31 de agosto de 2013

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¡ Pelota en el Aire !






Salí de Neuquén por el norte,  todavía de noche, hacia Medanito. A primera vista se supone que viajo solo, pero entre el cielo estrellado, la madrugada y la radio encendida apenas pasado el trámite de la estación de servicio, pareciera que somos varios en la camioneta. Al escucharla a esas horas, en la ruta, algo cambia. Es como una ventana que se abre cuando unas voces compañeras entonan “…Dicen que el viento va… dicen que vuelve…”, la noche y el cielo invitan y salimos con el viento buscando al lado sur de la distancia.
Los ojos entrenados no se distraen de la luz que el vehículo aporta a la perspectiva del túnel que recorro, la mente viaja con el viento hasta que el locutor deja caer una noticia al pasar, “...el cortejo con los restos del ex arquero de Boca, Antonio Roma, saldrá de la Bombonera a las...”. La frase abre otra ventana que esta vez, misteriosamente, da a la calle de mi infancia, Sarandí entre Chile y México, Buenos Aires, a pocas cuadras del Congreso. Urbe ardiente de gentes de todas latitudes, donde mi reino, incluyendo la aventura del cruce de la calle Chile, tenía una cuadra y media. Un reino de una sola vereda, la de enfrente solo se acometía de la mano de mi viejo para ir a la peluquería de Manolo, “media americana” y vuelta a casa.
En esos vastos dominios, los domingos a la tarde me sentaba en el umbral de la puerta de calle y mientras mi vieja cada tanto verificaba que mi cuerpo estuviera allí, yo frotaba la lámpara a transistores Spica, solo para que apareciera Bernardino, El Genio, que con su voz iba abriendo sucesivas ventanas y en su alfombra mágica me llevaba en un viaje extraordinario por el césped de la Bombonera. Desde allí podía ver la sorpresa de la hinchada al ver aparecer a uno con un turbante azul y amarillo sobrevolando las tribunas y la cancha. El Genio podía lograr eso y mucho más, como demostrar que el Tano Roma era más alto que el travesaño y que se bancaba dos rivales a la vez, mientras en los hombros le cabía la “12” completa. Sin duda alguna, Rojitas había gambeteado dos veces a toda la defensa de River antes de dársela a Pianetti para que entrara solo con la pelota en el arco vacío. Y la imagen del Pato Fillol, mirando entrar la pelota por el otro palo cuando Boca salió campeón ganándole a los primos, cuando el Chapa Suñé hizo el gol de tiro libre, pateando mientras Fillol acomodaba la barrera, solamente existe en las retinas de los que estábamos mirando el partido desde la alfombra mágica del Genio Bernardino, sobrevolando la cancha de Racing. Luego vinieron otros relatores, cada uno pudo o no abrir sus propias ventanas. Yo sigo escuchando los partidos por la radio, la Spica se transformó en teléfono pero la magia perdura, ya sea en la tribuna o en el comedor de mi casa. Decían en el barrio que alguna vez vino de visita a Buenos Aires un yankee medio rubión, que parece después inventó unos programas de computación y algún juego de palabras en inglés entre puertas y ventanas. Yo no sé si el tipo es bostero, pero para mí que encontró la lámpara y tuvo la fortuna de escuchar al Genio.

Osvaldo Barales

Este texto forma parte de un libro editado gracias a una convocatoria de Radio Calf Universidad de Neuquén, con la consigna, "Prendí la radio y se encendió el aire", que consta de 122 textos enviados por oyentes. 



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28 de agosto de 2013

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Detalles


Caminaba por las calles de su ciudad, esas calles que conocía tan bien. Tanto que guardaba un recuerdo para cada una de ellas. Cerraba las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta mientras ladeaba la cabeza, recorriendo con su mirada cada una de las baldosas que dibujaban la acera. 
  
“Ahí fue donde estuvo dos años sin hablarme”, pensó deteniendo su paso. “Día tras día evitando las miradas, sin nisiquiera percatarse de mi presencia. Hasta que una tarde, con una media sonrisa pintada en la cara, se dirigió a mi. Durante mucho tiempo su mirada ignoró los ruidos del ambiente, dejé de no existir para convertirme en su mundo. Justo ahí, junto a ese portal en el que recuerdo tantas risas veraniegas, tanta despreocupación y amistad inquebrantable”

Sus pasos siguieron, deambulando perdidos entre los recovecos de una ciudad gris inundada de historias. 

“Conozco los rumores de esta casa”, se dijo al llegar a una cuesta muy empinada por la que costaba trabajo caminar. “Está encantada, o eso creen sus dueños. Aquel viejo amigo siempre se ponía muy serio al hablar de ello, ese viejo amigo con el que recorrí cada una de estas calles, soñando con el futuro, riendonos del pasado”

Mientras el cielo se oscurecía su mente también se nublaba, era imposible escapar de los recuerdos, recuerdos de personas que ya no estaban en su vida, personas a las que extrañaba por mucho que se esforzase en no hacerlo. Echaba de menos los detalles, una mueca, una canción tarareada al unisono, una historia que siempre se repetía al pasar por un lugar o unas risas tras unos tragos en la noche junto al mar. Pero todo aquello se había desvanecido, como tantos otros momentos. Se preguntó durante un largo trecho si debía estar triste por ello, por haber perdido esos detalles. Le costaba olvidar a las personas que desaparecian de su vida, todas tenían algo, pequeñas cosas que les hacían diferentes a los demás. Esas diferencias estaban impresas en su propia esencia, y ya nada podía arrebatarselas. 
  
“A veces es bueno saber que no todo dura por siempre”, reflexionó sin detener su paso. “Que el cambio no es malo, en ocasiones es necesario aprender a dejar algunas cosas atrás, no porque ya no merezcan la pena, sino porque deben dar paso a lo que está por venir. Puedes negarte a ello y perecer junto a los recuerdos, o puedes dar un paso hacia delante, aceptar que los errores y los aciertos te han hecho ser quien eres, que todo lo que has vivido te lleva a donde estás". 

En ese momento el transeúnte lo entendió. Comprendió quién era y que no debía lamentarse por lo que había perdido, sino que debía sonreír por lo que había vivido. Se detuvo pensando en todo cuanto tenía y que cuanto tenía era todo cuanto necesitaba. En su rostro apareció sutilmente una sonrisa.



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25 de agosto de 2013

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Tu Canción.

Leí hace un tiempo, que en una tribu africana cuándo una mujer queda embarazada se marcha a la selva acompañada de las demás mujeres, y allí quedan hasta que llega hasta ellas la canción de ese niño.
 
¿No sería hermoso que cada uno de nosotros
encontrara su propia canción?
¿Y nos la cantaran al nacer...
en nuestra adolescencia,
en la vejez....
y a la hora de partir?.
 
Creo sinceramente que todos
nacemos con una bella canción
que deberíamos aprender
escuchando el corazón.
 
Y una vez ya aprendida,
¡cantarla a todas horas
¡en alegrías y penas ¡,
en amor...y solitarias.
 
Pues pienso que esta canción
será como la estrella,
aquella que todos dicen...
corona nuestra cabeza.
 
E intuyo que sería hermoso
el volver junto a la estrella
y aquella, nuestra canción...
¡entonando nuestra vuelta ¡.
 
Julia Orozco.

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20 de agosto de 2013

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Un momento mas



Un momento mas
déjame mirarte,
déjame sentirte
como si no hubiera final.
Luego de hundirme
en lo mas profundo de tu amor,
en cada latir de tu corazón,
cada caricia cada mirar.
Déjame dormir en tu pecho,
pegada a tu alma
en la misma almohada
para que soñemos juntos.
Entrelaza tus manos con las mías,
no me sueltes ni te alejes,
ni a media noche no me dejes
sin tus abrazos de dormir.
Y cuando despierte
en la madrugada como siempre,
te miraré dormir pensando
que afortunada soy en tenerte;
poder despertar
con el sol en el rostro
con tus brazos rodeándome
deseando nunca se acaben esos momentos.


C.M.D.S.

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15 de agosto de 2013

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Errores al escribir que te delatan como novato


3 errores al escribir que te delatan como novato

Por Alejandro Quintana el 12 agosto, 2013

Nadie nace enseñado. Todos hemos aprendido a leer y escribir en la escuela, incluso nos han enseñado reglas básicas de redacción. Como en la caligrafía y en la gramática, en los comienzos de la narrativa es sencillo cometer fallos muy elementales. Al igual que con el tiempo aprendiste a escribir sin (apenas) faltas de ortografía, con el tiempo puedes mejorar el estilo de tus textos. Observa estos tres errores al escribir en los que todo narrador ha caído en sus inicios y comienza a detectarlos.

 

Error #1: exceso de adverbios acabados en “-mente”

 

Que sencillo es abusar de los adverbios terminados en “-mente”. Es cómodo, práctico, eficiente… y feo. Delatan dos rasgos principales de un escritor que no le hacen quedar en buen lugar:
Escritor novato, con poca práctica en el dominio del lenguaje y sus normas
Escritor perezoso, que no revisa a fondo el texto

No estoy diciendo que estos adverbios sean feos e ineficientes. Lo que es malo es la repetición constante de los “obviamente, cabalmente, constantemente, realmente, simplemente…” Observa la cantidad de ellos que utilizas. Si en un mismo párrafo o en párrafos seguidos, has usado dos o tres, seguro que puedes sustituir algún “desgraciadamente” en un “por desgracia…”

Puedes escribir tantos “-mente” como quieras cuando estés creando. Ayuda a avanzar porque es el recurso fácil, no te obliga a detenerte para buscar una frase mejor y así puedes continuar tu vorágine creativa. Pero después, en la fase de revisión, fíjate cuántos de ellos puedes eliminar.

Seguramente te sorprenderás. Mejor dicho: con toda seguridad quedarás sorprendido

Ten en cuenta estas normas de estilo cuando decidas emplear un adverbio terminado en “-mente”:
  • Conservan el acento de su raíz: débil = débilmente; jamás se acentúa la terminación
  • Si quieres poner dos de ellos seguidos sólo es necesario mantener la forma “-mente” en el último: “Se tendió allí, dulce y serenamente”…
  • …o bien separar dos de ellos por comas para dar un matiz más subjetivo: “Se tendió allí dulcemente, serenamente.”
  • Debes evitar la forma enfática “yo personalmente”: es una redundancia.
  • Los adverbios “mayormente” y “mismamente” son considerados vulgarismos. Las formas más acertadas son:
Mayormente = principalmente
(o también sobre todosi quieres evitar el adverbio)
Mismamente = precisamente

Truquillo: puedes usarlos para ponerlos en boca de personajes, en el diálogo, cuando quieras resaltar su escasa cultura

Recuerda: no es malo usar estos adverbios, lo realmente malo es abusar de su utilización.

Error #2: variar el tiempo de la narración

 

Comienzas a escribir, te entusiasmas, te metes en la historia, te apasionas, las palabras acuden a ti como un torrente, no puedes parar de escribir, las escenas se agolpan, los acontecimientos se suceden… en algún momento has pasado de contar tu historia en tiempo pasado a tiempo presente. O al revés. O a ratos en uno o en otro tiempo, según tu inmersión en el relato.
Es muy corriente que suceda esto, no te preocupes. En fases avanzadas de escritura incluso se puede utilizar como recurso narrativo (escribiré un post sobre esto cuando hable del tiempo narrativo y los puntos de vista).
También es frecuente cambiar la persona gramatical del narrador: comienzas contando la historia en tercera persona (él hacía) y pasas a contarla en primera persona (yo hacía).
De nuevo te aconsejo que no detengas ese estado de creatividad torrencial para subsanar este error. Para eso está la revisión, pero debes tomar conciencia del problema cuando corrijas. Con la práctica dejarás de saltar de un tiempo verbal a otro y a ser más consciente de tu propia voz narrativa, así como de la voz del narrador.
Recuerda: debes tener en cuenta el tiempo verbal con que empiezas a narrar y la persona gramatical del narrador.

Error #3: pasar olímpicamente de la ley causa-efecto

 

Este es un fallo a menudo difícil de detectar sin una lectura a fondo. Se produce cuando una situación se resuelve de manera milagrosa o un personaje cambia de actitud o pensamiento sin que un acontecimiento provoque dicho cambio. Es decir, saltarse a la torera la máxima siguiente: todo efecto está precedido por una causa
Ejemplo: “el hombre estaba sentado, contemplando en un estado absorto cómo crecía la hierba de su jardín. De repente, se levantó presa de un frenesí incontenible y se dirigió a la cocina, donde devoró con ansía un bocadillo de chorizo”.
¿Cuál es el desencadenante de ese frenesí incontenible? ¿Cuál la sucesión lógica de pensamientos que le hace levantarse, que le hace ser consciente del hambre?

Cuidado con los “de repente, de pronto, en un momento dado…”

Puedes hacer actuar a tus personajes por impulsos, hacerles tener reacciones imprevistas… pero asegúrate de dejar claro que los personajes se comportan así por un motivo que les hace ser así.
Igual sucede con las situaciones. No puedes resolver un asesinato sin haber hallado todas las pistas. Pasito a pasito, siguiendo una sucesión coherente de acontecimientos. Queda fatal, dicho sea de paso, sacar un as de la manga en el último instante para cuadrar algo que no has sabido resolver. ¿Al asesino se le cae del bolsillo el casquillo de la bala asesina? ¿Es esa la prueba irrefutable? ¡Vamos, anda, no me tomes el pelo! Porque esa sensación es la que le produce al lector.
En tu relato o novela nada debería suceder por azar, y cuando esto suceda, debes decirlo, remarcarlo, dejar patente que la casualidad juega un papel relevante en la historia; que es casi protagonista. De todas formas, la suerte o el azar pueden ser consecuencia de una cadena de acontecimientos cuyas causas que los ponen en marcha desconocemos.
El escritor Paul Auster domina a la perfección este concepto, el cual ha llegado a ser una parte central de su temática, casi una obsesión… a menudo no bien entendida.
Recuerda: cada acto tiene su consecuencia y cada consecuencia está asociada a los acontecimientos precedentes y también a los futuros. Cuando escribas ten presente este principio

toda acción conlleva una reacción, no hay reacción sin una acción previa


En conclusión

 

Prestando atención a estos tres detalles, mejorarás sensiblemente tus textos. Denotará preocupación por la forma de escribir, un cierto cuidado en lo que dices y cómo lo dices. Es un signo de profesionalidad, de conocer las reglas básicas del oficio, de no ser un novato en cuestiones narrativas.
Todos, repito, todos los escritores hemos caído en algún momento dado en estos errores. No se nace enseñado, son fallos básicos, son parte del proceso de aprendizaje. Es incluso positivo cometerlos en estadios tempranos de la creación narrativa: ayudan a estar alerta, a tomar en serio las revisiones necesarias.
Se pulen con práctica y, aunque no sea así, en el proceso de corrección se pueden subsanar con mucha facilidad… siempre y cuando sepas detectarlos.

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13 de agosto de 2013

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Licantropía en el monte



Más de una vez, al terminar de jugar un partido de fútbol, habíamos sentido una presencia extraña en ese predio conocido como Monte Dorrego. Eso sucedía generalmente en invierno, cuando el crepúsculo llegaba temprano y la oscuridad se apoderaba pronto de todo. Los árboles daban en esas circunstancias un toque más tenebroso al paisaje, obligándonos a abandonar el lugar a paso acelerado. De posibles actividades paranormales en el Instituto Sarmiento se sabía poco a ciencia cierta, pero circulaban rumores que abundaban en detalles truculentos. Con todo, algunos elucubraban que esa edificación emanaba un poderoso halo de maldad que impregnaba la atmósfera circundante, incluidos los altos árboles que el viento mecía incansablemente.
En algunas ocasiones, se habían hallado sobre el césped cuerpos de jóvenes muertos. No muchos, pero sí los suficientes como para que la leyenda urbana tomara forma; sobre todo teniendo en cuenta las laceraciones cutáneas y la carne desgarrada en jirones. La versión oficial hablaba de perros feroces vagando solos durante la noche, dogos argentinos o alguna raza inglesa. La de los vecinos, de robo de órganos para transplante; era la década del 80, y los rumores acerca de una van recorriendo las calles a la caza de niños y adolescentes eran moneda corriente; más de uno aseguraba haber sido perseguido, logrando escapar milagrosamente. También se hizo presente el mito, y se introdujo un nuevo elemento a las narraciones orales de los acontecimientos: los asesinatos habían sido cometidos con luna llena. Entonces, los perros fueron reemplazados por lobos, los cuales serían un grupo de niños del instituto, que se habrían convertido en lobisones tras ser mordidos por uno de ellos, séptimo hijo varón.
Así, con la opinión pública dividida en dos, los que abonaban a la teoría del robo de órganos, y los que creían el mito del lobisón, toda Lomas del Mirador estaba atenta y dispuesta a evitar un nuevo hecho sangriento.
Un sábado de luna llena fue la fecha elegida para que un grupo de niños del instituto tomara la comunión en la capilla situada dentro del predio. La ceremonia se realizó al atardecer, cuando ese astro, redondo y brillante, pendía bajo, casi al alcance de las manos; de alguna manera, era una luz que, cual péndulo de psiquiatra, desplegaba su poder hipnótico invitando a fijar la vista en ella. A los niños se los notaba raros, pero se atribuyó esa percepción al nerviosismo natural en personas que recién comienzan a vivir y se disponen a dar un paso que, a esa edad, parece tan trascendental, como es comulgar con Dios. Sin embargo, al ingerir el cuerpo de Cristo se pusieron pálidos, y tuvieron que salir afuera para tomar aire fresco. Allí, bajo el influjo selenita, empezaron a padecer convulsiones, y a hinchárseles las venas y tendones, al mismo tiempo que su cuerpo se cubría de vellos; era un ataque de licantropía, a la vista de todos. La gente huyó despavorida, excepto un grupo de hombres que, sin darles espacio para atacar, los tomó en sus brazos y los empujó dentro de la capilla, donde el sacerdote los roció con agua bendita. Los niños quedaron tirados en el piso, con la respiración agitada y el pulso acelerado; un sudor frío les cubría la frente, pero su cuerpo hervía de fiebre. El cura, sosteniendo un crucifijo frente a ellos, procedió a pronunciar un antiguo conjuro en latín: “¡Vade retro, diábolos!”.
Después de eso no volvieron a repetirse los hallazgos de cuerpos sin vida, y la capilla se cerró, hasta el día de hoy que no se usa para nada.


Autor: Luciano Doti

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12 de agosto de 2013

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La historia de mi cotidianidad


¿ Te has dado cuenta de cuantas personas pasan por tu vida y no son tomados en cuenta?

Hoy decidí descubrir el mundo de gente que esta a mi lado , pero que siempre ignoro, esas personas que a pesar de verse tan diferentes , parecen no ser de otro mundo.
Empeceal salir de mi casa , apresurada como siempre a ver los ajetreos del barrio , la tienda de la esquina , con la señora que pasa la mayor parte del tiempo observando y conversando con todos los vecinos, mientras vende uno y otro articulo pedido , tal ves pan para el té , algunas frutas , azúcar y arroz a granel , porque no falta a quien se le olvido comprar con tiempo .Después de un cordial saludo sigo el recorrido hasta llegar a tomar un micro , nuestros queridos medios de transporte tan abandonados a su suerte , destartalados , incomodos , donde las personas dicen que siempre suben rateros y hay que tener cuidado , sonrio al pensar que esta ves tuve suerte y hay un asiento libre , justo a lado de la ventana , asi puedo continuar con mis observaciones y descubrimientos , aun dentro del bus existe gran movimiento , una micro selva humana esta en febril actividad , las personas que suben , las que se olvidan que tenian que bajar hace tres cuadras , los que simplemente se rindieron al calor y estan en el quinto sueño , aquellos que van conversando , sobre la escuela y las tareas , y otros que simplemente van meditabundos y silenciosos. No falta aquel que esa mañana se desperto de malas pulgas , y busca con quien descargar su enojo, para mala suerte la victima suele ser el chofer , o en algunos casos los ayudantes, quienes tambien protestan a su modo por los contratiempos del dia, pero si hoy es un dia de musica , la radio a todo volumén , y justo alli es cuando olvido mis pensamientos , para entender de donde sale aquel sonido, algunos se enojan y otros recurren a la tecnologia para amortiguar la bulla con su propio sonido.
Si nos tomamos un tiempo para mirar alrededor , podríamos notar los maravillosos colores que la cotidianidad de nuestra ciudad nos regala , las polleras vistosas , haciendo juego con las mantas , compitiendo entre ellas en coloridos movimientos , opacando al sol con su luz , los apresurados profesionales de traje y corbata , un celular en la mano , en la otra el maletín , empujando y pidiendo disculpas , tan ocupados en su mundo que no aprecian el bello paisaje urbano , los niños de todos tamaños y edades que están revoloteando como mariposas apresuradas , con mochilas mas grandes que ellos y pensando en comprar un jugo o tal ves un bolo , tampoco se dan cuentan de que con sus sonrisas y alegría y una que otra travesura forman parte de las acuarelas de la vida , tampoco podemos olvidarnos de los periodistas, con sus micrófonos inquisidores , mientras todos alejan su camino sonriendo , y que decir de las marchas , que ademas incluyen un parsimonioso desfile de vendedores , infaltables en nuestra ciudad , cuando no necesitas un caramelo allí estarán para ofrecértelo, y nuestras amigas las cebritas recordándonos que para mantener la armonía hay que ser ordenados , siempre dispuesta a saludar a los niños , los lustra botas , los periodiqueros , las comideras, son tantos nuestros personajes , maravillosos cada uno en su forma, pero imposibles de nombrar todos.
Después de llenarme con toda la diversidad en mi entorno , puedo llegar a una sola conclusión , la vida nos ha hecho iguales en varios aspectos, pero nos ha regalado la maravillosa diversidad , las diferencias de pensamientos, de ideas , de metas , de preocupaciones ... todo esto nos hace seres humanos , y para convivir como hermanos , debemos apreciar nuestras diferencias y redescubrir esa palabrita olvidada : Tolerancia , si , tan simple como eso , tolerancia a las creencias religiosas , a las costumbres , y a las ideas. Somos seres increíbles , cada uno diseñado para funcionar como una maquina perfecta , pero a la ves necesitamos de los otros , para que puedan llenar nuestra vida , enriquecerla con mas idea , mas opiniones.
Si un día nos propusieramos un ejercicio fácil , que no nos tomaria mucho tiempo , solo prestar atencion a lo que los demas dicen , sin discutir, sin imponer nuestros razonamientos , podríamos aprender algo de los otros , y al final descubrir que cada dia , cada persona, cada cultura , y cada pueblo forman parte de nuestra historia , la que escribimos hoy , y que mejor que empezar un nuevo capitulo en esta historia que siendo tolerantes y admirando con fraterno sentimiento a los que nos rodean con su propia cotidianidad.

 Maite Cita

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10 de agosto de 2013

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Veneno sin efecto


"Recordad, recordarme..." 

Esas fueron mis últimas palabras, la batalla bullía a mi alrededor pero mi cuerpo estaba quieto, inmóvil en el suelo luchando por conservar el ritmo de mi corazón, aunque insistiera ya sabía que era inútil. Estaba perdido. Mi mente se alzó sobre mi carne y pude verlo todo desde una perspectiva nueva, radiante y macabra. ¡Qué insignificante es la vida humana! ¿No crees? 
Recuerdos y más recuerdos, al final es lo único que nos queda. ¿Acaso recordará alguien mi nombre, mis actos? Tanto buscar la clave del secreto que con recelo los grandes guardan en sus mangas, observan, hablan y dictaminan nuestras vidas pero la nuestra se difumina en la línea del tiempo mientras la suya permanece imperecedera, la muerte y su veneno no tiene efecto en ellos. Nos gobiernan desde las sombras porque saben lo que ansiamos, conocen nuestros tormentos. 
¿Cual es el deseo de todo ser mortal? Cual sino, vivir eternamente, mediante nuestras acciones, nuestros pensamientos o nuestros descendientes, perpetuarse en la vida misma, el único deseo de ser inmortal en la memoria del mundo. ¡Terrible obsesión que sin quererlo nos domina a todos!

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7 de agosto de 2013

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En el aeropuerto. . .


El vuelo le había resultado largo, tal vez, el más largo de su vida. En Ezeiza, la cabeza ya le giraba en derredor y su estómago se le encogía, casi doblándola. Evelyn viajaría a Toulouse ese fin de semana, luego de pasar unos días con Sebastiana,  su tía abuela,  en Madrid. Rebeca Spillman se lo había pedido por tercera vez, quería presentarla en su grupo de amigos y parientes para terminar de definir una situación clandestina llevándola a la luz de las opiniones. Ello significaba blanquear la relación entre ambas y por supuesto le originaba un miedo disimulado y le planteaba mil interrogantes. ¿Estaba ella preparada para enfrentar tamaño conflicto? ¿Podría dar el paso ante gente conocida sólo a través de algunos videos caseros sin haber ahondado en sus creencias? ¿Se evaluaba realmente madura para la ocasión? Muchas preguntas y pocas respuestas, en torno suyo. Rebeca no claudicaría como en otras ocasiones, estaba totalmente decidida.
 Evelyn tomó desde Barajas el vuelo de Air France con destino a Blagnac sin darle más vueltas al asunto, al punto que cuando arribó al aeropuerto El Prat, ya que había una escala de una hora aproximadamente en Barcelona, sus piernas no le temblaron al avanzar hacia la caseta de conexión con Toulouse. Una hora de espera fue más que suficiente para que todo se volviera claro ante sus ojos y pensamiento. Los Led del aeropuerto no dejaban de transmitir escenas del macabro atentado en Toulouse, una muestra de locura y despropósito, una verdadera pesadilla que puso en vilo a toda Francia propendiendo a que el periodismo indagara en la mente de un terrorista que  entra a un colegio y elige a sangre fría a tres niños para asesinar. Un desafío liso y llano a nuestra especie, pensó Evelyn. No pudo llegar a Toulouse. Su corazón oprimido, su sinrazón expuesta, la colocaron en su lugar en el mundo. Le faltó el valor para acompañar a Rebeca en la congoja y en los eventos de su comunidad. Nunca se presentaría ante su familia. Nunca, ésta se enteraría de la elección que habían realizado, casi en el fin del mundo, en aquella excursión dónde dos años atrás se conocieran, mientras se enamoraban de los pingüinos magallánicos, habitantes naturales de la Isla Martillo en pleno Canal de Beagle.


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5 de agosto de 2013

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Dos gatos

La vida suele solucionarse con apenas un platito de leche aguada, unos fideos con salsa de hace diez días, tal vez un ratón despistado que caiga en sus inexpertas garras o una cucaracha furtiva en algún oscuro pasillo hospitalario.
Cientos de hospitales. Cientos de maullidos recorriendo los pasillos en busca de alimento.
Mundos secretos con gatunos vigiladores nocturnos propensos a las caricias y remoloneos, y un apetito voraz que no logra sacarlos del famélico raquitismo que rige sus cortas vidas.Son escuálidas siluetas que muestran las costillas mejor de lo que se verían en una radiografía recién tomada.
Dentro de esa banda de secuaces que mantienen el hospital pediátrico libre de plagas, se encuentra un león en potencia, un puma argentino oculto tras una pequeña anatomía cubierta de pelo gris manchado de blanco, bigotes extra largos y una oreja cortada en alguna riña de verano. Dicen que los bigotes del gato definen su ancho y le indican por donde puede o no puede pasar, pero en el caso de Pulguitas, o sobra bigote, o falta ancho. Sin embargo él no busca excusas y suele ser el más osado a la hora de enfrentar los desafíos, incluso se acerca a los humanos sin miedos ni desconfianza, para así recibir como retribución algunos mimos que recorran su curvada espalda hasta donde la cola indica que se ha llegado allí donde usualmente finaliza un gato.
Martín tiene cuatro añitos y la vida le es tan poco propicia como lo es para Pulguitas subsistir el día a día. Visitante reiterado de las salas donde los pequeños reciben tratamientos invasivos para mitigar las deficientes defensas de su recién estrenado organismo, Martín tiene tantas heridas internas como externas para curar. Ya no quedan pruebas ni experimentos que hacer sobre su pequeña anatomía, todo se ha intentado y solo resta la esperanza de que desde algún lugar mucho más alto llegue algún tipo de bendición que revierta lo inevitable y lo aleje de las torturas cotidianas que resiste a sus escasos y vapuleados cuatro años.
Hoy Martin recorre los pasillos del hospital con su madre que sostiene en una de sus manos la bolsa de suero que por medio de una sonda  llega hasta él. La mamá le cuenta un cuentito, le dice que él es un león y que no hay otro más poderoso que él en esa selva. Martín la mira y ruge con un rugido chiquito pero afinado y por un rato se siente el pibe más afortunado del planeta.
Por razones que solo la suerte conoce, ambos felinos, Pulguitas y Martín, cruzan sus vidas en la desolada playa de estacionamiento del hospital.
Pulguitas estira su osamenta al sol luego de haber comido una albóndiga con tuco añejo que la jefa de enfermeras le había guardado especialmente para él.
Martín vigila a las palomas que se bañan en un pequeño charco de agua bajo la canilla que alimenta la manguera de riego del jardín interior.
La mamá habla con una médica mientras el resto de la pandilla de gatos andan de ronda perdidos por allí adentro buscando algo para subsistir.
Ambos felinos indomables cruzan sus miradas y de inmediato sienten una irrefrenable necesidad de conocerse mejor.
Pulguitas recorre raudamente los primeros diez metros para luego detenerse y caminar lentamente con rumbo cambiante, pero destino cierto hacia el territorio que Martín parecería haberle usurpado.
Martín por su parte no puede alejarse mucho de su mamá y del suero que ella sostiene en su mano, así que simplemente se agacha para atraer más la atención del pequeño gatito.
Pulguitas expresa su remanido "miau" que tantos éxitos le ha dado en el pasado y haciendo zigzag se acerca hasta quedar al alcance de las pequeñas manitos de Martín.
La mamá lo mira de reojo sin darle importancia. La médica, que se había alejado para continuar sus labores, intenta regresar para evitar que un chico inmunosuprimido como Martín, tenga contacto con un gato callejero rebosante de diversas enfermedades.
Ya decía mi abuelo que el tiempo es un señor engañoso. Lo que suponemos un desarrollo lineal que ocupa un largo período de tiempo no deja de ser un simple parpadeo de simultaneidades imposible de detectar. 
Así es que casi sin darnos cuenta Martín acaricia el lomo de Pulguitas mientras Pulguitas disfruta cada milímetro recorrido con total deleite. Una imagen de las más normales y previsibles hasta que abruptamente Martín toma la simple y tremenda decisión de pisar la cabeza del desprevenido gato, de forma tan certera que en una milésima de segundo logra partir en dos las vertebras cervicales de un felino que nunca más volverá a moverse por su propia cuenta. Una milésima de segundo más tarde la médica detiene su paso asombrada, sin saber como reaccionar ni si lo que esta viendo es real o simplemente malinterpreta algún juego violento pero inofensivo del niño. No habrá más dudas de aquí en más. Martín toma al gato por la cola inerte y lo revolea una y otra vez haciendo sonar su cráneo contra el asfalto del estacionamiento. Nadie sabe que hacer ni como. Todos quedan paralizados. La furia desatada por la pequeña criatura sorprende hasta al más experimentado de los profesionales médicos y los deja sin aliento, solo aptos para observar con ojos abiertos de par en par y las bocas desencajadas en gesto de mudo asombro. Una y otra vez la despedazada cabeza de Pulguitas vuela por el aire y vuelve a chocar contra el pavimento perdiendo piezas fundamentales de su anatomía hasta formar una masa informe de pelos huesos y sangre difícil de describir. Cuando la mamá finalmente gira su cabeza para ver que es lo que pasa en el otro extremo de su brazo, tan solo han pasado uno o dos segundos fugaces. La sangre aún vuela por el aire sin tiempo para depositarse en el suelo, manchando al niño, a la madre y a las diversas heridas que las sondas han dejado durante cuatro largos años de tortura en su piel.
Cuando al fin se detiene la catártica barbarie, los gritos de los adultos apagan el pequeño gemido que anuncia el último estertor de aquel gato sobreviviente a casi, casi todo.
La médica trata de calmar al pequeño y alejarlo de su presa. La madre, atónita, no sabe que hacer ni como explicar lo sucedido. Apenas logra que se le escurran entre los labios unas pocas palabras parecidas a un "pobre gatito". La médica dueña ya de la situación y de su propia compostura, se expresa con un corto pero sentido "pobre chico" que retumba en la soledad de ese lugar hace un segundo lleno de gritos.
Martín la escucha claramente.
Ante las palabras mágicas detiene su vorágine y erguido de espaldas le presta su más profunda atención. 
En la soleada tarde de invierno de aquel estacionamiento hospitalario, Martín, el pequeño asesino de Pulguitas, gira su cabeza lentamente hacia aquella que lo había entendido y le regala una sonrisa franca, grande de oreja a oreja, que expresa la inmensa satisfacción que lo invade en ese momento.


Es una historia verídica.
OPin
Buenos Aires 2013
© Copyright 2013
Cuentos sin Rumbo
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2 de agosto de 2013

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Encuentro en ti


Encuentro en tus ojos
indescriptible sensación,
hermosa brillante mirada
que me envuelve en perdición.
Encuentro en tu boca
deliciosa tentación,
que me invita a besarte
a ahogarme en pasión.
Encuentro en tus brazos
abrigo y protección,
rodeándome de ti
en tu amorosa contención.
Encuentro en tus caricias
la mejor demostración
de cariño y ternura,
suavidad y emoción.
Encuentro en tus palabras
un poema de amor,
frases tan profundas,
dichas con el corazón.
Encuentro en tu voz
una dulce canción,
placentera melodía,
compañera de la perfección.
Encuentro en ti
a la persona de mi vida,
a quién amaré hoy
y el resto de mis días.


C.M.D.S.
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