1 de enero de 2013

el comentario 1 comentario

Abandonad, los que aqui entrais, toda Esperanza.

Foto de Internet. La Divina Comedia.
Dicen las antiguas leyendas, tradiciones, rumores o simples farfullerías que, sobre la puerta del Averno, hay inscrita una frase, en la piedra que sirve de jamba al acceso de los territorios infernales. Tal frase resume lo que se puede encontrar o no, una vez cruzado tan tétrico acceso. Y lo que hay después de tan tétrico portal no puede ser mucho peor que lo que existe, cómo está señalado a éste lado del Acceso. Al menos eso esperaba Rufián tras salir de presentar su declaración de la renta con tres días de retraso y encontrarse con que le salía a pagar, con recargo y multa añadida por no presentar en tiempo y forma. Genial, debía de pensar mientras recordaba el infierno de Dante, eso es lo que tendría que poner sobre la puerta de la Delegación de Hacienda. Abandonad, los que aquí entrais, toda esperanza. Y el caso es que la multa había sido de aúpa. Tanto que encima tendría que hablar con alguién para que le prestara la suma en cuestión. Suma que sobrepasaba con creces sus cálculos y que le hicieron prender un cigarrillo nada más poner el píe en el exterior.

Fuegos eternos.

Rufián apuró en dos caladas el cigarrillo y lo tiró hacía el lado sin mirar siquiera donde caía. Después comenzó a andar con prisa al aparcamiento situado frente a la Delegación, donde había aparcado el coche. Mientras, su colilla iba a caer sobre un obrero que en esos instantes tiraba con fuerza de una soga con el objetivo de elevar un caldero de cemento al andamio donde su compañero realizaba labores de mantenimiento asegurando la cornisa del primer piso del vetusto edificio donde los funcionarios de Hacienda realizaban su labor. Rufián pagó en el cajero automático del aparcamiento y, nervioso, intentó buscar las llaves del coche. Al tiempo el caldero caía con estrépito al intentar su operario de evitar la colilla que le habían tirado acertándole, de lleno, en plena muñeca. Las llaves cayeron al suelo con estrépito, mientras la tarjeta de la barrera automatizada del aparcamiento salía del cajero. Al levantarse Rufián lo hace con demasiado impetú, acertándole de lleno en la mandíbula a un anciano que, guardando turno tras él se había adelantado para recogerle el ticket que amenazaba también con rodar por el suelo.

La caída del caldero de cemento provocó que uno de los asideros del andamiaje ante la Delegación de Hacienda, saltara, comenzando a moverse toda la estructura metálica que cedió a los pocos segundos haciéndo que el operario que en él trabajaba no tuviera más remedio que cogerse con fuerza al asta de la bandera que estaba a escasos veinte centimetros de donde por milésimas de segundo perdía pie. Mientras, el anciano había notado crujir todos los dientes que formaban su dentadura postiza, clavándose en las encías mientras uno de ellos, travieso, corría por la boca hasta alojarse en la gargánta, cortándole la respiración. Rufián que se había alzado con un quejido palpándose la cabeza intentó ayudar al viejo mientras un gran estrépito, procedente del derrumbe del andamio se dejaba por todo el recinto del aparcamiento. Al operario que se había quemado con la colilla se le había dado el premio adicional de catar un caldero de cemento cayendo desde quince metros sobre un pie, con lo que mientras su compañero conjuntaba con la enseña nacional, el comenzaba a danzar un frenético baile de San Vito con el píe machacado.

Azufre y Lamentos.

Una embarazada que por allí pasaba vió cómo el anciano se ahogaba y acudió con presteza para intentar ayudar a Rufián, que se afanaba sin éxito en quitarse el sudor que de su frente manaba a causa de la desesperación. Mientras, el compadre de mantenimiento seguía asiéndose con fuerza al asta de la bandera, intentando hacer píe sobre la cornisa que estaba reparando antes de que todo su mundo se viniese abajo. El píe llegó, pero sin éxito, más bien de manera contraproducente, hizo que un cacho de cornisa saltáse con fuerza en busca de una mejor vida y hacía el pavimento. Al tiempo se oían lamentos del aparcamiento donde Rufían seguía sudando y la embarazada apretando al anciano con el objetivo de hacerle escupir el diente que en su garganta le afixiaba. Apartóse Rufián y al hacerlo volcó una papelera que servía, en condiciones normales para recoger los recibos del cajero del aparcamiento. Mientras, quien con el baile de San Vito se soltarse a bailar, una vez apaciguado intentó serenarse sentándose en un quicio abocado al cajero, quitándose el casco de protección para limpiarse la frente.

El cacho que de la cornisa se había desprendido cayó sobre una pérgola de plástico, complemento del mobiliario urbano rebotándo hacía donde el que se había quemado y después el píe aplastado descansaba sin su casco. El anciano seguía sin escupir el diente y la embarazada, merced al esfuerzo, comenzó a sentirse mal, de suerte que estando casi de nueve meses no tuvo a mejor fin que ponerse a romper aguas. Del cielo llegaría al instante el cacho de cemento impactando en la calvera del operario y dejándolo seco, al tiempo que con renovado esfuerzo se internaba en la negrura de la escalera del aparcamiento. De los nervios Rufián, de ver al abuelo ahogándose y la parturienta pariendo, soltó un puñetazo en la tripa al primero que le hizo escupir el diente hacía la pantallita del cajero que comenzó a escupir chispas viendo su integridad herida con tan extraño elemento. El segundo operario, demasiado grueso para su puesto, hizo ceder al fín, el asta de la bandera, callendo ambos al suelo, a los pies de la Delegación de Hacienda.

Pena y Gloria.

El cacho de cemento siguió su trayectoria, viéndose al fin parado por un registro del gas situado en el recodo de la escalera junto al cual se hallaba el cajero. Chispas saltando por un lado, un operario cayendo, gas que se escapa y un abuelo por el suelo. Operario que rompe con estrépito la cubierta de cristal bajo la cual está situado el cajero, haciéndo que éste salte por la misma fuerza del impacto. Impacto que amortigua el cuerpo del anciano al mismo tiempo que arrancado el cajero chispeante se aboca contra el registro del que mana el gas flameante. Con todo su vigor, la preñada suelta su coz que va a impactar en la quijada, fatalmente ésta vez, de nuestro amigo Rufián que al caer al suelo sirve de improvisado colchon a la caida del cajero rebotándo y soltando chispas en dirección al registro del gas evanescente. Ciertamente no tendría que poner otra cita que la que Dante señala en su divina comedia que no sea la de "Abandonad los que aquí entraís toda esperanza" pues es cierto que Hacienda, sino te saquea, te sabla y en el peor de los casos cómo en éste, todo tiende a verse envuelto en llamas.






1 comentario:

  1. Hola buenos tardes!!!! Santiago
    Te deseo un día, una semana, un mes, un año y toda una vida llena de ilusiones y momentos maravillosos. Todo está dentro de ti para que se cumpla. ¡Feliz año nuevo!

    Deseo que la paz secuestre tu vida, el amor inunde tu alma y la felicidad refleje en tu cara, te deseo, de corazón todo lo bueno que te mereces. Feliz Año Nuevo 2013

    Un beso
    Feliz año nuevo 2013
    Feliz brindis de fin de año e inicio del año nuevo

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