4 de junio de 2014

el comentario 10 comentarios

El escudo


El pequeño Marco era hijo único, vivía en una granja a las afueras del pueblo, era un niño menudo, de piernas flacas y estatura más bien pequeña. Le gustaba jugar con los animales de la casa y tenía un chivito como mascota con el que pasaba largas horas distraído, apartado del mundo.
Sus padres lo adoraban, era su único varón pero una oportunidad laboral les apartaría de él durante algún tiempo ya que debían marcharse a Europa y Marco tendría que quedarse con sus abuelos hasta que la situación se normalizara y pudieran reunirse los 3 de nuevo.
El pequeño sólo tenía cinco años cuando se mudó a casa de sus abuelos y al llegar allí, con su diminuta maleta y su inseparable chivo descubrió que ahora compartiría su vida también con cuatro de sus primos, dos de sus tíos, un amigo de la familia, los abuelos, el guardia de la finca, tres trabajadores que habitaban la casita contigua, una docena de caballos, vacas, gallinas… Al principio se asustó y lloró varias noches por la marcha de sus papás pero pronto se acostumbró a su nuevo hogar y a compartir con todos los habitantes de aquella casa de locos.
Marco se convirtió en un muchachito de pocas palabras pero muy travieso y su abuela se pasaba el día con la escoba en la mano corriendo detrás de la cuadrilla de incansables nietos y lanzando zapatillas mientras ellos se divertían haciendo rabiar a la pobre mujer.
Un año después, el padre regreso a buscarlo, ya estaban situados en el viejo continente y todo listo para que Marco volviera con ellos. Despedirse de la familia, de los primos, los juegos, el campo y de Julián, el chivo, fue duro para el pequeño pero la ilusión de reencontrarse con mamá después de tanto tiempo era mucho más grande.
Europa era tan diferente de su pueblo… Al bajar del avión, padre e hijo cogidos de la mano recorrieron la pasarela y llegaron hasta el gigantesco aeropuerto, gente, gente, maletas y más gente les rodeaban por todas partes y Marco casi mareado, se sentó en el suelo a esperar que llegara su equipaje. Después tomaron un taxi que les llevaría hasta su nuevo hogar, por el camino el chico miraba por la ventanilla todo lo que la velocidad del coche le permitía visualizar a su paso, sin apenas escuchar lo que el padre le iba contando.
Llegaron a casa, un chalet modesto en la montaña que en cierto modo, después del bullicio de la ciudad, le recordaba a su antigua casa y allí esperaba impaciente su madre para abrazarlo y recuperar el tiempo perdido.
Las primeras semanas fueron emocionantes, todavía era verano, volvían a estar los tres juntos y tenía tantas cosas por descubrir… Pero pronto debería ir a la escuela que sus padres eligieron para él y entonces todo cambiaría.
El primer día estrenó la ropa que su madre había comprado para la ocasión, fue a despertarlo cuando ya tenía el desayuno preparado y se sentaron juntos en la cocina a saborear unas deliciosas tortitas y zumo de naranja recién exprimido. Mamá parecía nerviosa pero él estaba emocionado por conocer a sus compañeros imaginando que todo sería como en su otro colegio.
La maestra le presentó cuando todos los chicos entraron al aula, era el único “nuevo” de la clase y al decir su nombre se oyó un murmullo generalizado camuflado entre las risas, Marco también sonrió y volvió a su pupitre. A la hora del recreo sólo un chico, muy callado, regordete y con gafas se sentó a su lado, los dos en un banco a la sombra de un platanero engulleron, cada uno su bocadillo sin mediar palabra. Fue un día muy largo pero por fin llegó la hora de salir, mamá le esperaba con cara expectante en la puerta y el pequeño esbozó su mejor sonrisa para que su pobre madre, que lo había preparado todo con cariño no tuviera la menor sospecha del frustrante día que había pasado.
Aquella noche, cuando Marco se metió en la cama rompió a llorar desesperado, impotente, quería volver a su antigua casa, a su colegio, con sus verdaderos compañeros… Aquella noche deseó con todas sus fuerzas no volver a sentirse así, desplazado, ignorado, ninguneado… Deseó ser respetado y admirado como los héroes de sus comics.
Unos días después su madre le dijo que debería regresar solo de la escuela, que ya era mayor y que ella tenía que trabajar por lo que no podía ir todas las tardes a buscarlo.
En la escuela, todo seguía igual, los chicos sólo le prestaban atención para reírse excepto el niño regordete de las gafas, aunque esta situación cada vez le resultaba más indiferente la impotencia y aparente indiferencia crecían con la misma velocidad que su rabia hasta que, una tarde, a la salida, un muchacho le dirigió unas terribles palabras en tono burlesco, Marco se giró y con la cara casi desfigurada, se dirigió hacia el chico que era dos cursos mayor y medía casi dos palmos más que él, le empujó y el “mastodonte” cayó al suelo aturdido cuando el pequeño aprovechó para abalanzarse sobre él y cargar el puño, todo quedó en un absoluto silencio y el tiempo pareció detenerse cuando por alguna extraña razón, algo pasó por la mente de Marco que lo hizo reaccionar y echó a correr hacia no se sabe dónde. Corrió y corrió hasta perder prácticamente el aliento y cuando se quiso dar cuenta estaba en medio del bosque, tendido sobre la tierra, abatido sin saber muy bien que acababa de pasar.
Empezaba a oscurecer y se sentó, entonces vio una figura unos metros más allá, agazapada junto a una roca, parecía una mujer y al fijarse vio que vestía de un modo muy extraño, llevaba una especie de túnica negra con capucha. La miró fijamente durante unos segundos y descubrió que bajo la capucha no se veía ningún rostro, un escalofrío recorrió su espalda, el corazón le dio un tumbo y volvió a correr despavorido, sin mirar atrás hasta su casa.
Cuenta la historia que algo inexplicable ocurrió aquella tarde en el bosque, sus deseos se hicieron realidad y, como un escudo, desde aquel día todo cambió, algo lo protegía y nunca más se sintió solo ni indefenso. Una fuerza invisible, a los ojos de un niño de siete años, lo acompañaría el resto de su vida.
Cris Barbero

http://mynorita.blogspot.com.es/

10 comentarios:

  1. Bonito cuento. Lo he disfrutado.

    Cariños.

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    1. Qué alegría ver mi relato aquí publicado y comentado!!!
      Me alegra que lo hayas disfrutado, en mi blog encontrarás más historias, reflexiones y... un poquito de todo.

      Un abrazo

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  2. Debo admitir que me dio miedo el final, no quería leer que pasaba. Muy lindo, entretenido y envolvente.
    Muchas gracias.

    Saludos!!

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    1. En serio? Qué bueno! Verás, hace tan solo unos meses que me he decidido a "sacar a la luz" mis historia y reflexiones y me encanta descubrir que escribiendo os llega lo que quería.

      Te invito a visitar mi blog, así me dices qué te parece.

      Un abrazo!

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  3. Un buen relato, me parece. Con una entretenida y bonita forma de narrar. Apostaría que se ha quedado con algo que contar, de pronto se me ha ocurrido que hay otra historia escondida en el final.

    Saludos desde por acá.

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    1. Puede ser que haya alguna otra entrega...
      Mil gracias por tu comentario.

      Un abrazo!

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  4. Me gustó. Todos los niños que sufren el bullying deberían tener alguien así.

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    1. Me alegra que te haya gustado. Muchas gracias por tu comentario.

      Un abrazo!

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  5. Un relato muy bonito, gracias por compartirlo.

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    1. Gracias a tí Inma por tu comentario, es un placer compartir mis "historias" con vosotros.

      Un abrazo!

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