25 de febrero de 2013

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Escritores y locura


La obra “Bartleby, el escribiente” de Herman Melville nos muestra a un personaje que evoluciona hacia un comportamiento que escapa al raciocinio de los que le rodean. Dejándose en todos los sentidos esperando que pase la vida. La locura ha sido escrita en muchas formas, pero sus autores en muchas ocasiones han sido los que realmente se habían vuelto locos o han sufrido algún tipo de trastorno. Una situación que no tiene por qué terminar mal, pero en muchas ocasiones acabó de la peor forma posible.

Pero también están las manías o excentricidades, como que Azorín fuera por Madrid siempre con un paraguas rojo o que Valle Inclán fuera por las noches a la Plaza de Oriente a despertar al Rey. Algo que aunque está relacionado con su trabajo no son solo simples extravagancias; como que Roald Dahl escribiera siempre con un lápiz amarillo o aquellos perfeccionistas obsesivos como León Tolstoi que llegó a re-escribir “Guerra y Paz” hasta ocho veces. Y como no, recordar aquí a Marcel Proust, el autor de “En busca del tiempo perdido”, que se recluía durante semanas en su habitación inhalando polvo medicinal y alimentándose de cerveza y helado.

Según un estudio de Bryce Echenique el 41% de los novelistas sufre depresión maníaca profunda frente a solo el 1% de los hombres de ciencias. La causa puede estar en el desgaste como consecuencia del proceso creativo. En otro estudio de la Universidad de California titulado “El precio de la musa: los poetas mueren jóvenes” se concluyó que los poetas suelen vivir hasta los 62,2 años frente a los escritores de no ficción que viven hasta casi los 68 años. Curiosamente las mujeres poeta suelen morir antes que los hombres.

Algunos autores que han sufrido alguna forma de locura son:

Hölderlin: Era esquizofrénico y apenas tenía orientación espacio temporal. Sufría accesos de ira y hablaba solo en un idioma imposible de entender, para luego escribir poemas bastante serenos.

Edgar Allan Poe: Tenía pensamientos suicidas. Sobre su locura escribiría: “Los hombres me han llamado loco; pero aún no está determinada la cuestión de si la locura es o no la más excelsa inteligencia, si mucho de lo que es gloria, si todo aquello que es profundo, no brota de la enfermedad del pensamiento, de modos de pensar exaltados respecto del intelecto general. Aquellos que sueñan de día son conocedores de muchas cosas que se les escapan a los que únicamente sueñan de noche.”

Virginia Wolf: Sufría trastorno bipolar e intentaría suicidarse en varias ocasiones hasta que lo consiguió lanzándose al río Ouse con los bolsillos llenos de piedras. Tradarían meses hasta que encontraron su cuerpo. En una ocasión llegó a escribir: “Siento que voy a enloquecer de nuevo. Sé que esta vez no me recuperaré (…). No puedo luchar más”

Guy de Maupassant: Sufrió a lo largo de su vida fuertes dolores de cabeza y el deseo de estar constantemente en movimiento. Finalmente padecería grandes ataques nerviosos que desembocaron en la locura y en un intento de suicidio. Morirá en un manicomio.

Ernest Hemingway: Padeció alzheimer y tenía un fuerte carácter depresivo. Se suicidó con una escopeta.

Sylvia Plath: Sufría largas depresiones que le llevaron a varios intentos de suicidio. Hasta que un día después de preparar el desayuno metió la
cabeza en el horno y abrió el gas. En sus “Diarios” llegará a escribir: “Mi cabeza es un batallón de problemas”

Kurt Vonnegut: Sufría depresión clínica. Es autor de “Matadero cinco”, en la que se describe el bombardeo sobre Dresde y los viajes en el tiempo de Billy Pilgrim.

Philip K. Dick: Durante los años 60 consumiría LSD lo que le llevaría a un estado paranoico coincidiendo con su época más creativa. Supuestamente era esquizofrénico, ya que con esta patología no se puede sostener un proceso creativo, y en el caso de este autor no solo lo sostuvo si no que mejoró. También padecía hipocondría y agorafobia.

David Foster Wallace: Durante dos décadas sufrió una bipolaridad con predominancia de las tendencias depresivas. Gracias a la fenelzina se mantuvo estable, sin embargo los efectos secundarios le hicieron abandonar la medicación. Como consecuencia la depresión se agravó bastante hasta que decidió quitarse la vida ahorcándose.

Juan Ramón Jiménez: Sufría ansiedad generalizada, hipocondría, tendencia al aislamiento, crisis depresivas y obsesión por la muerte. Posiblemente hoy día se le diagnosticara trastorno bipolar.

Leopoldo María Panero: Nunca ha ocultado su desorden interior. Aficionado al alcohol y consumidor de heroína durante una década. Padece esquizofrenia asociada a un trastorno bipolar que le han hecho recluirse voluntariamente en varios manicomios de España.
 
 
Autor: David Ruiz

2 comentarios:

  1. De verdad ¡se me ha puesto un mal cuerpo!

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  2. Creo que la gente de NSE tienen preparadas más entradas de este tipo. Lo que pasa es que no son escritores...

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