23 de agosto de 2014

el comentario 2 comentarios

Errores


El mayor castigo que un ser humano puede recibir es la propia consecuencia de aquellos actos no tan puros como él mismo es capaz de hacer parecer.
Quizá el arrepentimiento o el odio por uno mismo sea una de las cosas más dolorosas que podemos sentir. Me incluyo, no obstante, en el grupo de humanos que han cometido errores y han hecho actos de los que ni tras el velo de las hermosas mentiras, se sienten orgullosos de haberlos cometido.

La consecuencia es la manera en la que la naturaleza nos dice que esa cosa que has hecho no era correcta. Te lo puede gritar. Te lo puede susurrar. Puede decírtelo de cualquier manera. Pero el golpe emocional que sentirás será el mismo. El shock será inevitable, la culpa venenosa se apoderará de tu cerebro y las ganas de llorar se harán incontrolables cuando el peso de las consecuencias sobrepase el que puedes aguantar.

Lo sientes. Cómo de cierto es eso?
Estás arrepentido. Hundido.
Te sientes miserable por lo que has hecho.
Sabes que está mal.
Y aun así no dudas en que volverás a cometer el mismo error; porque sabes que no eres fuerte y volverás a caer en tus propias garras. En tu propia red.
Lo sientes? Qué sientes?
Es deseo, el hambre y la sed por aquello que más amas nubla tu vista y tu mente, y te muestra la forma más rápida de llegar a él. Qué deseas?
El reconocimiento.
Un grito desesperado.
Una razón para vivir.

El reconocimiento es lo único que te mantiene vivo y no puedes evitar desmoronarte cuando todo lo que has hecho para ocultar todo aquello que no era cierto, no ha servido de nada.
Hay que ser increíblemente estúpido como para volver a tropezar con la misma piedra. Supongo que esa piedra es más grande de lo que parece y yo soy más estúpido de lo que pienso.
Deseo el reconocimiento. Deseo vivir. Deseo quitar esa piedra de mi camino. Anhelo ser feliz.

Cuando se busca el reconocimiento, las barreras se vuelven invisibles. Esto no quiere decir que dejen de estar ahí, sino que te vuelves ciego; más ciego que por el amor, más sordo que el silencio, solo por una pizca de reconocimiento. Una pizca más de irreal felicidad. Adictiva y marchita. Nunca verdad. Nunca real.


Cristina Argibay Oujo
http://cristinargou.blogspot.com.es/

2 comentarios:

  1. Interesante reflexión. El reconocimiento comienza por casa y por dejar las culpas detrás.

    Gracias por compartir.

    Cariños.

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  2. Juzgar, juzgarse, arrepentirse... ufff, mejor vivamos que son dos días y si nada es real ni verdad... pues echemos las patas pa`rriba!
    Un abrazo,
    Inma

    ResponderEliminar

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