29 de marzo de 2014

el comentario 6 comentarios

No me dejes morir aquí


La voz sonaba suplicante y desesperada. Conocía perfectamente ese tono aunque nunca lo había escuchado de esa manera y eso que con Manuel nos conocíamos desde muy pequeños y cada uno con oir al otro sabía perfectamente si era algo grave o preocupante.

— Vení a buscarme –Dijo— Y no tardes

Cuando esto ocurría todo se dejaba de lado para acudir en ayuda del amigo que no estaba bien o al menos parecía no estar bien. Salí rápidamente de mi casa y mientras caminaba hacia la parada del ómnibus comencé a recordar algunos episodios vividos en aquella infancia en el barrio llenos de innumerables momentos que marcaron mi vida y la de él también.

No es extraño para mí decir que Manuel fue desde el vamos mi mejor amigo, nos conocimos y jamás nos separamos el uno del otro salvo cuando nos casamos, y así y todo, siempre nos veíamos, quizás con menor frecuencia que antes pero siempre buscábamos la forma de encontrarnos.

Desde el principio de nuestra amistad nos juramentamos estar unidos pase lo que pase y nada ni nadie pudo evitarlo. Al menos siempre creímos que nuestra relación era indestructible. Hasta hoy había sido así, pero algo cambiaria abruptamente nuestro destino que fue forjado a fuerza de cariño, unión y voluntad extrema a pesar de todo y de todos.

Tomé el ómnibus y saqué mi boleto, recordé cuando fuimos juntos un día a la plaza que estaba a la vuelta de nuestras casas. Nos gustaba sentarnos bajo un viejo y enorme árbol que en verano nos cobijaba del calor, allí fue en dónde hicimos aquel pacto de unión eterna y nos prometimos que si la vida intentaba separarnos pasara lo que pasara acudiríamos a ese lugar a buscar uno al otro, ese sería nuestro punto de encuentro.

Recordé también que cierta vez se nos ocurrió ir a vender helados por la calle. En esa época uno alquilaba bicicletas en la heladería y luego al volver las devolvía junto con la recaudación que se había logrado. Nos sentíamos millonarios aunque la paga fuera poca ya que nos permitía disfrutar de nuestro dinero. Ahorramos un montón de tiempo y un día pudimos por fin comprarnos aquella pelota de cuero por la que nos desvivíamos. Había que ver las caras de los otros chicos cuando fuimos con ella a la plaza y desde allí en más supimos al instante que todo lo que nos propusiéramos podíamos hacerlo realidad.

Fuimos creciendo y un día nos convertimos en adolescentes. Por consiguiente tuvimos cambios en todo sentido, éramos dos rebeldes tratando de vivir la vida a mil y claro está también aparecieron las primeras novias. ¡Si hasta nos gustaban las mismas chicas! Aunque nunca mezclamos la hacienda como se dice y cada uno sabia cual era el momento de avanzar sin dañar al otro. Siempre fue así en todo. Y esto tampoco fue la excepción.

Manuel tuvo varios amores, lo imposible para él no existía, su espíritu conquistador era inquebrantable y hasta hubo alguna que otra jóven que rompió con su novio por entregarse a sus encantos. Esto realzaba más su personalidad tan avasallante ya que no era un chico atractivo ni mucho menos y yo siempre lo embromaba con eso.

— Sos feo Manuel —Le decía divertido— No entiendo como las pibas te dan tanta bola

El se reía y luego me tiraba al suelo fingiendo enojarse dándome golpes de mentirita en mis riñones. Poseía una simpatía inigualable, en eso me ganaba por varios cuerpos. Yo era tímido y muy introvertido y varias veces me tuvo que dar un empujón para encarar a la chica que me gustaba o hablar por mí para evitarme que pasara un mal momento o un rechazo, Debo agradecerle también eso, nunca dejó que nada ni nadie me lastime.

Obviamente que fue el primero en casarse y con la más linda del barrio. Lucila era la chica más codiciada y en las reuniones que se hacían todos querían bailar con ella, si esto se lograba era sacar chapa de gran triunfador y ni hablar si después de hacerlo ella aceptaba a que la acompañaran hasta su casa, era prácticamente convertirse en un ídolo para los demás. Y por supuesto él copó también esa parada. Al casarse, sentimos que era la primera vez que podíamos separarnos pero eso no ocurrió ya que me hice muy amigo de Lucila quien aceptó de inmediato nuestra relación de hermandad, casi de gemelos diría yo.

—Tuvimos suerte — Le dije un día hablando del tema—
—No, suerte no —Me contestó— Antes que separarme de vos la dejo a ella

Nos reímos mucho por su comentario y luego la vida nos siguió llevando de la mano. Yo también me casé algunos años después aunque me divorcié rápidamente y la razón fue que mi ex no se llevaba bien con Manuel ni él con ella. Recuerdo que una noche volví de una reunión con mi amigo y me hizo una escena. Nunca más mi pareja se recuperó, al contrario, fue todo de mal en peor hasta que un día me fui de mi casa para no volver.

Así era mi relación con Manuel, parecía que nada podía quebrar nuestro pacto. Al menos hasta hoy.

Entré en el Hospital. Eran las tres de la tarde de una dia de verano y fui hasta la habitación 214 del segundo piso. Al ingresar, vi a mi amigo conectado con cables en su pecho que controlaban su corazón, él ya sabía que se estaba muriendo sin embargo al verme fue como si una brisa lo rozara y que recuperaba repentinamente sus ganas de vivir.

— Acercáte —Me dijo—

Lo hice y le acaricié la cabeza con enorme ternura mientras mis lagrimas corrían por mis mejillas.

— No me dejes morir aquí —Susurró en mi oido—

Arranqué los cables que lo tenían atado a esa cama parecida a una cárcel, lo levanté y lo abracé fuertemente. Lo vestí como pude y me lo llevé de allí. Paré un taxi y le pedí que me llevara a un lugar. El lugar.

Murió en mis brazos bajo la sombra de aquel querido árbol. Aquel del pacto de eterna amistad y gran parte de mi alma se fue con él aquella tarde de verano.

Jorge Iglesias
el gallego rebelde



6 comentarios:

  1. Una relación de amistad que no madura con los años y se apropia de los proyectos personales. Tal vez ocultando otras necesidades existentes entre ambos, apropiándose de la vida del otro hasta el melodramático final.
    Interesante como para desarrollarlo más.

    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias por su comentario OPin. Es verdad, esta historia fue escrita en un momento muy sensible de mi vida y quería compartirla con todos ustedes.Quizás la ausencia de ese amigo no esté tan emparentada con la muerte si no con ciertas vivencias del pasado que aún perduran en mi alma.

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  2. Me ha tocado el relato. No dejo de pasar por alto ese sentido de pertenencia tan elevado que ponía a su relación por encima de cualquier cosa. Es digna de aprecio y respeto, pero me llama la atención lo destructiva que pudo ser. Bonita historia, me ha conmovido. Saludos!!

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    1. ¡Muchas gracias Fritzy! me alegra profundamente que mi historia la haya conmovido.

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  3. El tema y la experiencia me parecen interesantes. La emoción contenida en el relato es conmovedora.

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