29 de septiembre de 2012

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Y se lo contó, a la noche

Comentan que ya la tierra
estaba resquebrajada,
ya no existia amistad
ni tan siquiera razón
en este mundo de locos.

Hubo alguien que una noche,
quedó despierto penando
¿habrá acaso en la tierra
alguien que pueda ayudarnos?.

Y pensó en ese instante
que con solo un pensamiento
que fuese bello y alegre
¡se encenderían los cielos¡.

Y recordó cuando niño,
sus horas, de dulces juegos,
los cuentos que le contaban,
¡la ternura de los besos ¡.

Y jugó aquella noche,
y recordó los momentos
que le llenaron la vida,
de paz, amor y consuelo.

Y se los contó a la noche,
y espero que amaneciera,
y le comentó a la tierra,
¡que era muy feliz, en ella ¡.

Al escuchar ese grito
de ese nuevo renacer...
¡la tierra, nació de nuevo
por comenzar otra vez ¡.
                         Julia Orozco
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25 de septiembre de 2012

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Dos Almas.

En el cruce de caminos,
se encontraron las dos almas,
ninguna parecía ver
¡aquello, que ambas buscaban¡.

Pero, fue, como relámpago,
como trueno y tormenta
que en el cruce de caminos....
¡las dos, se reconocieran ¡.
                                    Julia Orozco.
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24 de septiembre de 2012

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Comunicado N° 7,62 del Dr. Fachetti




Un candidato seguro a enriquecerse sin esfuerzo.
 

"Correligionarios!!!


Sabemos que, para entrar a los circulos del poder, necesitamos amigos!


Tambien sabemos que, para encontrar espacios donde exponer nuestras ideas, necesitaremos MAS AMIGOS!!!


Y no es necesario explicitar que, para llegar al poder, deberemos encontrar MUCHOS AMIGOS!!


Sin embargo, la cruda realidad es que, una vez en el poder.......será conveiente olvidarnos de todos esos "amigos".


Sin mas, salúdoles con alta consideracion y estima.


 
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19 de septiembre de 2012

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Los Capítulos de la Lluvia



I

una tarde sin palabras
la memoria que infunde travesías
hasta las lindes de la lluvia
es una playa
una red de pescadores
y el eco de la risa del amigo
cuando el mar nos arranca el tramayo de las manos
desafiamos los rayos que replican el horizonte
nunca podrán con nosotros

II

a veces la memoria
recorta un mediodía urbano en el desierto
una borrasca estoica y solitaria y asombrosa
caminamos de la manos ellas y yo
camaradas de la lluvia
nos refugiamos en el agua
huimos de las sombras de los árboles
trazamos parábolas
para alejarnos de los balcones
dibujamos elipses hacia los charcos
recorremos las terrazas
los recovecos delos canales de riego
la tierra seca de las bardas
y en las anegadas esquinas del pueblo
perdemos el agua y la arena
que bajan hasta la orilla infinita
viejo corazón del río

III

a veces en la noche persevera una tormenta
soledad que erosiona la memoria
me atrapa en otra lluvia
leves gotas que quedaron en sus labios
y la sed en una boca
que apenas
escampa en la piel del otoño


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17 de septiembre de 2012

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Como Gaviota.


Como gaviota que emprende su vuelo,
se suben al viento, estos versos mios,
y suben y bajan, y van increscendo,
y danzan y bailan,
colocan palabras, ponen punto y coma
¡y cuando ya estan bellos...
¡llegan hasta mi, y yo, los comento¡.

                                        Julia Orozco
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16 de septiembre de 2012

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La llamada

desmotivar.com


Una noche más volvía hacia su descanso solitario porque solitaria era su autoinmunidad. Una noche más había rechazado el encanto y apasionado fervor de los labios que siempre desean más. Una vez más, cuando por fin cerraba la puerta, se quitaba el calzado y cualquier resto de convencionalismos necesarios para vivir en sociedad.

No había espejos en aquel, su maravilloso espacio, decorado con esmero y ordenado en líneas rectas como su personalidad. Los cristales de las ventanas estaban tapados con dibujos de colores que las inocentes mentes de "los añorados", habían puesto en sus manos para que guardara. Sobre la cama el portátil que lo acompañaba a todas partes encargándose de su vida, de nuevo. Colgada en la percha una camisa blanca preparada siempre para lo necesario, ni pasado ni presente, su única realidad.

Una vez más se despertaba abriendo un único ojo primero, por si podía mantenerse a caballo entre su mundo soñado y el de los sueños dibujados a su alrededor. Y antes de cerrar la puerta con su camisa de sal, una vez más, esbozaba una sonrisa de complicidad y dirigiéndose rápido por las calles madrugadoras, miraba desafiante el resto de miradas.

Al llegar a su trabajo mientras se ponía una bata, el teléfono sonaba; un vuelco en el estómago sintió cuando imaginó que otro de los suyos aquella mañana podría faltar:- ¡Buenos días¡ guardería "Los Sueños De Los Sueños" ¡Dígame¡...

Autor: Jonhan
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14 de septiembre de 2012

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La rutina de la Sombra.

La araña parecía un péndulo oscilante en su tela. A ciencia cierta y merced a su carencia de ojos, la Sombra no podría decir si estaba viva o murió hace siglos por la carencia de alimento en aquel sombrío caserón que se había convertido en su hogar. No sabía, por no saber, si en su día fue una sombra humana o simplemente la sombra de un mueble, de un animal o nada en absoluto. Miraba una y otra vez sin ver nada. Sólo las tenues vibraciones de la pared sobre la que se aposentaba le permitían deducir que pasaba a su alrededor. El golpeteo incesante de un pequeño cuerpo contra ella le habían permitido identificar la araña. ¿Y porqué sabía que era una araña y no otro tipo de insecto o artrópodo? Porque recordaba perfectamente la última visión de su propietario, antes de dejar el mundo y abandonarla justo donde ahora pasaba tranquilamente y sin temor las horas que restaban a la eternidad. Aquel día era lluvioso y sí, su propietario era humano, ahora empezaba a recordar, había sido un Grande y murió siendo muy pequeño mientras una araña le recorría, cómo último contacto con la vida, su mano mortecina.

Paredes.

No hay nada más triste que una sombra sin propietario. La Sombra lo sabía bien. Quieta, sin poder ni querer moverse, rememora cien veces al día el último aliento de aquel que, anteponiendose a la luz, la creaba de constante, haciéndola volar, caminar, saltar o dormitar una y otra vez. La Sombra apenas alberga recuerdos conoscibles pero los pocos que su inexistente sesera retiene hace que sea más llevadera la espera hasta el momento culminante en que la oscuridad se adueñe de todo. Una sombra sólo subsiste merced a la luz. Y el día que la Luz se extinga ella, cómo todas las de su extensa y marginal especie declamará el fin, fundiendose con la gran Madre oscura y dejando de existir. Hasta ese momento la Sombra, las sombras, dependen de la luz, fuerte o tenue. Y mientras tanto, las que no tienen las suerte de estar adherida a un ser vivo sólo tienen sus recuerdos, más o menos firmes, con más o menos contenido. Ella, por suerte, aún recuerda la vida, la rutina de su amo, de su creador, de aquel que la nutría ocultándole la luz que tanto odiaba y sin la que, paradójicamente, no podría subsistir. 

No podría asegurar que su amo fuera una mala persona. Si recordaba que en algunas ocasiones, no demasiadas, o quizás en demasía pues de nada estaba segura, se pusiera neurótico por asuntos que a ella le parecían vácuos. Dinero, fortuna, fama o poder. Cosa que a ella le parecían tan fútiles cómo pasajera es la vida humana. Si creía tener en su memoria el día en que su amo, siendo sólo un muchacho que en poco brincaba los dieciocho septiembres consiguió, merced a sus contactos y constancia, o quizás gracias a su modo de alternar, su forma de liar y embaucar, un somero capital que invertir en lo que era una empresa de construcción de grandes moles crea-sombras. Eran ingentes estructuras en las que los creadores humanos de sombra pasaban el tiempo. En el derramaban su esencia vital casi cómo una ritual y su valor pecuniario, a su entender y del de su Amo, eran enormes. Un valor que se medía en  ingentes favores y cantidades de eso que llamaban dinero. Enormes moles creadoras de sombras que servían en muchos casos para arruinar a sus moradores.

Esquinas.

Son angulosas las esquinas del alma. Son tan angulosas que hieren con su sóla presencia y la Sombra sabía que su Amo había tenido muchas de esas esquinas que se hacían tanto más angulosas cuanto más tiempo pasaba hacíendose con voluntades y poder. Ella, cómo fiel y única compañera a tiempo absoluto sabía, porque los recuerdos a poco que se buscan surgen cómo setas, que su Amo era un ser desgraciado. Que lo tenía todo, sí, que lo conseguía todo, también, pero que en el fondo, ¿de que sirve lo material si lo sustancial y trascendente se deja de lado? Sólo para acumular frustración y teñir la vida de un desmedido afán de cubrirla del oro frío e inerte de la superficialidad. La araña seguía moviéndose mientras la sombra movía despacio la parte que en su día habría ocupado la parte de la cabeza. Su amo no era alguien malo, impetuoso quizás, pero no de forma consciente. No era maldad lo que lo consumía sino ambición y la ambición suele ser mala consejera cuando te ciegan con muchas mas brillantinas que erarios.

Eso fue lo que la sombra creía que había hecho caer a su Amo. Lo había sumido en su propia inercia de autodestrucción cuando, ofertándole el oro y cómo sólían decir aquellas criaturas tan curiosas, y el moro, le extendieron un papel en el que cómo si fuera un Fausto de Goethe, certificó su caida. Cedió sus poderes sobre lo amasado a costa de pisotear a los demás a otros aún peores que no dudaron en pisotearle a él hasta verse sin nada, sin amigos, familia ni patrimonio. Sin verse más que con una mano delante y otra detrás. Desposeido y despojado de todo rastro de querencia económica. Su Amo cayó cómo tantos otros dándose a la bebida, eso que hace deplorar al ser humano y obliga a sus sombras, cómo a ella, andar dando traspies y hacer cosas que no por menos patéticas no dejan de ser tristes. Su Amo pasó una excelente y provilegiada posición económica a malvivir, y ella con él, bajo uno de esos puentes que surcan vías de ciudades cuya vida transcurre sin que nadie caiga en los pálpitos de deshauciados corazones que viven en sus entrañas...

Techos.

Ahora, su techo, donde seguía viviendo o malviviendo según se vea, mezclada con parte de otras sombras huérfanas, era el eterno y ancho lienzo en el que escribir los recuerdos que algún día ella misma, a pesar de ser tan eterna cómo la luz, iría olvidando, cómo olvidado quedó el cuerpo de su Amo, muerto por una sobredosis, inerte, quieto... Un cuerpo cuasidevorado por otras criaturas de largos rabos que ella vió que tenían pequeñas sombras aún más voraces que su propietaria. Cómo en nada quedó su Amo en nada quedó ella y preguntándose cómo la araña seguía meciendose sin saber sí estaba viva o muerta, así ignoraba cómo seguia viviendo en su mínima expresión. Algo menos que una pequeña uña, un resto tan pequeño que su Amo había sido considerado desaparecido y ella extinguida sino fuera porque aquellos seres que tan voraces habían demostrado ser sobre el sacrificado cuerpo, habían demostrado la piedad del roedor dejando escapar, con sus excrementos, una pequeña uña que, a falta de algo mejor, seguía proyectando una sombra, ella, que así podría seguir viviendo en su pared cuestionándose si aquella araña seguía viva o, cómo ella, muerta.


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12 de septiembre de 2012

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¿Quién iba a imaginar?

¿Quién iba a imaginar
que tu nacieras,
y al nacer me devolvieras
aquella ya perdida
primavera?.

                                                             Julia Orozco.
                  
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11 de septiembre de 2012

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El hombre

Grabado, Monocopia "Eclipse" por Graciela Alfonso

Un murmullo corría sordo por su silencio, Gustavo Luis, se tocó los ojos y estaban plenos, casi abiertos, contemplando la montaña y el abismo.
_ Soy un hombre se dijo, y su voz gimió como un acorde en el coro de una iglesia, el eco se desbordaba entre su orgullo, era un hombre, sí, era un hombre, acaso ¿alguien dudaba de su arrogancia o de su valentía?.
Era el hombre que logró llegar al espacio, el hombre que por vez primera voló como un satélite-pájaro-quimera, hacia los infinitos confines de Dios.
El hombre que durmió en un oxígeno cubierto interestelar, el hombre sin ley de gravedad, tan lejano de Newton y la manzana.
Pero ahora, al borde del pico más alto del Himalaya, el hombre con su traje espacial, hacía extrañas piruetas; su corazón se frenaba en el mecanismo congelado de la computadora y de repente se encendía resolviendo cálculos logarítmicos y razonamientos lógicos.
Gustavo Luis, resistió cuatro días, comiendo nieve y controlando el mecanismo de su traje de astronauta.
Hasta que llegó el momento del despegue, la nave estaba preparada, había acondicionado la radio extraterrestre, para enterarse de las últimas guerras interplanetarias. Era un hombre precavido, he aquí la clave de su éxito y progreso.
Comió el último copo de nieve de la cumbre, se colocó el casco y contempló como un desconocido el paisaje desértico, se acercaba el instante de partir, debía dejar de lado los sentimentalismos; dentro de la nave, se preparaba para el despegue, fue cuando escuchó voces desesperadas que lo llamaban, muy fuertes debían ser, porque  ni el bramido furioso de la nave y el gélido viento del Himalaya lograba entorpecer su sueño.
Gustavo Luis giró levemente la cabeza y sintió las fantasmagóricas voces, pero igualmente despegó, ya no se oían, estaba muy lejos, había atravesado la barrera del sonido y del tiempo, de ahora en más su tiempo sería infinito y atemporal.
En la pirámide de Keops, un hombre se había arrojado con alas delta, nadie se explica como logró subir, lo vieron por casualidad dos hombres del rescate aéreo, pero no llegaron a tiempo, el hombre yacía boca abajo, su lengua estaba cubierta por la arena llameante de Egipto y su cuerpo extrañamente curvado en posición frontal, como una reproducción de los jeroglíficos de las mastabas.

Autor: Graciela Marta Alfonso

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10 de septiembre de 2012

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Comunicado Nº 6 del Dr. Fachetti


Correligionarios!!!


Al atender la función pública, estaremos atentos a la voz de la conciencia!

Nuestra preclara conciencia, nos marcará aquello que NO debemos hacer.
Esa voz interior, diafana e incorruptible, nos marcará el rumbo de las acciones honestas.
Nuestra conciencia, implacablemente nos advertirá de cualquier desvío a la causa del pueblo!!
Por lo tanto, será imprescindible.......AMORDAZARLA!


Sin mas, salúdoles con alta consideración y estima.



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9 de septiembre de 2012

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Brujas

Caribe - obra de Sonia Solanillas Morales
-Madrecita, que el caldo ya está!!!.


La amplia y blanca playa se encontraba interrumpida a intervalos regulares por palmeras gemelas que curvaban su tronco sobre la arena. La pequeña choza asentaba su estructura sobre los mismos troncos de aquellas que formaban un esqueleto con sus curvas. Entre cada costilla áspera se entretejían hojas que la misma planta proveía y hacían las veces de paredes protectoras contra el ardiente sol.


-Ahorita voy.


-Es que si usted no se apura se pasa.


-Niña mía. Que así no marchan las cosas. Ten paciencia.


Es que el sancocho no espera. O está a punto o se pasa. La niña miraba persistentemente el contenido del caldero, como desconfiando. Debía vigilar que las patas de cerdo y el pescado no se deshicieran, que el plátano y las legumbres mantuvieran su consistencia también. Ese caldo espeso era su especialidad. La anciana le había dado la clave de su preparación. Seis horas de vigilancia y cuidado para que las cosas supieran a delicia. Su reducido recetario se completaba con exquisiteces tales como las arepas de huevo, el sancocho de sábalo, las cocadas de ajonjolí y las bolas de tamarindo, todo cocinado en el viejo caldero, mientras la niña mantenía las brasas ardiendo sobre la blanca arena. Luego, al levantar las cenizas, con suerte, encontraría el premio a su dedicado trabajo. Tal vez el Signo estaría impreso allí.


-Madrecita.


-No niña, que falta.


-Le aseguro que no. Ya se desarman los peces.


La anciana asomó su negra cabeza sobre la abertura de la choza y con una sonrisa frunció el ceño en un “No creo pequeña”.


-Es que, es tiempo, Madrecita.


Oculta nuevamente por las hojas, la negra mujer continuó reparando la vieja red de cáñamo que le había servido como fuente de recursos los últimos treinta años, cuando decidió que su mundo debía ser ese, en la costa, lejos del mal.

Había crecido muy cerca de allí. Su familia hacía lo que ella ahora.

Hasta aquel día en que descubrió el Signo y debió partir como toda elegida de su familia. Partir para iniciarse en las artes de la magia blanca. Su viaje fue plácido, su destino incierto. La vida que decidió vivir en Cartagena no fue la tan esperada escalera hacia el dominio de las cosas. Llegó un mediodía con su pequeño petate, golpeando de puerta en puerta hasta lograr que algún alma caritativa le diera cobijo, empresa nada difícil cuando se es joven y dispuesta a las labores. El boticario del pueblo, Don Segundino Arnoldo Gómez Huidobro, persona ilustrada y de sanas costumbres, la aceptó de inmediato como ayudanta de cocina. Con el tiempo pasó a convertirse en hermana, madre y tía de las pequeñas hijas del propietario. Hombre joven, que con sus 29 años y viudez recién estrenada, había decidido continuar su vida de luto, con su única persona como compañía. Empresa, por cierto, harto difícil cuando se es adinerado y toda madre del pueblo intenta colocar a sus hijas bajo un techo que asegure la vejez de ambas.

Transcurrido el tiempo se descubrió con 9 años al servicio del caballero. Sus tareas habían llegado a desarrollarse hasta como ayudanta del boticario. A su entorno se agrupaban estanterías repletas de frascos de loza blanca con inscripciones en azul tan complicadas que parecían resumir la magia que contenían en cada palabra. En los escasos momentos en que Don Segundino Arnoldo se hacía una escapada hasta la despensa, ella mezclaba los componentes de recetas magistrales aliviadoras de todos los males. Mientras el confiado boticario hablaba de las pequeñeces cotidianas acompañando cada sílaba con un dedal de aguardiente que él mismo fabricaba en los fondos en su viejo alambique centenario, ella, descendiente de los africanos llegados en bodegas inmundas, plenas de escorbuto, se convertía en la mano derecha de aquél que ostentaba uno de los mayores poderes en cualquier pueblo de campaña.

Lippia Turbinata para la taquicardia, Anemone Pulsatilla para combatir la bronquitis, Catharto carpus fistula para el estreñimiento, Artemisia Absinthium como abortivo, Artemisa Abrotarum contra las lombrices,

Elinorus Latiflorus para la gota y otros cientos de frascos más, ordenados por orden alfabético, sin espacios entre sí, abarrotando las estanterías.

A poco, boticario y empleada contaban con similares conocimientos, poderes y prestigio. Un buen día la entonces joven mujer comenzó a experimentar mezclas de propia factura. Para doña Sonia Elena Peña Melia, un brebaje a base de Hiptismutabilis para recuperar su amor hacia su esposo, para María Eugenia Hernández Losada una infusión de Metilotus officinalis para allanar su camino hacia la noviciatura libre de pecados, para Don Octavio Eleuterio Sánchez Orondo un brebaje de Cathartocarpus fistula para despertar a su amigo dormido, y cientos de nuevas combinaciones, que con el tiempo fueron aclamadas por el pueblo. Tal era la certidumbre con que elaboraba sus mezclas, que rápidamente comenzó a allegarse gente de otros distritos. Hasta de otros Departamentos. Don Segundino Arnoldo miraba los hechos con desconfianza, pero satisfecho con el incremento en las ganancias. No lograba comprender como tales composiciones llegaban a surtir algún efecto. Pero, fuera sugestión o no, las esposas recuperaban su amor, las vírgenes llegarían al noviciado y los cansados recuperaban el vigor perdido.

Llegó el día en que Don Segundino Arnoldo Gómez Huidobro decidió utilizar las dotes de su empleada y conseguir una compañera para terminar sus días sobre un colchón caliente. No era una pócima para enamorar, ya que ofertas no le faltaban al maduro caballero. Por el contrario, la misma debía suministrarle claridad de criterio en la elección.

Cuando ella terminó de escuchar el encargo, como un rayo atravesó su mente la fórmula mágica que cumpliría el deseo de su patrón.


10 grs.de Ziziphus Mistol Griseb

50 grs.deModiola Sulfures

100 ml. De Achila Lillefolium

100 c.c. de Alcohol de 70º

20 grs. De Aristolochia Triangularis Cham


Aún cuando era consciente de lo imposible de la tarea, la anciana había mezclado en aquel entonces tres vellos púbicos y un pequeño pañuelo bordado conteniendo un poco de exudación de bajo uno de sus pechos. Ingredientes personificadores que harían que Don Segundino Arnoldo dispensara su atención hacia ella. Al menos en un primer momento, ya que los mismos perderían sus propiedades veinticuatro horas luego del primer hervor.

El brebaje debía tomarse el día sábado en ayunas, durante la misa de las siete, mirando hacia la pila bautismal, con una rodilla en el suelo y la mano izquierda sobre el corazón. Así lo hizo Don Segundino Arnoldo ese mismo Sábado. Tal era su urgencia.

La hermosa joven, que era la anciana por entonces, no perdió tiempo y pasado el mediodía, una vez restablecido el orden en el gran comedor y la cocina, puso a calentar abundante agua en una marmita de hierro sobre la moderna cocina a leña del patrón. Mientras la misma se calentaba, había recogido decenas de flores del jazmín, que crecía centenario en el patio interno de la residencia. Esparció las mismas dentro de la bañera de zinc en medio de la cocina y volcó el contenido de la marmita sobre ellos. Sumergida en dicha infusión, había restregado su negra piel con toda la fuerza necesaria como para que cada poro quedara inundado de la fresca fragancia.

Secó su cuerpo sin prisa y se cubrió con un camisón de lino bordado a mano, reservado para una ocasión como aquella.

Había cruzado a hurtadillas el patio interior entrando a la habitación de Don Segundino Arnoldo. Encendido el ventilador de techo, levantó el mosquitero y se introdujo entre las blancas sábanas. Todo olía a jazmines.

La espera fue larga. La intensa luz que entrara por el ventanal fue alargando sus formas hasta pasar por encima de ella, para luego retraerse y perderse en una negra oscuridad. No parecía posible que Don Segundino Arnoldo pasara por alto su acostumbrada siesta. El abrazador calor de Enero golpeaba las calles con sus cuarentaitantos acostumbrados. No era lugar para estar.

Comenzó a preocuparse y esto la llevó a tomar la calle hacia la despensa. Seguramente mañana tendría otra guayaba que curar.

No había nadie en la calle. Barranca abajo parecían escucharse risas y alboroto. Allí rumbo a la plaza central. Pero en el camino a la despensa y en la misma, no había encontrado a nadie. Volvió sus pasos hasta bajar desde el Baluarte de Santa Catalina por la Calle del Curato, siguiendo por la Calle Primera Y Segunda de Bodilla, luego por la Calle de las Carretas y a la derecha mas tarde por La Calle Ramón, directo a la Plaza de la Inquisición y su Galería, donde carniceros, pescadores y verduleros ofrecían habitualmente su mercancía al público en medio de una nube de empeñosas moscas.

Mientras bajaba desde el Baluarte podía divisar El Castillo de San Felipe, el Caribe y sus orillas y las torres de defensa del viejo pueblo español.

Sobre la plaza central un mar de gente bailaba y reía en derredor de la fuente de aguas, en el centro mismo de la plaza, allí donde antaño las brujas eran incineradas por la Inquisición.

Cuando hubo llegado al borde mismo de aquel dicharachero grupo, no encontró forma alguna de penetrar hasta un punto que permitiera una mejor visual de lo que allí pasaba. Al ver a Don Jesús Eleuterio Camacho, el sepulturero del lugar, apoyado sobre el carro de madera de Petos, olla ardiendo sobre una pequeña caja de madera llena de brasas, decidió inquirirlo sobre tan particular situación. Don Jesús Eleuterio dejó de lado su brebaje a base de maíz, leche, azúcar y canela, al ver que ella se aproximaba.


-Buenas tardes, Don Jesús Eleuterio. Si me concede...


-A la orden, negrita guapa. Dime tu.


-¿Sabe usted qué es lo que aquí ocurre? Me hallo buscando a mi patrón y no lo encuentro.


 -¡Pues, qué de tu patrón se trata! Dicen que ha entrado por la fuerza a casa de María Eugenia Hernández Losada y la ha violado. Se ha puesto a cachondear el pobre. Y para colmo de males con una aspirante a novicia. El muy malvado !.


-Ay! Santa María ¡!


-Pues, que ya a Santa no llega ¡!


-Que no es para reírse Don Jesús Eleuterio. ¿Qué le están haciendo al señorito?


-Como haciendo, pues, nada. Cuando Don Jacinto Marcos escuchó los gritos de su hija, salió machete en mano a correr a tu patroncito. Buen corredor el hombre, pues llegó a encaramarse en la fuente como Dios lo trajo al mundo y no ha parado de gritar obscenidades, mientras sacude su badajo de diestra a siniestra sin campana que lo contenga, cuando no muestra su sol naciente a las comadres de la logia de la Concepción.


-Mi patroncito no puede ser...


-Pues sí es. Acércate. Jorge!!!...Jorge Mario!!!, Ábrele paso a esta negrita, que quiere observar mejor las dotes de su patrón.


Cual macaco bebido, Don Segundino Arnoldo se mecía desnudo en la cúspide de la fuente, dejando perderse en el agua, honor, respeto y posición. Su mirada extraviada y sus músculos tensos como para cortarse en cualquier instante cual cuerda mal tensada.

Tal como el Bolívar desnudo de Pereira en Risaralda, parecía emanar un poder especial, un brío que nunca se había visto.

Don Jacinto Marcos lo esperaba machete en mano bajo la fuente, reclamándole a los gritos se entregara, cada vez que Don Segundino Arnoldo le enviaba acertados escupitajos en medio de morisquetas y alusiones a la virginidad perdida de su hija.

La joven bruja debió partir esa misma noche. De quedarse sólo encontraría la inquisición en las miradas de la gente y el fuego en la mirada de su patrón que la incineraría lentamente con brasas de culpa. Sus pocas pertenencias habían hecho el camino fácil y rápido. Su idea fue alejarse mucho. Ir hacia un punto apartado en la costa. Cerca de Barranquilla.

La pequeña hija de Don Segundino Arnoldo la siguió, tal vez intuyendo la desgracia en que había caído su padre.

De inmediato había adoptado a aquella pequeña niña. La que había educado ella sola con la playa y el mar como aula y pizarrón. Misma que mas tarde le diera un nuevo retoño que hoy la llamaba Madrecita.

Las había protegido y mimado a ambas descubriendo en sus caritas la fragilidad del nácar y la astucia de los gallinazos.


-¡Madrecita, que ya perdió la cabeza el pez!


-A ver pequeña.


El sancocho estaba listo. La red reparada. Junto con la pequeña levantaron la pesada marmita de hierro para dejar descansar el caldo hasta que se espesara.

Las brasas aún calientes debían ser despejadas para ver si hoy era el día tan esperado. Si aparecía el Signo. Bajo aquellos calientes restos de madera se escondía una lámina negra, brillante y quebradiza. Un pedazo de magia heredada de culturas anteriores. En ella debía verse el Signo. Secreto. Solo la anciana podría descifrarlo.

Con la aguja de zurcir redes y el ceño fruncido y atento, la anciana escudriñó la masa aún líquida.


-Hoy no, niña.


Tal vez mañana... O la próxima semana... O nunca...


La niña mostró su decepción una vez más. Miró el caldero deseando terminar el sancocho rápidamente e iniciar un nuevo intento. Miró el mar. Miró a esa madrecita negra que parecía comprenderla. Se alejó hacia la orilla y desquitó su frustración como cada día, pateando las olas.

En todo caso había cosas que debía aprender antes de partir. Como ser: evitar mezclar los elementos de la desesperación y la pena, disparar la lujuria sin límites ,o que los bien queridos, como Don Segundino Arnoldo Gómez Huidobro, malograran sus vidas, sólo por un pequeño error en un brebaje, al recoger de un seno derecho lo que un izquierdo debía proveer.


OPin
(Dedicado con todo cariño a la querida Colombia.)
Bs. As. 2000
© Copyright 2010
Once Cuentos sin Rumbo
ISBN 987-43-8446-9

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3 de septiembre de 2012

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Comunicado Nº 5 del Dr. Fachetti



Correligionarios!!


Sabemos que la libertad es todo.


La libertad nos da la opción de quedarnos aquí, o ir donde queramos!


La libertad, nos da la opción de quedarnos en silencio...O DECLAMAR LO QUE PENSAMOS!!!!


La libertad, nos permite aceptarnos a nosotros mismos, y mostrar a la sociedad nuestros íntimos deseos y falencias, sin importar la opinión de nadie.


Sí, amigos. La libertad nos hace libres.


El hombre, solo es HOMBRE, si tiene LIBERTAD!!!!


(Y una buena billetera para pagarla, claro)


Sin mas, salúdoles con alta consideracion y estima.

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1 de septiembre de 2012

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Caminaré.

Caminaré mas despacio por la vida,
escuchare la madrugada sin temor,
volveré a mirar de nuevo al cielo,
dando gracias por tanto y puro amor.
Sentiré que mi corazón, late,
al escuchar cada nombre y cada voz,
seguiré caminando siempre alegre,
llenaré mi camino de candor.

Pues, aunque pase el tiempo, y yo envejezca,
no habrá nada ni nadie que temer,
el sol seguirá alumbrando el dia,
y yo, yo me sentiré por siempre renacer.
                                        
                                       Julia Orozco.

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