13 de noviembre de 2013

el comentario 3 comentarios

Más allá de los muros: Lazos de sangre


El camino hasta la torre blanca, al norte de Draeth, había sido largo. El asedio, preparado con detalle, había roto las escasas defensas que Tzaro y Holder poseían para defender su posición. Por fin, allí estaba, el heredero del trono, cara a cara con el causante de su desgracia. 

- Baldo, has conseguido llegar hasta mí, estoy sorprendido – Holder apoyó la espalda contra el respaldo del trono que le había arrebatado a su padre, las grandes escalinatas le separaban de Baldo, que comenzó a subir peldaño a peldaño, con la empuñadura de su espada firmemente sujeta. La sangre del rey, que unos días antes manchaba el suelo, había desaparecido, sin embargo Baldo escuchaba los gritos de angustia de su padre como si aun estuviese allí. 
La sala estaba vacía, eso le hizo pensar que tal vez habían estado esperando ese momento y no temían las consecuencias que ello suponía. Sus pasos acabaron por acercarle al trono, Holder no le quitaba la vista de encima pero cruzaba las manos mientras fruncía el ceño. Baldo supo que se concentraba en usar su don para mantener las puertas cerradas. Los gemelos cruzaron las miradas y los ojos grises de Baldo se posaron sobre la carne quemada del rostro de Holder. 

- ¿Fue padre? – preguntó relajado llevando la mano izquierda a su propia cara desfigurada, el vínculo que compartían le condenaba a sufrir las mismas heridas que su hermano. 

- No, padre nunca se arriesgaría a hacerte daño. Fue Tzaro. 

- ¿Tzaro? ¿Y dónde está? – Baldo apretó los dientes, deseaba acabar con él por encima de todo. Era el culpable de las oscuras ideas que llenaban la cabeza de su hermano, pero de pronto la ira se esfumó mientras se preguntaba porqué Tzaro atacaría a su aprendiz - ¿Qué le has hecho a Tzaro? ¿También has traicionado a tu maestro? 

- ¿Traicionar? – una taimada sonrisa se dibujó en el rostro de Holder y Baldo supo que la situación era peor de lo que imaginaba – No se trata de traición, se trata de alcanzar un objetivo y Tzaro suponía un estorbo para el mío, igual que padre lo era para el suyo. 

- ¿Fue él quién mató a padre? – preguntó Baldo con una angustiosa sensación en la boca del estómago - ¿Y madre? ¿Dónde está? – la presión de la empuñadura contra su mano comenzó a hacerle daño mientras esperaba una respuesta que nunca llegó. La mirada de Holder permaneció inamovible, pero oculta en su fría expresión Baldo creyó ver la solución a sus incógnitas – Si has sido tú juro que… 

- Vamos hermano, la sed de sangre no te queda bien. Eso ya no importa. Tzaro era un impedimento, pero él me enseñó a ver la verdad, una verdad que nos pertenece, que es la base de nuestra supervivencia y de lo que podríamos llegar a ser. Tú, sin embargo, no sabes nada. 

- Sé que padre solo intentaba protegernos y que esa verdad de la que hablas no le dará paz a nadie – se defendió Baldo. 

- Así que lo sabes, ¿y aun así defiendes a padre? Entonces solo has venido por un motivo, quieres acabar conmigo – argumentó Holder aun con tranquilidad. 

- Sabes que no puedo hacerlo. 

- Claro, el vínculo – recalcó Holder enarcando una ceja. 

- No, aun en tu locura eres mi hermano y yo necesito respuestas. Solo te encerraré e intentaré comprender que te hizo dejar de lado todo lo que nos inculcaron. No sé en qué momento se nubló tu mente pero aunque te odie por lo que has hecho no puedo matarte. 

- Cuanta importancia le damos a los lazos de sangre, ¿no es así? Pero, ¿crees que si me haces preso tus hombres no querrán mi cabeza? Sus familias murieron cuando tomé la Torre, esos son sus lazos de sangre, en algún momento se darán cuenta de que la venganza es más valiosa que la lealtad, mi muerte tendrá más peso que tu vida y, en ese momento, morirás conmigo sin poder hacer nada para impedirlo – Holder hablaba sin trastocar el tono de su voz, contemplando como los gestos de su hermano se contraían - ¿Quién los va a defender de la guerra que he empezado si mueres? ¿A quién seguirán? De cualquier forma no podrás encerrarme, has pasado algo por alto – Baldo apretó aun más el puño alrededor de la empuñadura. 

- No puedes manipularme, ya no posees nada que yo quiera. 

- ¿Ah no? ¿Y qué me dices de Hel?

Cuando aquel nombre salió de sus labios Baldo sintió como un sudor frío le recorría la espalda. Creía a Hel muerta, la hija de Tzaro, su prometida, un peón más que Holder estaba usando en su retorcido juego. Baldo titubeó mientras pensaba en lo que debía hacer a continuación, ignoraba las consecuencias que supondría dejar escapar a su hermano, pero Holder tenía razón, si se lo llevaba ¿cuánto tiempo podría contener la ira de sus hombres para permanecer con vida? Además tenía a Hel, tal vez ella no se lo mereciese, pero no dejaría que su hermano usara su nombre como excusa para dañarla. Sin meditar más lanzó la espada al suelo dejando que se resbalara entre sus dedos y mientras el sonido del acero retumbaba en la sala Holder sonrió. 

http://noelialcaraz.blogspot.com.es/

3 comentarios:

  1. Muy buen trabajo. El ritmo de los diálogos se mantiene constante y atrapa. Es un trabajo tan pulido y denso en contenido que supongo será difícil de mantener en una estructura más larga. La historia nos exige atención sobre la relación entre esos dos personajes y aquellos que irán mencionando, para tan solo al final hilar la historia completa que los vincula.

    Felicitaciones

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  2. Mil gracias por tu comentario OPin. Solo es uno de los varios fragmentos que forman parte de un libro de ilustraciones vinculado a toda la historia de "Más allá de los muros".
    Espero seguir compartiéndolos con vosotros.

    ¡Un saludo!

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  3. Llega tarde mi comentario pero debo decir que gustó mucho. Por alguna razón me hizo acordar a Game of Thrones, así también a Grympow.. hermosa historia sobre los templarios.
    Espero en algún momento poder leerlo todo...
    Gran saludo charrúa..

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