23 de noviembre de 2014

el comentario 3 comentarios

V2A y la tabla periódica argentina




Alguien puso un CD de Atahualpa y ella va escuchando, adormecida por el bamboleo del auto.

”…Porque en mi pago un asado no es de naides y es de todos….”.

Sucede que la tradición del asado se ha hecho carne, valga la redundancia, en este pueblo.

Así como la Kon Tiki capeó temporales, tifones, acaso ballenas blancas, la gente de este pueblo ha domado inflaciones, cambios de gobierno, múltiples naufragios de la economía, ministros agregando ceros a la balsa. Pero la varonil costumbre de empezar el domingo yendo a ver si queda leña sin quemar en la parrilla, no se pierde.

Tampoco el rito, siempre iniciático, de ir a comprar la carne. Empresa jamás delegada en manos femeninas, que suelen pulular en días de semana por estos comercios. Entendidos de toda laya y sabiduría, con el mapa de la vaca en la memoria, sacan número para asesorar al carnicero.

- ...¡¿ Es de animal chico don Gregorio?... deme ese pedacito que está ahí que se ve tiernito… y métale medio de vacío, no… ese no… aquel de allá… ahí tá.. eeese, no, zochori ya compramos, muchas gracias…-

Con la carne acopiada en el baúl de auto, convenientemente acondicionada en la heladerita para no cortar la cadena de frío, el varón se dirige prestamente a la carnicería “La Rosca”, especialistas en embutidos y achuras.

- ¡¡ ¿que hacé Rosquero, como te va?,... hoy… voy a llevar chorizo bombón, dame de esa rosca de allá, no pará… cortame desde el cuarto, …sí esos…, dame una docena y media y morcillitas, ¡ no sabes cómo le gustan a mi nena !, ¿ …tá buena la tripa gorda?!..., y… bueno…, unos chinchulines y riñoncito también, que de algo hay que morirse no?...-

Así es, quien mejor que un excelso jefe de asadores, que el destino ha convertido también en padre, puede transformar esa carne roja, en unas costillitas bien cocidas calentadas desde el hueso. Que sean una manteca como le gusta a la abuela, para que no corra el peligro de dejar la dentadura en algún bocado medio apuradón. Algún pedazo apenas sequito para la patrona y otro jugosón, ya le avisaron, para el novio de la nena, que trae el vino de la vinoteca del padre y viene por primera vez a comer el domingo.

Un debut esperado, ella hoy presenta por primera vez un novio nuevo en esa especie de revancha de local que todos esperan se consolide en familia, familia nueva, pero familia al fin. A pesar de que, según dicen las viejas del barrio, el individuo en cuestión es bastante más joven que la nena y no califica como un ideal de marido. Nadie sabe si un socio sentimental en casa son los planes de ella, pero seguramente son los de su mamá y en el más hondo secreto, un hombre mundano no revela tan fácilmente sus pensamientos, los de su papá.
En este caso la nena le ha dado al hombre un nietito, ya adolescente, para el que el asado del domingo se baja en la tribuna del que fuera Rey de Copas.

El vino será malbec, si el asado es rojo, el vino también. Gustos son gustos y él ya le hizo saber los suyos al candidato nuevo. Mientras esperan, las señoras presentes no se olvidan de poner en la mesa el estuche de accesorios para abrir botellas que le regalaron al jefe de asadores en el último cumpleaños y que durante la semana no suele utilizar, si con la tijera alcanza, en este país hay vinos para todos los gustos y el tetra con hielo y soda es un manjar que se empareja con los jardines colgantes de babilonia, en la lista de las maravillas del mundo. Además, existen pruebas contundentes de que éste alquimista, especie de Mendeléiev vernáculo, ha combinado con sutil éxito ciertos elementos básicos tales como el vino común y la naranjada.

Pero el domingo es de tres cuartos, se espera que si el padre tiene una vinoteca, el susodicho sepa que el malbec en la fórmula del asado es como el hidrógeno en la del agua, dos átomos de vino por uno de carne, V2C y traiga tantas botellas como amerita tal proporción.

Pero el domingo es domingo y hay que descansar, tampoco es para cocinarse la panza al lado de la parrilla, con más razón si uno ha contribuido con la parición de tres muchachones que pueden acometer tal empresa y a los que se puede supervisar, entonces el primero que llega cuelga la remera en el alambre del patio y ya prende el fuego y si ya hay uno ahí, para que vamos a estar molestando tan cerca, armamos la ronda de picada y arreglamos el mundo a prudente distancia de esa antorcha infernal. Eso sí, sin perder de vista la parrilla y que el voluntario no se apure en dar vuelta la carne antes que el hueso esté lo suficientemente caliente.

En tanto la nena va llegando y mientras viaja camino a casa va pensando cual será la mejor manera de presentar al individuo, que, ajeno a lo que le podría esperar, conversa animadamente con el hijo de ella, de ciertas adolescencias casi comunes. Lo piensa y se decide por unas pocas palabras y las va ensayando “Mi papá…, Javier; Javier…. mi papá”. Es una piba entrenada en una casa con más varones que mujeres, pero ella es la nena de papá y esa relación siempre genera una especie de inquietud, aunque se espera el acuerdo tácito del viejo, por más que una se pase despotricando lo contrario.

Mientras tanto el operario empieza a calmar la sed al lado de la parrilla con esa especie de sangría sin frutas diseñada por el jefe de asadores, que con su vasito en mano, acomete la “check list”.

- …¿Limpiaste bien la parrilla?, mirá que anduvieron los gatos, compramos más leña o alcanza?, fíjate en ese pedacito que es muy fino que no se queme...-

A unas pocas cuadras la animada conversación del novio vinero con otro de los hermanos, relaja la mente de la chica y se dice que si a esta altura del partido no puede manejar un asunto tan trivial con su padre…, pero el coeficiente de stress no va a llegar a cero hasta que baje del auto, subirá unos puntos cuando estén esperando afuera después de tocar el timbre y ya veremos qué pasa.

Al otro lado del mundo sigue la lista.

- …¿Lo salaste bien de los dos lados?... viste que algunos lo salan después, los chinchulines no los pongas todavía, ¡ ojo no te vayas a quedar sin fuego eh…!-

El operario, atosigado, en un arrebato de lucidez le comenta al jefe.

- … Raro que no llegaron estos ¿no?,… voy hasta la puerta a ver…-

El viejo entra por el aro, o bien ya estaba buscando una excusa para rajar de ahí.

- Dejá… yo voy… vos cuidá el asado…. ¡ ojo que no se prenda la grasita !...-

Entonces el papá de la nena sale a la calle con su vaso a medio terminar y justo cuando se asoma, ve el auto que dobla en la esquina y se acerca al cordón de la vereda a paso de hombre, para en la única sombrita de la cuadra y desde adentro la voz de uno de los nietos que saluda al abuelo.

- ...¡¡ Eh abuelo, ¿que haces con zapatos y bermudas?..., si te ve Ante Garmaz te contrata ¡¡…-

Las risas de todos y el nuevo que se contiene para no empezar de punta con el viejo.

Va bajando la comitiva y él los va abrazando de a uno y fletando para adentro, la nena se va quedando última a propósito y cuando ya casi entraron todos pasa el hijo adolescente que se había acercado conversando con el amigovio, casi dos gotas de agua. Como compañeros de escuela que se van a tomar el bondi, los dos llegan a saludar al viejo casi al mismo tiempo, él abraza al nieto y lo deja pasar, cuando queda de frente al susodicho escucha las palabras de la nena.

- Javier…. mi papá… -

Apenas antes de que el tipo pudiera emitir el consabido “mucho gusto”, el viejo abre grandes los ojos, lo señala con el dedo mirando a la nena y le pregunta.

- ¡¡¡ …Huyyy …pero….¡¡ ¿ a éste cuando lo tuviste…?!!” .


Osvaldo Barales 


http://patiodetierra.blogspot.com.ar/

3 comentarios:

  1. Este relato sí que sabe a domingo, hasta se me antojó una parrilla. Más vale que el candidato se sepa bien esa fórmula... después de tal recibimiento, va a necesitar bastante vino para que mejore la cosa. He disfrutado mucho el texto.

    Saludos desde por acá.

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  2. Me ha encantado el escrito por lo divertido y esa sensación de encontrarse entre familia mientras se lee. ¡Qué espontaneidad la del nieto y la del abuelo! Me hizo mucha gracia el final.. Saludos!! ;)

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  3. No sé por qué Osvaldo, pero me parece que este relato es autobiográfico y el remate es muy de usted ;)

    Un abrazo grande y gracias por haberme hecho disfrutar de este momento.

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