26 de abril de 2014

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Cuita 3/4 Contracorriente


Desprenderse del pasado para poder continuar. De lo contrario, cada vez que voltees a ver el ayer una bofetada te enderezará el cuello y te rasgará la piel.

Con eso concuerda la mayoría, pasan del simple “continúa” al trillado “lo perdido en el presente estorba”. Ojalá tuvieran razón con esto último, pero tu ausencia no me ha dejado en claro que no te necesite.

Me hace falta tu llamada a la oficina para preguntarme por la cosa más superflua, la escapada del trabajo a la hora del almuerzo dos por tres a la semana, tus zapatos favoritos o cualquier otra prenda olvidados en la sala o debajo de mi cama, la salida a cualquier parte después de las cinco que hacía que el fin de jornada tuviera sentido. Tus inventos culinarios de los sábados, unos deliciosos y otros, peligros disfrazados de bocados. Las esperanzadoras despedidas de las noches del domingo, dormir con la nariz hundida en tu cabello, tus caricias espontáneas, tus miradas de cejas levantadas con que reprendías mis mañas y artimañas. Tu aroma simple y natural o aquel impregnado con las notas complejas de un perfume. Tus besos, tu risa... Cómo odio no poder hacerte reír ahora y escuchar esa melodía.

Echo de menos tantas cosas, odio muchas otras; pero supongo que en virtud del "seguir adelante" ya no importan.

Todo lo que fue parece adherirse a la suela de mis zapatos frenando cada uno de mis pasos y sé que debo deshacerme de ese resistente pegoste para avanzar. Sin arrepentimientos, sin mirar atrás.

Estás tan cerca, puedo sentir tu aliento respirándome en la nuca. Desobedezco a los otros, me hago caso a mí mismo, volteo para enfrentar tu rostro y un aire gélido y vacío me golpea. Ahí está esa bofetada de nuevo atenta a mis descuidos. Me hiere la mejilla dejándome el mensaje implícito: Te vigilo, vete derechito y no te me desvíes del camino.

Pero me conoces, soy como un niño obstinado y rebelde. Los cachetones y rasguños duelen mucho menos, comparado con el verdadero dolor son poco más que nada, y me niego a ir hacia adelante sabiendo que te dejo en la dirección contraria.
 
Aldo Simetra


2 comentarios:

  1. Un trabajo muy interesante y pulido. Una descripción fidedigna de la lucha interna del que quiere y debe continuar mientras una voz interna lo encadena a lo que necesita y debe abandonar.
    Como siempre un gusto leerlo.

    Abrazo

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    Respuestas
    1. Pues sí que es una lucha lograr que el alma y la conciencia vayan en la misma dirección cuando persiguen ideales tan opuestos. Creo que en definitiva nos iría mejor si no prestáramos atención a ninguno de los dos. Le agradezco mucho el comentario, Opin; no esperaba que resultara de su agrado.

      Un abrazo

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