31 de julio de 2012

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Comunicado Nº1 del Dr. Fachetti


Comunicado del eterno dirigente Dr. Máximo Ortiba Fachetti (candidato a cualquier porción de poder)

CORRELIGIONARIOS!!

ACEPTAREMOS QUE EL SOBERANO NOS NOMBRE, Y ALLÍ ESTAREMOS!

ACEPTAREMOS TOMAR RESPONSABILIDADES SOBRE LAS CUESTIONES DE LA POLÍTICA NACIONAL!

ACEPTAREMOS, PONER NUESTRO ESFUERZO AL SERVICIO DE LAS GRANDES CAUSAS NACIONALES!

ACEPTAREMOS DEJAR DE LADO NUESTROS INTERESES PERSONALES, EN PRO DEL BIEN POPULAR!

lo que no aceptaremos jamás es esa cosa discriminativa, de que, ademas......LO HAGAMOS HONESTAMENTE!

Salúdoles con alta consideración y estima.

Dr. Máximo Ortiba Fachetti
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30 de julio de 2012

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Silencio Mental


Echo de menos el silencio. El silencio físico que los diversos aparatos modernos han eliminado. Pero también el silencio mental. Ese que desapareció cuando tú entraste en mi vida. Ese que hacía nacer cosas maravillosas y del que ahora solo alcanzo a ver una ligera sombra.
Me gustaba mi tranquilo silencio mental. Ese silencio que se imponía sobre un río de pensamientos múltiples y diversos. Eso que convertía mi mente en una gran pantalla en blanco, lista para ser mancillada de Arte. Aunque, paradójicamente, las musas me visitan más desde que destruiste aquel silencio. Porque tú eres más grande, eres un elemento más inspirador que una simple página en blanco.
Pero lo echo de menos. Ser dueña de mi tren de pensamientos veloces e incoherentes. Perderme en relaciones absurdas e imposibles de seguir sobre un sobrecogedor silencio mental. Y que bien suena, silencio mental, anhelada tranquilidad creadora. Porque ahora te me cuelas en cualquier tren de pensamientos. Pasajero (in)deseado, polizón a bordo, paradoja errante. Y lo difícil es no describirte. Ocupando como ocupas gran parte de mi antiguo silencio mental. No quedando más opción que construir las vías del tren alrededor de ti. O de la imagen que he creado de ti. Que podría no corresponderse con la realidad más que en un ínfimo tanto por ciento. Pero que a algo llamado instinto (creo) le ha parecido suficiente. Suficiente para vedarme el silencio mental.
Sí, que pesada, ¿no es mejor el amor (creo que nunca lo había escrito tan claro, tan grande) que el silencio mental? No lo sé. No lo creo. Porque me vuelve monotemática. Limitada. Límites... Cuan atractiva puede llegar a ser su inconsistencia. Cuan problemática, también.
Consiguiendo ahora un nuevo tren. Límites. ¿Cuáles son los tuyos? Me encantaría conocerlos. Para caminar por el borde, poder conocerlos para (co)romperlos, tratando de no (co)romperte en el intento. Pero ni siquiera me das eso. Eres cruel. Pero no importa. Ya nada me importa si te sigo viendo... Otro Tren perdido. Increíble. Tú poder es ingente. ¿No lo ves?
Qué pena que no sea suficiente. La cesión de un poder ilimitado, creciente. Un amor eternamente finito. Un sexo ardiente, una boca complaciente. Qué pena que no sea suficiente. O, quizás, que bien que no sea suficiente, porque siempre encontré un extraño placer en quejarme. Y, si te tuviera finalmente, ¿qué excusa quedaría para sustentar la persecución del dolor que a mí es inherente?

Catherine






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29 de julio de 2012

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El rito



Liliana estaba en sus cuarenta y pico, pero aparentaba menos; quizás treinta y cinco. Divorciada, de clase media, porteña. Llegó sola, pero allí se encontraría con sus amigas; era jueves. Ése era el día de la semana que destinaban al esparcimiento, cena y tragos entre damas contemporáneas, tal vez aventura. Como ya se dijo, fue la primera de su grupo en llegar. Al pasar junto a la mesa en que se hallaba Diego, le dedicó una leve sonrisa, ella a él; una suerte de saludo entre desconocidos, posiblemente alentada por ese espíritu de jueves after office que anidaba en su alma. Sin detenerse, siguió caminando, montada en sus empinadas sandalias, hacia una mesa ubicada más adentro; Diego había elegido una junto a la ventana. Se sentó y pidió a la mesera su primer trago de la noche, Gancia. Entonces, se entretuvo escrutando el salón, la decoración de las paredes, la calle que, aunque alejada, se dejaba ver en parte; y también su mirada se cruzó en algún momento con la de Diego. El aperitivo americano iba bajando de a sorbos. Liliana se percató de que entre ellos había onda, y se sintió halagada por eso. Después llegaron sus amigas, y juntas ordenaron la cena. Diego continuó bebiendo, estaba solo, no era su intención cenar. Ahora el salón estaba completo, era la hora pico, en esa noche de jueves en que los mayores de veinticinco se reúnen para confraternizar, sin sus parejas los que la tienen. El momento es una gran oportunidad para solos y solas, corazones solitarios que buscan una costa donde encallar. Diego bebía, desde la mesa donde se hallaba Liliana le llegaban algunas risas, como un eco distante. Las veía hablar entre ellas y mirar de vez en cuando hacia donde estaba él. Al terminar la cena, las amigas intentaron convencer a Liliana de que no dejara escapar esa chance. -Dale, acercate a la mesa de él y decile si te podés sentar un momento. -No sé, voy a quedar como si estuviera regalada. -Eso no importa, tomá otro trago y andá, es tu oportunidad. Liliana obedeció a sus amigas; bebió otro trago y se puso de pie; enseguida caminó hacia la mesa de Diego. -Hola, ¿me puedo sentar un momento? -Sí, claro, sentate. -¿Cómo te llamás? -Diego, ¿y vos? -Liliana. ¿Esperás a alguien? -No, estoy solo. El diálogo continuó recorriendo todos los lugares comunes habidos y por haber, una simple rutina entre dos personas del sexo opuesto que ya han dejado atrás la adolescencia y se encuentran un jueves a la noche, con unas copas de más encima, dispuestas a entablar una relación ocasional. El pragmatismo se apoderó de ambos. -¿Vamos a mi departamento?-preguntó ella, a modo de invitación- Mi hija está con el padre, mi ex. -Dale, vamos -aceptó él. Liliana fue a la mesa donde aun se hallaban sus amigas a buscar su cartera y avisarles que se iba con Diego. Luego sí, la flamante pareja se marchó. En el departamento de Liliana, bebieron café y consumaron el final del rito. Después, se asomaron al balcón; la tibia madrugada de noviembre lucía desangelada.


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28 de julio de 2012

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Seré

Seré para siempre,
caballero andante,
como Don Quijote
con su rocinante,
seré flor y seré clorofila,
seré ruiseñor
cantando, a la vida.
Seré viento frio y aire
caliente,
seré bella luna,
alumbrando por siempre,
seré ese sol, que brilla
en el alba,
y ese resplandor,
que todo lo abarca,
seré ya (por ser), ese ser
que aspira,
a ser para siempre
amor y ternura.

                                          Julia Orozco.
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27 de julio de 2012

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Dr. Màximo Ortiba Fachetti, un político de raza


A partir de esta primer entrega, el magazine No Somos Escritores se complace en presentar una serie no determinada de comunicados institucionales y de campaña escritos de puño y letra por el famoso político Dr. Màximo Ortiba Fachetti, traído nuevamente al alumbrado público por la excelsa pluma del Gaucho Santillán quien se ha convertido en su biógrafo no autorizado ni pagado. En ésta primer entrega presentamos al dominio público una resumida hoja de vida de tan encumbrada lumbrera.
Breve biografìa del eterno dirigente Dr. Màximo Ortiba Fachetti 
(candidato a cualquier porciòn de poder)

Nacido el 9 de octubre de 1960, en el seno de una familia de clase modesta , Màximo Ortiba Fachetti ràpidamente destaca por su liderazgo, organizando una huelga en la misma maternidad.

Esta culmina cuando Fachetti logra que lo cambien por otro bebè, perteneciente a una familia acomodada.

A los seis años, ingresa en un prestigioso colegio privado, donde ràpidamente organiza un mitìn polìtico con el lema : "O nos dan algo, o pondremos palos en la rueda". Logra manejar el tràfico de caramelos en toda la escuela.

Destaca en latìn. Es el que mejor comprende la frase "Panem et circus".

En el bachillerato, toma la decisiòn de no trabajar por el resto de su vida, y se dedica a la polìtica estudiantil, logrando aprobar exàmenes sin estudiar, bajo amenaza de hacer pùblicos secretos "affaires" entre los profesores.

Decide ponerse el tìtulo de "Dr", a pesar de no asistir a la universidad.

-"Lo que importa, es mi impronta personal"- responde cuando es inquirido al respecto.

Ya adulto,decide dedicar toda su vida al ùnico partido que le interesa : el oficialismo. Lo hace por el resto de su vida.

Se dedica a la filantropìa, organizando eventos para recaudar fondos.

-"Correligionarios! compraremos arroz, huesos con carne, y todas esas porquerìas que comen los pobres"-.

Escribe varios libros, entre los que destacan :

"Por fin un gobierno que vale la pena" (reeditado 14 veces, con algunos cambios),

"He dejado atràs mi pasado asì que pito catalàn",

y "Estaba ciego. Me vuelvo a mi anterior partido porque las urnas nos apoyan".

Actualmente, se dedica a ocupar puestos medios en cualquier gobierno de turno, pero con perfil bajo.

-"El olvido es el sino de los pueblos!"- es su frase preferida.

El Dr. Màximo Ortiba Fachetti,orgullosamente, se encuentra hoy reuniendo los papeles para tramitar una jubilacion de privilegio.

Autor : El Gaucho Santillán
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26 de julio de 2012

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Juegos de amor sin sentimientos


Hace veinte años quería dejar de sentirme tan extraña en este mundo...Mi día y día iba transformándose en una constante de tortura y desesperación.
No hacía mas que escribir mis emociones cuando sentía esa opresión en el pecho cada vez que alguien jugaba con mi cuerpo rozando los rincones más ocultos o cuando quería dejar de sentir pena de mi misma cada vez que alguien no valoraba la sustancia que siempre ha habido en mi interior. Tanto tiempo pasaba en frente de los folios, como dentro de la ducha... Cada vez me duchaba más y frotaba con más fuerza la esponja sobre la superficie de mi cuerpo que cada día me repugnaba con mayor intensidad.
Día a día me iba convirtiendo en un objeto sexual sin sentimientos...

Es complicado transmitir como te sientes cuando entras en ese bucle de sentimientos perdidos en el que todo carece de sentido, quizás todo se resuma en dolor, miedo y culpabilidad, dolor, porque tu cuerpo sufre dolencias, porque vas maltratando a tu vida sin encontrar ninguna solución y cometes excesos que nunca te habías planteado, miedo, porque te pasas la mayor parte del día pensando que te deparará la noche, si será una noche normal o te enfrentaras a un nuevo reto, a una nueva manía de esos hombres que buscan saciar su deseo en manos de una desconocida, a veces con frialdad y otras con asco y desprecio, pero de cualquier manera tratándote como la arena que se puede pisar pero no se puede coger, y por mucho que pasen los años seguirá ahi... sin vida, inerte, golpeada por el mar... Pero quizás todo sea por mi culpa por no poder poner el freno a algo que tanto daño me hace pero no se como parar.

Hoy hace veinte años desde que abandoné la prostitución, los juegos de amor sin sentimientos y las noches en camas vacías, hoy celebro a su lado que he recuperado mi vida porque él apareció en ella y me rescató del infierno.
Hoy, recordamos en el sofá de siempre nuestra historia, la decisión del destino y veinte años de matrimonio en los que he pasado de la tierra al cielo.

Le conocí una de aquellas noches de lujuria inexistente, en la habitación sin número de un hotel de carretera, él era un prestigioso escritor y yo no era más que un conjunto de propósitos que perdían su sentido en cada cama. En mi interior aquella visita nocturna se pronosticaba como otra noche más, pero quizás fue cuando vi su mirada cuando me di cuenta de que había algo más que deseo en su presencia, por primera vez en mi vida la noche no acabó entre sabanas.
Él quería escribir sobre la prostitución y quería pagarme por contarle mis experiencias, y yo accedí al instante. Pasaron muchas noches en las que él fue dándome una confianza para mi desconocida, corrieron horas en las que me leía sus novelas y nos tumbábamos en la cama sin traspasar lo prohibido, el era más que un oyente, y yo, por primera vez desde hace años, comencé a recuperar la ilusión por vivir.

Pero no fue todo tan fácil, aunque yo me estaba enamorando poco a poco de él, las noches de pensiones oscuras y de vicios inconfesables con hombres sin amor no paraban, eran como una droga. Dormir quizás era una buena terapia, pero a estás alturas la droga ya había hecho demasiado efecto y pocos remedios iban a poder curar aquello en lo que me había convertido.

Es más sencillo hablar ahora, tras veinte años de alegrías, frente a una mesa llena de ilusiones, con una cena perfecta y la casa llena de velas con la ilusión del primer aniversario... es más fácil ahora que tengo un marido que me protege, una llave donde cerré el pasado, y una noche llena de esperanza bajo una hermosa luna llena testigo de veinte años de amor, quizás sea por eso que hoy celebramos que el destino me cruzó con él para dejar aquel trabajo tan históricamente antiguo.

Una tarde de mi antigua vida mi escritor me llamo para decirme que ya había acabado su libro, y que quería que fuera con él a la presentación. Nadie se imagina como se siente una persona cuando la valoran, así que con el vestido que me había regalado y maquillada lo mejor que pude fui con él.
Tras años, la gente me trataba como si fuera una persona sin ningún secreto oscuro y me hizo sentirme realmente bien.
Llegó el momento de la despedida, tras la presentación él me acompaño a mi apartamento a las afueras de la ciudad, pero cuando yo creía que llegaba la hora del final de esos días de ensueño, entonces me dio su libro, cuando lo abrí, lo pude ver impreso... él me había dedicado su novela y yo no pude sino sentirme muy especial.
Tras aquella noche y las que la sucedieron fui dejando radicalmente las escapadas nocturnas para disfrutar del amor con él, un sentimiento que no se pagaba con ningún tipo de dinero.

Y hoy tras veinte años, tras una noche llena de regalos y risas mientras cenamos, llega el momento más especial de la noche, y lo lleva siendo miles de veces en estos años, llega el momento en el que nos fusionamos en una sola persona, en el que las caricias son únicas e intransferibles, y los suspiros una constante temporal, donde él es mio y yo soy solo suya...


Autor: Atenea

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25 de julio de 2012

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Alejamiento de Gabriel G.Gómez


Cumplimos en informar a todos nuestros autores que debido a la vigencia de las nuevas normas se ha debido aceptar, no sin una profunda pena, el alejamiento voluntario de nuestro querido autor Gabriel Guerrero Gómez.
Las razones expresadas indican que no dispone del tiempo necesario para publicar sus trabajos en nuestra página.
Él mismo nos ha pedido que eliminemos también sus trabajos anteriormente publicados, obra que según entiende ha cumplido su objetivo dando lustre y merecida importancia a este humilde blog . 
Agradecidos del inmenso honor que ha representado contar con sus letras en nuestra página su deseo se ha cumplido, como corresponde, de manera inmediata.

OPin

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24 de julio de 2012

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Mares de hielos azules

Pintura de Helmut Disch (detalle)

Amargas las manos de tanto sudor, Desiderio terminó de cargar su vieja canoa, como lo hacía cada día fijando su vista en algún punto lejano, allí en medio del mar, aquel intenso amigo.
El sol comenzaba ya a asomar sus primeros y espectrales rayos sobre las aún oscurecidas tintas de la noche. Esa inmensa bola roja había sido siempre su guía.
Tomó una vez más su crucifijo y lo besó como en cada amanecer donde las aguas se le acercaban para invitarlo, para desafiarlo a que intentara una vez más robar su tesoro.
Siguiendo su ritual, giró la cabeza hacia el caserío que aún dormitaba. Ubicó su pequeña choza de barro y paja, en la que imaginaba a sus niños y a Francia, su esposa, dormitando el último acto de algún sueño pequeño.
Comenzó a empujar, pero como cada día el mar lo rechazaba con entusiasta cólera.
Cada ola era un negro obstáculo familiarmente cotidiano.
Al fin, alcanzó la rompiente del oculto coral y desplegó su pequeña y amarillenta vela latina. Un leve triángulo de tierra inmerso en aquel fragor. Añosa de tanto sol y salada brisa. Sus oscuras aureolas le hablaban de aventuras pasadas donde los protagonistas habían sido su padre o su abuelo. Algunas serían parte de su legado a los niños que Francia le había dado.
Eso y el oficio.
Tomando la pala del timón arrumbó hacia la boca de la bahía, mientras acariciaba con sus ojos cada recodo, grieta o cueva que se dibujaba sobre los farallones que la encerraban. Aquellas superficies ásperas y resecas eran, en su frialdad, cálidas a su curtido corazón.
Cuarentitrés años contemplando ese mismo paisaje. Nunca había pensado en nada diferente, nada fuera de aquél pequeño mundo que lo encerraba dentro de su libertad.
Allí donde el risco caía abruptamente en las aguas y sólo la inmensidad de éstas debían quedar a la vista, comenzó a dibujarse una angulosa figura totalmente ajena a lo natural. El color intenso de su superficie, el ruido apagado de motores y las vetas de oxido y lapas adheridas en su contorno, traían hacia Desiderio aires de mundos lejanos que nunca llegaría a conocer.
Ese pensamiento comenzó a atormentarlo.
Ellos venían por su cosecha sin haber sembrado ni una gota de sudor en aquel, su querido Caribe.
Tenían las costumbres del desarraigo y la invasión.
Vagaban al acecho por lugares que él jamás habría imaginado, ondeando la bandera de cielos blancos con un inmenso sol naciente en su centro. Constituían una amenaza. Una amenaza de muerte. Del fin de los días de tibios amaneceres, la seguridad de sus niños y su mundo de tradiciones.
La marca de dos conos unidos por sus vértices y otro adicional en dirección al aparejo, hablaban de cientos de metros del mismo y un buque en plena faena.
Aquellos seres pequeños curtidos tal como él, corrían sobre cubierta en un ritmo ascendente que parecía más de desesperación que de unión con su propia naturaleza.
¿Qué podría excitarlos tanto?
Desiderio sólo lograba comparar esa agitación con la que resultaba de las fiestas parroquiales, cuando el ron y el aguardiente eran la sangre bombeada por los corazones de la turba creyente en las leyes del destino.
Bravíos bajo el efecto del alcohol al punto de poder dominar al toro más arisco con las manos limpias y embrujar a la más deseada con el verbo incontenible de quienes no encuentran barreras a sus impulsos.
Desiderio contempló las viejas boyas y la pequeña red de arrastre. Sus bienes mas preciados. Objetos que en su antigua simpleza constituían el sostén de su estirpe.
Luego contempló el barco factoría decorado con símbolos de mundos lejanos. Vio su pontón posterior descendiendo implacable hacia las aguas. El trajinar de los tripulantes. El ruido de los malacates liberando las redes mientras el buque tomaba un curso circular haciendo efectiva la trampa en plena maniobra de calado de red alrededor del cardumen.
Arrió su vela y permaneció un largo rato contemplando la maniobra mientras el oleaje lo mecía rítmicamente, acompañando uno tras otro sus sorbos de aguardientica.
Permaneció aletargado, sentado sobre la pequeña canasta de víveres que le preparara Francia para soportar los rigores del día con papayas, pescado y patacón pisado.
Sometió su imaginación al duro transe de ver su negro futuro en aquellas aguas, el destino de su casta, su impotencia para cambiar el rumbo navegando otro tipo de mares.
Vio la herencia hacia sus hijos como algo de otra raza, ajeno e inútil.
Sopesó la situación y un amargo llanto de varón vencido reventó en su pecho. Maldijo en su dialecto indígena tanto como sus pulmones le permitieron.
Se irguió desafiante, un brazo en alto con una mano de vidrio y alcohol por la mitad, agitada por la ira.
De pronto el mundo se tumbó sobre él.
La espuma lo devolvía una y otra vez, mientras los restos de la canoa mostraban su quilla al cielo.
Alguien gritó palabras rotas.
Un repiqueteo de alarmas de simulacro sonaban y se acallaban según el devenir de las olas.
Ahora silencio.
Ahora campanadas.
Dos triángulos, uno rojo y el otro amarillo unidos, se izaron dando aviso de hombre al agua.
Desiderio flotó a la deriva un tiempo manco de toda manecilla, hasta que una cara extraña, mezcla de pez y de hombre, le sonrió casi sin ojos que ver.
Los sonidos no decían nada, sólo los gestos.
Ese ancestral idioma hizo que fluyera un nuevo tipo de comunicación entre aquellos competidores y el indígena pescador.
Parecían sentir más de lo que las palabras lograrían expresar.
Aquellos extraños seres comenzaron a parecerse extrañamente a él mismo. Tal vez llevados a esa vida por razones similares a las de Desiderio. En escaso tiempo, acelerado por el alcohol, tal vez, se vio a sí mismo como uno más de aquellos desterrados merodeadores.
Mas tarde habló también con Francia, para que lo espere. Abrazaría a sus hijos soñando con un legado mejor. Su compadre cuidaría de ellos. Había decidido abrir sus manos en surcos sangrantes de esfuerzo, separar sus huesos en tareas imposibles, lograr un lugar para la ida, el aprendizaje, la aventura.
Un volver a empezar.
El lugar para el retorno estaría allí, esperándolo, entre los farallones, la playa y el mar.
Dicen que Desiderio cayó al mar un día de Agosto.
Allí donde los hielos azules navegan a la deriva y las aguas se espesan en tintas de frío.
Uno de aquellos tantos lugares que jamás pensó que pudiera llegar a ver.
Francia nunca lo supo ni intentó saberlo. Simplemente dejó transcurrir el tiempo mientras sus hijos besaban un crucifijo cada mañana, antes de empujar aquella pequeña canoa de vela latina rumbo al sol naciente, aquel mismo que había sido guía de un pasado indígena difícil de superar.


OPin
Once Cuentos sin Rumbo
Bs. As. 2000
© Copyright 2010
Once Cuentos sin Rumbo
ISBN 987-43-8446-9


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23 de julio de 2012

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He despertado (2)


¡Ponte las alas, que vamos a volar¡
Sobre esta nube que he cazado con un sólo brazo, no resulta tan grande el Océano verdoso,
barrera de los hombres que no están tan separados.
En línea recta llego antes. Que me entra la prisa. Que ya he llegado.
En el Norte no veo que todo sea como estacas puntiagudas.
Se sienten felices, más creo que no piensan demasiado,¡Esto está lleno de robots¡
Un giro del viento, me ha tirado sobre Panamá.
Parece que aquí el aire se distrae, y se está olvidando de hacia qué lado girar.
Me tomo un café con azúcar moreno. Me escondo su aroma en el corazón.
Y tanto verde me hace cosquillas, que triste es que no lo cuiden bien.
Dando volteretas intento quitarme el frío pero un muro de piedra me ha frenado.
¡Si que es grande esta pared¡, pero si me pongo de piés puedo ver el otro lado.
Vuela un pájaro con un traje impresionante, su cuello es blanco como la nieve del suelo.
¿Qué pijama quieres? ¿Este verde o este blando?
Pisando la alfombra, ¿qué es esto? Ah¡, que me he despertado.


Autor: Jonhan



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19 de julio de 2012

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Y al encontrarse.

Acababa de nacer,
y él, se marchaba,
por un solo instante,
se encontraron sus almas,
y al encontrarse,
sintieron que habían sido
¡viento y rocio
amor y amantes¡
                                               Julia Orozco.
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18 de julio de 2012

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“Mil hojas de plegarias”


             
        “Mil hojas de plegarias”


              Ámbar y  fuego
       en el hechizo crepuscular de tu mirada 
            conjuga de miel y ocres
                 esta primavera sobre mi piel
                     abrazando estrellas fugaces
       y luciérnagas de antaño.


              Mas un naufragio de calendarios
       en somnolientas pupilas
             viste mariposas en la noche,
                  y en la infinita niebla
                      que amuralla mis fantasmas
       un rocío de auroras desgrana tempestades.


              Y un soplo en mil hojas de plegarias
       teje la sinfonía inclemente del horizonte
              soltando amarras en lágrimas
                  de hojarasca y coral
                      cuando en la penumbra del delirio
       naufrago, inmaculada, hacia tu Cosmos.
 





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17 de julio de 2012

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La sangre es vida.

El agua fluye de distinto modo según la temperatura. Del mismo modo la sangre se expande con más o menos velocidad en función de que salga de un cuerpo vivo o se obligue a fluir por una cánula de transfusión. Manuel lo sabía de sobra. Treinta y dos años en el servicio de hemopatología de un hospital y muy vinculado al servicio de extracción de plasma para transfusión. Un ser lívido y totalmente cetrino que se movía con inusitada soltura entre bolsas de vida hemológica pero que era totalmente torpe ante cualquier acontecimiento social. La sangre, se le oía murmurar, es todo en la vida. Es la Vida en sí, es lo único que importa. Así le debía de importar. Así de vital era su actividad diaria, tan vinculada a la sangre que decía incluso, poder saborear su ferroso y sutil olor, sabiendo en todo momento cuando se estaba derramando tan precioso líquido. Nada más se sabía de él. Ni nada más interesaba a sus inmediatos superiores, más que nada por la inmensa desazón que provocaba el verlo pasar cómo algo etéreo por los pasillos del Hospital.

Hemoglobina.

Nunca, nadie, se había preocupado de saber nada más de Manuel que no fuera su relación laboral. Su actitud evasiva, su vida totalmente rutinaria y su mirada perdida no incitaban en nada a iniciar una conversación ni tan siquiera a proferirle un buenos días que nunca encontraba contestación. Sus ojos oscuros e inquietantes invitaban a dar media vuelta apenas lo avistabas y, por supuesto, lo peor que te podía suceder es cruzártelo en un pasillo en penumbra a las tantas de la mañana. Nadie le conocía lo suficiente y los más viejos de la plantilla siempre lo recordaban igual. Cetrino, de piel semitransparente surcada de una miriada eterna de venas azuladas en constante ebullición. Su apagado semblante bullía extrañamente de una vida cuasieterna que parecía renovarse cada día cuando, llegando al trabajo, fichaba, adquiriendo una vida inusitada y repentina que hacía brillar sus ojos y en cierto modo mostrar una sonrisa, si podía llamarse así a la mueca extraña que mostraba en ese instante.

Cómo todo lo que no comprendemos, las tesituras extrañas incitan a la imaginación y ello a las más pecaminosas y retorcidas interpretaciones de lo que es o puede ser una persona. Algunos, de forma maliciosa lo habían empezado a llamar el vampiro. Otros de manera aún más escabrosa decian que sentía fascinación por la sangre porque se alimentaba de ella, cosa que quedaba descartada en los frecuentes controles de plasma que la administración hacía a fin de programar las campañas de extracción. No había quien aseguraba, por voz de alguién que había escuchado a alguién, que Manuel, muy vinculado a personas sin escrúpulos, vendia sangre humana cambiándola por ingentes cantidades de plasma tratado de origen porcino. Toda una serie de sinsentidos y maledicencias que quedaban descartados por los controles necesarios y rutinarios del Hospital que, sin embargo, no podían explicar la alta tasa de mejora de algunos enfermos transfundidos con el plasma tratado por Manuel.

Plasma.

Era un secreto a voces que si el Hospital no había prescindido de una persona a la postre tan siniestra, era porque en el fondo algo tenia que, de todos los operadores de plasma, era el que más grado de recuperación con menos plasma utilizado conseguía en pacientes. Nadie conseguía explicarselo, pero su alto grado de sanaciones le hacía a la administración repalntearse su traslado a pesar de la desazón que producía en un personal que, acobardado, se negaba abiertamente a establecer contacto o compartir guardia con él. Requerido por el director del Hospital a éstos respectos, el sólo se limitaba a encojerse de hombros y preguntar si había hecho mal a alguién o molestado a algún compañero. Manuel era posteriormente dejado en paz hasta el siguiente requerimiento. No tenía ningún borrón en su expediente. Nadie sabía de donde venía. Nadíe sabía quien era. Sólo que llegaba andando cada día al Hospital desde una pequeña casita situada a pocos metros del cementerio local, lo cual no hacía sino acrecentar las dudas sobre tan siniestro ser.

Por contra, el Hospital seguía registrando, cómo siempre, el récord de sanaciones. Nadie conseguía explicárlo, pero tras las cirugias en las que tenía intervención la sangre tratada por Manuel, el número de defunciones era nulo. Tanta expectación levantaba ese hecho que empezó a extrañar, abriéndose una investigación. Manuel llevaba toda la vida en el Hospital y las sanaciones habían sido múltiples y extensivas. Eso causaba preocupación en un entorno donde las peregrinaciones, derivaciones y acumulación de personas en busca del milagro fácil, se hacía cada vez más intensa y amenazaba con quebrar definitivamente la estabilidad de un centro hospitalario de provincias, escaso de personal y de equipación tanto material cómo económica. Todo ellos hacía a todos sospechar aún más hasta la mañana en que el fatal accidente lo mató. Nada del otro mundo, o quizás sí. Una bocanada de aíre en una desafortunada mañana de otoño. La herrumbre de una cruz palomera mal cuidada y un corazón a juego. Todo lo demás era historia.

Vida y Muerte.

Manuel falleció sin más en un pequeño ambulatorio a medio camino entre su casa y el hospital. Curiosamente al fallecer, su cuerpo adquirió cierta tonalidad rosada y su cara cierta tez de paz que no había demostrado nunca en su trayectoria cómo trabajador en la que una mueca de amargura había sido, a juicio del director del hospital, única persona que acudió a reconocer el cadáver, la tónica dominante. Pocos días despues de su fallecimiento y sepultura, en un nicho sobre el que se proyectaba la sombra de la cruz homicida reinstalada en su posición original, las sanaciones comenzarón a dejar de producirse. El Hospital vió cómo poco a poco ese récord mantenido desde que misteriosamente apareciera manuel se dejaban de producir. Lo único que la policía encontró en su casita, fue agujas hipodérmicas usadas y bolsas de sangre que, seguramente sacaba del hospital para luego reintegrar. Los analisis revelaron algo extraño, la sangre de las jeringuillas eran tanto de donaciones externas cómo de Manuel. La Sangre era la vida, el que quiera entender, que entienda.

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15 de julio de 2012

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Nos cuentan los maestros XXXVII / Luisa Valenzuela


El secreto es uno de los temas que me gusta explorar. Detesto las grandes certidumbres. Sólo quienes quieren tener el poder dicen ser dueños de la verdad. La verdad es multifacética y el hombre no puede conocer todas sus caras. El secreto va mucho más allá, porque se funda en el misterio del lenguaje, del que hablé en mi libro de ensayos Escritura y secreto . El secreto no puede ser develado; una vez que se conoce, deja de existir. Hay otro misterio que se esconde dentro de ése y nunca se llega al origen. Recuerdo que, cuando tenía un taller de escritura en inglés, en Estados Unidos, les señalaba a los alumnos, con una mirada muy latinoamericana, cosas que aparecían en sus relatos. Cuando les mostraba alguna relación oculta entre sus personajes y ellos me preguntaban si debían explicitarla, yo les decía siempre que no. Mi consejo era que lo contornearan y siguieran adelante, porque ellos ya sabían lo que ocurría entre líneas. No hay que matar el secreto porque permite ver por qué surgió eso y cómo se va desarrollando. Pero sólo se logra conservando lo no sabido.
Uno se propone mil cosas sobre cómo cambian sus personajes, pero después no funcionan porque están contra las reglas de lo que son, de lo que han hecho antes. Hay un hilo oculto que seguir, un hilo sutil de la historia que está a priori de manera inconsciente, no se sabe dónde. Hay que respetarlo aunque sea muy difícil. Hay que tirar de él y sacarlo de a poco. Si tirás muy fuerte, se rompe y si tirás muy despacio, se enreda y se pierde. Tengo que respetar el asunto en sí, no mi idea del asunto. Ésa es la fascinación de la escritura. La solución tiene que surgir de lo que ya está planteado. Por ejemplo, cuando hacia el final de la novela Elisa vuelve a mencionar a Juana Azurduy, me sorprendí, porque ya había dejado a un lado esa referencia.
Todos buscan lenguajes distintos a través de las situaciones que se crean en la novela. Son los intérpretes móviles para llegar a una gran indagación sobre los cruces de lenguajes. Yo no sé qué decir. Nacen por una necesidad de la narración. Si creás un mundo, lo tenés que poblar, pero no podés imponer los pobladores desde afuera. Surgen, aparecen, se presentan. Ése es el secreto del narrador. Hay escritores que hacen un plan; yo no lo hago porque me aburro, no cobra vuelo la narración. Sigo la dinámica de la palabra, de esa composición gramatical que se estructura con un ritmo, una respiración, un impulso que te lleva al otro lado. Pero es mi manera de ver el mundo. Cada quien estructura su mundo mental como se lo dictan sus neuronas. Espero que me lo sigan dictando como hasta ahora. Los cuentos nacen enteros. A veces en un solo día, y te sorprenden. Creo que quizá ya están escritos en alguna parte del cerebro. Cortázar decía: "Yo me siento ante la máquina de escribir como quien se saca una alimaña de encima". En el libro de cuentos hay uno, "Fin del milenio", que comencé una mañana, al despertar, en ese momento en que afloran cosas que vienen, posiblemente, de los sueños. Me encontré con dos personajes: un cardiólogo enfermo del corazón que toma Viagra y una enfermera de mala vida. Me senté a escribir tranquilamente. Mandé al tipo a Comodoro Rivadavia, donde se encuentra con la enfermera. Tenía que ir a almorzar a casa de unos amigos. Los llamé y les dije que me esperaran para el café, que no llegaba a almorzar, y seguí escribiendo. Luego llamé y dije que no llegaba para el café sino para el té. A mi tercer llamado, ya no quedaba nadie. Seguí escribiendo y terminé el cuento ese mismo día. Mi plan era enfrentar a dos personas siniestras para que pasara algo tremendo, y terminó siendo una especie de historia de amor indirecta. Fue una sorpresa para mí. Estos cuentos los escribí a lo largo del tiempo, más o menos en el período en que escribía El Mañana . El libro comienza con relatos de mujeres que desaparecen, es muy raro eso, sentía que había algo cerca de mí que estaba desapareciendo.

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12 de julio de 2012

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Eternidad




Acompañame hacia la eterna existencia,

subiré en tus alas...

y en negrura me convertiré.

alcanzaremos la negra noche y allí conviviremos,

solo la luz del alma perdida iluminara

nuestro corazón

un alma ahora negra

y oscura

Eternamente juntos.

Autor: Sento
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10 de julio de 2012

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Mare Nostrum

El día decae con estrépito. Larga jornada de verano cuajada de la brisa salobre y húmeda de un mar revuelto en el brío de los días iniciales del Estío. El sol, cansado de soltarse sobre la tierra calcinada de la que es monarca y soberano supremo sin lugar a dudas desciende sobre la difusa línea del horizonte mientras miriadas de gaviotas saludan al ocaso con la misma fuerza que las miles de olas se rompen contra las escuetas rocas que, interpérritas, desde hace miles de años, cumplen su función rompiéndolas y acusando un leve y continuo desgaste contra la ira de Neptuno. Día largo, eterno casi en que el calor sofocante de la orilla choca en increible contraste con el frío húmedo y trascendental de un mar cuajado de trascendental y silencioso misticismo. La vida que se debate entre el frío agua y la cálida tierra. Día cuajado de sensaciones, tan ávidas y fuertes cómo las rachas de un viento que apenas había comenzado a amainar cuando, tomando las chanclas en la mano, decidió encastrarse el sombrero de paja y volver al Hotel, sin poder terminar de enjugarse las lágrimas.

El muelle.

Es curioso la nostalgia y la melancolía que nos invaden, siquiera sea por un momento, cuando un barco parte del muelle que visitamos, hacia el horizonte. Puede ser que ese barco sólo vaya a faenar, o que vaya a pasear a lo largo de la costa. Pero es posible también que ese barco parta en busca de otro puerto lejano al que, una vez arrivado, haga su base para nunca más retornar. El tacon de cuña, levemente apuntado le hacía daño mientras caminaba, con el rostro cuasitapado por las gafas de sol tipo ojo de abeja en pos de un mínimo vestigio del regreso de aquella nave que, hace tanto tiempo ya, partiera con miles de promesas que nunca jamás se cumplieron. Miles de horas había oteado el horizonte en busca ,de una mínima esperanza que le permitiera recobrar la cordura, su hacienda y el amor que partiera en pos de una vida mejor dejándola a la espera eterna de un futuro que no terminaba de llegar. Ya no era capaz de discernir las veces que había paseado aquellas dársenas plagadas de veleros, barcas, yates y esquifes a la espera de una señal que le hiciera sentirse viva de nuevo.

Y así cómo cada día arribaba a aquella zona cuajada lo mismo de esforzados pescadores que malvivían de un casi esquilmado caladero del que extraían con esfuerzo su mínimo sustento, que lleno de lo más granado de un público de alto poder adquisitivo, con coches de lujo y miles de uros para gastar se daban cita cada noche en aquellos bares de diseño que ahora ocupaban el espacio que antaño ocuparan los tinglados, atarazanas y almacenes. Miles de euros que ella perdiera en la aventura de un ser taimado que partiera prometiendo volver hace ya demasiadas jornadas cómo para sentir pesadez u odio. Sólo sentía desazón. Saber que había pasado. Cómo había malgastado su dinero, en que había invertido el esfuerzo de tres generaciones de yba familia dedicada por y para el mar. Ella había dado todo lo que su abuelo comprara, buques, tierras, locales y casas por un sueño de riqueza que pudiera superar a todo lo que su familia hubiera logrado durante mas de cincuenta años consiguiendo, paradójicamente quedar prácticamente en la ruina.

La Capitanía.

Tantas veces había hablado ya con el comandante de la capitanía general del puerto que éste ya le evitaba en la medida de que la reclamación siempre era la misma y la respuesta redundante. Nadie sabía en que había invertido el ingente capital aquel hombre ni donde se había marchado con él. Sólo se sabía que un día retiró un montante generoso del banco y se hizo a la mar. En principio para pescar en el caladero sur. Según las malas lenguas, para labores de contrabando de no se sabía que sustancias ni que zonas. El hecho tácito es que a ella le había insitido, cómo una de las más poderosas ponderadas de aquella zona del litoral cuan ventajoso podría ser un negocio, completamente legal, que requeriría de un fuerte desembolso y del cual el sería garante con su propio honor. Ella, que en tiempos estuvo enamorada de aquel rufián, el cual a su vez había mantenido siempre excelentes tratos con su padre, no desconfió. Aquellos tratos con su progenitor habían sido del todo rentables y nunca desconfió de él.

Venderlo todo, quedándose apenas con lo puesto, con la casa familiar, una huerta y una barca en estado calamitoso que apenas servía para dar paseos los días de calma total desde el puerto pesquero hasta la dársena del faro, no es tarea sencilla. Máxime en una época de clara recesión cómo la que ocupaba el momento en que tan fantástico negocio se dió a conocer de manos de una sonrisa perfecta, una piel morena y curtida y una voz conmovedora que, meciendo las palabras con la misma cadencia que las olas golpean el espigón en una mañana clara de primavera. Aún así, las propiedades de su familia eran ansiadas por otras familias del pueblo y no tuvo problema en venderlas a buen precio. Un precio demasido caro al ver cómo los días se cuajaban en noches y éstas se metamorfoseaban en días sin más noticia que las débiles embarcaciones que volvían con la noticia de que no había noticia. Así, aquella tarde, cómo tantas otras, sus tacones, desgastados de tanto recorrer el empedrado de la dársena le reconducian de nuevo a su casa con la misma incertidumbre de tantas otras jornadas.

Espigón.

El verano quedó atrás y el otoño, desangelado y frío se dió a conocer cambiando las luminosas y claras jornadas gobernadas por un cielo azul por tardes lluviosas cuajadas de nubes plomizas. Ella no cejó en su empeño de ir, cada tarde, cada jornada, al puerto. El Bucaneer no había regresado a cuatro meses de su salida. Nadie habría sabido nada de él sino fuera porque el segundo oficial había sido detenido pasando tabaco de contrabando. Decenas de cajas. Todo por un chivatazo de la guardia costera. Todo había quedado en un fiasco mayúsculo en el cual ella perdía sus ahorros y se convertía en cómplice necesario de las fechorías de aquel hombre. Cuatro meses de incertidumbre que terminaban con la ruina de su vida, de su patrimonio, del de toda su familia. Su padre había confiado en ese hombre, nunca le había fallado, ella lo había hecho y había escapado escaldada. Nunca hay que fiarse de quien no te mira a los ojos al hablar. El sol se ponía mientras ella, esposada, subía al coche de la autoridad. Y todo por querer agrandar el patrimonio de su familia, o su ego personal.

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9 de julio de 2012

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He despertado








A veces siento a Australia bajo mis pies, puedo dar un paso de gigante desde Melbourne a Tasmania, y de allí a Nueva Zelanda. 

Dos pasos nada más, en el mapa singular de mi imaginación. 

Y luego, me lanzo de cabeza, tomando carrerilla, me sumerjo con cuidado, que no quiero salpicar. Dos brazadas nada más, me enamoro de la hermosa Islandia, que me quedo a descansar. 

En este lugar donde vivo ya no se puede ni respirar.

La pasada noche estuve en África, todos dormían escondidos, como niños asustados y me traje unos tambores, uno en cada brazo, que se de alguien que los utilizará.

A veces me emociono con Suramérica, que se está haciendo muy grande, dentro de mi pensamiento. Pero no sé lo que pasa, me parece que está muy lejos, y se se aleja cada vez más.

! Duérmete ya, mi dulce niña¡ Mañana estudiaremos más y aprenderemos a volar.

Pisando la alfombra, ¿qué es esto?, Ah, que me he despertado.


Autor: jonhan










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6 de julio de 2012

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Comunicado sobre nuevas normas


Mi suegra ya ha cumplido 82 años y la familia sigue preguntándose cual será la fórmula mágica por la que ha resultado tan buena cocinera.
No hay plato que no sepa realizar con excelencia dejándonos a todos con el placer en la boca y ganas de más de lo mismo.
Si usted le pregunta ella dirá que todo tiene un dosis de esfuerzo, una pizca de aprendizaje y mucho, mucho amor por lo que uno hace.
Mi suegra tiene 82 añitos y maneja la computadora mejor que yo.
No, no es licenciada en informática ni tiene un doctorado en Oxford. Simplemente le interesó comunicarse con los demás por ese medio y como hacía con sus comidas, puso una dosis de esfuerzo, una pizca de aprendizaje y mucho, mucho amor por lo que hace.
Copiando su filosofía de vida es que hace casi dos años fundé No Somos Escritores. Fue el blog número 18 de mi larga lista de sitios. Una idea que nació entre Mario, Noah y Yo a la cual le agregamos al Gaucho Santillán porque necesitábamos un guía espiritual que nos indicara el camino. Sin embargo desde un principio supe que sus apoyos eran del tipo espiritual y que los caminos que recorrería el blog dependerían exclusivamente de mi propio esfuerzo y lo que aportaran los autores con sus obras.
Por entonces había notado que en la red existían infinidad de sitios donde la gente se daba infulas de escritor sin serlo y pensé que sería una buena alternativa fundar un sitio donde todos pudiéramos publicar nuestros trabajos, sin falsas pretensiones ni egos exaltados.
En el proceso llegué a notar que casi todos los blogs colectivos que había visitado hacían gala de una desprolijidad manifiesta, aún cuando su popularidad era superlativa, así que decidí que NSE debía ser totalmente ordenado y prolijo (aún a costa de no llegar a ser extremadamente popular), una tarea que suponía muy sencilla para mí, ya que a los blogs los cocino como mi suegra: con mucho, pero mucho amor.
Pero como ocurre más frecuentemente de lo deseado, la realidad y la gente nos sorprenden desagradablemente cuando menos lo esperamos.
Durante todos estos meses han llegado y partido varios autores con una pavorosa proporción de poetas por sobre quienes disfrutan de la narración. En toda la red es así, pero no me lo esperaba de manera tan evidente. Lo curioso es que aún cuando se trate de mil palabras o tan solo cinco, el que algunos autores las publiquen correctamente se convierte en una tarea ciclópea. Y con el término "publicada correctamente" me refiero a que se ponga un título, autor, imagen y formato del texto de la manera estipulada para todos por igual. Nada imposible y menos con casi dos años de tiempo para intentar, consultar, volver a intentar y finalmente aprender. 
Pero parece una tarea digna del film "Misión Imposible".
Con la finalidad de abrirle las puertas a la mayor cantidad de postulantes posibles realicé durante todos estos meses la tediosa tarea de publicar los trabajos de aquellos que no cuentan con blog, los de quienes no quieren tomarse el trabajo de publicar autónomamente pero son autores registrados, y por último, solucionar los problemas que dejan aquellos que se niegan a escuchar, consultar o aprender como hacerlo correctamente.
Evidentemente no son como mi suegrita.
En todos estos meses no he recibido ninguna consulta sobre mis comunicados y tutoriales, pero a pesar de los errores en que incurren unos pocos autores, los mismos siguieron publicando sin respetar el formato a la espera de que el administrador luego pasara a solucionar lo que se podría haber evitado desde un principio.
Por suerte es solo una minoría, cosa que me ha permitido hasta hace poco tiempo hacerlo siempre de muy buen agrado, pero, como todo en la vida, llega el momento en que aparece la gota que desborda el vaso y los santos terminan pagando por los pecadores.
Quienes intentan abusar de mi buena voluntad me han forzado a tomar una decisión poco simpática pero que nunca afectará en lo más mínimo el normal desenvolvimiento de las actividades del resto de los autores que hasta el momento publican aquí y siento muy queridos y unidos.
Se me ha hecho evidente la necesidad de poner en funcionamiento nuevas normas, mucho más claras y sencillas, que le faciliten la experiencia a aquellos que nos deleitan con su presencia y sus obras en estas páginas virtuales.
Es por ello que el apartado FAQ (que si usted no lo conocía era el apartado de preguntas frecuentes) se ha cambiado por otro denominado NORMAS donde se irán volcando las medidas de comportamiento y uso necesarias para que nuestra experiencia literaria se desarrolle sin contrariedades.
También he modificado el apartado ¿Cómo publico? ya que con el cierre de MEGAUPLOAD y las evidentes dificultades de los autores para publicar vía secretWords, se había desactualizado y confundía al lector no iniciado.
Los invito a leer las nuevas condiciones de participación (NORMAS) quedando a la espera de sus comentarios y recomendaciones para continuar depurándolas y así lograr un mejor y más sencillo funcionamiento de este blog donde se expresa tanto talento.

Mi suegra y yo le estamos sumamente agradecidos.

OPin

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5 de julio de 2012

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Y no volverá...


Dedicado a todas aquellas personas que han perdido a ese "alguien" tan especial que llenaba de sentido su vida por culpa de esa gente que no sabe ni sabrán nunca lo que es el amor verdadero.
Todo mi apoyo desde lo más profundo de mi corazón... Ojalá algún día cambien las cosas....

Cuando los ángeles lloran
es por cada árbol que muere,
cada estrella que se apaga...

Un ángel cayó,
un ángel murió,
un ángel se fue,
y no volverá....


                                           Maná

Va a empezar ahora... Tres, dos, uno... y se abre la puerta, y tras ella un rostro cubierto por un pañuelo y una mirada fría que se clava como el hielo. En mi interior se enciende una llama. Algunos lo denominan angustia, otros lo llaman venganza...
Dos horas escuchando como miente, como desnuda mi orgullo, como va destrozando las pocas ganas de vivir que me quedaron tras aquel 25 de mayo cuando a las once de la noche en un barrio de mi ciudad natal robaron la vida que me pertenecía, ¡que era mía!
¡Yo le cuide cuando tenía esos pies tan pequeñitos! ¡Yo le enseñé a andar cuando sus piernas querían conocer mundo!¡Yo le vi enamorarse, quererme, odiarme! Era mi vida, era mi hijo y ya no está. No está porque a una mente envenenada de odio le dio aquella noche por demostrar su ideal matando a sangre fría...
Tengo ganas de levantarme del asiento y pegarle, matarlo fríamente poniendo un espejo frente a su cara.... ¡No!, mejor, le encerraría con un reloj que cronometre su vida, lo que le quede por vivir y, cuando ese tiempo acabe, saciar mi venganza.
¡La vida era tan maravillosa a su lado! Y yo ahora solo siento la impotencia de la injusticia, porque era menor cuando lo hizo, y ya está. Una vida desaparece pero no le importa a nadie, solo acompaña el morbo televisivo de soltar improperios delante de la caja sin hacer nada por ayudarme...
"Todos estamos contigo..." pero me siento tan sola...
¡Y tengo que escuchar que era menor con diecisiete años! Con una edad que de sobra sirve para saber lo que haces. Que yo sepa a los diecisiete años todo el mundo sabe lo que hace, nadie se ve sometido a la sumisión de nadie; a esa edad, muchos chicos incluso pueden trabajar. Pero no sirve de nada, dieciséis años para entrar en una discoteca, dieciocho para ir a la cárcel.
Han pasado diez meses, cinco en los que me he culpado hasta la eternidad por haberle dejado salir aquella noche y otros cinco en los que decidí acabar con mi vida sin éxito alguno: exceso de pastillas y la cobardía de no agarrar una ventana y acabar con todo.
Y ahora solo me queda el odio y el tremendo horror de no poder volver a tocarle, de no poder ver su carita sonriendo mientras me dice que soy la mejor madre...
Nadie es quién para robarle el último hálito de vida a otra persona...
De repente le oigo, escuchó cada una de sus palabras y sus frases van introduciéndose en mi mente como puñales...
-Quizás a las once o tal vez a las doce, a lo mejor en el metro o quizás en mi casa,  pero lo volvería a hacer porque debemos acabar con todos ellos.

No recuerdo qué hice después, pero me siento orgulloso de lo que hice, porque él... no merecía vivir.
¿Y se acabó? Me derrumbo, me hundo ante el abismo, ante miles de personas que esperan una reacción, ante los ojos de un juez que no dice nada y sólo somete a las leyes, ante las caras de muchas televisiones y la crítica de la opinión pública. Pero me da igual, sin él el sol no hace falta que salga, las nubes llueven siempre sobre mis ojos, la casa se me hace pequeña, muy poco espacio para tantos recuerdos, su habitación... mi castigo diario... las fotos, los vídeos... mi condena horaria...

Aun no me lo creo, ¡era mi perfección y me la han quitado!
Me resguardo en el pasado y no quiero mirar al futuro. Rasgaría mi piel por volverle a ver, pararía mis latidos por un abrazo suyo, moriría por traerle de nuevo a la vida... Porque aquel 25 de mayo deje de vivir para sobrevivir.... 


Autor : Atenea

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