12 de marzo de 2013

el comentario 3 comentarios

Luna de Parasceve.

Foto de Internet. Eterno ojo que todo lo ve.
Cómo un enorme fanal sonriente se alza la luna tras el horizonte. Perfectamente redonda. Con su jeta cuajada de cráteres que en nada desmerecen a su enormidad esa noche. Viernes Santo, Gran día. Luna de Parasceve, primera de Primavera. Aquella que ama el azahar porque indica que lejos quedan los vientos y temporales del invierno. Luna llena de Marzo, vigía de los Tiempos, amor de los capillitas, acompañamiento de Saeta y Pasión, de inciensos y velas de cera virgen apenas unos días antes recolectada. Luna enorme sin la cual la Pascua no sería Pascua ni la Semana Santa consuelo del cofrade. Cúlmen inédito de la Cuaresma que comienza con la negrura de la fogata en la que se obtiene la ceniza y termina con la gloria nocturna de esa gran bola incandescente que acompaña en la calle pasión, rezos, sonidos de esparto rozando el suelo, cuentas sde cristal de rosarios tintineantes y miles de advocaciones a lo largo y ancho de esa gran hermana mayor que es la Tierra.

Primera.

Refugio de poetas que en su día labraron, cómo el escultor lo hace en la Piedra, la saeta a fuerza de garganta. Cirios de penitentes que intentan, sin éxito, copiar en la oscura noche la grandeza del astro que reina, en las noches de la Semana Grande sin permiso ni paciencia. Luna de enormes proporciones que acompañaste siendo farol de invierno a músicos en la fría noche, a costaleros en las motercinas veladas, a camareras en las augustas capillas, para enfrentar un año más, si las nubes y la lluvia no lo impide y con permiso de la autoridad, las largas estaciones de penitencia que renuevan la fé en un carpintero que, sin más autoridad que su Amor, ni más fuerza que su voz supo y quizo dejar constancia de que otro mundo era posible. Mundo que has contemplado, Luna de Parasceve durante miles de años desde tu atalaya celestial en la cual burdas un manto de estrellas que, sin embargo opacas en el momento de la Culminación.

Espía eterna que lloras en tu alma lo mismo que aquellos insignificantes seres lloran por tu grandeza. Eternidad la tuya de pétrea roca astral que sin embargo inspiras a los de abajo para seguir adelante. Tiempo de Cuaresma que culmina sin más el día que el Salvador baja la primera rampa de iglesia mostrándose al Pueblo sobre humilde pollino, muchas horas antes de que tu, astro penitente, amo de la noche y a su deriva perpetuo perteneciente, alumbres al Hijo de Dios humillado, muerto en la veracruz de su redención, entre sones de metales y quebrantos de tambores ensordecidos. Testigo imperecedero de lo mal que pueden llegar a ser los Hombres y de los grandes sacrificios que también pueden llegar a hacer para remediarlo. Luna de Parasceve que alumbrarás las tenues volutas del incienso que sube al cielo llevando las plegarias de los hombres a su Creador.

Eterna.

Cómo el eterno caminar de la especie humana por la tierra en busca de la Verdad, tu eres eterna Luna de Parasceve. Eterna depositaria de las miradas de los señores y señoras que desde sus tronos de pan de oro y plateada alpaca caminan en silencio por las calles y plazas para dar esperanza a los desvalidos, consuelo a los desesperados y abrigo a los necesitados de Amor en su alma. Luna que lo embargas todo con tu luz cómo una miriada de manos, abrazando a aquellos que tras el cortejo procesionan al son de los fiscales siempre con ciriales de nobles metales en lontananza cómo seguros indicadores de la posición de cada Títular de Cofradía. Luz plenipotenciaria que contibuyes a la esperanza del Ser Humano que ve en tu halo la luz del Sol desprendida cómo segura advertencia del advenimiento del nuevo día y que sirves de eterna candela al laborar nocturno de las cofradías y hermandades a lo largo y ancho del Orbe.

Centinela redondo, esférica inspiración que con tu cara inamovible oteas el devenir de la Penitencia que, resumida en unos pocos pasos, de eterno repetir por callejuelas y Bulevares, asaetea el corazón del pecador en busca de la ansiada redención. Luna de parasceve, encendida candeleria de embelesante luz, envuelta cálida de frío fin de Invierno tras la cual el viento amainará para traer verdes los campos y floridos los huertos. Luna que hará florecer los delirios ante el nazareno cuando sobre su fiel camarilla de anderos pase levantando por Tribunas y Carreras a Hermanos y curiosos, nazarenos y capillitas, mantillas y aguaderos. Cómo tu te alzas cada noche tras el silencioso horizontes, a la voz del capataz, al sonido de llamadores y martillos, campanas y voceros, los tronos, pasos y andas, se levantarán al cielo desde el cual, hoy cómo ayer, ayer cómo mañana, sigues el deambular de la tenue vida del hombre.

Toda.

Luna preparatoria de la gloria del Verano. Certero fin de la muerte invernal que da paso al florecimiento y eclosión de los campos. De las almas, ateridas por el frío de las propias faltas y la ausencia necesaria de la tan precisa penitencia. Luna de parasceve, la luna cofrade que desde que el mundo es mundo certera señalas a Nisán el tiempo de la muerte del Cristo que hoy, cómo siempre, seguimos en calladas plegarias, pidiendo un año más cómo siempre se ha pedido, escalas y escaleras para subir a la Cruz a quitarle sus clavos a Jesus el Nazareno. Primera y gloriosa Luna del periodo del surgimiento, gran fanal encendido, guía perpetua que al cofrade, al entendido, al amante de Dios en Cristo alegra el alma a pesar de vagar, cómo cada año y una vez más, encadenado sin pesar al paso del crepitar de un cirio enarbolado, henchido de cera fundida que mancha sin césar cómo mancha tu Luz, mi Luna del mes de Nisan.


3 comentarios:

  1. Tu texto me ha echo volver amar la luna, hace tiempo no pensaba en ella. Consuelo...

    Besos mentales.

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  2. Consuelo eterno de desesperados amantes, fugaces suicidas y desesperados hombres que, ante su magnificiencia sólo pueden sufrir sin césar.

    Un saludazo.

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  3. Canto, plegaria, respeto, pasión. Y que este año no haya niños que la lloren.

    Un abrazo

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