2 de abril de 2013

el comentario 8 comentarios

Viaje al interior del infarto




El hombre está sentado en la silla de siempre, baja la vista de la TV y se queda mirando sus zapatillas nuevas. Piensa que van a durar bastante tiempo,  si no lo dejan siquiera dar una vuelta a la manzana. Escucha la bocina de un taxi que viene a buscar a su esposa.
Recuerda cuando esperaba al segundo sábado de cada mes para ir de pesca, desde los tiempos en que iba con el padre, hasta los no tan lejanos en que iba con el hijo. Un par de horas por la ruta y la Laguna de Monte a sus pies.
Ahora le han dicho que la humedad,… que el clima,… que el calor,… que otros tantos etcéteras no son aconsejables para su estado y que los infartos y que…, le han dicho que estos factores pueden acelerar…
Muy técnicos los médicos, mejor, siempre pensó que un buen médico es como un mecánico de autos, debe ser capaz de abrir el corazón como cuando él retiraba tapas de cilindros para sacar válvulas y pistones, a veces dejando caer la ceniza del eterno cigarro sobre la mesa de trabajo.
Muy técnicos los médicos pero, que saben ellos si realmente es tan bueno esperar en una silla, recibir la amable llamada diaria del hijo. Esperar el almuerzo frugal que la esposa sirve cada día, la cena ligera, la cama calentita y luego del desayuno, otra vez la silla y vuelta a empezar.
Finalmente hoy la convenció de que puede ir tranquila a la peluquería, él está muy bien, no hay necesidad de molestar a nadie para que venga a cuidarlo, puede estar solo dos horas.
Sí, claro que tiene el celular, cualquier cosa la llama o llama al hijo que está a dos cuadras en el taller, labrándose laboriosamente el mismo futuro y el mismo infarto.
El hombre se queda solo y observa como su esposa toma el taxi y se aleja, entonces se levanta, toma la silla, sale al patio y la prende fuego en la parrilla. Se toma el tiempo para verla arder, consumirse, separa los últimos rescoldos y los apaga.
Vuelve adentro, toma la caña de pescar, una muda de ropa, sale a la calle y por la ventana enrejada tira la llave adentro de la casa. Se va rumbo a la terminal, lleva el mapa y la brújula, más que nada por costumbre y como reminiscencia de otros tiempos. Esta vez el corazón solo le permite el viaje en ómnibus, lleva también el celular, total para encontrarlo tienen que acertar con la laguna elegida.
Que lo llamen si quieren, no espera que lo hallen por triangulación, no se supone que los yanquees le presten los satélites a la esposa, ni que ella llame a la colifa esa de NCIS para rastrearlo.
Aunque, con su mujer nunca se sabe, piensa y sonríe por primera vez en la semana.   

Osvaldo Barales             




8 comentarios:

  1. La genialidad de mi amigo Barales otra vez por aquí. Me encantó el relato y me trajo a la memoria los dichos de una abuelita que a sus 93 años me dijo- Yo a la muerte ya la tengo aceptada, por eso, milanesa a caballo con papas fritas, helado de frutillas y chocolate y una buena copa de vino. ¿Qué es eso de andarse cuidando para no vivir?-

    Un abrazo.

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  2. Barales, me hizo asomar una sonrisa cuando el protagonista toma su sillón, lo saca al exterior y le prende fuego.Hay personas que no pueden estar muertos en vida, si no le ponen movimiento y esparcimiento, ésta pierde sentido.Esa posición comparto... la laguna de Monte la visité, también la de Lobos y Chascomús.

    Un abrazo.

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  3. Quemó la silla... increíble, jajaja
    Ese es el espíritu del hombre con ganas de vivir.

    Besos mentales.

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  4. Un buen empujón de optimismo para momentos turbulentos. Esa es la actitud que no hay que perder nunca ni incluso cuando se cree que todo está perdido.

    Muy bueno tu relato.

    Abrazos.

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  5. Encantador relato, Osvaldo Barales. Tiernamente contado. Conmueve el corazón e ilumina la razón de un inevitable final que la vida nos depara a todos.

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  6. Mi padre era mecánico y un día me dijo "el día que me ganen los fierros me doy por muerto". Este relato me trajo ese recuerdo. Nos habla de estos hombres íntegros (de una sola pieza). Ojalá sigan existiendo. Gracias.

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  7. Me gustó mucho, es estupendo.

    Y a rebelarse siempre :)

    Un abrazo

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  8. me recordó a alguien que ambos conocimos, muy emotivo y escrito con mucha ternura

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