19 de enero de 2014

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Nueve veces Verónica





Era la tarde de Halloween, las tres chicas habían estado planeando ese momento durante días. Estaban reunidas en la casa de Tiara tal cual lo acordado, y se encontraban solas, ya que la madre en ese horario iba al gym y su padre trabajaba hasta tarde.
Desde que conocieran vía internet la leyenda urbana “9 veces Verónica”, tenían la idea de llevarla a la práctica. En el fondo, no creían que pudiera ser real, sólo era una excusa para divertirse y tener una experiencia a tono con la noche de brujas.
Una de ellas comentó el hecho de que en la religión católica se suelen rezar novenas, y que en la “Divina Comedia” de Dante hay nueve círculos para el infierno y otros tantos para el purgatorio y para el cielo. Este comentario pretendía darle algún sentido a la leyenda, que consiste en que si una persona pronuncia nueve veces el nombre “Verónica” frente a un espejo, una chica ya fallecida, que en vida supo llamarse así, se hará presente. Al parecer, la tal Verónica habría estado jugando al juego de la copa con sus amigas, y durante esa sesión espiritista se burló, lo que provocó que una silla volara y la golpeara de muerte en la cabeza.
Ahora, ellas tres se disponían a hacer algo parecido, participar de una sesión espiritista; sólo que en lugar de hacerlo en torno a una copa, lo harían frente a un espejo. Esperaron a que fuera de noche y se pararon frente al espejo. Tiara, como anfitriona, fue la elegida para recitar nueve veces ese nombre, que en el Antiguo Testamento de la Biblia remite a una heroína judía. El ambiente estaba casi a oscuras, la única iluminación era proporcionada por una vela, que era sostenida por la propia Tiara. No pasó nada, excepto por una madera del mobiliario hogareño que crujió y provocó la hilaridad de las tres amigas. Unos minutos después, llegó la madre de Tiara y, tras un rato que duró la despedida, sus dos amigas se marcharon a sus casas. El resto de la noche fue normal. Una vez que el padre de Tiara se hizo presente en el hogar, la familia cenó como siempre. Más tarde se fueron a dormir.
Ya en su cuarto, Tiara tenía ese nerviosismo que suele dar cuando alguien estuvo involucrado en una práctica paranormal, aunque haya sido un juego. Es como que no podía sacar de su mente el nombre “Verónica” y el espejo. Pasó más de una hora dando vueltas en la cama, sin poder conciliar el sueño, hasta que se levantó y fue al baño a orinar. Se estaba lavando las manos cuando el silencio y esa atmósfera tan propia de la madrugada la indujeron a repetir el ritual; la soledad adicionaba una cuota extra de ansiedad y escalofríos. Pronunció nueve veces “Verónica” frente al espejo. Tras ella, apareció la imagen de una chica con sangre y expresión de espanto en el rostro. Entonces, su ansiedad se incrementó, no podía respirar y se desmayó.
A su madre le tocó hallarla sin vida en el piso del baño. Al desmayarse, Tiara había golpeado su cabeza contra el borde de la bañera, y como si se tratara de una réplica de Verónica, tenía sangre y expresión de espanto en el rostro.

Autor: Luciano Doti

1 comentario:

  1. Muy suyo el relato. Uno, que ha sabido jugar con la bendita copa no solo cuando estaba llena, entiende de qué se trata y aunque vislumbre el desenlace, lo disfruta como sobreviviente de alguna guerra mirando una película bélica.

    Un abrazo.

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