27 de noviembre de 2013

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Donante de recuerdos

Si me preguntas cual es la afición de un hombre que sin saber si es joven o viejo sigue viviendo día tras día encerrado en una habitación de un hospital cualquiera, pues entonces mi respuesta es soñar. Sueño, y sin saber cómo ni por qué los recuerdos brotan en mi mente de manera intermitente, llenándolo todo o vaciándolo de repente, porque no recuerdo nada, pero lo recuerdo todo. Sueño…

Abro los ojos y me encuentro esperando en las vías del tren mientras observo a la gente de mí alrededor, hay madres nerviosas esperando a su marido mientras sus hijos juegan entre ellos a la pelota ajenos de las circunstancias de ese momento, hay soldados que con sus hatillos se despiden de su familia conscientes de que aquella podría ser la última despedida de su vida y en el ambiente una tristeza embriaga todo oscureciendo aún más la mañana lluviosa.

Sigo mirando a mi alrededor y mientras mi mirada captura todos los momentos, me fijo en aquella preciosa chica que no deja de sonreír en medio de tanta tristeza, tiene los ojos oscuros y profundos como la noche y unas piernas kilométricas que se intuyen debajo de su falda, a su lado, un soldado que se subía al tren. Era curioso, las despedidas sacan los sentimientos más profundos, pero ella seguía sonriendo aún cuando el no dejaba de mirarla desde la ventana del vagón, fue en ese momento cuando pude apreciar su dulce voz: “te estaré esperando siempre, porque la eternidad es nuestra”. Seguidamente el beso más fugaz, apasionado y con sentimiento tuvo lugar, y en ese momento preciso me embriaga un calor en el corazón pero… abro los ojos y me encuentro de nuevo en mi habitación.

Prefiero volver a aquella estación asi que cierro los ojos y le veo, es el mismo chico de antes pero el escenario ahora es un campo de batalla. Quiero acercarme a él, decirle que todo sigue adelante, que algún día acabará la guerra, que haga lo imposible por matar a la menor gente posible, que la culpa es de los poderosos, esos que salen indemnes de todas las situaciones y que nos utilizan como peones en su juego de ajedrez tratándonos como a la pieza menos importante del tablero. Pero le sigo mirando, y tengo ganas de chillarle pero mi voz no alza el vuelo y quiero sacarle de allí, de la destrucción de los saqueos, de la muerte, pero no puedo.

Doy mi primer paso, pero cuando quiero acercarme a él alguien chilla mi nombre desde la tiniebla, desde la otra realidad a la que no quiero volver, y otra vez pasa, me encuentro en el encierro más profundo observando a esa enfermera que no deja de mirarme con las pastillas en su mano, no sé por qué pero sin saber quién es me inspira desconfianza, de cualquier manera me las trago y vuelvo a sumergirme en lo más profundo de mi ser…

Todo a mi alrededor se vuelve negro, veo imágenes intermitentes del dolor, de las heridas, de la muerte, de lo que antes tenía brillo y ahora es como una luz opaca en medio de la oscuridad. Y me siento tan vacío por dentro... solo veo hambre, pobreza, niños sin padres, parejas en las que ya solo ha quedado uno, veo casas derruidas, tejados sin cimientos, veo las consecuencias de la guerra y me siento culpable…

Culpable por haberme dejado llevar en medio de aquel desastre de vidas quitadas, donde los derechos humanos perdieron su nombre y solo quedo como único motivo el deseo de aquel que quiso ser poderoso a costa del todo, de un todo que sacrificó demasiadas vidas en el camino y que aún sigue siendo el mismo demonio con diferentes disfraces. Y entonces lo entiendo, por un instante de mi vida entiendo porque no me queda un solo recuerdo en la mente… los recuerdos me han abandonado, era demasiado duro seguir…

Y así es como llega la noche y pasa otro día más. Algunos dicen que tengo alzheimer, yo prefiero llamarlo donante de recuerdos... recuerdos de esos que invaden tu mente y nunca se llegan a olvidar, de esos que te rasgan por dentro como un cuchillo y dañan más que las heridas, de esos que te hacen llorar aún cuando los motivos que los provocaron están lejos, de esos que te llenan el corazón de emociones, a veces buenas, a veces malas, pero que te enseñan a vivir. Donante de recuerdos…




1 comentario:

  1. Empezar este relato leyendo un título que me ha gustado, y llegar al final de tu noche escrita y oscura, encontrándome la misma frase, convierte este texto en un motivo, no en una excusa, para parar y pasar un rato entre letras... o algo así...

    Un saludo

    Mario

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