27 de julio de 2013

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El Niño Y El Sol.

Cuento.

Como todo pequeño, el niño Jesús quería jugar, pero en realidad no sabía con qué. Tenía tantas cosas con que hacerlo.....
¡Ah- pensaba muy serio-, creo que hoy jugaré con aquella nube, le daré formas distintas y miraré si alguién en la tierra se da cuenta¡.
Se colocó delante de la nube más bella y más grande que llenaba los cielos, y con sus ojos azules y su sonrisa de amor , le preguntó:
¿Jugamos a las formas?
-Si- contestó la Nube.
Y convirtió la nube en oso..., en rio, la hizo parecerse al mar más bravio y fue golondrina y fue mariposa...y el niño Jesús jugó a otra cosa.
Fue hasta el sol y le dijo:
-¿quieres jugar un ratito conmigo?.
El Sol espabiló lleno de gozo, aquel su Señor jugaria con él un poco y timidamente le preguntó:
¿Qué quieres hacer oh mi niño Dios?.
-Mira juguemos-le dijo bajito a ver quién corre más por los cielos benditos y i lo haces tú dejaré que brilles intensamente un poco mas cada dia.
-Vale-le dijo el Sol-.Empecemos a correr, mi Señor.
Corrieron jugando por todos los cielos, el Sol se reía y lanzaba destellos, y el niño y el Sol corrian y corrian hasta que de pronto llegó allí Maria:
-¿Que haces mi niño?. Jugar con el sol no está permitido ¡te puedes quemar o hacer daño, mi niño mi rey mi Señor....¿por qué no vienes a jugar conmigo?
-Mamá, será tan solo un ratito -contesto el niño -He hecho un trato con el solecito, si él me gana le he prometido que estará mas rato brillando acá arriba y que ese rato se hará aún mas grande cuando el verano la tierra lo alcance.
Corrieron y corrieron por los cielos, el niño tan chico, el Sol, tan inmenso, cuándo Jesús vio que el Sol no podía ganarle se apiadó de el y poquito a poco dejo de correr.Espero que el Sol salpicara las nubes, abriera camino por el firmamento y así llego antes que Jesus al lugar acordado para dejar de jugar.
-Me ganaste Sol-, tú llegaste antes.Por eso repito lo que te dije, cuando el verano comience tus dias , mi amigo, seran mas brillantes.
Inclino el Sol sus rayos, beso con anhelo al niñito amado, y expresando con ello el mas puro amor....¡inundó los cielos del brillo mas bello que jamás existió.

He tenido la suerte de que este cuento se publicase en Mexico.
Gracias a todos `por leerlo.
Julia Orozco
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16 de julio de 2013

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Más allá de los muros: El sabor de la traición



Más allá de los muros: El sabor de la traición


- ¿Por qué? – las palabras salieron con dificultad de su garganta, Atho consiguió abrir los ojos, aunque tardó unos segundos en poder enfocar lo que tenia delante. Se sentía tan agotado por culpa de lo que el veneno le estaba haciendo que no podía aguantar su peso sobre los pies, hacía rato que se había dejado caer, las telas que le hacían preso lo mantenían en pie. Intentó inhalar algo de aire que le diera fuerzas para levantar un poco la cabeza, pero le dolía respirar, aun así lo hizo y pudo sentir como las gotas caían desde su frente perlada en sudor. Todo estaba en silencio, lo único que se escuchaba era el crepitar de las llamas a su alrededor y los inagotables pasos de Tzaro. Cuando por fin logró mirarlo directamente éste se detuvo.


- Porque tú y yo tenemos un concepto muy diferente de lo que es la justicia y la lealtad.


- Si, eso está claro… - la voz de Atho volvió a sonar apagada aunque se esforzaba por que fuese firme, tenía que estar más centrado en poder respirar para llenar el hueco que había en sus pulmones, pero sabía que no se debía a la falta de aire, era su don que se apagaba, consumiendo su vida.


- Vamos, no sigas jugando a ser la víctima, no hay nadie más aquí y yo sé muy bien lo que eres – Tzaro arrastraba las palabras con cierto desdén, volviendo a emprender su marcha alrededor de Atho que seguía luchando por mantener los ojos abiertos – Alguien que se ha ganado el poder sacrificando la vida, la libertad y la verdad que le corresponde a su gente.


- ¿De qué estás hablando? La única vida que sacrifiqué fue la mía…y lo sabes.


- Si, tú ofreciste el destino de tu linaje como precio para lo que nos ofrecieron, pero ¿acaso puedes negar qué desde entonces le ocultas a tu pueblo su esclavitud? – Tzaro no pudo evitar que las comisuras de sus labios dibujasen una arrogante sonrisa, por primera vez Atho estaba indefenso ante él, le pareció que intentaba decir algo, pero estaba tan débil que las palabras se ahogaron en un susurro inaudible - ¿Cuántos han muerto por el desconocimiento? Solo por la imagen que quisiste crear.


- Saben lo que deben saber… - pronunció Atho a duras penas interrumpiendo el discurso de Tzaro, apretó los dientes con fuerza, por la rabia, y la impotencia.


- ¿Y quién eres tú para decidir qué es lo que deben saber? – Tzaro enarcó una ceja y volvió a detenerse frente a su prisionero.


- No saber les permite ser libres de decidir.

- ¿Y a dónde les llevan esas decisiones si son erradas? Estabas allí conmigo de rodillas cuando nos desvelaron la verdad. ¿Cuántos han muerto por creer tus palabras? – pese a que su rostro se crispaba su tono de voz no dejaba de ser pausado y tranquilo, eso le hizo pensar a Atho lo mucho que Tzaro tenía preparado ese discurso, se encolerizó por la culpa de no haberse dado cuenta antes, de haber puesto toda su confianza en quien menos debía, tendría que haberlo imaginado. Apretó los puños alrededor de las telas y logró apoyar un pie en el suelo para sostenerse por si mismo, su cuerpo estaba tan mal que el esfuerzo volvió a nublarle la visión, pero no desistió, mantendría su orgullo y su dignidad hasta el final.
- Mejor morir jóvenes teniendo la libertad de decidir que toda una vida creyéndose esclavos – los claros ojos del gobernante de Dhîam se clavaron en Tzaro, pese a que no podía mantenerlos abiertos del todo su expresión no vaciló.

- Una vez más crees que estás en el derecho de elegir por los demás, y como en el pasado te vuelves a equivocar. Parece que los años te han hecho olvidar la grandeza de lo que se nos descubrió aquel día.
- No sé que pretendes, pero no te saldrá bien. Estás asesinando al rey de Draeth, al líder de la alianza, y destapar la verdad no te ayudará.

- Intentas adivinar y fracasas en el intento – Tzaro paseó el filo de su espada sobre la palma de su mano, perdiendo la mirada.

- Tzaro… ¿Con qué mentiras me has arrebatado la lealtad de mi hijo? – escupió Atho, volviendo a ceder el peso de su cuerpo a sus ataduras.

- ¿Mentiras? Ninguna, solo con la verdad, y he de decir que no fue demasiado difícil, siempre pensó que le cederías el trono a Baldo, el camino que yo le ofrecí le resultó más interesante.

Atho deseó que dejase de hablar, cada vez estaba más débil, notaba como poco a poco la piel se le cuarteaba, su don casi lo había abandonado por completo y con él su vida se escurría. No quería escuchar nada más sobre su hijo.

- Lamento que las cosas tengan que ser así, pero tu sombra me impide alcanzar mi objetivo. Debes desaparecer para que las cosas vuelvan a su lugar.

- No lo entiendes, una vez que la verdad se sepa muchos no se conformarán, querrán acabar con los causantes de su esclavitud, y hacer eso es condenar a Dhîam. Acabas de comenzar una guerra, la peor de todas… - las palabras salieron de la boca de Atho con voz queda, la sangre brotaba de sus poros, se desvanecía, toda su vida se esfumaba.

- No, en realidad tú la empezaste – Tzaro avanzó un paso desenvainando la espada, el ruido metálico del arma rechinó en los oídos de Atho – Pero yo voy a enmendar tu error – el rey supo lo que iría a continuación, y en el fondo quiso pensar que Tzaro lo hacía para aliviar su sufrimiento, para evitarle una muerte aun más lenta. El filo de la espada le atravesó el pecho y la sensación le reconfortó, porque su vida se alejaba con mucha más rapidez. Su último pensamiento fue para su familia, se lamentó y pidió perdón en silencio por todo el horror que tendrían que soportar en su nombre.


Noelia Alcaraz

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13 de julio de 2013

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Se han cumplido las profesías


-Se han cumplido las profecías- decían algunos

-El final ha llegado- apuntaban otros.

Mientras veían descender del cielo a los que muy probablemente acabarían con su patética existencia sobre la faz de la tierra. Nadie sabía por qué, aquellos seres habían llegado, ¿Cuál era su propósito?, ¿Que buscaban?, y por qué lo estaban buscando precisamente aquí.

Confusión, histeria, miedo, dolor, algunos de los sentimientos que se podían respirar en aquel día, el día en que todo cambio para siempre.

Y de pronto…… oscuridad.


EXILIADOS

Misión: TEMPUS

4dia lunar año 3016

Ya ha pasado más de tres semanas desde que despegamos de la costa de nuestro planeta Ecto, aún no he podido cumplir mi propósito en esta mision.

Como genetista es mi responsabilidad descubrir los porqués.

Los nuestros están muriendo consumidos uno a uno, el virus ha mutado y solo un grupo de expertos en diferentes áreas y yo fuimos lanzados fuera del planeta para investigar la razón del mal que nos aqueja.

Nos extinguiremos me temo, si no logro descubrir una cura, algo que alivie a todos mis compatriotas, no puedo regresar con las manos vacías, no debo regresar si aún no lo encuentro.

Debo confesar que últimamente no me he podido concentrarme, no he podido mantener mi mente a un cien por ciento concentrada en lo que hago, solo pienso en mi familia, en mi esposa, mis hijos, y los miles que esperan en casa que seamos sus salvadores.

Desearía con todas mis fuerzas descifrar el ADN que corre por nuestras venas este inmenso laberinto que me tiene atrapado.

Solo he concluido que el virus que se ha propagado conocido y nombrado por la asociación de salud como x-penta1,

Ha mutado a lo largo de los años, durante siglos, se ha transmitido de generación en generación, heredando una bomba de tiempo que había esperado ya demasiado para salir, y por fin había encontrado una manera de hacerlo, de afectarnos.

Necesito llegar al origen, al inicio de todo, cuando aterrizamos por primera vez en este planeta en busca de un nuevo hogar.

Si tan solo pudiera hacerlo, mi mente da vueltas y cada día que pasa me siento más atado de manos que nunca, siento como si fuera a……..

-Alg?, Alg¡¡¡¡¡¡ amor estas allí-

-Si querida aquí estoy-conteste guardando rápidamente mi diario no quería ni que mi propia esposa notara que me desmoronaba.

-Siento interrumpirte pero el jefe en misión te ha estado buscando-dijo mientras se acercaba a mí.

-Platoc??- pregunte indiferente.

-Si bueno, estaba algo alterado cariño no sé, he visto que estas bajo mucha presión últimamente, y no quiero que te enojes pero, por accidente vi uno de tus informes la otra noche y…

-Qué??? De que hablas Mirt sabes bien que me molesta, cómo pudiste eso es algo privado. No quiero que...-

Me rendí, no podía pelear con ella, no, cuando conocía bien el destino que nos esperaba a los dos.

-vamos a morir cierto, todos estamos infectado verdad Alg, ya no me puedes mentir, lo sé todo. De pronto me abrazo sentí sus lágrimas derramándose sobre mí, y entendí que ella también estaba dejando de luchar.

-A si es, si no encuentro algo pronto todos moriremos- trate de decirlo seriamente pero no pude evitar que la voz se me entrecortara, el nudo en mi garganta crecía.

-por qué quisiste venir, si sabes lo que pasara, si sabes que no hay esperanza…

-es que no lo ves- la interrumpí algo alterado tratando de hacer contacto con sus ojos. – de verdad no te das cuenta de que aún hay esperanza, de que todavía podemos ganar en esta, de verdad desconfías tanto de mí, me crees tan incapaz de lograrlo que prefieres rendirte.

- no, no desconfió de ti, de verdad creo en que lo puedes lograr pero, que pasara si no sucede, lo has pensado acaso, tenemos mucho tiempo fuera del planeta y aun nada, nada Alg….que se supone que haga, que es lo que quieres que haga.

De pronto Mirt se alejó de mí y comenzó a dar vueltas por la habitación, hasta que se detuvo junto al ventanal de la nave donde el cielo estrellado brillaba en aquella noche eterna.

-solo piénsalo. Continuo – si hemos de morir hay que hacerlo con dignidad no crees, con la frente en alto en el lugar al que pertenecemos, no aquí, exiliados,

-perdóname- le dije mientras sucumbía al llanto, lo siento tanto no tienes idea de cuanto lo siento, si pudiera cambiar las cosas, sin embargo no puedo Mirt, no puedo- ya no me importaba ser fuerte, ya no quería aparentar serlo, que me faltaba que me hacía falta. Para encontrar la respuesta que tanto buscaba. Si el problema quería resolver tenía que regresar al principio de todo

-LOS ARCHIVOS ANTIGUOS – dije casi gritando mientras veía la cara de sorpresa que Mirt tenia

-de que hablas, sabes que son secretos-

- no todos, además si quieren que encuentre la solución tendrán que aceptar las pautas que yo les dé.

- pero Alg, estas seguro

- más seguro que nunca, mira amor sé que tú quieres que abandone esta misión y no te pienso obligar a seguir conmigo, solo te pido dos semanas, y te lo juro , si en dos semanas aún no he encontrado la cura, te juro que regresaremos a nuestro hogar no pienso obligarte a seguir así.

-dos semanas he.- Mirt volteo a verme tratando de hallar algún destello una pizca de mentira en mi, pero me mantuve ecuánime, firme en mi decisión.

-solo dos es todo lo que te pido- bese su frente. Y la abrase, era todo lo que pedía, ese momento, ese minúsculo minuto de perfección.

- de acuerdo-dijo mientras dejaba escapar una leve sonrisa

-así que me estaba buscando Platoc cierto.

-hum, claro, lo olvide con todo este drama, dijo que harían una junta para compartir resultados tal vez puedas decirles lo que pensaste-

-no, no creo que sea buena idea, a veces hay que ser celosos de sus conocimientos. Que esto sea un secreto de acuerdo.

-de acuerdo- grito Mirt mientras me veía alejarme en el andén de la nave, estaba algo asustado no sabía que esperar de los resultados de los otros tal vez nadie tenga buenas noticias.

-Hola supe que me estaban buscando

-Así es, por que no pasas y te sientas estamos a punto de comenzar

-si, señor claro.

-y bien caballeros los he reunido para anunciar el retiro de dos de nuestros colegas quienes se marcharan con sus respectivas familias mañana.





-qué?- dije sorprendido tratando incluso de ocultar un tono de histeria. –quienes?

-los dos científicos que se retiran serán el doctor Marc y el doctor Panius.Es por eso Alg que te habíamos estado buscando, con estos dos miembros retirándose quedaras solo en el laboratorio, tendrás que hacerte cargo del resto del personal tu mismo, aunque bueno no quedamos muchos. Por cierto algún avance en la investigación que quieras compartir con nosotros?.

-no en realidad señor, aunque, quisiera pedirle permiso para tener acceso a los archivo antiguos, no se pensé que tal vez hay algo que me he estado perdiendo ,tal vez regresando al principio de todo encuentre la respuesta.

-denegado Dr., sabe bien que no se le pueden dar esas consideraciones, por mucho que ahora haya quedado a cargo de su departamento no significa que pueda tomarse tantos privilegios.

-me perdonaras pero esto no se trata de tomarse “privilegios” estamos hablando de encontrar la solución, y si tengo que llegar al principio de todo, lo hare, no solo estoy aquí por mi familia estoy aquí porque deseo salvar a todos los que confían ciegamente en nosotros. Que no te das cuenta aun de la gravedad del asunto.

-basta- grito Platoc frunciendo el ceño apretando fuertemente la mesa en la que todos no encontrábamos sentados, aguardando, lo que habría de venir. –pero que falta de respeto de tu parte, no te creas el inteligente aquí, podre ser solo un militar pero no soy ningún estúpido, no trates de imponerte, que no se te olvide que el que manda aquí soy yo, tú no eres más que un simple peón que el sistema maneja, así que si quieres ser el salvador y el héroe de la misión tendrás que trabajar con lo que hasta ahora se te ha dado y recuerda, que no se te ocurra ni de chiste pasar sobre mi autoridad, y este aviso va para todos entendido, además nuestros superiores están debatiendo sobre si se debe seguir esta misión o no. Por lo pronto es todo caballeros pueden retirarse.

Me quede mudo, tratando de tragar toda esa información, como se suponía que resolviera este enigma si me limitaban a tanto, y el pensar incluso que los altos mandos se rindieran y decidieran cancelar la misión me ponía aun mas paranoico. Sentí las miradas de los demás sobre mí, como tratando de descifrar mi cara. Ignore a todos, me pare lentamente y Salí caminando por el pasillo principal directamente al laboratorio.

-Dr. Alg- resonó en el pasillo una voz que no reconocia.me voltee para saber quién era

-mucho gusto señor mi nombre es Nifc. De hecho soy nuevo, me mandaron en lugar de los dos colegas que se fueron creo que al Capitan Platoc se le ha olvidado presentarme. En fin estoy listo para trabajar, en que quiere que le ayude primero.

A juzgar por su apariencia pude notar que Nifc era un chico recién graduado, demasiado joven diría yo, y aun conservaba ese entusiasmo, como lo lograba?, no estaba seguro pero digamos que parecía feliz.- bien exactamente en qué área te especializas?-

-soy genetista señor, aunque también me encanta la tecnología obtuve un diplomado en ciencias computacionales además….

-ok. Sabes chico, está muy bien que seas un genio pero aquí trabajaras duro de acuerdo a sí que a poner manos a la obra.

-sí señor, sabe, creo que usted tiene razón-

-sobre, que?

-sobre los archivos señor, debería tener derecho a verlos después de todo usted podría salvarnos, además, pienso que tiene todo mucho sentido, si la enfermedad ha mutado a lo largo de los años y nos comenzó a afectar hasta ahora, debe de haber un origen, algo no salió bien desde el principio incluso, bueno me atrevo a pensar que nuestra raza no es cien por ciento pura, creo que nos hemos mezclado, hasta ahora es mi hipótesis como genetista.

Me quede helado, aquel muchacho que parecía tan inexperto había deducido lo que a mí me había costado tanto entender y lo que los otros aun no entendían. Hay un ancestro perdido. con toda esa charla no me había dado cuenta de que estábamos justo en la entrada del laboratorio. Me detuve para que la maquina escaneara mi ADN, como siempre lo hacía, enseguida puse la clave sobre el teclado flotante. La puerta plateada se abrió, recuerdo que ese pequeño momento solía emocionarme demasiado pero hoy no era más que una simple rutina.

-doctor espere hay algo importante que tengo que decirle

-bien, por que no hablamos al respecto en mi oficina de acuerdo.

-de acuerdo señor..

- por favor llámame Alg

-si doc……..digo Alg

- bien vamos por esta puerta. Y me siguió podía ver que Nifc estaba ansioso tal vez quería decirme algo importante algo que había visto y que quería que yo supiese.

-vamos toma asiento, que es lo que te tienen tan inquieto-

-es que,- respiro hondo y trato de concentrarse en su respuesta que parecía costarle trabajo formular.- usted hablo sobre los archivos secretos, ya le mencione lo que pienso al respecto, pero aun hay mas, cuando recién entre, el capitán Platoc me ordeno poner en forma el sistema computacional de la nave, pues sabia que tenía un diplomado en esta área pero, hum,-hizo una pausa y se quedo unos minutos mirando hacia el suelo.-encontre algo muy extraño en esos archivos.

-de que estás hablando-

-yo, pude acceder a las copias digitales de los archivo mejor conocidos como 00012, no los vi todos, pero si note algo que me inquieto mucho, encontré unos archivos con su nombre.

-qué?? Pero como puede ser posible

- lo sé son muy antiguos, pero se leía , claramente su nombre en uno de los proyectos, no decía fecha pues parecía que alguien lo había cortado, pero parecían ser una los planos de una especie de máquina, lo cual me pareció realmente extraño.

-entiendo, y eso porque te parece relevante ahorita. No me contesto enseguida guardo silencio unos momentos volvió a desviar la vista y después se dirigió a mí de nuevo.

-usted dijo que habría que regresar al tiempo, al inicio, donde comenzó, nuestra estancia en el planeta Ecto, que tal si lo decía de verdad, que tal si usted creó una máquina del tiempo o algo parecido, habrá cumplido su misión o simplemente fallo. Y si este hallazgo es un aviso del futuro?.

Me quede atónito, incluso creo que deje de respirar un par de segundos. ¿y si todo esto es cierto?, y si al fin de cuentas no soy más que el causante de nuestras desgracias.

-si accediste una vez a estos archivos crees poder lograrlo dos veces?.

-si señor

- ok hoy a la hora de dormir subiremos de nuevo hasta el laboratorio, donde necesitas estar para entrar al sistema?.

-usted es jefe de su departamento, seguro puede llevarme al computador madre.-

-claro, pero será muy necesario que no le cuentes a nadie sobre nuestra conversación de acuerdo. Ahora iré a checar la investigación, actúa normal, y no levantes sospechas en nadie más, entendido?

-entendido Sr.

Pase toda la tarde, esperando, aguardando que llegara la hora de reunirme con nifc. Las horas me parecieron más largas de lo común, revisando los proyectos de los 3 últimos científicos que habían decidido seguir en la misión, todo me pareció igual ninguna idea fresca a la cual apostarle.segui hundido en mis propias reflexiones, en mis laberintos mentales que me impedían llegar a una conclusión. Así que decidí irme a mi lugar feliz el único lugar en el que podía sentirme en paz.

Camine lo más rápido que pude pasando el elevador hasta llegar a aquel andén plateado, donde sabía que mi hermosa esposa me estaría esperando.

-Mirt? Ya llegue donde estas, cariño

-aquí estoy Alg,

-hey cariño no vas a creer esto……me detuve en seco Mirt estaba en la cama algo pálida, tenía su mirada habitual, cálida, pero parecía enferma.

-lo siento amor no estoy bien esta mañana comencé a sentirme mal, no sé que me está pasando crees que sea el virus??....

-no, no puede ser linda, estamos a milasios del planeta.ademas….

Mirt comenzó a toser y entonces un fluido negro salió de su boca, no era sangre pero nunca había visto algo parecido.

-lo siento Alg por que no me alcanzas uno de los pañuelos que están en la mesa

Un poco perdido le di los pañuelos pude notar un temblor en mi mano.

-No estás bien, no te voy a dejar amor no lo hare.

En ese momento la alarma comenzó a sonar, pude reconocer que era la alarma de alerta biológica. de verdad estaba pasando uno de mis mas grandes pesadillas?

En ese momento irrumpieron tres policías, de la fuerza ntivira, sabia por que estaban aquí, -no¡¡¡¡,- grite tome a Mirt entre mis brazos,la abrasé con todas mis fuerzas, cuando empecé a escuchar el discurso, que dictaban siempre que se llevaban a alguien para ponerlo en cuarentena, -no se la llevaran a ella no, no por favor- sentí las lagrimas caer por mi rostro sentí mi corazón agitarse mientras escuchaba.

-en nombre de la federación del planeta Ecto,su esposa Mirt Ecco será reubicada en un área especial, bajo custodia del capitán en nave Platoc Sendius. Por ser portadora del virus x-penta1.

Las palabras resonaron en mis oídos -nooo….Mirt¡¡¡¡..sentí las manos de uno de los agentes, mientras me aplicaba un calmante, comencé a relajarme, aun creía moverme pero mis brazos estaban inmóviles, las piernas dejaron de responderme, por ultimo escuche un te amo Alg. Y entonces la droga se esparció en mi, sucumbí ante sus efectos.



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9 de julio de 2013

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Amor en tiempo de Independencia

Homenaje al 9 de julio de 1816, "Día de la declaración de nuestra Independencia"

En tiempos en que corría el año 1816, en las lejanas tierras del sur de la América hispana, el Coronel Bernabé Aráoz, hombre entusiasta de la causa de la independencia y dueño de una importante fortuna personal, gobernaba la Intendencia del Tucumán, vasto territorio que comprendía entonces, varias de las actuales provincias norteñas argentinas.
La sede de gobierno se había asentado en San Miguel del Tucumán.
Precisamente, esta bonita ciudad fue la elegida para que funcionara y deliberara en ella, el  Congreso de diputados representantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata con el cometido de declarar la independencia de España y establecer un definitivo régimen de gobierno.
Era menester, pues, encontrar una casa con las comodidades suficientes, por ejemplo, una amplia sala de reuniones donde los congresales cumpliesen el mandato otorgado.
La mayoría de las casas de esa época tenían una sola planta, varios patios, árboles frutales y de sombra, una huerta en el fondo y muchas flores que las perfumaban. La de la familia Bazán Laguna estaba bien ubicada, a sólo tres cuadras de la iglesia y menos de la plaza. Su estilo barroco se destacaba en las columnas torsadas que acompañaban a la maciza puerta principal de entrada. A ambos lados, las ventanas que daban sobre la calle de tierra, con rejas “voladas” donde alguna vez, Francisco se había recostado para fumar un cigarro de chala. Techos altos y tejas rojas, paredes blancas y gruesas: Así la habría pensado y mandado, en consecuencia a construir, más de cien años antes, el alcalde Diego Bazán y Figueroa, a cuya muerte pasaría  a pertenecer en propiedad a Doña Francisca Bazán, viuda para ese entonces de Miguel Laguna. A principios del año 1816, su casa fue la elegida por el Gobernador Aráoz para servir a las sesiones del Congreso. Con orgullo, Doña Francisca la prestó para ese fin, sin pensar que sesenta años más tarde, en 1874, un tucumano que llegó a gobernar la Nación, Don Nicolás Avellaneda, la compraría, con la recomendación de que se conservara el "antiguo salón de la jura de la Independencia".
Lamentablemente, para esa época, Francisco y Magdalena ya no estarían para contar su historia.
La casa sufrió una primera transformación para adecuarla a las necesidades del Congreso. Con vista al patio central, se unieron dos habitaciones paralelas ubicadas al frente, para lograr la sala de reuniones.
En el mes de marzo de 1816, los representantes comenzarían sus sesiones. Luego de largas tratativas y análisis de las distintas posiciones, el 9 de julio de 1816, aprobaron por aclamación la Independencia de la corona española.  Afuera, y agolpado en patios y pasillos de la señorial casa, el pueblo celebraba. Terminada la sesión, se realizaron diversos festejos públicos y las familias ricas y pobres de San Miguel se mezclaron en gestos de júbilo en toda su adyacencia. Al día siguiente y desde temprano, comenzaron los festejos en el templo de San Francisco para principiar, culminando en el gran baile que dio el gobernador en su casa, al que asistió mucha gente de la sociedad tucumana: militares, comerciantes, abogados, eclesiásticos y políticos.

Mientras tanto,  esa mañana del 10 de julio de 1816, Magdalena había acompañado a su tía Encarnación de Gramajo, pariente lejana de la familia Aráoz hasta la Iglesia, para escuchar si la muchedumbre lo permitía, el sermón que daría el sacerdote y político entusiasta partidario de la revolución, Pedro Ignacio Castro Barros.
En la plaza, la gente del pueblo iba y venía engalanada lo mejor posible para la ocasión en medio de una notable algarabía.
Magdalena vivía cerca de la casa de Doña Francisca Bazán de Laguna, desde el día anterior, histórica. Junto con su tía solían pasar por su frente cuando iban de visitas o a la Iglesia. Precisamente allí, lo había descubierto.
Una tarde de agobiante verano norteño no pudo menos que ruborizarse al encontrar su mirada con la de ese gaucho alto, de tez bronceada y pelo cortado a machete que le rondaba los hombros, apoyado en la reja de la ventana, como esperando algo. Aquellos ojos azabaches la había penetrado y esa forma de mirar, arrogante y dulce a la vez, la hubo de poseer desde ese momento.
Esa fresca mañana posterior al día de la Declaración de la Independencia, se habían mirado nuevamente, como otras tantas veces en el mismo lugar o en los puestos de venta de maíz, huevos o frutas. Ahora, resguardándose entre la plebe, la música y las salvas, habían rozado sus manos al pasar muy cerca el uno del otro. Más tarde, cuando su tía se entretenía  hablando con una antigua vecina, Francisco apretaría en señal de sentimiento la mano blanca y sedosa escondida entre los frunces de sus faldones. Tratando de no ser advertido por Encarnación se había acercado a la muchacha, susurrándole al oído: “Esta noche, en el baile”
Con el corazón galopante y el rostro enrojecido, Magdalena se aferró al brazo de su tía pidiéndole que siguieran viaje. Sorprendida, a fin de disimular, la pariente hubo de complacerla.
Conversaron muchas horas, al fin y al cabo Encarnación había cuidado de su sobrina desde muy pequeña en extensas vacaciones veraniegas primero,  y desde seis años atrás ya definitivamente, ante el consenso resignado, casi indiferente de sus padres a quienes no les afectaba entre nueve hijos que les faltase uno, más cuando los que hacían falta eran hombres para luchar por la Patria.  
A la noche, ambas asistieron al gran baile y rindieron sus saludos al Gobernador Aráoz y a su esposa, dueños de una situación recordada a través de los años.
En la mixtura propia del acontecimiento, desfilaban ante los ojos celestes de Magdalena, elegantes caballeros, lucientes uniformados, imberbes niñas enfundadas en magníficos vestidos que imponía la moda de la época. Todo era luz y color, alegría y triunfo, seducción y dominación.
Ya en plena fiesta, se acercó hasta ella su prima segunda, Juana Rosa Ordóñez para reclamarle que no estuviese con “vejestorios” y que se acercara al salón de baile a divertirse un poco. Prometiendo ir enseguida, la joven se sacó de encima a la prima y decidida, enfiló hasta donde jovialmente  encantadora, su tía departía con un grupo de intelectuales. Magdalena le hizo una señal con su cabeza engalanada de bucles rubios y se perdió en el jardín. La oscuridad de la noche apenas atenuada por la luz opaca de los faroles de aceite, fue su cómplice. Marchó hacia la puerta de entrada donde apostaban dos soldados pasados en copas que no la reconocerían, tapó su cara con la mantilla de  encaje y se aproximó a la calle.
Una ráfaga oscura  y reluciente se presentó como desmembrando la noche misma, un brazo fuerte la sujetó por la cintura y la elevó por el aire, acomodándola en el costado delantero del caballo, desapareciendo en la negrura. Nadie notó su ausencia hasta pasada la media noche.
El corcel galopó sin cesar hasta la primera posta, dejando atrás una espesa nube de polvo, propio de los caminos santiaguinos. Jinete y doncella iban en silencio. Cuando acamparon para reponerse y cambiar de animal, ya casi amanecía. Entonces, Magdalena murmuró: “Francisco. . . ¿Qué has hecho?” Él no le contestó, sólo la abrazó y, retirando un bucle rubio de su rostro, la besó largamente.
Encarnación Gramajo tuvo que enfrentar la situación en el salón de los Aráoz. A su juego la habían llamado. Haciendo gala de una adecuada argumentación, disculpó a su sobrina, alegando que al otro día debería viajar a Buenos Aires porque sus padres la reclamaban.
Nunca más se supo de Magdalena Balcarse, menos de Francisco. Tal vez en una tácita complicidad, nadie preguntó nada. Todos estaban muy ocupados en la formación de las milicias, en las noticias de la guerra intestina, en fin, en el crecimiento de la Patria.
Años más tarde, de regreso de unas vacaciones en Córdoba, las últimas para Encarnación Gramajo, quien por su reumatismo creciente no podría hacer tremendo viaje otra vez, apareció colgado en la sala de su casa, un cuadro conteniendo el lienzo al óleo que la mujer había mandado pintar de unos sobrinos nietos cordobeses, según ella decía.
Hermosos niños de tez morena y dulces ojos celestes.


Cuento de ficción basado en datos y hechos históricos.
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5 de julio de 2013

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Las Dos Cigueñas.

Terminaban de hacer aquél nido, el sol se marchaba sin hacer ni un ruido, y ella, con luz reflejada en su pico, dijo muy tranquila mirando al vacio;

¿Es bello no crees querido?.
¿En que estas pensando? (dijo decaido),
En que es bello aquello que piensan los niño ¡ en que somos nosotros quien traemos niños ¡.
Ah, si fuera verdad... si trajéramos niños (piénsalo mi amada), traeríamos seres inocentes preñados de luz de los cielos, ángeles que vuelven al mundo por embellecerlo, hombres que un buen dia serían aquellos que salvaran vidas, ancianos que una vez dejadas sus vestiduras ...¡volverían a vestir manto de estrellas y amor
en los Cielos.

Ah, (le dijo ella besando su pico, rozando sus alas, haciendo mimitos)...¿dejamos que sea? ¡podemos hacerlo ¡, tan sólo hay que dejar que sigan creyendo en ello.....

El sol, se durmió cerca de su nido, y las dos cigueñas quedaron muy quietas con ternura inmensa...
¡soñando en los niños ¡.

                             Julia Orozco.
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