26 de junio de 2014

el comentario 2 comentarios

Prosa del Marino


Las inquisitivas dudas
se volvieron contra nosotros
cual espejos de corte cóncavo
estirando la proyección
hasta verse invertida.

«¿Mi querido Capitán
cuál es el destino
que con tan poca precisión
en este ascenso y descenso
que así como mi conciencia
mantenemos plegable?»
«Mi estimado marinero,
¿debo acaso responder,
en arrogante sátira,
o será de mayor sensatez
callar e ignorar?
Sin ánimo de ofensa mi compañero,
mi fiel navegante, mi amigo,
¿no es usted acaso
quién poseé el instrumento
creador exquisito, e inigualable
de esta travesía?»
«Le ruego me disculpe Capitán,
si la noche fuera día
y el día de fascinante luz
vería mi rubor aún
en mi maltrecho rostro.
"Amigo"
amigo usted me ha llamado.
Que la lágrima que retengo
sea libre,
con tanta pureza,
de este vívido sentimiento.
Capitán le agradezco
la honra, el cumplido
mas permítame replicarle,
pues no logro comprender;
sabe usted que no sé leer
tampoco escribir.
Permítame le pregunte:
¿a qué refiere?
¿Cuál es ese instrumento
al que refiere
con tales descripciones?»

Y el oleaje nos elevó
como tantas otras veces.
Sodio de fino grano
se suspendía, con o sin magia,
sobre las densas moléculas;
— sobre, no bajo —
La humectada nube
en la cual nos zambullíamos
mojada como el mar mismo
haciendo honor a su existir
permitía ver, mas no lo suficiente
como para observar.

«Selene, Mándi,
tantos nombres ha tenido.
¿Hermosa?, sí.
¿Majestuosa?, aún más».
«¿Que dice el instruido?
¿Capitán usted escucha?
Eso creí. ¡Instruido,
usted hombre de piel seca!
A usted me dirijo,
¿qué es eso que con tanta sabiduría aclama,
a quién le llora en esta noche sin Luna?
Hable, hable con fuerza
¡Grite de ser necesario!,
que mi querido Capitán
no le escucha, y él,
sino ninguno, es capaz de entenderle.
Capitán, Amigo
hable usted
que no logro entenderle;
soy de diferentes tierras,
¿será entonces que
hablamos diferente idioma?»
«¡Instruído, hable fuerte
que mi amigo, el pescador
no le escucha ni le entiende.
Cree él, sé yo
que cree mal,
cree él que usted y yo
hablamos lengua distinta.
¡Dígale instruido,
el error que comete al pensarlo,
dígale e instruya!»
«Mi querido Pescador,
mano derecha del Capitán también,
solo hablaba para mis adentros,
conversaba como todos
con mi alma. Es sabido
que el alma si no se le habla
se siente sola
y enferma de tristeza.
No querrá un alma enferma
en su barco mi amigo pescador,
no la querrá ni conocer»
«¿Y de qué habla
uno con el alma?»
«Le comentaba de la luna,
de sus nombres.
El alma es ciega, ¿sabe?
Pero pura. El alma sabe
lo que debe saber,
e ignora lo que debe ignorar».

Y nos elevamos por última vez,
luego de la exquisita charla.
Los rayos de luz perfectos,
lo iluminaron todo
desde lo alto.
Encontramos la paz,
donde la paz no gobierna
ni es gobernada.
El mar, el religioso mar,
nos devolvió la paz.
Nuestras almas,
habíanse alimentado tanto
de hermosos recuerdos
y preciados sentires.
¿Qué más iban a hacer
sino despedirse?
Cuando uno está completo,
cuando uno se satisface:
dice Adiós.

Eugene


2 comentarios:

  1. "... encontramos la paz donde la paz no gobierna..."
    Qué frase tan buena... y el resto también, claro
    Un abrazo
    Inma

    ResponderEliminar
  2. Me ha gustado mucho el poema. Ahora le tendré un poquito más de miedo a la felicidad, no vaya a ser que me toque despedirme justo cuando menos me quiero marchar.. Un abrazote!!

    ResponderEliminar

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