22 de septiembre de 2014

el comentario 3 comentarios

Al final de la calle



Rogelio seguía trabajando mientras decía para sí,-sólo revisó algunas cuentas más,- miraba los papeles pero no podía concentrarse, la vista se le nublaba y el pulso era cada vez más fuerte, ¡lo oía!, sentía como latía su sangre, su cerebro punzaba cada vez más y más fuerte, como si le fuera a estallar, no entendía, nunca se había sentido tan mal, los músculos de su cara se retorcían y su pecho fatigado dolía en cada inhalación.

Con su cuerpo encorvado abrió el cajón de su escritorio buscando la tarjeta del médico, tomó el número y con dificultad lo llamó.

-¿Doctor?, habla Rogelio Roque, ¿puedo verlo?, sé que es un poco tarde pero no me siento bien, ¡creo que tengo fiebre!.-

- Respire profundamente Señor Roque, tome un poco de agua y aquí lo espero.-

-¡Gracias doctor!, estoy cerca, no tardaré en llegar. -

Tomó sus llaves y salió de su oficina, dejando su computadora encendida pues volvería a terminar algunos pendientes.

-Nunca pensé que el edificio luciera tan callado, son apenas las once treinta de la noche, ¡qué!, ¿nadie más trabaja a esta hora?-

-Se me hace eterno llegar a mi auto, son sólo unos cuantos pasos pero mis pies pesan, mi respiración no me ayuda mucho y mi mandíbula se entumece, ¡no deja de temblar!-

Rogelio salió del edificio y tomó de inmediato la gran avenida, mientras una ligera lluvia comenzaba a mojar el pavimento, de esas que duran y son constantes; por un segundo sintió como si el dolor pasara pero enseguida volvió, ahora más ofensivo, hasta encorvarlo aún más.

Estacionó su auto y como pudo bajó de él para tocar la puerta del consultorio.

-Adelante Señor Roque, tome asiento y ¡dígame!, ¿qué le sucede?-

Después de relatar su malestar, el Doctor le suministró una inyección que le relajaría la tensión muscular mientras Rogelio respondía algunas preguntas sobre su salud de los últimos días;bebió un poco de agua que el doctor Campos le pidió que tomara, a la que agregó dos gotas elegidas de entre muchos medicamentos de la vitrina.

-Señor Roque, le recomiendo que llame a alguien para que venga por Usted, ¡debe descansar!-

-¡No Doctor!, no se preocupe, no voy muy lejos.-respondió.

El Doctor tomó su recetario y mientras escribía, veía a Rogelio quien sostenía la mirada en un punto fijo.

-Mire, lo que Usted tiene es una fatiga acumulada por el exceso de trabajo al que se ha sometido y un desorden en el sueño, duerme muy poco y, por lo que me ha platicado me atrevería a decir que está en un episodio depresivo, por ahora deberá tomar un pequeño descanso y tratar de aligerar por algunos días su trabajo, su salud podría empeorar si no sigue mis indicaciones, ¡váyase directo a dormir!, lo que le receté son vitaminas y…, ¡tome!, llévese estas gotas, las deberá tomar antes de irse a la cama, ponga cinco de ellas en un vaso con su bebida preferida, lo harán dormir por lo menos ocho horas continuas, sólo tómelas por cinco noches, después deberá hacerlo sin ellas y ya verá que en pocos días se sentirá mucho mejor.-

-Gracias Doctor,-

Rogelio tomó el medicamento y su receta mientras se decía así mismo-¡maldita sea!,no me quiero ir, quisiera estar sólo un rato más aquí,- pero la inercia lo hizo levantarse, tomó la manija de la puerta y un extraño impulso lo detuvo, el desasosiego se apoderó de él. Algo confuso, se detuvo un segundo hasta que la mano del Doctor sobre su espalda hizo que reaccionara y salió del consultorio de manera mecánica.

Subió a su vehículo, mientras decía en voz alta -no puedo estar en ningún lugar sin desear en todo momento estar en otro, me siento muy mal y creo que nunca me había sentido tan vulnerable, debe ser mi cansancio el que me hace sentir casi indefenso, ¡está bien, esta vez lo haré como lo indicó el médico!, ¡vamos!, sólo un poco más y estaré en mi casa, en mi cama, lo necesito, creo que…, no lo sé…, ¡otra vez….,!, ya no quiero pensar más.-

-Esta colonia solitaria y el piso húmedo por la lluvia tiene un ritmo tan acompasado…, como si fuera para siempre, entre esos reflejos amarillos ocres que escurren del alumbrado público adelgazan mi estado de ánimo, pondré sólo unas gotas más sobre mi lengua, quizás el médico no me dio lo suficiente.-

-Debo regresar a la oficina para llevarme un poco de trabajo a casa, ¡mañana no saldré!¡Qué frío se siente!-

El temblor que cimbraba sus manos había menguado pero su cuello aún parecía contraerse casi hasta la asfixia.

Rogelio puso el seguro de su puerta mientras que la radio llamaba su atención.

-¡No sé!,¿desde cuándo no lo enciendo?, creo que no me había dado cuenta de que he pasado mucho tiempo sin escucharlo.-

-¡Una buena canción por favor!-con uno de sus dedos oprimiendo un botón intentó sintonizar algo.

-Si fuera posible que se calmara un poco este frío, ¡no le haré caso!, me tomaré sólo un minuto, ¡necesito respirar!, sólo un poco, sólo un poco.- decía mientras miraba correr las gotas sobre el cristal de su auto.

-Sólo gente hablando, ¡quiero una melodía!, ¡carajo!, ¡ya me pasé!, estoy muy distraído, no vi la calle que me llevaría directo al edificio, ¡por fin una melodía en la radio!, ¡me encanta esta canción! <¡!!!! I want to know… have you ever seen the rain?...comin´downon a sunnyday?!!!!!!> Esta calle debe sacarme a la avenida principal, no soporto el juego de luces blancas, amarillas, rojas y verdes, ¡todas me lastiman!-

-¡Me gusta la música!, me tranquilizaré un poco, ¿qué importa?, sólo daré una vuelta a la calle y regresaré a la avenida por la que venía, debo calmarme, no pasa nada, creo que ya no puedo seguir así, me he convertido en un maldito neurótico y ahora hasta al médico debo consultar; haber esta debe ser la calle, ¡no!, es sentido contrario, ¡esta canción sí que es buena!, no quisiera que terminara.-

-No reconozco nada, creo que todo cambia por la noche, todo es tan extraño, es como si nunca hubiera pasado por aquí, no reconozco detalles, ¡debo regresar!, creo que no saldré por aquí, ¡no!, ¡no echaré reversa!, debe haber una calle más allá que me lleve a la avenida, ¡qué focos tan brillantes!,y ¡qué puerta tan angosta para un lugar así!, miro a través de la ventanilla;mi radio ahora es opacado por la melodía que sale de ese sitio, ¡al menos se oye bien!, es “Heart of glass”.-

¡Que puerta tan rara!, las estrellas que la decoran no combinan para nada con esa cortina roja de terciopelo -¡vaya estilo!-

-¿Qué debes sentir para meterte a lugares como ese?¡Ya no sé a dónde voy! ¡Creo que este ya no es mi camino! ¿Mi camino? ¿A caso hay caminos susceptibles de apropiación? ¡No!, otra vez quiero discernir todo, ¡esta vez no discutiré ningún tema!, he llegado al final de la calle y no me conduce a ningún sitio, ¡regresaré!,-

-Mi retrovisor me muestra de nuevo el lugar entre bar, cantina o quien sabe que congalde quinta, giro lentamente mi volante hasta el tope de la dirección y de reversa apunto mi vehículo de regreso con un pie resguardando el freno.-

-Mi cuerpo ahora se siente un poco mejor, muy ligero, no hay dolor, deben ser esas gotas que me dio el médico o las extras que yo mismo me receté, suelto el freno y mi auto se desplaza muy lento como si quisiera que el viento lo detuviera levemente hasta que un latigazo de luz directo sobre mi rostro me alerta; es un joven con una lámpara que me indica cual es el lugar en el que debo acomodar mi auto, al mismo tiempo que un hombre corpulento me observa bajo el foco de la entrada del lugar, apretando su saco contra su cuerpo para disimular el frio de la noche; increíblemente de una sola maniobra ya estoy estacionado y mi mano que actúa de manera autónoma apaga el motor.-

-Llevo mis cigarros, mi encendedor y… mis gotas; camino muy derecho, hasta el punto que la lluvia golpea mis mejillas, ¡me siento bien!, ajusto mi mirada hacia los ojos del hombre de la puerta, creo que va a revisarme.-

-Adelante señor, qué gusto verlo de nuevo-

-¿Cómo estás Tayson?, ¡ya sabes! mi medicamento de siempre.-

-No hay problema señor sea Usted bienvenido.-

-Algo extrañado, aparto con mucha desconfianza la cortina, no se ve nada, está muy oscuro, una pequeña luz, ¡no!, no es una luz, son sólo trazos entre las mismas sombras, la música se hace más y más fuerte, mientras unos contornos de figura femenina me conducen al interior,en el que puedo distinguir a una mujer que se sujeta al micrófono, -¡es magnífica!,tiene una cara llena de detalles tan burdos pero tan ordenados que rayan en lo divino, un filo suave toca mis piernas, ¡qué bien que en este sitio haya sillones tan suaves!, no puedo dejar de sentir como crece mi curiosidad conforme crece la melodía que llena de vértigo mi estómago, hundiéndome entre cojines muy cómodos que me hacen disfrutar este lugar.-

-Con un cigarro colgando de mi boca busco mi encendedor;pero por más que abro los ojos no alcanzo a ver más que la orilla de una barra sin cantinero, ¡muy, muy lejos de mí!-

-¡Qué gusto que nos acompañe en esta noche!- dijo una voz femenina.

-Esa voz, suena familiar, pero no puedo identificarla, por más que busco rasgos en su cara iluminada por el fuego ofrecido por una de sus muy delgadas manos que encienden mi cigarro, quedo sin palabras mientras sonrío algo torcido,tomo una firme bocanada de humo, sintiendo una especie de calma sobre mis hombros, dejándome conducir muy lento por el lugar, ¡qué extraño!, no veo a nadie más, tomo del vaso que aguarda sobre la barra, lo bebo todo, identificando un delicioso brandy que se desliza por mi garganta… ¡ella sigue aquí!, ¿qué debo hacer?;está tan cerca, se sienten tan bien sus manos ahora abrazando y acariciando de manera perfecta mi pecho que crece avasallado por un suspiro mientras su figura protege mi espalda, emoción que me exige cerrar los ojos con la intención de guardar por siempre éste efecto tan hecho a mi medida con la envoltura de su voz como un obsequio para mi alma.-

-Camino tras ella, tomado de su mano y no dejo de mirar su pelo, no entiendo pero salimos del bar, ahora la noche se ha hecho más fría, me dejo llevar caminando por la acera mientras la lluvia moja nuestra espalda, la detengo con la ilusión de mirarla bajo la luz del único candil que alumbra la calle, pero me toma tan deprisa y de una manera tan majestuosa que no puedo hacer más que permitirme sentir sus labios mientras cobijo su cuerpo con mis brazos arrebatándole de todo el mundo.-

-Es tan buena esta sensación, que… ¡me da miedo que termine!, aún se escucha la música del bar, ahora lejana pero dando vida a este momento que ya no sé si tiene sentido;observo los colores que escurren del candil, mismos que hacen brillar con destellos agonizantes de sol sus cabellos y la espalda empapada de este loco tan aferrado como ella, adornados por la lluvia.-

-¡Mi respiración ahora se hace lenta, como ligera; es esa música, la lluvia o sus labios, ¡no lo sé!..pero… <¡!!!!...soon turned out had a heart of glass…!!!> !Vaya canción!.-

-¡Señor Roque…!!!, ¡Señor Roque…!!!, ¿Se encuentra Bien?, ¡baje la ventanilla!.-

-¡¿Doctor?!!!!...-


Leopoldo Trejo Casas

3 comentarios:

  1. Buen texto. Casi llegué a sentir la angustia del sujeto. ¡Cuán neurótico debía estar para hablar solo todo el tiempo! Me ha gustado.
    Saludos!! ;)

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    Respuestas
    1. Muchas gracias Fritzy.
      Leopoldo Trejo C.

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  2. Lo dicho: el trabajo en exceso es malo para la salud (y el trabajo por lo general también, pero hay que ganarse el pan).

    Saludos desde por acá.

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