28 de agosto de 2013

el comentario 4 comentarios

Detalles


Caminaba por las calles de su ciudad, esas calles que conocía tan bien. Tanto que guardaba un recuerdo para cada una de ellas. Cerraba las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta mientras ladeaba la cabeza, recorriendo con su mirada cada una de las baldosas que dibujaban la acera. 
  
“Ahí fue donde estuvo dos años sin hablarme”, pensó deteniendo su paso. “Día tras día evitando las miradas, sin nisiquiera percatarse de mi presencia. Hasta que una tarde, con una media sonrisa pintada en la cara, se dirigió a mi. Durante mucho tiempo su mirada ignoró los ruidos del ambiente, dejé de no existir para convertirme en su mundo. Justo ahí, junto a ese portal en el que recuerdo tantas risas veraniegas, tanta despreocupación y amistad inquebrantable”

Sus pasos siguieron, deambulando perdidos entre los recovecos de una ciudad gris inundada de historias. 

“Conozco los rumores de esta casa”, se dijo al llegar a una cuesta muy empinada por la que costaba trabajo caminar. “Está encantada, o eso creen sus dueños. Aquel viejo amigo siempre se ponía muy serio al hablar de ello, ese viejo amigo con el que recorrí cada una de estas calles, soñando con el futuro, riendonos del pasado”

Mientras el cielo se oscurecía su mente también se nublaba, era imposible escapar de los recuerdos, recuerdos de personas que ya no estaban en su vida, personas a las que extrañaba por mucho que se esforzase en no hacerlo. Echaba de menos los detalles, una mueca, una canción tarareada al unisono, una historia que siempre se repetía al pasar por un lugar o unas risas tras unos tragos en la noche junto al mar. Pero todo aquello se había desvanecido, como tantos otros momentos. Se preguntó durante un largo trecho si debía estar triste por ello, por haber perdido esos detalles. Le costaba olvidar a las personas que desaparecian de su vida, todas tenían algo, pequeñas cosas que les hacían diferentes a los demás. Esas diferencias estaban impresas en su propia esencia, y ya nada podía arrebatarselas. 
  
“A veces es bueno saber que no todo dura por siempre”, reflexionó sin detener su paso. “Que el cambio no es malo, en ocasiones es necesario aprender a dejar algunas cosas atrás, no porque ya no merezcan la pena, sino porque deben dar paso a lo que está por venir. Puedes negarte a ello y perecer junto a los recuerdos, o puedes dar un paso hacia delante, aceptar que los errores y los aciertos te han hecho ser quien eres, que todo lo que has vivido te lleva a donde estás". 

En ese momento el transeúnte lo entendió. Comprendió quién era y que no debía lamentarse por lo que había perdido, sino que debía sonreír por lo que había vivido. Se detuvo pensando en todo cuanto tenía y que cuanto tenía era todo cuanto necesitaba. En su rostro apareció sutilmente una sonrisa.




4 comentarios:

  1. Cuánto me ha movilizado esta entrada! Soy de las personas que miran hacia adelante y no me detengo en el pasado... pero llevo conmigo los detalles, los lugares, las palabras... Solo dura para siempre aquello que queremos llevar para siempre en nosotros...

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  2. Escuche una vez esto;
    No llores lo poco que te falta da gracias por lo mucho que tienes.
    Gracias por publicar ! me encanto!. Besos.

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