17 de enero de 2014

el comentario 3 comentarios

Silencio


Ella estaba de pie del otro lado de la avenida aguardando que el tráfico se detuviera para poder cruzar, cuando lo vio allí: distraídos sus ojos marrones miraban los coches pasar, sin darse cuenta que ella estaba por ir al encuentro de sus fornidos brazos, de su piel blanca y brillante. Sintió un cosquilleo que recorrió su espina dorsal y terminó en la nuca, se decidió a cruzar y lanzarse sobre él, con todo el amor que le tenía desde el primer día que lo vio. Corrió desaforadamente y se echó a su encuentro. Un golpe muy grosero fue arrojarse sobre él, parecía que estaba simulando una embestida como si quisiera detenerlo quién sabe de qué. Ella ya estaba entre sus brazos y la desesperación que la había invadido en ese momento parecía desvanecerse al sentir su calor: siempre sentía lo mismo a su lado, ese cosquilleo interior y la sensación de estar en el lugar donde siempre quiso estar.

Pudo darse cuenta entonces que la pequeña distancia que los separaba minutos antes no podía mantenerla alejada del hombre que amaba tan apasionadamente, seguía aferrada a su figura y esperaba que él se sorprendiera como siempre lo hacía cuando ella se arrojaba tempestuosamente sobre sus brazos, acariciándole los cabellos suavemente y tratando de calmar su ímpetu. Sin embargo, no escuchó su voz tranquilizándola, fue sintiendo de a poco cómo el calor de sus cuerpos tocándose iba desvaneciéndose y apagándose lenta y extrañamente, aunque el cosquilleo y la piel de gallina seguían poseyéndola como todas las demás sensaciones que ese hombre despertaba en su cuerpo.

De repente, notó que al igual que su amado, el silencio había tomado por sorpresa todo su entorno: una calle totalmente poblada, con automóviles transitando y gente hablando de quién sabe qué temas por las veredas, los gritos característicos de cualquier gran ciudad estaba ausente en ese momento en que ella se mantenía con los ojos bien cerrados y apretujando el torso de él. El silencio le dio más miedo que cualquier otra sensación que estaba atravesando hasta el momento. Estaba abrazada a él, pero lo sentía más lejos que cuando lo tenía del otro lado de la avenida, quizás había hecho algo malo y su energía transmitía ese rechazo… pero no quería abrir los ojos para averiguarlo.

Cuando ya fue extraño a su tacto, tuvo que abrir los ojos y descubrir qué le estaba pasando a su amor. Y la estúpida idea que rondaba en su mente se hizo clara en el silencio de todas las cosas que la rodeaban: no podía oír ni su propia respiración. Solamente al principio sintió una lágrima cálida que se fue enfriando hasta evaporarse en su mejilla cuando irguió su rostro para verlo a los ojos, pero descubrió que no la miraba a ella sino que observaba abstraído en otra dirección. Parecía que algo le llamaba la atención en medio de la avenida y por alguna extraña razón no podía voltear a ver qué era. Sus ojos poco a poco fueron perdiendo su brillo particular. Su visión se fue nublando, los rasgos distintivos de las personas y de las cosas se empezaban a desvanecer como si todo en su vida se desdibujara. Él ya no se parecía al hombre del que alguna vez se enamoró, su figura era la de un maniquí de cualquier vidriera de tienda de ropa, solamente era un prototipo recubierto de piel, sin ojos, nariz, textura, sin boca, labios, cabellos… olvidó de repente cómo era que él se veía, hasta que la luz comenzó a hacerse más intensa, y empezó a cegarla. Sus manos buscaban tocarlo una última vez antes de comenzar su viaje nuevamente, pero solamente encontró silencio.

Y el silencio se la llevó consigo. 

http://sobras-cumbres.blogspot.com.ar/

3 comentarios:

  1. Interesante, oscuro y un poco críptico relato que nos deja buscando respuestas.

    Bienvenido al blog

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  2. Es cierto que nos quedamos buscando respuestas... Si no fuera por la última frase, nunca habríamos sabido quién persigue la luz. Una historia muy bien estructurada y con un fondo prometedor. ¡Adelante!

    Abrazotes

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