1 de diciembre de 2013

el comentario 2 comentarios

Carta al Desolvido



                                                             
“...pero,...¿cuándo,…cuándo?,si siempre estoy volviendo...”.  Pichuco

Me despido, pero no dejo de recorrer los viejos lugares una y otra vez, mientras me alejo de la ciudad, que se va volviendo sombra.

Recuerdo las riberas de mi barrio. Otros sitios, paredones que también fueron mi barrio. Los veo desde el vértigo de la ruta. En la banquina entrevista de reojo.

En una capa densa de aire que viaja a la velocidad de la luz. Donde la misma luz es un misterio, un fantasma que solo en apariencia va quedando atrás.

Enigma del futuro. Pienso en lo que podría ser de mi vida si me quedara, si un simple giro dejara todo en el mismo lugar. Pienso en qué será de ella ahora que me estoy yendo.

Ahora que se me pierden las calles, que ya no serán nuestras sino de otros.

Las paradas de colectivos, esos puntos de partida conocidos de memoria. Las luces de las avenidas donde supimos encontrarnos. Las esquinas que nos contuvieron. La gente que no volveré a ver a pesar de que regrese.

Los amigos. Los bares. Las estaciones de tren.

A medida que me alejo me acerco cada vez más a mi memoria. El cuaderno que llevo vacío y el lápiz negro que no estrené, van tejiendo una trama de recuerdos que, de alguna manera, me empujan hacia adelante.

Llevo también una historia que no es nueva pero está por estrenarse. Nuevas tormentas, nuevas lluvias y resolanas. Otros fuegos en la casa. Volver a pertenecer.

Oponer al desarraigo una vida usada que se ha ido componiendo como una canción que cantamos infinitas veces. Huecos en las manos que se irán llenando junto con los días. Ahora veo el futuro como un alto en la ruta, arduo amanecer en la soledad de una banquina en un camino de ripio. Caminar unos pasos entre el silencio y el cansancio de la madrugada después de haber viajado una noche eterna. Los brazos entumecidos por el frio de la madrugada. Los ojos apenas entibiados por un leve sol.

A lo lejos, entre las bardas, asoma un lago azul y verde y el porvenir es ese lago que hostiga las orillas. Entiende de lluvias. Compadre del viento, como yo.

Hermanos, en realidad no me despido de ustedes. En las manos estrechadas llevamos la vida como un “cielo que crece”. Nos encontraremos en esa utopía que prospera, invencible como ella.


Osvaldo Barales

Foto: Dique Florentino Ameghino.



2 comentarios:

  1. Polo, como siempre, muy emotivo. Esta carta, esta llena de poesía. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Bello y reconfortante texto, Osvaldo. La despedida que es, además, un encuentro...

    ResponderEliminar

Si usted tiene voluntad de escribir su comentario, también esta invitado a publicar con nosotros obras más complejas. Simplemente envíenos su trabajo a nosomosescritores@gmail.com y nosotros nos encargamos del resto.

Gracias por visitarnos y participar.

Si no encuentra cómo y se muere de ganas, también puede comentar aquí con su perfil de Facebook



Código de emoticones para sus comentarios
:) :( ;) :D ;;-) :-/ :-O X( B-) #:-S :(( :)) =)) ~X( :-t 8- =P~ #-o =D7 :-SS :-q :-bd