17 de octubre de 2014

el comentario 8 comentarios

El escritor y el gato




Lo peor de la invisibilidad de las naves extraterrestres, que espían la tierra, es que son detectables cuando llueve. Sí, porque al llover la propia energía que rodea a la nave hace que el agua se evapore a tal velocidad, que se produce un claro de cielo, un claro entre las nubes, algo así como un agujerito azul, exactamente redondo y coqueto, que podría descubrir su presencia ante los humanos.

     Vatilul veía con preocupación el frente de lluvias tormentosas que se acercaba, con las isobaras muy juntas, con una considerable cantidad de H2O y polvo en suspensión para descargar, y mientras, Ohmiol seguía observando a dos de los especímenes terrestres que llevaba tiempo investigando.

–Nos vamos Ohmiol, no podemos ser descubiertos.
–¿Ahora? Estoy a punto de averiguar cómo lo hacen.
–¡Ahora! sí. Ya tienes todos los datos dentro de ti. Terminaremos las conclusiones durante el viaje.

     Los datos que Ohmiol tenía grabados en su mente eran muchos y estaban perfectamente estructurados. No fue difícil para Vatilul obtener una imagen gráfica de los sujetos, un humano y un felino.
     El humano permanecía sentado en una silla, apoyando los codos sobre una mesa en la que había varias hojas de papel de color blanco y al lado de ellas había un prehistórico instrumento alargado cuya utilidad aún estaba por determinar. Permanecía quieto mirando al techo del habitáculo. El pelo de su cabeza lo llevaba largo y sujeto por detrás de las orejas, vestía ropas arrugadas, anchas, de color oscuro y con hilos sueltos por varios lugares.
     El felino permanecía en movimiento. Daba saltos de un lado a otro del receptáculo, sobre la mesa, sobre los muebles, sobre el propio humano. Saltaba también hacia el techo con agilidad y caía al suelo con igual agilidad. Era un felino con el pelo corto, blanco, negro, brillante, y hablaba al humano con sonidos guturales. (Nota: consultar al traductor)

–Pero, ¿qué quieres averiguar? Tu fascinación por los humanoides no tiene límites. No hay nada que observar ahora. Podrían pasar horas, días, años, no puedes seguir el estudio en esta dimensión actual, debemos avanzar.
–No podemos avanzar Vatilul, si avanzamos nunca sabremos cuando llegó La Musa, cómo se presentó, qué provocó...
–Mi querido Ohmiol, La Musa es el gato y tu imaginación no te deja ver la realidad tal y como es.
–¿Cómo va a ser La Musa el gato? ¡Si además es macho! Reconozco que todos los humanoides escritores que he estudiado tenían a su lado un felino que no dejaban de acariciar, en los momentos en los que miraban hacia el techo, como si estuviesen pensando.
–Lo que te sucede es que sientes empatía por este humano destartalado y solitario, y ello ha provocado que pierdas la perspectiva descriptiva de las cosas observadas. La clave está en el gato Ohmiol, ¿de verdad no lo ves? Mientras ese felino no dé caza al insecto que está golpeándose contra el techo, y se calme; mientras no se suba sobre el escritor y lo acaricie con su pelo suave, mientras no ronronee y emita esas feromonas placenteras, el humano no avanzará en su estado de ensoñación y no escribirá nada.
–Entonces ¿no importa el sexo?
–¡Oh, sí, el sexo importa! –respondió Vatilul al inocente Ohmnio, al mismo tiempo en el que se convertía en una especie de ser peludo, como una bola enorme, suave, brillante, caliente, y se colocaba sobre Ohmniol que empezó a notar cosquillas mentales no se sabe cómo.
–¿Esto es La Musa? –A Ohmniol le estaban encantando esas cosquillas.
–Sigues sin entenderlo. La Musa es esto: –y se volvió a su estado natural, el de extraterrestre indescriptible, dejando a Ohmniol con todas las ganas paralizadas y muchas más preguntas sin resolver. –Y ahora... –dijo con telepatía de enfado, –¡a escribir!
 

http://jonhancome.blogspot.com.es/



8 comentarios:

  1. ¡Me ha encantado el cuento, Jonhan! Cierto que la musa es eso que pasa mientras no escribimos algo y la principal excusa en la que nos refugiamos cuando no logramos escribir. De vez en cuando hace falta un Vatilul para que nos inste a hacerlo en lugar de desaprovechar el tiempo..

    ¡Un abrazote!! ;)

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  2. Recuerdo a un amigo pintor que decía que a él, la musa, siempre lo pillaba pintando.
    Bonito cuento. ;;-)

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  3. Ahora entiendo por qué no puedo escribir nada decente. Es que odio a los gatos y si lo tuviera probablemente lo tiraría por la ventana de un décimo piso.

    No hay Musa que valga.

    Muy buen cuento, felicitaciones.

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  4. Gracias a todos.

    Hay un despiste "tremendo" al final, lo dejo para que os riais.

    Abrazotes

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  5. Me gustó mucho el cuento Jonhan, y "notar esas cosquillas mentales" cuando por un momento nos roza algo parecido a inspiración, musa, ó sencillamente ver plasmado en palabras que nos gustan, esa idea que imaginamos... es el placer de escribir. Y hacerlo bien, mal, ó regular, pero sentiendo esas cosquillas una fracción de segundo, lo vale.

    Afectuoso saludo!

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  6. Opino igual que OPin. Iba a proponer que antes de sentarse al escritorio se amarrara al felino, pero la idea de lanzarlo por la ventana tiene más atractivo. Y quien sienta lástima por el gato de seguro no ha visto a un escritor frustrado.

    No sé por qué se me hace que las cosquillas esas que sintió Ohmniol, no eran más que electricidad. Qué buen cuento!

    Abrazo desde por acá.

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  7. Me ha perecido genial. Sin dudas que Vatitul es el gato de Ohmniol.

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