1 de marzo de 2013

el comentario 2 comentarios

La profecía de la caída del mundo







Todo comenzó como una canción de cuna,
un sonido de ángeles susurrantes,
ahogándome en alucinaciones…
como un concierto nocturno,
que esparció tristeza en mi corazón…

 
Tuve un sueño.
En él; el fuego surgió desde una apertura en el cielo, aun recuerdo las cenizas caer.
Oí llegar a las vírgenes del aire para advertirme de este infierno…
Escupí en sus ojos ingenuos y las dejé llorando por mi alma. Ellas dicen que voy a morir.

Caminé a través del vacío en busca del camino para llegar hasta la morena tarde a la obscura y quemada tierra, allí donde solo  las sombras iluminan.
Escuché volar a los cuervos, ascender a los muertos y a los carroñeros merodeando cerca.
Vi a la noche cerrarse como boca de lobo, a la luna volverse sangre y a las estrellas caer después.
Contemplé la llegada del fuego y las serpientes que nacieron de él.
Y cuando el sol se puso negro, vi al león que portaba la llave abrir el libro.
Cuatro ángeles me  hablaron como con voz de trueno.
      —Ven, mira —dijeron.

Miré…y vi cuando el cordero abrió el primer sello; hubo un gran terremoto,  y un jinete en un caballo blanco disparó una flecha dentro de mi corazón.
El León apoyó la llave en el suelo y se posó a mi  lado. Recosté mi cuerpo en su lomo y oí cuando el cordero abrió el segundo sello.
Vi emerger a otro caballero en un potro bermejo, y a su paso por la tierra la guerra se extendió por aire y mar.
Cuando abrió el tercer sello, he aquí que salió un caballo negro y el que lo montaba sostenía en sus manos una balanza. El hambre asoló la tierra.

Apoyé mi espalda contra el león y contemplé a las vírgenes del aire acercarse con sus desnudos pies de neblina.
    — ¿Quién luchara por una tierra donde los flujos sanguíneos coagulan cada río? —exclamaron.
    —Voy a morir —suspiré—. Todos vamos a morir…
Y mientras hablaba, el cordero abrió el cuarto sello y la muerte salió acompañada por el hades.
Con mis manos bañadas en carmesí, tomé la llave y eché a andar. Mi sangre, que rellena las grietas en el suelo, refleja la blanca luz que cegaba  mis ojos.

Ya no queda nada…
El mundo cae en pedazos.

Escuché una gran voz llamar a los siete ángeles, no vi al cordero abrir el quinto sello, pero miles de almas llenaron el lugar.
Un hombre se acercó a mí y me ocultó debajo de un manto.
    —Toma mis manos si tus pies fallan —dijo.
Caminé tres pasos, para acercarme a los demonios, y vi cuando el cordero abrió el sexto sello, hubo otro
terremoto y el gran sol se puso en conjunto con la luna y esta se congeló.

—Al menos Dios sabe que lo intente...—exclamó el anciano— intenté regir el infierno, cuando caí y morí. Y puedo decirte que me encantó. Todo ha sido una hermosa tragedia... pero al menos puedo decir que me encantó.

Él me miró con los ojos de la muerte y lloró lagrimas negras.
    —¡Demian! —gritaron las vírgenes—. Las estrellas han caído, reniega de tu destino, escapa de la muerte     y llévate el libro. Oculta la llave por la pureza del mundo. ¡Corre Demian! No queda tiempo.
    —Ven, prueba este veneno negro —exclamó el anciano—. Bebe de la sangre de mis manos, bebe…
Cerré los ojos, todo me  parecía tan irreal, como si la muerte me hiciera un artista.
Y con mi cuerpo y piernas, que se volvieron más listos recogí la llave, como si a su peso mi brazo estuviera acostumbrado.
Me envolví en penumbra y tomé el libro de las patas del cordero.
La luz que ciega mis ojos develó mi presencia y el libro cayó de mis manos…
Las vírgenes del aire atravesaron el espeso humo que flotaba a mí alrededor.
    —¡Sostente, Demian! —gritaron.

Desperté, con los ojos rojizos al amanecer.
Contemplé mas allá de mis ventanas, las ramas verdes, intentando ver fijamente los giros de luz.
Me acerqué a la contestadora y la encendí, el primer mensaje era de mi madre.
    —Demian, ¿dónde estás? Tu padre ha ido a verte, nos tienes preocupados… —desconecté el aparato.
Tomé mi viejo diario y me tumbé en la cama. Recordaba todo como a través de la bruma.
Comencé a deslizar la vieja pluma por la hoja, y escribí en él:
“tuve un sueño.
En él, el fuego surgió desde una apertura en el cielo”

Alguien golpeó a mi puerta.
Arrojé el diario a un lado y me dispuse a levantarme, pero al moverme un ruido metálico chocó contra el suelo.
No podía creer lo que estaba viendo…
Mis piernas temblaron y caí al suelo de rodillas.
Mi padre azotaba la puerta desde el otro lado gritando mi nombre. Tomé la llave y el sello y la habitación se obscureció.
—     ¡Demian! —exclamó la voz de una mujer—. Huye Demian.
No necesité que lo repitiera, recogí las preciadas piezas  y arrastré mis pies entumecidos hasta la ventana.
Volé, a través de ella, con las alas de un cuervo vagabundo.

Sólo tengo la llave y el sello…
Y voy a mantenerlos conmigo hasta que muera.



2 comentarios:

  1. Su estilo apocalítico ha regresado para alegría de todos quienes lo disfrutamos.
    No se ausente tanto tiempo...

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. El principio me ha gustado mucho, me enganchó. Y ¿empezó con una canción de cuna?

    Saludos

    ResponderEliminar

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