30 de junio de 2013

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Nos cuentan los maestros XLI / Julio Cortazar


Cortázar diserta sobre Rayuela

Rayuela, el hecho de haber sido escrito, responde a tres motivos, a tres motivos fundamentales, hay otros subsidiarios, pero había tres motivos fundamentales.

El primer motivo, que es, digamos, el básico, es el que el lector encuentra cuando oye los monólogos y los diálogos de los personajes y lee los fragmentos teóricos de un tal Morelli, un escritor que yo inventé y metí ahí, fragmentos teóricos en que Morelli da sus ideas, expone sus ideas sobre literatura, sobre filosofía, a veces, aunque muy poco, sobre historia. El primer nivel, la primera intención, entonces, de Rayuela, el lector la encuentra en la palabra y en el pensamiento de los personajes principales y de esa figura un poco misteriosa de Morelli, cuyos textos aparecen intercalados a lo largo del libro, y ese contenido de Rayuela es lo que yo había calificado de metafísico. Es decir, preocupaciones de tipo metafísico. Fundamentalmente metafísico. Efectivamente, en el fondo Rayuela es una muy larga meditación a través del pensamiento e incluso a través de los actos de un hombre, sobre todo, una larga meditación sobre la condición humana, sobre qué es un ser humano en este momento del desarrollo de la humanidad, y en una sociedad, como la sociedad donde se cumple, donde se desarrolla el libro.

(…)

El segundo nivel, que, en general, no se vio al principio, pero que luego poco a poco fue entrando en los lectores que analizaron más a fondo el libro (…) es un nivel idiomático, es un nivel de lenguaje. (…) el problema de cómo decir, cómo formular todo lo que hay en el primer nivel. Cómo decirlo, y sobre todo, en qué medida la manera de decirlo establecerá un puente eventual con el lector.

(…)

Horacio Oliveira es un hombre que está poniendo en tela de juicio todo lo que ve, todo lo que escucha, todo lo que lee, todo lo que recibe, porque le parece que no tiene por qué aceptar ideas recibidas, estructuras codificadas, sin primero pasarlas por su propia manera de ver el mundo, y, entonces, aceptarlas o rechazarlas. ¿De qué manera transmitir eso al lector? La manera directa de un escritor es la palabra, y, en mi caso concreto, la lengua española. Pero qué quiere decir la lengua española, o el castellano, si se quiere usar esa expresión, cuando se está buscando transmitir una serie de vivencias y de intuiciones que muchas veces van en contra de las instituciones que todo el mundo acepta grosso modo o más o menos. (…) antes de utilizar el lenguaje hay que tener en cuenta la posibilidad de que el lenguaje nos engañe. Es decir, que nosotros creamos que estamos pensando por nuestra cuenta y en realidad el lenguaje esté un poco pensando por nosotros. O sea, utilizando estereotipos, utilizando fórmulas que ya vienen del fondo del tiempo y que pueden estar completamente podridas y pueden no tener ningún sentido en nuestra época y en nuestra manera de ser actual. (…) Ustedes saben muy bien cuál es el tipo de lenguaje que se utiliza en las noticias y en los telegramas, incluso es bastante divertido porque uno puede hacer listas de fórmulas perfectamente repetidas que la gente utiliza pasando de mano en mano, de noticia en noticia, y siempre la misma manera de decir la cosa. O sea, que en el fondo no se está diciendo la cosa, porque no hay dos cosas iguales.

(…)

Ahora, esos dos primeros niveles llevan automáticamente al tercero, y el tercero es el lector. (…) La intención de Rayuela es eliminar toda pasividad en la lectura, en la medida que ello sea posible, y colocar al lector en una situación de intervención continua, página a página o capítulo a capítulo. Para conseguir eso, lo único que yo tenía a mi disposición es todo lo que ya he explicado, o sea, el cuestionamiento de la realidad por un lado, el cuestionamiento del idioma por otro, y en tercer lugar algunas maneras de acercarse al libro que le dieran una mayor flexibilidad.

El texto completo de esta charla de Julio Cortázar, así como interesantes detalles acerca de su origen, puede encontrarse en “Dos ciudades en Julio Cortázar” por Miguel Herráez. Editorial Ronsel. Barcelona, 2006.


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