10 de enero de 2013

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El poder terapeutico de un lápiz


Corría el año 1994 cuando un empleado que llevaba más de 30 años trabajando en una empresa de ingeniería electrónica entra a la oficina de su jefe. Éste le agradece por el tiempo y el esfuerzo dedicado y le regala un bolígrafo rosado. Cien personas más pasaron el mismo ritual de despido. Posteriormente el psicólogo James W. Pennebaker de la Southern Methodist University se las ingenió para reclutar a más de la mitad de estas personas para realizar un sencillísimo experimento que se extendió durante varios meses.


Según confiesa el propio Pennebaker jamás había trabajado con un grupo de personas tan hostiles y amargadas. El psicólogo le pidió a cada uno de los participantes que pasasen 20 minutos de su día escribiendo en un diario. Algunas personas fueron instruidas para que escribieran qué hacían en el día, un segundo grupo fue instruido para que escribiera sus sentimientos acerca de su cotidianidad y la pérdida del trabajo mientras que a un tercer subgrupo no se le brindó ninguna instrucción.

Curiosamente, las personas que pertenecían al segundo grupo (aquel que fue instruido para escribir en el diario sus sentimientos acerca de la pérdida del puesto), mostraron una recuperación emocional notable en relación con sus compañeros de despido; pero además, más de un cuarto de ellos encontraron un nuevo empleo si bien casi todas las personas pasaron el mismo número de entrevistas.

Desde este momento, se han desarrollado un gran número de investigaciones que demuestran el papel terapéutico de un lápiz. Pero… como puede presuponerse, todo no es válido, existen ciertas reglas para lograr que la escritura sea realmente terapéutica.

En primer lugar es necesario escribir sobre aquellos hechos negativos que nos perturban y que no deseamos contarle a nadie más, que pueden variar desde la pérdida del trabajo, una mala relación interpersonal o las dudas sobre la identidad.

En segundo lugar debe describirse el problema y las experiencias relativas al mismo ya que generalmente este ejercicio facilita un cambio de perspectiva en la comprensión del problema y en la vivenciación del mismo.

En este sentido puede citarse una investigación realizada en el 2006 por Sonja Lyubomirsky, profesora de la Universidad de California Riverside, donde participaron un total de 96 personas. En este caso solo se presentaron efectos positivos en aquellas personas que: escribían focalizados en sus experiencias negativas, le dedicaban una media de 15 minutos diarios a este ejercicio, dejaban que las palabras fluyeran sin preocuparse por la ortografía o la gramática y se centraban en sus sentimientos más profundos sobre los hechos.

Así, muchos especialistas recomiendan tener en cuenta las siguientes preguntas en el momento de escribir un diario: ¿qué sucedió?, ¿cómo me siento al respecto? y ¿por qué me siento así?

Curiosamente Lyubomirsky alerta que escribir sobre experiencias positivas podría no ser tan buena idea ya que en muchas ocasiones el recuerdo de la experiencia ha cambiado y cuando nos esforzamos por ponerlo en un papel, éste se percibe como menos feliz y disminuye nuestra la satisfacción con el mismo. No obstante, si el relato es corto y no demanda de una reflexión profunda o de recordar un gran número de detalles, puede mejorar nuestro humor.

Así, quizás reconsideremos en la próxima crisis emocional, tomar lápiz y papel y dejar que estos realicen su papel terapéutico ;-)


Fuentes:
Lyubomirsky, S.; Sousa, l. & Dickerhoof, R. (2006) The Costs and Benefits of Writing, Talking, and Thinking about Life’s Triumphs and Defeats. Journal of Personality and Social Psychology; 90(4): 692–708.
Pennebaker, J. W.; Spera, S. P. & Buhrfeind, E. D. (1994) Expressive Writing and Coping with Job Loss. Academy of Management Journal; 37(3): 722–733.


2 comentarios:

  1. Puede que dicha mejora sea el motivo por el que muchos tenemos blog, aunque también puede que no.

    ¡Buen blog¡

    Saludos

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  2. Qué pasó con el subgrupo que no fue instruído?
    Para mí, escribir ha sido como una catarsis, pero nunca me llamó la atención escribir un diario.

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