30 de junio de 2013

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Nos cuentan los maestros XLI / Julio Cortazar


Cortázar diserta sobre Rayuela

Rayuela, el hecho de haber sido escrito, responde a tres motivos, a tres motivos fundamentales, hay otros subsidiarios, pero había tres motivos fundamentales.

El primer motivo, que es, digamos, el básico, es el que el lector encuentra cuando oye los monólogos y los diálogos de los personajes y lee los fragmentos teóricos de un tal Morelli, un escritor que yo inventé y metí ahí, fragmentos teóricos en que Morelli da sus ideas, expone sus ideas sobre literatura, sobre filosofía, a veces, aunque muy poco, sobre historia. El primer nivel, la primera intención, entonces, de Rayuela, el lector la encuentra en la palabra y en el pensamiento de los personajes principales y de esa figura un poco misteriosa de Morelli, cuyos textos aparecen intercalados a lo largo del libro, y ese contenido de Rayuela es lo que yo había calificado de metafísico. Es decir, preocupaciones de tipo metafísico. Fundamentalmente metafísico. Efectivamente, en el fondo Rayuela es una muy larga meditación a través del pensamiento e incluso a través de los actos de un hombre, sobre todo, una larga meditación sobre la condición humana, sobre qué es un ser humano en este momento del desarrollo de la humanidad, y en una sociedad, como la sociedad donde se cumple, donde se desarrolla el libro.

(…)

El segundo nivel, que, en general, no se vio al principio, pero que luego poco a poco fue entrando en los lectores que analizaron más a fondo el libro (…) es un nivel idiomático, es un nivel de lenguaje. (…) el problema de cómo decir, cómo formular todo lo que hay en el primer nivel. Cómo decirlo, y sobre todo, en qué medida la manera de decirlo establecerá un puente eventual con el lector.

(…)

Horacio Oliveira es un hombre que está poniendo en tela de juicio todo lo que ve, todo lo que escucha, todo lo que lee, todo lo que recibe, porque le parece que no tiene por qué aceptar ideas recibidas, estructuras codificadas, sin primero pasarlas por su propia manera de ver el mundo, y, entonces, aceptarlas o rechazarlas. ¿De qué manera transmitir eso al lector? La manera directa de un escritor es la palabra, y, en mi caso concreto, la lengua española. Pero qué quiere decir la lengua española, o el castellano, si se quiere usar esa expresión, cuando se está buscando transmitir una serie de vivencias y de intuiciones que muchas veces van en contra de las instituciones que todo el mundo acepta grosso modo o más o menos. (…) antes de utilizar el lenguaje hay que tener en cuenta la posibilidad de que el lenguaje nos engañe. Es decir, que nosotros creamos que estamos pensando por nuestra cuenta y en realidad el lenguaje esté un poco pensando por nosotros. O sea, utilizando estereotipos, utilizando fórmulas que ya vienen del fondo del tiempo y que pueden estar completamente podridas y pueden no tener ningún sentido en nuestra época y en nuestra manera de ser actual. (…) Ustedes saben muy bien cuál es el tipo de lenguaje que se utiliza en las noticias y en los telegramas, incluso es bastante divertido porque uno puede hacer listas de fórmulas perfectamente repetidas que la gente utiliza pasando de mano en mano, de noticia en noticia, y siempre la misma manera de decir la cosa. O sea, que en el fondo no se está diciendo la cosa, porque no hay dos cosas iguales.

(…)

Ahora, esos dos primeros niveles llevan automáticamente al tercero, y el tercero es el lector. (…) La intención de Rayuela es eliminar toda pasividad en la lectura, en la medida que ello sea posible, y colocar al lector en una situación de intervención continua, página a página o capítulo a capítulo. Para conseguir eso, lo único que yo tenía a mi disposición es todo lo que ya he explicado, o sea, el cuestionamiento de la realidad por un lado, el cuestionamiento del idioma por otro, y en tercer lugar algunas maneras de acercarse al libro que le dieran una mayor flexibilidad.

El texto completo de esta charla de Julio Cortázar, así como interesantes detalles acerca de su origen, puede encontrarse en “Dos ciudades en Julio Cortázar” por Miguel Herráez. Editorial Ronsel. Barcelona, 2006.

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28 de junio de 2013

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Sombras


Prefacio:
La vida es corta, tan dura y dolorosa que a veces espero no vivir. Pasan los días, los meses, los años; pretendiendo ser quien nunca seré. Existes un instante y al otro desapareces.


CAPITULO 1: PERDIDA

Me levanto como de costumbre, nada nuevo, todo igual, monótono y sin una chispa de vida. Me lo merezco, creo. Esto es lo que soy. De nuevo, cada mañana, me acompaña esta resaca que va conmigo desde hace unos meses. Examino a mi compañero en la cama, con solo una sábana cubriendo su desnudez,
- diablos sí que lo volviste a ser "B" (BI), digo para mis adentros. Otra noche de borrachera que culmina en esto. Desearía poder recordar que paso anoche, pero es inútil, siempre lo olvido de todos modos, como una película borrosa que no puedo descifrar del todo.

Aunque este chico, parece diferente.
Su piel blanca, ligeramente tostada por el sol, el pelo ahora despeinado y de un color caoba, sus brazos marcados y flexionados alrededor de la almohada, esta realmente guapo. Definitivamente me anote un diez esta vez. Pero donde rayos estoy???.... contemplando a este hombre que yacía ahora a mi lado había olvidado que no estoy en mi casa, examino la habitación, me parece que estoy en su departamento, las paredes en un tono azul rey, bastante fuerte para mi gusto, debe de ser uno de esos solteros casanova, algunos muebles de madera fina y en diseño moderno, una gran televisión en medio del cuarto, y videojuegos regados por una mesa, vaya y encima del buro algunas de mis prendas, sí que debo encontrar mi ropa entre todo este desorden. El pantalón por el piso, un zapato por aquí el otro por halla....... enserio que estuvo loco ayer. Y como siempre ahora es momento de marcharse sin dejar rastro.
-Espera por favor-
llamo el chico sentándose en la cama. Con voz dulce pero firme. Sí que hacia ejercicio este tipo.
-Me...me tengo que ir- dije un poco sorprendida, nunca me había pasado esto, soy bastante buena huyendo.
- no por favor. Quédate solo un momento. Vamos que dices????.... necesito algo de compañía he estado solo últimamente, podemos desayunar si quieres, te llevare a casa en cuanto tú me lo pidas qué opinas????- me miró fijamente. Y por fin tuve un motivo para contemplar su rostro y apreciar sus rasgos: ojos verdes y tiernos, nariz fina, el mentón cuadrado, perfecto..... De verdad que quisiera recordar que paso anoche.

-Está bien-, dije mientras me rendía a su suplica.

-Mi nombre es: Arthur, Arthur Crown- culmino, extendiéndome su mano en señal de presentación dándome una de esas medias sonrisas sexis y cautivadoras típicas de un casanova, ja, pero que se ha creído. Definitivamente no sabe con quién se mete. Me acerco a la cama para tomarle la mano, y en seguida un escalofrío me recorre el cuerpo como un choque de electricidad entre nosotros, le doy un rápido apretón de manos un tanto rudo. Esto es nuevo. Como se supone que reaccione a esto?

-Bien Arthur, llámame "B"(BI)-
-"B"? porque una joven tan hermosa ocultaría su verdadero nombre detrás de una consonante, vamos por lo menos dígame su apellido señorita- y soltó una risa, parecía divertido, sí que era encantador, rayos piensa en algo "B".

-bueno así es mejor no ¿crees?, Sin tanto... tanto compromiso. No tenemos que decir mucho de ambos, sencillo- trate de parecer indiferente pero creo que no le podía engañar.

- vamos linda, de todos modos estoy de vacaciones aquí si me dices tú apellido no habrá manera de que te conozca no soy del lugar, vamos dímelo si??- y lo hizo de nuevo esos ojos verdes encarcelándome con la mirada como decir no??.

- muy bien sr. Crown ante tanta insistencia tendré que ser flexible, mi apellido es Rutherford-
-vaya apellido importante que tienes como la herede......

- lo interrumpí con un beso no me convenía que comenzara a atar cabos en su mente sabría directamente quien soy, que tonta como se me ocurrió decírselo.

Pero, que ¿pasaba?, este beso, nadie me había besado como el, nuestros labios sincronizados y ese flujo de electricidad pasando entre nosotros, me tomo de la nuca y mis manos en sus hombros a todo lo ancho que estos eran, su boca se volvió más insistente, me acerque más a él, oliendo su delicioso aroma, sus manos bajaron hasta mi cintura produciéndome escalofríos y entonces bajo a mi cuello..... diablos no, no me puedo permitir esto....
- no- dije sin mucha fuerza pero Arthur entendió enseguida y me libero de su embriagante presencia.
-lo... lo siento "b"- me dijo mientras ambos recuperábamos el aliento... pero que me estaba haciendo este hombre endiabladamente guapo, de verdad que me odiaba más de lo normal por haberlo detenido en este momento cuando mi cuerpo pedía más... pero no.... las hormonas no me mandan, dije que no lo volvería a ser no me permitiría tener este vínculo con él ni con nadie más.
- Art, yo de verdad me tengo que ir.... me podrías llevar???- le dije sonriéndole trataba de liberar la tensión entre nosotros.

- claro- me dijo enseguida devolviéndome la sonrisa en complicidad, y se incorporó de un salto para vestirse. había algo en el.... esa sencillez, algo especial que me recordaba a.... no vaya no puede ser, mi mente jugando conmigo. Mejor que me fuera cuanto antes posible.

-hey guapa... Me ayudarías con la camisa- y allí estaba otra vez interrumpiendo mis pensamientos.
- claro, valla eres muy bueno para sacarme la sopa y la camisa no la puedes abotonar solo??? Pero qué clase de casanova eres??
- casanova? rió -, por favor srita. Rutherford, no soy más que un tonto...
-un tonto que logro seducirme ayer para variar
-jaja, pues si quieres saber, pienso que fuiste tú quien me sedujo anoche. Como dije soy un tonto incapaz de hacer aquello de lo que me acusa...jaja
rayos es el primer tipo en mucho tiempo al que me cuesta decirle adiós, -bien listo hora de irse.

Me miro por un segundo, y sus manos bajaron a mi cintura, aquí viene otro de esos besos que nublan mis sentidos, vamos B (bi) no lo puedes permitir.
- tienes razón hora de irse bajemos al estacionamiento.
Salimos a la estancia del departamento, como me lo pensé definitivamente una cueva de soltero.
- si no eres de aquí, entonces de quien es el depto?
- pues estoy de vacaciones de verano vivo en Canadá, pero mi hermano salió, así que es una de esas pocas veces en las que se porta bien conmigo y me presta su lugar.
-enserio?? Pues si quieres atraer más chicas deberías arreglar un poco no crees?...
- jajaja... más chicas??? No que va..lo de anoche fue un pequeño descontrol no lo hago a menudo créeme, además, en estos momentos solo estoy interesado en una sola mujer por aquí, una que camina a mi lado y lleva una chaqueta de cuero, digo, para ser más específicos.
Sentí un retorcijón en el estómago, como lograba este efecto en mí???
- pues yo no me haría muchas esperanzas si fuera tú, Arthur, créeme no va a pasar nada entre nosotros.
-me parece que eso lo decidirá el tiempo no crees? bien me acompañas.
Con tanta platica el camino al estacionamiento había durado segundos, llegamos hasta su mustang negro, hermoso, como me encantaban estos autos yo tenía dos en casa pero no los usaba sobre todo desde aquel día, mejor no recordar.
- me permite srita., dijo mientras abría la puerta de su auto, pero que caballeroso de seguro hace esto con todas. Él se subió al asiento del piloto y se puso unas gafas negras tipo ray- ban, dios con el pelo despeinado y esa camisa sí que se veía sexy.
- y donde vives exactamente "B"????
Y allí estaba otra vez matándome con su sonrisa... no me voy a enamorar, ya lo había dicho, no lo merezco, no lo hare de nuevo.

Mariana Fonseca

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25 de junio de 2013

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Hasta que nos den el último balazo


Quizás la mejor forma de comenzar sería explicando el significado de la palabra vergüenza. Si buscamos en la RAE lo primero que nos aparece es la turbación del estado de ánimo producida por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena, y quizás ese es el significado más ajustado a lo que voy a exponer a continuación…

Naces, creces, vives y mueres, y mientras todo eso pasa, a tu alrededor se van desarrollando una serie de acontecimientos, a veces solo son acciones transcendentales para tu persona, y otras veces son hechos que marcan el rumbo de la historia. El problema aparece cuando ante tus ojos estos últimos acontecimientos son denunciables, injustos e ilegales, y aun así nadie puede hacer nada. Vivimos tiempos marcados por la impotencia del ciego ante lo que no puede ver y la vergüenza de quien no se atreve a gritar por la opinión crítica del que juzga con ojos medio abiertos.

Últimamente no dejamos de ver en los medios de comunicación como políticos se proclaman dueños de su propio imperio, imperio al que los ciudadanos no quieren pertenecer, pero aún así lo hacen.  Atrás quedaron los sueños de un país limpio donde el Gobierno actuara por y para el pueblo, por el contrario, no dejamos de ver como el dinero desaparece en las manos invisibles de aquel que hace un uso impropio de lo que no es suyo.

Este año me ha tocado escuchar como ancianos firmaban papeles del banco de los cuales ni siquiera eran conscientes de su contenido ante la mirada atenta de los demonios que agarraban su bolígrafo prometiendo la vida a los que no tenían ni oxigeno para respirar, he escuchado como gente era agredida por el simple hecho de manifestarse contra una política que no beneficia a ningún pobre, también me ha tocado oír como los estudiantes (por ser demasiados) se les ponía más impedimentos como siempre beneficiando a los hijos de aquellos con mayor patrimonio, independientemente de su capacidad intelectual, porque ya se sabe si tienes dinero, lo tienes todo. Atrás quedo, si es que alguna vez existió la prioridad del pobre, los elogios al trabajador, y las recompensas por ser un país con un gran número de estudiantes.

Por todo ello ante la impotencia del que no puede hablar, porque cuando se alzó el primer dedo pidiendo permiso para reivindicar entre la multitud, la bala del poder atravesó la libertad, sigo esperando que alguien levante la cabeza y grite por todas esas personas que sin culpa alguna ya no tienen voz... alguien que con dos dedos de frente se dé cuenta que la única manera de salir de esta crisis tanto económica como de valores es castigar al que roba, sea de la clase social que sea, y ayudar al pobre… alguien que crea que las letras son el primer acto contra las injusticias, los gritos el paso hacia la libertad y que la lucha debería ser la constante del día.

Llámenme ilusa, pero mientras el último suspiro del mediodía sea dedicado a lo mal que van las cosas todavía creeré en el ser humano...

No nos daremos por vencidos hasta que nos den el último balazo.


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24 de junio de 2013

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Hora de Vivir.

Escucha sin pensar siquiera,
escucha lo que dice el corazón,
el te lleva por el camino de la vida,
¡el te lleva a borrar la sinrazon ¡.

Porqué el vivir es fuente de los cielos,
ellos te ceden aquello que te da
la esperanza el amor y el consuelo...
¡para esta vida que debes caminar ¡.

Camina siempre mirando al frente,
no importa los obstaculos que tendrás 
camina siempre pensando que eres...
fuente de la mas eterna paz.

Y si algún dia tu alma se entristece
o tu cuerpo, te pide parar de caminar...
¡tu, camina por siempre y para siempre
¡pues tu vida, jamás acabará ¡.

Aunque partas de este mundo que ahora vives
aunque creas que ya tu mente no puede más
escucha, escucháme y continua....
¡esa vida la debes culminar ¡.

Porqué solo andando se hace vida,
y la vida se te dio y se te da...
¡anda siempre orgulloso de tu vida ¡...
Y los Cielos con Amor te arrullaran.....

                                       Julia Orozco.
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20 de junio de 2013

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Desde el afuera


Homenaje al Día de nuestra Bandera Nacional
20 de Junio


Desde la barranca rosarina, con el incipiente frescor del atardecer, Eloísa Díaz Peral, perdidos sus ojos azules en las aguas marrones del río Paraná, asistía a la solemne ceremonia preparada por aquel valiente abogado devenido en  General, quien airadamente, según su pensamiento, se proponía enarbolar una bandera propia en estas tierras. Eloísa era huérfana de padres, ya que ambos habían muerto por distintas causas, dos años atrás, casi con el nacimiento del primer gobierno patrio.
Los pocos parientes conocidos de los que tenía noticia, estaban  muy lejos, allende los mares y nada sabía de ellos.  Robustiana, aquella mestiza que la había criado, tuvo que hacerse cargo de ella cuando quedó sola a los trece años. Toda una señorita que atender y cuidar. Pero lo había preferido así, antes que su niña partiera para el hospicio o la metieran de monja, los amigos de sus patrones. Embustera como era, se había inventado una historia de papeleo para disuadirlos. Así las cosas, aquel 27 de febrero de 1812, había llevado a la jovencita, al acto militar, porque Robustiana era bien criolla y apoyaba la causa de la revolución, cosa que trataba de imponer a Eloísa, quien desconfiaba de todo. "Vamos m´hija, mire la bandera que está izando Don Cosme Maciel", "¡Qué honor!" agregó la mujer y por lo bajo le susurró a la joven: "Es suya también". Cuando el paño de algodón teñido de celeste, como el cielo, en una de sus franjas, llegó a lo alto del mástil, el Gral. Manuel Belgrano instó a sus soldados, diciendo con vehemencia: ". . . Juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad. En fe de que así lo juráis, decid conmigo ¡Viva la Patria!"


Robustiana, también lo murmuró, porque los que juraban la bandera, eran sólo los militares que integraban las baterías allí concentradas. Su ahijada se persignó, y  mirando al cielo, dijo muy por lo bajo: "Perdón, Tatita, ¡Viva la Patria!", mientras la albi-celeste ondulaba brillante en aquel atardecer de verano y sus ojos azules como el mar se enamoraban de su apuesto creador.

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17 de junio de 2013

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Estrés hasta en sueños


 
 
 


Para no marcharme al trabajo sin decirte adiós te busqué por toda la casa. En la cocina tu taza de desayuno seguía templada cuando la coloqué en el fregadero. En el baño olía a tu colonia la toalla que colgué. Miré por la ventana del salón y no te vi. Me enfadé al comprobar que te habías ido sin dejar ni una nota y entonces fui al dormitorio y desmonté nuestra cama. Quería olvidarte cuando me agaché para meter en la lavadora toda la montonera de ropa que cabía entre mis brazos. Te encontré allí, dentro del oscuro tambor de la lavadora ¡tan tierno y pequeñito! Tú me apuntabas con mis braguitas diciéndome: «despierta ¡corazón! te estás equivocando... ¡El surrealismo es otra cosa!
 
 

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11 de junio de 2013

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El jardinero


El sonido de un trueno.
En la penumbra de la habitación, la oscura figura caminaba de un extremo a otro pausadamente. Cuando llegaba a la húmeda pared, parecía dibujar con su dedo frases mágicas de algún cuento inconcluso. Vestía un abrigo largo y negro, como negra era toda su indumentaria. Bien afeitado y peinado, la palidez de su cara era el único indicio de una humanidad resguardada de la intemperie. Sus pasos se veían acompañados de sordos ruidos sobre el húmedo piso recientemente lavado, mientras por la puerta entreabierta penetraba un hilo de luz que solo se veía interrumpido por las volutas de humo que partían de su mano derecha.
Parecía haberse perdido en algún pensamiento. Sujetó su cabeza por un minuto, en un gesto que indicaba que había regresado a alguna vieja idea. Miró hacia la otra figura tendida en la cama. La acarició con la mirada. Existía algún tipo de conexión entre ellos que era difícil de explicar. Casi con ternura comenzó a hablar de una forma tan particular que las palabras parecían caer suavemente desde su boca. Era una pequeña letanía, repetida desde hacía mucho tiempo. Desprovista de toda nueva energía. Como si sólo fuera una excusa.

-Usted sabe Laura. Es como una rosa roja. ¿Se ubica? Un rojo palpitante en el centro de cada pétalo que se expande. Un color oscurecido poco a poco hasta alcanzar el mismo borde.
Se lo dije hasta el cansancio, cierto?. Que al fin y al cabo soy un alma sensible. Que podemos encontrar la belleza necesaria en cada cosa. Si, sé que puedo resultar un poco cursi y que las rosas son un recurso remanido. ¡Pero cuanta poesía se guarda aún en ellas!
No. No me mire así ¿Le conté de cuanto aprecio la prosa descriptiva de Rubén Dario? ¡No, que va! Seguramente no hemos tenido ni el tiempo ni la intimidad necesarias para conocernos tan a fondo. ¿Sabe? Hasta intuyo que somos almas gemelas. Me pasa todo el tiempo. Pero a diferencia de con otros, siento que en el fondo usted aprecia lo que le digo, que lo valora en su justa medida, no como esos energúmenos que me acompañan cada día. Sepa disculparlos. Merecen nuestra pena mas que nuestro desprecio. No todos en este mundo sabemos apreciar la belleza oculta en cada forma. En cada color. Esté segura que valoro mucho su colaboración en estos momentos. Usted es ciertamente una dama. No. No se lo digo solo como un simple cumplido. Debe concordar conmigo que hemos pasado momentos penosos. No le miento si le digo que me siento un poco responsable. Sólo un poco. Seguramente todos tenemos estos pequeños remordimientos contra los que debemos luchar. Usted me comprende. Y es por eso que le agradezco. Toda una dama. Sí.
Por cierto. Esa es una hermosa rosa roja, como le dije
Hoy temprano estuvo el enfermero ¿Darío no? Él entiende también de estas cosas. Creo que en el medio de tanta tristeza la de Darío es una mano cálida que sabe dar. ¿Le conté que me recetó unos tranquilizantes a escondidas de mis compañeros? No sea cosa que se sepa que aflojo. Es un hermano. Espero que a usted también la haya podido ayudar. ¿Sabe? Desde que tomo los tranquilizantes el día se me pasa mucho más rápido. No tengo tanto embrollo en la cabeza. Pero antes. Antes sentía voces. Varias. Parecian no poder ponerse de acuerdo en ningún tema. Complicado le digo. Pero ahora no. Ya se callaron. Ya puedo dedicarme un poco mas a la lectura. Hasta hace algunos años, antes que comenzara todo esto, ni me habría imaginado que terminaría siendo un adepto a la poesía. Me hace mucho bien. ¿Leyó algo de Bécquer? Se lo recomiendo.

¿Cómo vive esa rosa que has prendido
junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemplé en el mundo
Junto al volcán la flor.

Le agrada cierto?. Creo que se llama así. ¿Cómo vive esa rosa que has prendido..." No es hermoso? Breve, claro, conciso. Es del tipo que prefiero. Porque, eso sí, me escapo de los temas lúgubres, sabe? Soy una persona muy, pero muy sensible y un exceso puede hacerme daño. Leticia, mi señora, también empezó a leer conmigo. No tenemos chicos y eso nos pone muy mal en alguna ocasiones. Pero verá, los dos tiramos del mismo carro y parejo desde hace veinticinco años. Créame, pasamos tiempos muy duros. Nunca tuve ni para regalarle rosas en nuestro aniversario. ¡Y como le gustan! Tanto como a mí mismo. Todavía tiene una, apretada entre las hojas de un viejo libro. Ni recuerdo cual es. Hoy cuando llegue a casa le pregunto.
Y bueno. Con el tiempo he encontrado la belleza en lo que hago. Al principio me costaba. Pensaba que estaba haciendo algo malo. Pero no. No es así. Soy como un jardinero, ¿no?. Cuido mis rosales hasta que los capullos estallen en ese rojo oscuro que tanto me agrada. Y usted. Usted siempre tan gaucha. Si hasta me ha regalado sus lágrimas como gotas de rocío que bañaran mis rosas.
Tal vez en la próxima cultive violetas. Me gustan las violetas. A usted le quedan bien. Es cuestión de probar. En serio. El violeta hundido en sus ojos, la rosa derramada en su pecho. Déjeme decirle que no todos los días nacen flores tan hermosas aquí, en este "chupadero" irónicamente llamado Olimpo.
Disculpe un momento. Ya llegaron los chicos.-

La figura se desembarazó de algún pensamiento pendiente, mientras guardaba el arma que aún humeaba en su mano.

-Tratenla bien. Es una amiga.

Los hombres de la morguera cerraron la negra bolsa que ahora contenía un cuerpo y se miraron tan solo un instante, sin poder comprender que tipo de poesía podía encerrar aquel momento.

OPin
Bs. As. 2000
© Copyright 2010
Once Cuentos sin Rumbo
ISBN 987-43-8446-9
Relato contra los crímenes de lesa humanidad ocurridos durante la última dictadura militar argentina.


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9 de junio de 2013

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Manjares


Tic... Tic... Tic... Tic... El eco de la enorme cocina hace resonar esa molesta gota que cuelga de la canilla de bronce, hasta que su peso la lleva a caer sobre la vieja pileta enlozada.

La forma de la gota es perfecta, hace reflejar el brillo de la luna que entra por vitreaux de la altísima puerta de hierro que comunica a la cocina con el patio interno. Todas son igualmente perfectas a la vista. Y suenan igual.

Felipe no puede hacer nada, se da vuelta, se acurruca un poco más y sigue durmiendo. Al menos lo intenta, pero cuando parece dormirse por fin... Tic... Tic... Tic. Lo invade esa sensación de querer seguir soñando lo mismo. Era un sueño muy convincente, pero aunque cierra los ojos y trata de seguir la historia, no puede.

Que pena no poder seguir ese sueño. En el sueño lo respetaban y todas lo admiraban embelesadas al verlo pasar. Estaba rodeado de manjares.

Demasiado ideal para ser real. Es evidente que ya no soñaba, estaba analizando.

Abre los ojos y ve el reflejo de tenues colores que desvía la gota al colgar, hasta que cae. Y detrás de esa, otra, que crece y crece. Es una danza que hipnotiza y la música ayuda. Tic... Tic... Tic...

No pudo más y decidió levantarse. Caminó por el pasillo, subió las escaleras y se sentó en la terraza a mirar la luna. Es una noche ideal, sin viento, no hace frío y la luz amarillenta da un aspecto distinto a la gran terraza colmada de macetas y plantas.

Cuando de imprevisto un ruido lo sobresalta. Se le eriza la piel, sus ojos se abren dejando atrás todo rastro de sueño. Algo parece moverse detrás de las macetas, se queda petrificado sin mover ni un pelo pero con la vista fija en esa dirección.

Una sombra se mueve y lo sigue una figura temblorosa de movimientos nerviosos. Felipe parece esculpido en mármol, ni siquiera respira mientras esa criatura se le acerca. Hasta que el instinto toma el mando de su cuerpo y pega un salto violento e inesperado.

Felipe lo saborea. Ningún ratón escapa al mejor gato cazador del barrio.



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1 de junio de 2013

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Lloro...

Lloro al recordar el dulce vientre
de mi madre,
aquél que con amor me trajo
aquí,
aquella cuna de amor y de
luceros,
que desde arriba de los
cielos,
a esta casa de luz me hizo
venir.

Lloro, porqué quisiera recordar
esos momentos,
en que en su vientre estuve una
vez,
cuna preñada de paz esperanzas y
consuelos,
¡que me cedio la vida al nacer¡.
Y desde allí comencé la danza de
mi vida,
y escuché la melodía de mi
ser,
aquella que al cantarla cada
dia,
recordara la inocencia del
nacer.

Y sonrio ahora al recordar
el vientre de mi madre,
y bendigo ese ser que me dio
el ser,
en donde comenzó el camino y
el sendero,
que con dulce manto de amor y
anhelo,
¡volverá algún dia a vestirme
otra vez ¡.

                              Julia Orozco.
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