la ciudad uno solamente saluda a los conocidos, de otra forma pasaría el día saludando a los millones que uno se cruza.
-Hola, buen día- me dijo una hermosa mujer que salió a barrer en el preciso instante en que yo pasaba. Creo que no se acordaba que tenía la escoba en la mano.
-Hola- dije, menos extrañado que antes.
Así recorrí el camino hasta mi destino, entendiendo a qué se referían cuando hablaban de la hospitalidad del pueblerino.
La vida me llevó a radicarme en Salliqueló y aunque nunca más volví al museo, la plaza, como en todo pueblo, es el punto de reunión para dar una vuelta el domingo, para noviar, los que tienen esa suerte o simplemente para cortar camino en lugar de rodearla, cuando uno anda por ahí.
Después de algunos años, paseando con mi mujer por los caminos de la plaza recordaba aquella anécdota del museo.
-No se quién era la vieja del museo porque nunca más la vi.
-La tenés que haber visto cientos de veces, porque es la madre de Daniel - dijo mi mujer que siempre tiene razón.
-No me digas- respondí asombrado- yo la recuerdo más vieja.
-Será de la bronca que te dio, pero ella siempre trabajó en el museo hasta que se jubiló hace unos años.
- Espero no haberle contado nunca la historia a Daniel, porque soy un especialista en meter la pata.
-Vamos a sentarnos ahí- dijo mi mujer mientras señalaba un banco con las maderas nuevas o barnizadas muy recientemente.
-No, vamos al banco de piedra donde me senté esa vez- le dije mientras intentaba ver por sobre las plantas para ubicarlo.
-¿Qué banco de piedra?
-En uno de los caminitos internos hay un banco que es de piedra, no como estos.
-Lo habrás soñado, porque todos los bancos son iguales- dijo ella con la seguridad que la caracteriza.
-No, te digo que hay uno de piedra, pasa que entre tantos caminitos uno se pierde, pero vamos a buscarlo vas a ver. 
Caminamos por todos los senderos internos y nunca lo encontramos.
-Lo habrán sacado- dije yo- es una pena.
-La verdad es que yo no recuerdo haber visto nunca ese banco que decís, te habrá parecido.
- Puede ser- dije muy poco convencido- pero estoy seguro que me senté en ese banco.
Algunos años más tarde, me contrataron para trabajar con el sistema informático y de comunicaciones del nuevo museo. Después de haber dejado de pasar el tren de pasajeros por esta zona, lo que antes era el edificio de la estación se restauró para mudar el museo. El trabajo fue muy simple. Instalar equipos nuevos, configurar algunas cosas y nada más, apenas dos o tres días. El último día mientras terminaba de verificar que todo funcionase bien, seguían trayendo cosas los empleados municipales y organizando todo en su lugar. 
En un momento dejan al lado del escritorio de la computadora una caja con cuadros, muy viejos para que les busquen lugar.
Sobresaliendo levemente de la caja, un cuadro donde se ve la plaza, con la forma que perdura hasta hoy, sin los grandes árboles y apenas sembrada de flores. Muy distinta pero reconocible.
En el centro sobresalían más que hoy, el mástil y su base flamante, rodeado por bancos de piedra.
Sin pensarlo demasiado tomé el cuadro y lo puse sobre el escritorio.
-¿Viste qué distinta se ve la plaza?-dijo la actual encargada del museo- parece más grande ¿no?
-Si, re pelada- le contesté sin quitar la vista de la foto color sepia.
-Debe ser de 1930 o un poco antes, porque no está fechada.
-Me llaman la atención los bancos, son de piedra.- dije tratando de disimular la intriga.
-Si, eran feos, pero desde que recuerdo siempre estuvieron los de metal y madera.
-¿No quedó ninguno de piedra? -pregunté inmediatamente.-Que yo sepa no, nunca los vi. Y no soy ninguna nena.

No pregunté más. No podía ser. Seguí con lo mío, terminé y me fui.



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5 de febrero de 2012

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Son los sentimientos...



Son los sentimientos
aquellos que hacen
escribir un poema,
lo son de alegria,
tambien de tristezas,
pero sean cual sean
esos pensamientos,
¡el poeta los saca
por siempre de dentro¡.

Autor : Julia Orozco.

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4 de febrero de 2012

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So, are you breathing?


Recuerdos del olvido atormentan mi camino...
mis memorias en desuso caen y mueren, mueren y se levantan, y al levantarse traen consigo la capacidad tanto de dar fuerza como de quitarla... y es este choque de plusvalía y minusvalía, lo que satura el cielo de colores azules y rojos, blancos y amarillos, negros y purpuras, relámpagos que dejan tras los párpados estelas de colores segadores, si tan solo escuchara el tronar...
si tan solo las explosiones rompieran el silencio... si tan solo sus luces me mostraran el camino.
suelto "mi"espada ya conseguiré otra llegado el momento(después de todo no es mi espada en realidad es solo una mas de algún caído) en este momento es solo un lastre, me fuerzo a mantener los ojos abiertos, busco humo a lo lejos(busco señales de vida y con ellas algún suministro de comida, un lugar donde descansar, alguien para romper el silencio, o un enemigo mas...) la tormenta hace mas difícil cada paso, es extraño... tener la fuerza pero no la pericia para seguir, es casi como acelerar el paso y no avanzar y al detenerte estar a solo un paso del objetivo.
no encuentro a nadie cerca pero encuentro a un caballo herido(quien abandono su montura no tuvo el coraje de darle el tiro de gracia) una pena menos... una comida mas

Autor : Berserkwolf


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1 de febrero de 2012

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De cien


Alexis y José son músicos.
Alexis estudia piano desde que su tío a los 4 años le regaló un Steinway de cola que pasó a ser el centro de la enorme sala donde vivía la familia Wainbaum. 
José heredó de su padre, el mecánico del barrio, esa facilidad para ser el centro de atención en las reuniones, cantando desde que aprendió a hablar y acompañando con un bombo casero, las guitarreadas que se armaban en los asados del taller todos los jueves.
El señor Wainbaum, uno de los dueños de la mayor editorial del país, contrató a los mejores profesores de piano, durante toda la infancia de Alexis hasta que entró en el Conservatorio Nacional. Varios fueron los profesores que pasaron por esa casa. Por alguna razón nunca duraban demasiado.
José se calzó la vieja guitarra de su padre cuando sus brazos llegaron a rodearla y alcanzar las cuerdas. Tocaba solo, cuando su padre le prestaba el instrumento y en las guitarreadas de los jueves, mientras los mayores comían y tomaban, él se acercaba a los instrumentos de los invitados y con cuidado, apenas rozaba las cuerdas sin tomarlos por miedo a tirarlos.
Con el tiempo José aprendió algunos rasgueos y lo dejaban participar en alguna zamba con la vieja guitarra del mecánico, con el bombo que era por descarte el instrumento que casi siempre le tocaba y cuando sólo estaba de espectador, llevaba el ritmo golpeando la mesa y el banco de madera.
Pasaron muchos años de estudio, muchas crisis en las que el chico no quería ni acercarse al piano, hasta que terminado el conservatorio, Alexis ya era oficialmente un músico.
Gracias a sus influencias el señor Wainbaum facilitó las cosas para que su hijo tocara en el Teatro Nacional, en una gala donde los invitados pagaron carísimas entradas.
La mayor parte de la audiencia estaba por quedar bien con el señor Wainbaum y no entendía mucho de música.
José comenzó ayudando en el taller hasta que quedó al frente después del accidente que dejó a su padre sin poder trabajar. Los asados de los jueves siguieron y ya eran una tradición en el barrio, aunque ahora José era el principal atractivo, deleitando a todos con sus habilidades para emocionar a los oyentes con cualquier instrumento o simplemente con su voz.
En la escuela no le salían muy bien las cosas. Aunque era muy inteligente, el trabajo le ocupaba casi todo el tiempo y si no fuera por la insistencia de su padre hubiese abandonado.
Con unos compañeros se les ocurrió armar un grupo y los fines de semana se juntaban a tocar a la gorra en la peatonal del centro. Solían juntarse muchas personas alrededor, que al pasar, no podían evitar sentirse atraídos por la música y aplaudir hasta dejar rojas sus palmas.
No lo hacían tanto por la recaudación, que a veces, después de repartirla, ni siquiera alcanzaba para comprar un juego de cuerdas, pero hacer música les daba placer y ver a la gente feliz era suficiente recompensa.
La noche del concierto Alexis estaba muy nervioso, casi descompuesto. Había ensayado cientos de veces pero igualmente no podía alejar ese terror de que se le escapara una nota.
El auditorio escuchó en silencio durante la ejecución, muchos se esforzaron por contener el sueño y cuando terminó aplaudieron de pie y saludaron respetuosamente al importante músico, hijo del respetado editor, en el imponente teatro.
Casi una hora después del concierto, Alexis seguía temblando, su malestar no lo dejaba y su cara ya estaba entumecida de sonreír forzosamente para las fotos y las felicitaciones que no sentían que fuesen sinceras.
No quiso volverse con sus padres y decidió dar una vuelta caminando para despejarse. Igualmente su casa estaba a pocas cuadras del teatro.
Mientras caminaba por la peatonal se paró a ver el por qué de tanta gente y entre las cabezas lo vio a José tocar con una vieja guitarra y cantar con tal sentimiento que logró emocionarlo.
Cuando terminaron de tocar, agradecieron sinceramente al público por escucharlos y entre aplausos se dispersaron los paseantes, algunos dejaron algunas monedas en la gorra, otros simplemente siguieron su camino.
Cuando los amigos contaban las propinas para repartirlas, no podían creer lo que veían. Entre monedas y billetes de dos pesos, enrollado prolijamente un billete de cien.

Autor : Gamar

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