11 de septiembre de 2014

el comentario 3 comentarios

Useless performance...


Podría haber jurado que el sabor del vino no era el mismo. Ahora lograba distinguir aquel olor a almendras: inconfundible.

Mi mano aún sostenía la copa de vino. En la mesa el pavo ahumado exhalaba las fragancias más exquisitas. El arreglo en limas era sublime, mi preferido como muy bien él lo sabía. Las nueces en absoluta simetría despojados de sus corazas, formaban junto a las hortalizas, una obra digna de los enramados de Gibbons.
La velada había sido preparada con esmero. Las velas, con su tenue y plácida luz, luchaban no sin esfuerzo con la brillante luminiscencia propia de las noches de luna llena.

No menos de cinco metros nos distanciaban. Los arreglos habían sido claros: cada uno debía sentarse a extremos opuestos. La servidumbre se encargaría de traer el festín y de servir en lujosas jarras el vino, luego se retirarían para no volver.

El casero comprendería de inmediato los gestos del anfitrión. «No interrumpir la velada bajo ninguna circunstancia». No había escapatoria.
Era momento de hacer uso de mis primeras lineas. Posé la vista sobre algún exótico fruto...
«¿Qué es esto Oscar? Nunca antes lo había visto, ¿pretendes acaso encantarme con exóticos y mágicos frutos? Ofrendas; no hay duda, de alguna de las diosas que se inclinan ante tu encanto en esos viajes tuyos Oscar. ¿De dónde es que vienes esta vez?»

«Para nada Alfred». Sus ojos denotaban una sutil fiereza desde el primer momento, lo notaba tan claramente ahora. Una idiotez de mi parte evitar la rudeza con tal de buscar su aprobación.

No busco justificarme, también ustedes caerían ante tales artilugios, ante tal destreza, ante tal seducción.
Quizá en mi inconsciente ya lo sabía, y con alguna bizarra esperanza, lo deseaba. Por tanto, aún así, seguía yo atento, expectante; disfrutando, ¿por qué no?, de tan compleja y formidable dramaturgia.

Dejé caer con un exagerado movimiento la copa de vino.
Como era previsible, su maliciosa sonrisa se ensanchó aún más en su angelical rostro.
Cumplía con mi papel a la perfección: moría y le daba el gusto.

Un insípido terror se hizo paso entre mis sentires, lo dejé jugar con mi rostro. El realismo alcanzado, digno de las más intensas exhalaciones.
Las palpitaciones podían escucharse en mis oídos, la vista se nublaba, perdía claridad y enfoque. La plana superficie a mis pies oscilaba ajena a su característica fundamental; jugaba, así como yo a la muerte, a ser mar.

En tanto, mis entrañas se retorcían. Intenté sin mucha gracia tomarme de la mesa y evitar la caída. Mi desempeño perdía encanto, la rabia se retorcía en mi cuerpo.
«No me sirves con vida, Alfred», susurró el demonio a mi oído.

¡Oh! Esas palabras, tan perfectas; tan dignas del momento. ¿Cómo podría mi mente (¡mi esencia!) odiar tan sentido ejercicio que no hacía mas que aflorar nuestra profesión? No lograba odiarle, ni culparlo. Obtendría su merecida victoria.

Intenté en vano ejercer dominio sobre mis extremidades.
Mis ensayadas palabras no lograban salir de mi cuerpo, y la rabia volvió a hacer en mí, uso y abuso de su poder. No logré contener el impulso de mis entrañas y con el intento de un grito ahogado expulsé, poco a poco, la ponzoña de mi cuerpo.

El proceso fue lento pero gratificante. Él sostenía mi débil cuerpo con sus fuertes brazos mientras yo eliminaba de mi cuerpo todo rastro de mi esencia.
No titubeó ni por un instante, su proceder era firme, seguro, elementalmente perfecto.

Eugene



3 comentarios:

  1. Me gusta la representación de la escena inmersa en el relato, que a su vez me trajo la imagen de un folletín escabroso (no, no me he leído alguno, pero me imagino que sería algo parecido :D )

    Me quedé preguntándome por qué no le serviría Alfred con vida. ¡Qué malo debe ser ensayar tu propia muerte sin saberlo!

    P.D.: Please, arréglale los errores ortográficos, sí :(

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  2. Me ha gustado la escena. El demonio, seductor y terrible a la vez, nos lleva a veces a su guarida...
    Un abrazote

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  3. Ahhhhhhhhhh!!! que verguenza por Diosss!!!! Mirá que lo leí 500 veces, nunca había editado tanto un texto en mi vida... ya corro a arreglar todo...

    Me alegro que guste... ¿quién sabrá Fritzy?
    Inma muchas gracias...

    Perdón nuevamente

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